Cargos y oficios
Ingeniero militar y político
Trayectoria
Como tantos otros prohombres del siglo xix español, Javier Los Arcos anudó en su biografía dos perfiles, el de militar y el de político. Su carrera militar la inició en 1866 al ingresar en la Academia de Ingenieros del Ejército de Guadalajara, donde realizó unos brillantes estudios que le valieron el grado de teniente en 1871. En 1873 tomó parte en la campaña del Norte de la tercera guerra carlista, primeramente trabajando en las obras de fortificación de Pamplona de cara al inminente asedio de los partidarios de don Carlos, y después, en el frente de guerra, al ser trasladado a San Sebastián para incorporarse a las órdenes del general Loma. En 1874 fue destinado como profesor ayudante de la Academia donde se había formado; durante su permanencia en el centro redactó una memoria titulada Organización militar y sistema permanente defensivo de la Península española y posesiones adyacentes, por la que recibiría una mención honorífica en 1875. Se sabe de su presencia nuevamente en el frente del Norte, cuando se procedió al relevo del fuerte Oltzaurte, en Gipuzkoa, en marzo de 1876. Al terminar la guerra, fue ascendido a capitán y durante algún tiempo fue secretario de la Comandancia General de Ingenieros de Pamplona. Abandonó el Ejército para dedicarse a la política. En 1885, retirado ya del servicio, figuraba como supernumerario en el Distrito de Castilla la Nueva con el grado de comandante de Ejército capitán del Cuerpo de Ingenieros.
Pero realmente donde sobresalió su figura fue en la política. Comenzó su andadura como secretario del partido Moderado, del que, una vez disuelto, pasó a las filas del Conservador. En el mismo año de 1876 fue elegido diputado a Cortes por el distrito de Agoitz, al que representó durante dos décadas, repitiendo escaño en todas las convocatorias, 1879, 1884, 1886, 1891 y 1893, salvo en la de 1881. Se le acusó de connivencia con el carlismo. Sin embargo, en 1896 fracasó en su intento de ocupar un puesto en el Senado, y ello a pesar de su ascendiente en su distrito natal, sobre todo en el área de influencia de Zangoza/Sangüesa, de sus numerosos contactos y del apoyo informal recibido por una parte de los diputados forales. Aquella derrota marcaría el final de su trayectoria política. Antes de ello, no obstante, compaginó su larga vida parlamentaria con algunos encargos públicos, para los que fue nombrado cuando su partido estuvo en el poder: así, el de director general de Establecimientos Penales en 1885 (del que dimitió por motivos políticos) y el de director general de Correos y Telégrafos en 1890 (que acabó también abandonando, aunque por razones de salud). La prensa del momento elogió su labor al frente de ambos puestos. En su hoja de servicios política cabría citar, por último, la labor desplegada en numerosas comisiones: fue vocal del Real Consejo de Sanidad y del Real Consejo Penitenciario; formó parte de la Junta de Aranceles y Valoraciones; y trabajó en la comisión organizadora de la Exposición de Ámsterdam, en la de la Colonización de las posesiones de Ultramar y en la encargada de proponer los medios de evitar la emigración.
Su trayectoria en conjunto quedó rubricada por varias condecoraciones, entre las que sobresalen la Gran Cruz de Cristo de Portugal y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Fue, además, académico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, institución para la que fue nombrado en 1890. Su discurso de ingreso en 1892 versó sobre las Aplicaciones de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en el arte de las guerras.
Javier Los Arcos no dejó una obra escrita más allá de las dos disertaciones mencionadas, pero sí hizo gala de una oratoria probada en sus numerosas intervenciones en el Congreso, en las que trató temas diversos relacionados principalmente con el Ejército y con los intereses de Navarra. De todos sus discursos, el más acabado y el que, sin duda, le ha hecho merecedor de un reconocimiento posterior es el que pronunció con ocasión de la Gamazada, cuando, junto al resto de los diputados navarros en Madrid, llevó el sentir de toda la provincia al hemiciclo y defendió la inalterabilidad de la Ley de 1841 frente a las pretensiones niveladoras del ministro de Hacienda del gobierno liberal-fusionista. Su intervención, realmente extensa, fue publicada en el mismo año de 1893, y después ha sido reeditada en la colección Temas Forales.
Al igual que los demás representantes navarros, Los Arcos inició su intervención en la sesión del 21 de julio con un breve relato de la historia de Navarra desde el momento clave de su incorporación a Castilla, cuando perdió su plena soberanía pero siguió siendo un reino de por sí, distinto en territorio, leyes y jurisdicción, como así lo reconocieron sucesivamente los monarcas de las casas de Austria y de Borbón. En su disertación, el segundo momento crucial había tenido lugar al final de la primera guerra carlista, cuando se planteó la posibilidad de una revisión de los fueros de las Vascongadas y Navarra, a fin de adaptarlos a la unidad constitucional de la monarquía liberal. Las primeras no consintieron ninguna variación, pero Navarra sí, sacrificando con ello buena parte de su autonomía, de la que tan solo conservó algunas prerrogativas económico-administrativas, que pasaron a ser el único vestigio de su antiguo régimen foral. Los Arcos enfatizó que la Ley de 16 de agosto de 1841, que consagraba el nuevo estatus jurídico-político de Navarra, había sido resultado de una negociación, de un pacto entre el Gobierno de la nación y la Diputación navarra, y que por tanto era inmodificable si no era por acuerdo de ambas partes. El rechazo al art. 37 (antes 17) del proyecto-ley de presupuestos por parte de todos los diputados navarros giró básicamente en torno a aquel argumento legal, pero también se consideró conveniente demostrar que los números estaban igualmente de parte de la provincia, donde lo que se defendía era el «fuero» y no el «huevo», como llegó a afirmarse con ironía en algún periódico de Madrid.
