Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores guipuzcoanos

LÓPEZ ALÉN, Francisco Julián (utilizó el seudónimo de Mendiz-Mendi) (Donostia-San Sebastián, 10 de enero de 1866 – 27 de junio de 1910).

Cargos y oficios

Bibliotecario, literato, historiador, pintor, grabador, cronista de la ciudad de San Sebastián y director de la revista «Euskal-Erria»

Trayectoria

Sus padres fueron Josefa Manuela Vitoria Alén Asubia y José Saturnino López Aizpuru (nacido en Tolosa el 29 de noviembre de 1823), bibliotecario y director de la Biblioteca municipal de San Sebastián, hijo de Francisco López Gómez y de Juana Francisca Aizpuru Muro. Los padres se habían casado el 30 de agosto de 1859 en la Basílica Santa María del Coro de San Sebastián. Pronto vinieron cinco hijos (de los cuales nuestro biografiado ocupó el cuarto lugar), todos, salvo la primera, bautizados en la parroquia San Vicente Mártir de San Sebastián: Patrocinio López Alén (15 de noviembre de 1859), bautizada en la Basílica Santa María del Coro.

López Alén se casó, a los veintiséis años, con Paulina Benita Leclercq Uranga el 20 de junio de 1892, en la Basílica Santa María del Coro de San Sebastián. La novia había nacido en Irun, el 29 de abril de 1870, siendo sus padres Ramón Leclercq Abalia y Manuela Uranga Mayoz. El matrimonio no tuvo hijos y económicamente vivió sin problemas, gracias al sueldo de bibliotecario municipal, que complementaba con clases particulares de dibujo hasta que quedó inválido en 1904. Por eso fue muy oportuno el suplemento económico que le supuso el nombramiento de cronista de la ciudad.

El año trascendental en su vida fue 1904, en que fue nombrado director de la biblioteca municipal de San Sebastián (1904-1910) y director de la revista Euskal Erria, sustituyendo a Antonio Arzac, de quien había sido auxiliar y donde había publicado numerosos dibujos, trabajos y poemas. Pero ese mismo año sufrió un ataque de apoplejía que lo dejó tan maltrecho que los últimos seis años de su vida fueron de melancolía y sufrimiento, trucando paulatinamente su anterior trepidante producción literaria y artística. Solo alivió su situación la gran alegría que tuvo al ser nombrado cronista de la ciudad de San Sebastián. Para más detalles remitimos al «Homenaje de la Revista Euskal Erria a D. Francisco López Alén» (15 de julio de 1910), donde 25 eruditos, literatos y poetas glosan su personalidad, entre otros José María Salaverría, Manuel Munoa (secretario y ayudante del fallecido), Arístides de Artiñano y Julián de Salazar (concejal de Fomento donostiarra que le consiguió el empleo de cronista de la ciudad).

En la biografía de López Alén debemos considerar sus empleos de bibliotecario, periodista (asiduo colaborador y director de la revista Euskal-Erria) y cronista de Donostia, y su doble faceta de incansable literato y de dibujante. Como poeta, obtuvo tantos premios en certámenes poéticos en lengua vasca (juegos florales, fiestas euskaras…), que en cierta ocasión el jurado lo declaró «fuera de concurso» para dar oportunidades al resto de los participantes. Comenzó a ganar premios poéticos en 1888 con «Ayer y Hoy en Donostia-San Sebastián». Su poema más famoso es Josecho (1896), publicado en el diario La Voz de Guipúzcoa.

López Alén pasó casi toda su vida dentro de la Biblioteca Municipal de Donostia. No sabemos si cursó una formación reglada o fue autodidacta porque, según la necrológica que le dedicó el periódico amigo La Voz de Guipúzcoa, reproducido en Euskal-Erria, antes de los dieciocho años ya ayudaba a su padre en dicha Biblioteca, hacia 1885, y, a la muerte de su progenitor le sucedió en el cargo, y al morir Antonio Arzac, «Francisco fue nombrado Director del citado Establecimiento y de la Revista Euskal-Erria, cargos que desempeñaba el citado Arzac» (Euskal-Erria, 63: 29). Siendo López Alén director, la Biblioteca se trasladó al edificio de la Escuela de Artes y Oficios, en la calle Urdaneta. Le sucedió en el cargo Práxedes Diego Altuna (1910-1931). Fue un bibliotecario «manso y amable», preocupado por infundir en los adolescentes la afición a la lectura, aconsejándoles novelas de Dumas y Julio Verne.

