Cargos y oficios
Mercedaria Misionera de Berriz (MMB). Doctora en Historia por la Universidad de Valladolid, profesora de la Universidad Centroamericana (UCA) y de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua-Managua (UNAN). Miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN) y fundadora de la Asociación de Demografía Histórica (ADEH).
Trayectoria
Mercedes Mauleón nació en la calle San Francisco, en un barrio obrero y pobre de Bilbao, en una década, como la de los años veinte, en la que el mundo cambió tras la Primera Guerra Mundial, y en la que muchas de las convenciones y prejuicios de la época se derrumbaron y nuevas posibilidades de transformación social y de realización personal se abrieron, especialmente para las mujeres. Durante aquellos años, por medio de cooperativas obreras, se promocionó la construcción de las Casas baratas que humanizaron la vida de las clases populares. Fue el caso de la familia de Mercedes, que se trasladó a vivir a una de esas nuevas barriadas, la Ciudad Jardín, en las faldas del monte Artxanda. Ese cambio fue decisivo en su destino porque facilitó su escolarización en las Escuelas de Tívoli de Bilbao, y esto resultó ser el punto cero de la carrera intelectual de Mercedes Mauleón, una trayectoria que se caracterizó siempre por el ansia de saber y por el afán de progresar mediante el estudio.
A partir de ese momento, tres mujeres resultaron determinantes en la vida de Mercedes Mauleón. En primer lugar, la magnánima filántropa bilbaína Casilda Iturrizar, también conocida como Viuda de Epalza, que había ordenado construir las Escuelas de Tívoli, y que en 1905 las había legado al Ayuntamiento de Bilbao, junto con una dotación económica, para apoyar los estudios de los niños y las niñas bilbaínas que hubiesen recibido, por sus calificaciones excelentes, el premio de honor de las escuelas públicas. Las llamadas, desde entonces, becas de la Viuda de Epalza permitieron financiar los estudios de un alumnado como Mercedes, brillante, pero sin medios. Como ella misma recuerda: «Yo siempre quise estudiar y mi familia era muy pobre, y como era muy pobre no podía pensar en esto. Como había unas becas de la Viuda de Epalza, entonces dije: pues yo sacaré una beca de la Viuda de Epalza. Yo soy becaria de la Viuda de Epalza. A mi madre le daba pena porque yo estaba siempre estudiando, estudiando, estudiando, y decía: ¡hija mía, sal a jugar! No, que tengo que sacar la beca. Al final saqué la beca y he podido estudiar gracias al Ayuntamiento de Bilbao y a esta señora, Viuda de Epalza. Y yo ahora, en cualquier parte que estoy, lo mento».
La segunda mujer que marcó su destino fue, precisamente, la directora de las Escuelas de Tívoli, Clementina Naverán, reconocida maestra que supo espolear el talento de Mercedes Mauleón y, sobre todo, impulsar su promoción como estudiante, en una época en que, como Mercedes misma reconoce: «Había un rechazo terrible a los estudios […] se creía que era poco femenino estudiar». Sin embargo, tras terminar la escolarización elemental, Mercedes Mauleón pudo seguir estudiando en el Instituto de Bilbao, gracias a que, como alumna de Matrícula de Honor que era, mantuvo la beca del ayuntamiento. Una ayuda económica que se prolongó a lo largo de su carrera, que comenzó en 1941, en la Universidad de Valladolid, y que permitió que Mercedes Mauleón llegara a doctorarse en Historia.
La tercera mujer que marcó su vida fue la monja mercedaria Margarita Maturana que, como superiora del convento de la Vera Cruz de Berriz, consiguió la autorización papal para abandonar la clausura, convirtiendo el convento en un Instituto misionero en 1926. Esto cambió la vida de muchas jóvenes de la época, para quienes, si hacerse monja, era la mejor manera de esquivar, de manera respetable, los estrechos horizontes femeninos, reducidos a casarse o quedarse soltera, el nuevo contexto y la posibilidad de irse a las misiones les cambió la vida y les dio la oportunidad de experimentar la sensación de participar en algo relevante, en la construcción de un plan colectivo. Mercedes Mauleón terminaría beneficiándose de esa liberalización de la clausura y participando de ese proyecto de misiones mercedarias en Centroamérica a partir de 1968.
Asimismo, el convento ofrecía a las mujeres el reconocimiento del valor de sus estudios y un lugar donde poder dedicarse a ellos. Mercedes Mauleón recuerda que fueron, precisamente, sus estudios los que también le abrieron la puerta del convento: «Por mi estudio yo iba a conseguir lo que yo verdaderamente deseaba y hasta para entrar en el convento, si yo no hubiese tenido […]. Yo no tenía dote, mi familia era muy pobre, o sea que me sirvió, me independicé y fue por mis estudios». Así, una vez terminada la carrera, Mercedes Mauleón escribió su tesis, ya en el convento, acudiendo al Archivo de la Diputación Provincial Bizkaia, donde realizó una recopilación sistemática de la información contenida en los censos, padrones y registros parroquiales de Bilbao. Esto le permitió analizar, de forma pionera, la evolución de la población; las fluctuaciones de los indicadores vitales (fecundidad, nupcialidad y mortalidad); y la composición económica y social de Bilbao en el siglo XVIII.
