Cargos y oficios
Sacerdote e historiador.
Trayectoria
Se inclinó por la carrera eclesiástica, estudiando en el Seminario de Comillas, erigido por León XIII a instancias del jesuita Tomás Gómez Corral, en el edificio construido bajo patrocinio del primer marqués de Comillas. Convertido por Pío X en 1904 en Universidad Pontificia con facultad para conferir grados en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, la universidad se trasladó en 1969 a Madrid abriendo su enseñanza también a seglares. Tomás Marín fue ordenado sacerdote en 1936, y sus planes para ampliar estudios en Roma se vieron frustrados por el comienzo de la Guerra Civil. Se licenció en Teología en Comillas en 1941, obteniendo el doctorado en esa especialidad en la misma universidad en 1945.
Ejerció su ministerio sacerdotal en varios pueblos de la provincia de Soria, y tuvo la ocasión de estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, donde se licenció en 1943 y conoció al aragonés Pascual Galindo Romeo, también sacerdote, catedrático de Filología latina y decano de dicha facultad, que se trasladó a Madrid a mediados de los años cuarenta para ocupar plaza en la que fuera su universidad hasta la Guerra Civil. Tomás Marín le siguió y presentó en la Universidad Central de Madrid en 1946 su tesis doctoral sobre El Dr. Juan Bernal Díaz de Luco, obispo de Calahorra. Su vida y obra, que recibió la máxima calificación con premio Extraordinario.
Eran tiempos de reorganización de los centros de investigación españoles, creándose en 1939 el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) como sustituto de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigación que nació en 1907 en el marco de la Institución Libre de Enseñanza, y dirigió Santiago Ramón y Cajal hasta su muerte en 1934. A partir de su estructura y aprovechando parte de sus terrenos, nacieron el Instituto de Segunda Enseñanza Ramiro de Maeztu y nuevos Institutos científicos, convirtiendo el Auditorio de la Institución Libre de Enseñanza en la iglesia del Espíritu Santo, en acertada remodelación arquitectónica realizada por el arquitecto Miguel Fisac. El que fuera recinto del CSIC hasta hace unos años, estaba situado en una de las mejores zonas de Madrid, limitando en uno de sus lados con el Archivo Histórico Nacional, creado en 1866 como Archivo General del Reino (hoy de la Administración del Estado), que reunió entre otros los fondos procedentes de las Desamortizaciones decimonónicas (Clero y Órdenes Militares).
En este ámbito tan favorable para los estudios de Humanidades e Historia, se fundaron el Instituto Antonio de Nebrija dedicado a los estudios de Filología clásica del que fue director Pascual Galindo, y el Enrique Flórez dedicado a la Historia eclesiástica. En este último comenzó a trabajar Tomás Marín, compaginando su labor investigadora con sus tareas docentes como ayudante de Pascual Galindo en la Universidad Central de Madrid, en la Facultad de Filología (edificio A), de los pocos levantados en la ciudad universitaria antes de la Guerra Civil. Impartió docencia en Paleografía, Crítica textual y Latín vulgar desde el curso 1947-1948 al 1951-1952, dentro de la licenciatura de Filología clásica.
El año 1952 fue clave para los estudios de Paleografía y para Tomás Marín, que tuvo la ocasión de conocer e investigar con Jean Mallon, archivero de los Archivos Nacionales de Francia, y miembro de la Nouvelle École française de Paleographie, que se había trasladado a España para ampliar su conocimiento sobre las fuentes escripturarias del periodo romano. Mallon publicó «L’Ecriture de la chancellerie imperiale romaine», en Acta Salmanticensia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, t. IV, 2, 1948, que en su lámina 6 fotografiada por Tomás Marín dio a conocer la primera imagen del diploma del asturiano rey Silo, el documento real más antiguo en escritura visigótica (775). Obra conjunta de ambos autores son Las inscripciones publicadas por el marqués de Monsalud (1897-1908). Estudio crítico, que realiza una revisión de la lectura paleográfica de las inscripciones de la Colección Monsalud, conservadas en el Museo Arqueológico Nacional. Con todos estos mimbres, y la ampliación de las fuentes romanas estudiadas por Jean Mallon, que incluían no solo papiros sino inscripciones epigráficas, se publicó su Paléographie romaine.