Si López Alén entra en la historia del pensamiento vasco es por sus abundantes artículos en euskera y en castellano en Euskal-Erria durante casi veinticinco años (1886-1910), alternando el verso, la prosa y la ilustración. Alén, además de escritor, era un buen dibujante, en sus primeros tiempos, y un apreciable pintor, después de 1890, cuando presentó un cuadro a la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Colaboró por vez primera en la revista Euskal-Erria el año 1886, publicando un retrato a pluma de Juan M.ª Guelbenzu. Su primera labor literaria en estas páginas fue una poesía en vascuence, intitulada «Nere aitari». Desde entonces su colaboración fue constante, dedicándose más a la prosa que a la poesía, debido, indudablemente, a que prefería la modalidad literaria del artículo para sus vulgarizaciones históricas del País Vasco. López Alén como experto dibujante y publicista de renombre, y como bondadoso e ilustrado cronista, consagró sus desvelos con ardor a la revista Euskal Erria, y al llegar a su dirección en 1904, la mantuvo en el marco ideológico dado por sus dos antecesores (José Manterola y Antonio Arzac), orientado completamente a la exaltación de la lengua y país vascongados. Según Alzola, la revista Euskal Erria era un tesoro caudaloso de tradiciones, recuerdos, leyendas, consejas y cantos populares; estudios históricos, geográficos, arqueológicos, jurídicos y sociales; reseñas de las fiestas euskaras, de conciertos, exposiciones y trabajos premiados, así como de los progresos agrícolas, fabriles, musicales y artísticos y de los acaecimientos más notables del País Vasco. Toda esta temática abarcó López Alén en innumerables breves artículos (casi nunca sobrepasando las dos páginas). En raras ocasiones López Alén colaboró con otras revistas, como La Vasconia, La Voz de Guipúzcoa, Escualduna o Euskalzale.

En resumen, la revista Euskal-Erria que dirigió López Alén era considerada como el «monumento de las letras eúskaras», por su talento y su patriotismo, inspirado de amor entrañable y entusiasmo por el vascuence. Le sucedió en la dirección Adrián Loyarte (1910-1918), año en el que dejó de publicarse.

En el conjunto de sus muchos artículos destacan los relacionados con la ciudad de San Sebastián de tal manera que el concejal donostiarra Julián de Salazar, al comunicarle la concesión del empleo de cronista de la ciudad, le comentó: «Hombre, no se haga usted tan modesto, puesto que el cronista lo es ya usted de hecho, prácticamente, al publicar tantas monografías, tantas curiosidades que no eran conocidas y que son excelentes materiales para cuando se escriba una Historia de San Sebastián». En efecto, sus últimos trabajos estaban relacionados con una Historia de San Sebastián, la cual preparaba para presentarla terminada en las fiestas del «Centenario de 1913», recordando que la ciudad fue arruinada por los franceses (1813), pero rápidamente reconstruida.

Además de articulista, López Alén redactó obras de mayor alcance y extensión, como su Iconografía biográfica de Guipúzcoa, galería de guipuzcoanos ilustres, obra que obtuvo informe muy honroso de la Real Academia de la Historia; un Estudio histórico artístico del antiguo convento de San Telmo, de la Ciudad de San Sebastián, que contiene grabados de gran carácter y un interesante plano de la población; El ilustre pintor Antonio de Brugada, estudio biográfico, y de sus cuadros de la Casa Consistorial de San Sebastián.

Se presenta a López Alén, ideológicamente aferrado a la tradición, como «al vascongado sin mengua y por ende católico y patriota», «refractario a toda evolución y metamorfosis de raza, y siempre católico ejemplar», sin adaptarse a las exigencias del modernismo. Eugenio Gabilondo incide en la mentalidad excesivamente conservadora de Alén, preocupado por la decadencia del euskera y por la desaparición de algunas costumbres que caracterizaban el tipo donostiarra («El ideal del finado hubiera sido ver reducida nuestra ciudad al recinto amurallado, con los tipos y costumbres de la época antigua»).