La gran aportación de Los Arcos al debate fue, precisamente, su sólido análisis del aspecto económico de la defensa foral. Su argumentación partió de una idea repetida hasta la saciedad, y era la de que Navarra contribuía tanto o más que cualquier provincia española. Era totalmente injusto acusarla de ser insolidaria ante las necesidades del país y de disfrutar de unos privilegios irritantes para el resto de las regiones. Para contrarrestar tales prejuicios nuestro diputado analizó el régimen fiscal foral y comparó a Navarra con la provincia de Lérida, semejante por muchos conceptos. El resultado del cotejo fue claro: aunque exenta de algunos impuestos, Navarra pagaba prácticamente igual que la otra provincia, y ello sin contar con que el Estado se ahorraba en ella los servicios de Obras Públicas, Instrucción y recaudación de impuestos, que corrían a cargo de la Diputación; sin olvidar tampoco que el mantenimiento de las dependencias oficiales en la provincia le costaba al Erario Público la mitad que en otros lugares de igual categoría y que, por si fuera poco, Navarra estaba contribuyendo a sufragar la deuda del Estado, en cuya creación no había participado, y además tenía que soportar su propia deuda, agravada desde la última guerra civil, pues todavía no había recibido los nueve millones largos que le debía la Administración central en concepto de suministros hechos al ejército liberal.
Según la Comisión de presupuestos, aquellas cifras, que rebatió en parte, no eximían a Navarra de su aportación para superar la crisis de la Hacienda pública, como también debían hacerlo las demás regiones a pesar de la recesión económica general, dando a entender que la negativa navarra a aceptar el aumento sería interpretada como una falta de patriotismo. Una acusación tal pugnaba con la imagen forjada al calor de la Gamazada de una Navarra fiel a su historia, firme en sus derechos, pero leal y patriótica como la que más. Por ello, Los Arcos esgrimió un último argumento de carácter económico, que respondía también a otra imagen enquistada entre los navarros, la de que la administración navarra era una de las mejores, la más económica y la más honrada del país. ¿Con qué autoridad moral se podían exigir enormes esfuerzos a una provincia si buena parte de la crisis hacendística se debía a la mala administración del Estado, despilfarradora y corrupta, como desde hacía algún tiempo la crítica regeneracionista no dejaba de exponer?
Los discursos de los navarros no variaron el parecer de la Cámara, que aprobó el polémico artículo, si bien, finalmente, como es sabido, no llegó a aplicarse. Desde entonces, la pieza oratoria de Los Arcos ha quedado como un referente decisivo para las tesis foralistas y asimismo como expresión del relato mayoritario entre las élites políticas navarras de aquel tiempo en la forja de una identidad colectiva en torno a los fueros.
Obras
Las ciencias aplicadas al arte de la guerra: Discursos leídos ante la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en la recepción pública del Sr. D. Javier Los Arcos y del Sr. D. Alberto Bosch, el día 8 de mayo de 1892, Madrid: Imp. de D. Luis Aguado, 1892.
Intervención del Excmo. Sr. D. Javier Los Arcos en la discusión del Proyecto de Ley de Presupuestos para el año económico de 1893 a 1894 en los puntos referentes a la provincia de Navarra, Madrid: Imp. de los Huérfanos, 1893.
Legislatura de 1893. Discursos, Madrid [s. n.], 1893.
«La Gamazada, 1893. Discurso de Javier de Los Arcos», en VVAA, Los fueros y sus defensas, vol. I, Bilbao: Müller y Zavaleta, 1897.
«Navarra en el Congreso de Diputados en 1893», PV, t. I (1940), pp. 105-108.
«Intervención en la discusión del Proyecto de Ley de Presupuestos para el año económico de 1893-1894», Temas forales, 10, Pamplona: Diputación Foral de Navarra, 1966, pp. 263-483.
Bibliografía
Agirreazkuenaga, J.; Alonso, E.; Gracia, J., y Urquijo, M. (dirs.), Diccionario biográfico de los parlamentarios de Vasconia (1876-1939), vol. II, Vitoria-Gasteiz: Eusko Legebiltzarra/Parlamento Vasco, 2007, pp. 1525-1540.
Larraza Micheltorena, M. M. (coord.), La Gamazada: ocho estudios para un centenario, Pamplona: Eunsa, 1995.
— Aprendiendo a ser ciudadanos: retrato socio-político de Pamplona, 1890-1923, Pamplona: Eunsa, 1998.
Layana Ilundáin, C., «Biografías de los parlamentarios por Navarra (1869-1889)», Huarte de San Juan, núms. 3-4 (1996-1997), pp. 353-356.
— Elecciones generales en Navarra, 1876-1890, Pamplona: Universidad Pública de Navarra, 1998.