En ella se dio a conocer el método de análisis de la escritura que convirtió a la Paleografía en una ciencia por sí misma, dando una gran importancia al ductus (forma de realizarse el trazado de la escritura), y al ángulo (formado entre el instrumento escriptorio y el soporte sobre el que se escribe), cuya apertura hacia los 90º promovida en parte por el cambio de formato del soporte (paso del rolde de papiro, al libro bien en papiro o pergamino), facilitó el nacimiento de la escritura minúscula, en la que se escribieron los documentos de las cancillerías reales desde la desaparición del Imperio romano. Y Tomás Marín se convirtió en el máximo adalid de estas novedades, de forma que en lo sucesivo la metodología de la nueva escuela francesa de paleografía se convirtió en clave en la enseñanza de esta materia en las universidades españolas.
Varios son los sectores de su inquietud investigadora en los primeros años de su carrera. Por una parte, el relacionado con su tesis doctoral sobre el obispo de Calahorra, Juan Bernal Díaz de Luco, que fue dando a conocer en diversas publicaciones. Así «Primeras repercusiones tridentinas. El litigio de los cabildos españoles: su proceso en la diócesis de Calahorra», «La biblioteca del obispo Juan Bernal Díaz de Luco», «El obispo Juan Bernal Díaz de Luco y su actuación en Trento», «Instrucción para los visitadores del obispado Calahorra del obispo Juan Bernal Díaz de Luco», Soliloquio y carta desde Trento. Introducción y edición, «Catalogus Sanctorum episcoporum de Juan Bernal Díaz de Luco». También ofreció información sobre algún manuscrito de dicho archivo, «El libro becerro del archivo episcopal de Calahorra, y por último, «Testamento del obispo Juan Bernal Díaz de Luco (1495-1566)». Dado que buena parte del territorio del País Vasco formó parte antaño de la diócesis de Calahorra, gran parte de esta bibliografía ha sido digitalizada en Memoria Digital Vasca.
Su interés por las bibliotecas catedralicias le llevó a trabajar también en la de Tarazona, y dio a conocer algunos de sus importantes manuscritos, publicando el «Inventario de la biblioteca del cardenal Pérez Calvillo» (obispo de Tarazona y cardenal nombrado por el papa Benedicto XIII) y «Dos sermones inéditos sobre la Asunción», como adelanto del proyecto de Inventario de fondos eclesiásticos españoles que se comenzó bajo la dirección de G. Fink, y Tomás Marín, pero no tuvo mayor recorrido. Compaginó los manuscritos con lo relacionado con la materia paleográfica y diplomática de los documentos, que se puede seguir en «Confirmación real en documentos castellano-leoneses», «Particularidades diplomáticas en documentos leoneses» y también de las inscripciones «Paleografia de las inscripciones parietarias de Belo (Cádiz)». Y volvió sobre la escritura visigótica con el capítulo «La escritura de los beatos», en la edición del Beati in Apocalipsim libri XII. Codex Gerundensis. Participó en la transcripción junto a J. M. Ruiz Asencio, de la edición facsímil del Tratado de Tordesillas, cuyo estudio histórico realizó el americanista Juan Pérez de Tudela.
