Cargos y oficios
Canciller del reino de Castilla, señor de la casa de Ayala y cronista.
Trayectoria
Hijo de Fernán Pérez de Ayala y de Elvira de Ceballos, pertenecía a uno de los principales linajes de la nobleza alavesa y castellana. Su lugar de nacimiento es dudoso, pues podría situarse —sin salir de Álava como opción más probable— en Vitoria-Gasteiz, Quejana o Respaldiza. Durante su infancia y juventud, se educó bajo la protección de su tío-abuelo el cardenal Barroso, lo que implicaría posibles estancias en Toledo, Cartagena y Avignon. En 1342 recibió dos canonjías —en Palencia y en Murcia—, lo que indicaría tal vez un propósito inicial, luego abandonado, de hacer carrera eclesiástica. A partir de 1353 la vida de Pero López toma un impulso decisivo, no sin avatares y peligros. Entra al servicio de Pedro I, participando en una expedición naval contra la corona de Aragón (1359). No tardará en estallar una guerra dinástica y civil en Castilla entre el rey y su hermanastro Enrique de Trastámara. Pero López de Ayala toma partido: primero sirve a Pedro I, para pasarse en 1366 al bando de su rival. Ya en la parcialidad trastamarista lucha en la batalla de Nájera (1367), en la que cae prisionero. Será liberado del cautiverio previo pago de un fuerte rescate. Es un breve contratiempo.
La victoria final de Enrique en 1369, le abre las mejores expectativas. Bajo el favor del nuevo monarca y de sus sucesores —Juan I y Enrique III—, es enviado en diversas embajadas a Aragón y Francia. Aún conocerá otro quebranto, al ser capturado por los portugueses en la batalla de Aljubarrota, lo que le supone un segundo cautivero de casi tres años (1385-1388). No fue un golpe decisivo, pues no detuvo su carrera. A lo largo de su vida acumuló cargos: doncel de la corte, alférez de la Orden de la Banda, alguacil mayor de Toledo, alcalde mayor de Vitoria-Gasteiz, merino de Gipuzkoa, regente y, sobre todo, desde 1398, canciller del reino de Castilla. Heredó de su padre sus derechos señoriales y patrimoniales en Álava, Bizkaia y tierras toledanas, así como el mayorazgo de la casa de Ayala. Ganó los señoríos de Salvatierra, Labastida y Salinas de Añana. Habiendo dictado testamento en 1406, falleció a inicios del siguiente año y fue sepultado en el monasterio femenino de Quejana, fundado por su padre Fernán Pérez.
A su actividad política, bélica y cortesana añadió su labor intelectual. Fue un autor prolífico, de cuya pluma salieron —limitándonos a la producción que se le puede atribuir sin dudas— varias creaciones poéticas, como el Libro Rimado de Palacio, traducciones de obras de Gregorio Magno, Isidoro de Sevilla, Tito Livio y Boccaccio, la versión adaptada de un tratado de cetrería y varias narraciones históricas. Además de continuar la Genealogía de su linaje; sobre todo es recordado porque legó a la posteridad cuatro Crónicas relativas a los reinados de Pedro I (1350-1369), Enrique II (1369-1379), Juan I (1379-1390) y Enrique III (1390-1406), si bien esta última parte quedó incompleta.
El reino de Navarra es uno de los actores de sus relatos. En dichas Crónicas se puede obtener información sobre las complejas estrategias del rey Carlos II de Évreux (1349-1387) en sus relaciones con los reyes castellanos en tiempos agitados: la entrevista con Pedro I en Soria (1362), las negociaciones que mantuvo con este monarca en Bayona y Libourne (1366), su muy astuta política con motivo de la campaña del bando petrista que culminó en la batalla de Nájera (1367) y la azarosa suerte de sus pretensiones territoriales en Álava frente a Enrique II. No se olvida de Carlos III (1387-1425) y de su esposa Leonor, en la medida en que ello implica una vinculación al rey Enrique III. Otras cuestiones de lo que llamaríamos materia vasca, que trata siempre en su conexión con Castilla, están presentes en las Crónicas. Vemos a Pedro I enfrentarse a su hermanastro don Tello, señor de Bizkaia, con episodios violentos en Otxandio y Las Encartaciones, o pactar en Libourne la entrega del Señorío —que no se cumpliría— a Eduardo, príncipe de Gales. Sabemos de las pretensiones de la condesa de Alencon sobre dicho territorio y de la práctica del juramento de los fueros por parte de la realeza castellana. Asimismo, nos narra cómo los nobles guipuzcoanos, vizcaínos y alaveses defendieron sus derechos de patronato eclesiástico en las Cortes de Guadalajara (1390).
Su obra histórica ha sido objeto de un juicio muy favorable, si se sitúa en el contexto de su época. Pretende reconstruir el pasado a fin de dejar memoria de los acontecimientos más importantes y proporcionar un modelo de comportamiento a los reyes. Al mismo tiempo, no se contenta con un discurso meramente narrativo e intenta explicar los hechos que expone. Sus fuentes de información principales incluyen su propio recuerdo como testigo presencial de determinados eventos, los relatos de otros personajes contemporáneos y la consulta de documentación, a la que tendría acceso privilegiado en calidad de canciller. Con todo, no es un cronista neutral. Como hemos mencionado, durante la guerra civil castellana cambió de bando, lo cual le exigiría una justificación, y es evidente que trata de legitimar a la nueva dinastía Trastámara que se impone en 1369. En último término, como cronista, está condicionado por su pertenencia a la alta nobleza, de cuyos valores y prejuicios se hace eco.
Obras
Crónicas de los Reyes de Castilla Don Pedro I, Don Enrique II, Don Juan I, Don Enrique III, Llaguno y Amirola, E. (ed.), Madrid: Imprenta deAntonio de Sancha, 1779.
Crónicas, Martín Rodríguez, J. L. (ed.), Barcelona: Planeta, 1991.
Crónica del rey don Pedro y del rey don Enrique, su hermano, hijos de don Alfonso Onceno, Orduna, G., y Moure, J. L. (eds.), Buenos Aires: Ediciones Críticas, 1994-1997.
Bibliografía
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García, M. L., Obra y personalidad del Canciller Ayala, Madrid: Alhambra, 1983.
García Fernández, E., «Pero Lopez de Aiala Kantzilerraren Leinua / El Linaje del Can
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Lacarra, J. M.a, Historia política del reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla. III, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1973.
Munita Loinaz, J. A., «Fuentes cronísticas para el estudio del País Vasco en la Edad Media», Barruso BarÉs, P., y Lema Pueyo, J. A. (eds.), Historia del País Vasco. Edad Media (siglos v-xv), Donostia-San Sebastián: Hiria, 2004, pp. 51-110.
Cita bibliográfica
Lema Pueyo, J. Á., “López de Ayala, Pedro», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 230-232.





