Cargos y oficios
Abogado de los Consejos reales en Pamplona.
Trayectoria
No sabemos prácticamente nada de su vida. En un pleito de 1574 dijo que era abogado de las Audiencias reales en Pamplona, y que tenía cincuenta y ocho años. Si hubiera nacido en torno a 1516, esto explicaría que se considerase mayor como para rebatir más extensamente al joven Esteban de Garibay (n. 1533). Ignoramos dónde se licenció en Derecho, pero era un notable ciudadano de la Pamplona de finales del siglo xvi: fue elegido regidor por la población de San Nicolás en 1598, y se le encargó confeccionar la «dedicatoria del túmulo» en las honras fúnebres de Felipe II aquel mismo año.
Gozó de la confianza del obispo Diego Ramírez Sedeño de Fuenleal (15611573), para quien trabajó en la preparación del segundo Sínodo diocesano en 1566. En representación del cabildo de Pamplona, se reunió con el maestro Palacios, representante del clero, y con el licenciado Juan de Rojas, vicario general, para adelantar la redacción de las nuevas constituciones. Y en 1568 actuó como abogado del obispo en un largo y violento pleito contra el Hospital de Estella. Es posible que llegara a ser relator del Consejo Real navarro, y el obispo Prudencio de Sandoval, en su Catálogo de los obispos (1614), lo recuerda como un notable coleccionista de antigüedades.
En 1715, para explicar las parcialidades agramontesa y beamontesa, el cronista José Alesón manejó ampliamente una Sumaria relación de los apellidos, que atribuyó al licenciado Reta. Este debió de redactarla hacia 1576-1580 como una reivindicación del segundo conde de Lerín y de los suyos frente al relato elaborado por sus rivales agramonteses. Se trató de una reacción indignada contra lo que había publicado Esteban de Garibay tachando a Luis de Beau- mont de traidor y desleal. El cronista guipuzcoano, en su Compendio historial de las Chrónicas y Universal Historia de todos los reynos de España (Amberes, 1571), colocó la historia de Navarra a la altura de la de Castilla o la de Aragón; y para ello se sirvió, probablemente, de un texto previo, quizá obra del agramon- tés Francisco de Navarra, a quien no cita.
Reta no es tanto un historiador como un anticuario: no elabora un discurso elegante y moralizador, sino que recopila documentos y, en particular, recupera un importante caudal de testimonios personales y de tradiciones orales. Formó parte, en los años 1570, de un grupo de eruditos aficionados a las antigüedades junto con el canónigo Francisco de Cruzat, el licenciado Subiza, oidor del Consejo Real, o Pedro de Aguilón, secretario del virrey Almazán. Escribió un texto apologético en un contexto de rivalidad, no un trabajo confeccionado con sosiego y destinado a su publicación, por lo que se expresó más libre y vigorosamente. Porque no pretendió narrar con detalle y ecuanimidad las parcialidades de almorávides y cascantes, primero, y de agramonteses y beamonteses, después, sino replicar a lo que consideraba injurioso en el Compendio de Garibay.
Por entonces, todavía se disputaba abiertamente sobre cuál de los bandos había sido más leal y había servido más fielmente a los reyes: a Juan II o al príncipe de Viana en la disyuntiva de 1451, a Juan III de Albret o a Fernando el Católico en la de 1512. Y no era una disquisición erudita, arcaizante o intrascendente, sino de un discurso político y de actualidad, porque se trataba de competir por el favor del rey, expresado en mercedes y oficios. Si el conde de Lerín había empuñado las armas contra el rey en algún momento habría sido —argumenta Reta— en legítima defensa, porque el monarca apoyaba a sus rivales, que querían exterminar a su linaje y parcialidad. Y, dando un paso más, le presenta como una especie de patriota que se movía por amor a Navarra: contra reyes usurpadores (Juan II) o extranjeros que conculcaban sus fueros (Juan III). Esta pasión «nacional» que atribuye al conde de Lerín, y a los beamonteses en general, la relaciona con la defensa de los fueros y las leyes del reino frente a novedades impuestas por extranjeros.
Reta no pierde ocasión de recordar que por las venas de Luis de Beaumont corría sangre real, hasta el punto de interpretar la historia de Navarra como un proceso de pérdidas y de recuperaciones de una realeza «natural». Así, recuperó sus reyes propios tras haber sido gobernado el reino por aragoneses (1134), por champañeses y franceses (1329), y casi se sugiere que algo posible pudiera ocurrir en una tercera ocasión, en el siglo xvi, aunque no llega a dar este paso. Se frena porque entiende la incorporación a Castilla como una señal del cielo, al coincidir con el inicio de la predicación luterana: Dios habría preservado a los navarros del contacto de la herejía, que había arraigado y arruinado la Navarra de Ultrapuertos y el Bearne. En este sentido, quiere destacar que el conde de Lerín y los beamonteses, esto es, el círculo pamplonés en nombre del cual habla el licenciado Reta en los años 1570, eran leales, ante todo, para con su patria y su nación.
Un segundo texto, más breve, es Título que el autor dio al reino de Navarra y a la ciudad de Pamplona, su cabeza. Se trata de un panegírico de sus grandezas según criterios de aquella cultura: fortaleza militar, sede real, cristiandad antigua, origen del poblamiento de Vasconia y de los reyes de Castilla y de Aragón. En definitiva, también aquí le mueve la urgencia de exaltar las grandezas de Navarra frente a los ataques extranjeros, como el de Garibay. Y, sobre todo, porque frente al silencio o al menosprecio recibido de otras comunidades políticas del entorno, que formaban parte de la misma Monarquía de España, quiere reivindicar para Navarra y Pamplona un lugar propio y de preferencia por su antigüedad. Más adelante, la historiografía navarrista del licenciado Reta culminará, en la misma línea apologética y panegírica, en la obra de Juan de Sada (1628). Cuando este disputó vigorosamente con cronistas aragoneses (Juan Briz), castellanos (Gregorio López Madera), guipuzcoanos (Esteban de Garibay) y bajonavarros (Arnaldo Ohienart), para reivindicar la antigüedad y las glorias de Navarra, no hacía otra cosa que desarrollar muchos de los argumentos de Reta cuatro décadas antes.
Obras
Sumaria relación de los apellidos que se halla haber habido en el reino de Navarra, y de algunas cosas en él sucedidas entre sus naturales y algunos reyes de este reino, a causa de la división y discordia de entre ellos mismos, y otras cosas, Manuscrito, Biblioteca Nacional de España, mss. 9.329, ff. 1-53r.
Título que el autor dio al reino de Navarra y a la ciudad de Pamplona, su cabeza, a instancia de unos amigos, y las razones y lugares en que lo fundó, Manuscrito, Biblioteca Nacional de España, mss. 9.329, ff. 63r-65r.
Bibliografía
Floristán Imízcoz, A., Lealtad y patriotismo tras la conquista de Navarra. El licenciado Reta y la «Sumaria relación de los apellidos», Pamplona: Gobierno de Navarra, 1999.
Cita bibliográfica
Floristán Imízcoz, A., “López de Reta, Martín”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 515-517.