En el apartado relacionado con su dedicación docente, cabe mencionar su relación con A. Millares Carlo, el mejor dotado de los paleógrafos españoles, catedrático de esta especialidad en la Universidad Central de Madrid (las disciplinas de Paleografía y Diplomática habían sido impartidas por la Escuela Superior de Diplomática entre 1856-1900, con el cometido de formar archiveros capacitados para tratar la documentación llevada a Madrid a consecuencia de la Desamortización). El canario Millares había sido catedrático de Paleografía en la Universidad Central de Madrid entre 1926-1936, fecha en que pidió licencia para realizar investigaciones en diversos archivos franceses, y aunque volvió en viajes esporádicos, el desenlace de la Guerra Civil propició su traslado a México entre el flujo de exiliados republicanos, por lo que la cátedra de Madrid quedó suprimida tras incoársele expediente de depuración. Millares realizó varios viajes a España aprovechando sus vacaciones de verano, para intentar que la cátedra volviera a dotarse, el primero de ellos en 1952, y entró en contacto Tomás Marín que se convirtió en su principal valedor para la recuperación de la cátedra madrileña.
Por otra parte, la creación de nuevas cátedras de Paleografía y Diplomática en universidades españolas dentro de la especialidad de Historia, propició que Tomás Marín consiguiera la de la Universidad de Sevilla en 1961. Su estancia en esta universidad fue bien acogida entre las autoridades universitarias y entre los alumnos, hasta el punto de ser nombrado decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la universidad sevillana en 1963. En ese año se había conseguido la reposición de la cátedra de la Universidad Central de Madrid, de la que Agustín Millares, a punto de cumplir setenta años, tomó posesión como paso previo a su jubilación, tras pagar, eso sí, los atrasos de la Mutualidad de Funcionarios Civiles del Estado. Y para que no se volviera a desdotar una cátedra que tanto había costado recuperar, por orden del ministro de turno, «de conformidad con la nueva propuesta elevada […] por la comisión especial designada por orden de 28-11-1964», se resolvió «nombrar para el desempeño de la cátedra de Paleografía y Diplomática de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, a D. Tomas Marín Martínez, catedrático que desempeñó igual asignatura en la de Sevilla», que tomó posesión de ella en 1965 (BOE de 10 de marzo de 1965), y ocupó hasta su jubilación en la que desde 1970 sería llamada Universidad Complutense de Madrid.
La labor investigadora de Tomás Marín, estuvo muy influenciada por los destinos en los que ejerció su docencia. Durante su estancia en Sevilla, trabajó en la Biblioteca Colombina, de la que ya conocía algunos ejemplares que dio a conocer en «Un nuevo códice carolino (Bibl. Colombina núm. 101)», con las sátiras autógrafas de Francesco Filelfo. Años más tarde publicó uno de sus inventarios, en la Memoria y libros de Hernando Colón del bachiller Juan Pérez. Y dio a conocer otros ejemplares en «Presencia de Erasmo en la Biblioteca Colombina de Sevilla». Fue el inicio de una intensa investigación en la que se involucraron otros estudiosos, como J. M. Ruiz Asencio y K. Wagner, que finalmente dieron a conocer los fondos de esta excepcional biblioteca en el Catálogo Concordado de la Biblioteca de Hernando Colón. Madrid: Fundación Mapfre América; Sevilla: Cabildo de la catedral de Sevilla, que comenzó a editarse en 1993.
Queda por referir su intensa colaboración con el Instituto de Historia Eclesiástica Enrique Flórez, del que no se desligó nunca, llegando a ser su director en los últimos años. La investigación desarrollada dentro del Instituto queda de manifiesto en su colaboración en la obra Concilios visigóticos e hispano-romanos, dirigida por José Vives y en la que participaron Tomás Marín y Gonzalo Martínez y en el Diccionario de Historia Eclesiástica de España, cuyos autores Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell lo dieron a conocer en cuatro volúmenes a partir de 1973.
Obras
«Primeras repercusiones tridentinas. El litigio de los cabildos españoles: su proceso en la diócesis de Calahorra», Hispania Sacra, 1 (1948), pp. 325-349.
«El libro becerro del archivo episcopal de Calahorra», Hispania Sacra, 1 (1948), pp. 409-414.
Con MALLON, J., Las inscripciones publicadas por el marqués de Monsalud (1897-1908). Estudio crítico. Madrid: CSIC, 1951.