Se doctoró en la Universidad de Valladolid en 1959 y la tesis se publicó en 1961 con el título La población de Bilbao en el siglo XVIII. El libro constituyó un verdadero hito al ser uno de los primeros estudios que abordaba la demografía histórica en un contexto urbano. La investigación explora el importante aumento demográfico que experimentó Bilbao, desde los 6.000 hasta los 11.000 habitantes, entre el inicio y el final del siglo XVIII. Desde el punto de vista metodológico, el estudio renovó la demografía histórica porque Mauleón utilizó los recuentos de vecindario de los libros de las cuatro parroquias existentes entonces en la villa que, según el historiador Vicente Palacio Artad, son las mejores fuentes para la investigación de la historia demográfica preestadística. Mercedes Mauleón concluyó que el incremento de población se debió sobre todo a la inmigración, constituida principalmente por artesanos y comerciantes, sobre todo de nacionalidad francesa. La villa resultaba un polo de atracción porque ofrecía muchas oportunidades de trabajo y variada actividad económica. Al final de la centuria, afirma Mauleón, casi la totalidad de la población adulta masculina estaba ocupada en el trabajo; respecto a la femenina, un núcleo importante de mujeres jóvenes llegaba del mundo rural a la ciudad para dedicarse al servicio doméstico, pero también destacaban las cargueras, mujeres ocupadas en las labores de carga y descarga de mercancías en el puerto. Las bilbaínas se casaban en su mayoría antes de los veinticinco años y tenían una media de seis o siete hijos/as. Mauleón constató prosperidad y progreso en el Bilbao del siglo XVIII y certificó el diagnóstico que Jovellanos había hecho en su Diario al visitar la villa en 1791: «No he visto un pobre en Bilbao».
En 1968 las Mercedarias de Berriz destinaron a Mercedes Mauleón de misionera a Nicaragua. Allí ejerció de profesora en la Universidad Centroamericana y, posteriormente, en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua-Managua, pero también se volcó en su labor pastoral y social, hasta el final de sus días, en 2005. A la vez, Mercedes Mauleón se planteó realizar un estudio similar en Nicaragua, al que había llevado a cabo en Bilbao. Ese trabajo investigador, al que dedicó buena parte de sus energías intelectuales, contiene un estudio de la población nicaragüense, centrado en el periodo colonial tardío y las primeras décadas de la independencia entre 1748 y 1867. Una vez más, la metodología de la demografía histórica y los registros parroquiales fueron la base de esta investigación, a la que también contribuyeron sus alumnas. Uno de los problemas fundamentales que Mauleón tuvo que abordar fue la destrucción y pérdida de fuentes originales, la dispersión de estas y la falta de edades de los registros parroquiales, dificultades que trató de subsanar de forma indirecta, por medio de la comparación con datos análogos bien registrados. El estudio ha sido una aportación valiosa al conocimiento de las poblaciones centroamericanas. A pesar del esfuerzo realizado, la tarea quedó inconclusa a la muerte de Mercedes Mauleón, y ha sido la historiadora Ligia Madrigal Mendieta, con el apoyo de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, quien ha completado su obra, publicándola póstumamente en 2008, con el título La población de Nicaragua 1748-1867: de la época final de la Colonia hasta las primeras décadas del periodo independiente.
En 1999 fue nombrada miembro de número de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN), viendo así reconocida su labor y aportación al conocimiento de la historia del país centroamericano. Jorge Eduardo Arellano ha destacado que sus estudios de demografía han sido una forma de renovación de la historia tradicional nicaragüense; asimismo, Arellano ha puesto de relieve su valiosa contribución a la creación del Archivo Arquidiocesano, en el Seminario «La Purísima», inaugurado el 9 de marzo de 2005, y su apoyo entusiasta e incondicional al proyecto del Censo-Guía de los Archivos de Nicaragua que, en la actualidad, bajo la dirección de Ligia Madrigal Mendieta está poniendo al servicio del estudiantado y de las personas interesadas en la historia nicaragüense, los fondos, secciones y series documentales que se han registrado hasta el momento. Por su parte, David Reher, miembro fundador como ella de la Asociación de Demografía Histórica (ADEH), ha subrayado la importancia de su obra científica y, especialmente, la influencia que tuvo en los estudios demográficos posteriores, su primera obra pionera sobre Bilbao.
Mercedes Mauleón amó Nicaragua, destino apostólico al que consagró toda su energía vital, especialmente a su juventud. Como ella misma reconoció: «Lo mejor que he encontrado en Nicaragua es su juventud, a la que me he dedicado con alma, vida y corazón a través de mi desempeño universitario». Nicaragua también la acogió y valoró su entrega, convirtiéndose en su segundo hogar. Quizá por ello, cuando Mercedes quiso descansar, manifestó el deseo de compartir sus cenizas entre la Reserva Natural Volcán de Mombacho (Nicaragua) y Berriz (Bizkaia), el lugar donde se inició su vocación religiosa y misionera.
Obras
La población de Bilbao en el siglo XVIII, Valladolid: Universidad de Valladolid, 1961.
«Fuentes para el estudio de la población de Nicaragua (1748-1867)», en CELTON, D. E. (coord.), Fuentes útiles para los estudios de la población americana. Simposio del 49 Congreso Internacional de Americanistas, Quito: Abya-Yala, 1997, pp. 309-334.
«Evangelización y Universalidad en Nicaragua», en FERROGGIARO, P. L., y OCHOA, V. M. (coords.), Los últimos cien años de la evangelización en América Latina. Centenario del Concilio Plenario de América Latina. Simposio Histórico, Ciudad del Vaticano: Pontificia Comisión para América Latina, 2000, pp. 967-977.
La población de Nicaragua 1748-1867. De la época final de la Colonia hasta las primeras décadas del periodo independiente, Managua: Colección Cultural de Centro América, 2008.
Bibliografía
Fuentes. AHOZKO HISTORIAREN ARTXIBOA (ahOa). Los entrecomillados pertenecen a la entrevista realizada por Miren Llona a Mercedes Mauleón en 1997 y depositada en AHOA (https://www.ahoaweb.org/).