«Confirmación real en documentos castellano-leoneses», Estudios dedicados a Menéndez Pidal, vol. III, Madrid: CSIC, 1951, pp. 583-503.
Paléographie romaine. Madrid: CSIC, 1952.
«La biblioteca del obispo Juan Bernal Díaz de Luco», Hispania Sacra, 5 (1952), pp. 263-326.
«Particularidades diplomáticas en documentos leoneses», Archivos Leoneses, 11 (1952), pp. 59-94.
«El obispo Juan Bernal Díaz de Luco y su actuación en Trento», Hispania Sacra, 7 (1954), pp. 259-325.
«Dos sermones inéditos sobre la Asunción», Hispania Sacra, 8 (1955), pp. 395-407.
«Paleografia de las inscripciones parietarias de Belo (Cádiz)», Atti del terzo Congreso Internazionale di Epigrafia greca e latina. Roma, 4-8 Sepbre. 1957, Roma: ‘L’Erma’ di Bretschneider, 1959, pp. 107-126.
«Un nuevo códice carolino (Bibl. Colombina, núm. 101)», Hispania Sacra, 12 (1959), pp. 165-189.
«Inventario de la biblioteca del cardenal Pérez Calvillo», Spanische Forschungen, 5 (1960), pp. 115-136.
Soliloquio y carta desde Trento. Introducción y edición, Barcelona: Juan Flores, 1962.
«Instrucción para los visitadores del obispado Calahorra del obispo Juan Bernal Díaz de Luco», Homenaje a Johannes Vincke para el 11 de mayo 1962, Madrid: CSIC, 1962-1963, t. 2, pp. 519-535.
«Catalogus Sanctorum episcoporum de Juan Bernal Díaz de Luco», Hispania Sacra, 16 (1963), pp. 373-458.
Concilios visigóticos e hispano-romanos, Barcelona-Madrid: CSIC, Instituto Enrique Flórez, 1964.
Memoria y libros de Hernando Colón del bachiller Juan Pérez, Madrid: CSIC, 1970.
Con ALDEA VAQUERO, Q., y VIVES GATELL, J., Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Madrid: Instituto Enrique Flórez, 1973-1975, 4 vols.
«Testamento del obispo Juan Bernal Díaz de Luco (1495-1566)», Miscelánea de estudios dedicados al profesor Antonio Marín Ocete, vol. 2, Granada: Caja de Ahorros y Monte de Piedad, 1974, pp. 581-606.
«La escritura de los beatos», Beati in Apocalipsim libri XII. Codex Gerundensis, ed. facs., Madrid: Edilán, 1975, pp. 171-209.
«Presencia de Erasmo en la Biblioteca Colombina de Sevilla», Homenaje a don Agustín Millares Carlo, vol. 1, Madrid: Confederación Española de Cajas de Ahorros, 1975, pp. 685-708.
Transcripción con RUIZ ASENCIO, J. M., de la ed. facs. del Tratado de Tordesillas, en PÉREZ DE TUDELA, J., Madrid: Testimonio Compañía Editorial, 1985.
Bibliografía
AYUSO, M., «In memoriam. Tomás Marín Martínez», Anales de la Fundación Elías de Tejada, 1 (1995), pp. 169-172.
MOREIRO GONZÁLEZ, J. A., Agustín Millares Carlo. El hombre y el sabio, Las Palmas de Gran Canaria: Gobierno de Canarias, Viceconsejería de Cultura y Deportes, 1989.
Studia paleographica, diplomatica et epigraphica, D. Tomás Marín Martínez, magistri Universitatis Complutensis, Madrid: Consejería de Educación, 2001 (homenaje realizado por el Dpto. de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Complutense. Contiene la reedición de gran parte de sus obras).
Fuentes: BOE núm. 59 de 10 de marzo de 1965, p. 3671. Ed. en línea: https://www.boe.es/boe/dias/1965/03/10/pdfs/A03671-03671.pdf (consultado el 22 de noviembre de 2022).