El prestigioso historiador, periodista y político fuerista Arístides de Artiñano (1840-1911) calificó a Alén entre «los hombres útiles á la sociedad», en la clase de los modestos, sencillos, pero trabajadores incansables, concluyendo que fue un «admirador entusiasta de su país que ha sabido ganarse el afecto de todos».

La muerte del donostiarra vivaz y apasionado, que fue López Alén, fue muy sentida en todo el País Vasco, pero especialmente en San Sebastián. La Prensa le dedicó numerosos artículos necrológicos.

Según la «Semblanza sentimental» dibujada por Manuel Munoa, su ayudante en la biblioteca, López Alén fue uno de los literatos que más entusiasmo íntimo puso en su profesión, que más esfuerzo cotidiano puso en su labor, que más voluntad acumuló para triunfar, y, sin embargo, «he aquí también uno de los literatos que más dolorosamente ha visto desvanecerse sus entusiasmos y sus facultades».

La ingente labor literaria y artística del bibliotecario Alén, acompañada de su carácter sencillo y bueno, de su intachable caballerosidad y de su acendrado patriotismo, le fue reconocida con numerosas distinciones, entre ellas el título de cronista de San Sebastián (con el uso de armas de la ciudad), que era el que más lo enorgullecía; el de miembro de la Junta Directiva del Consistorio de Juegos Florales Éuskaros, el de correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando, el de vocal de la Comisión provincial de Monumentos históricos y artísticos de Gipuzkoa, y ser condecorado con la cruz del Mérito Naval.

Obras

«Nire aitari bere eriotzaren urte-urrenean», Euskal-Erria, núm. 15 (1886), p. 382.

«Euskaldun erriari», Euskal-Erria, núm. 19 (1887), pp. 275-276.

«Abuztuaren 31. Donostiari, 1813-1888», Euskal-Erria, núm. 19 (1888), p. 185.

«Atzo eta gaur. Donostia-ri», Euskal-Erria, núm. 18 (1888), pp. 205-206.

«Euskaldun lur doaitsuari», Euskal-Erria, núm. 19 (1888), pp. 275-276.

«Habana-ra. Gudari gazte baten agurra bere amari», Euskal-Erria, núm. 19 (1888), pp. 376-377.

«¡Iparragirre!», Euskal-Erria, núm. 19 (1888), pp. 495-496.

«Or dezu», Euskal-Erria, núm. 21 (1889), pp. 16-17.

«Oroitz bat. 1813-garren urteko Donostiari, abuztuaren 31.garren egunean», Euskal-Erria, núm. 21 (1889) p. 165.

«Trueba», Euskal-Erria, núm. 20 (1889), p. 249.

«Zer geran», Euskal-Erria, núm. 21 (1889), p. 442.

«Bilinchen obian», Euskal-Erria, núm. 20 (1889), pp. 71-72.

«Elurra!», Euskal-Erria, núm. 20 (1889), p. 183.

«Nafarroko ezkuturen aurrean», Euskal-Erria, núm. 22 (1890), p. 222.

«Aur gaixoak», Euskal-Erria, núm. 22 (1890), p. 440.

«Maitechoren eriotza eta aita baten negarra», Euskal-Erria, núm. 25 (1891), pp. 334-335.

«Nire amari», Euskal-Erria, núm. 26 (1892), pp. 492-493.

«Ama baten otsa seaskaren ondoan, Euskal-Erria, núm. 29 (1893), pp. 251-252.

«Ama baten otsa seaskaren ondoan», Escualduna, núm. 7 (1893), p. 4.

«Josetxo», La Voz de Guipúzcoa (1894).

Oquendo, por Francisco López Alén; ilustrado por el mismo con dibujos en zinc, San Sebastián: Imp. de La Voz de Guipúzcoa, 1894, 75, VII pp.

«Aingeru bat geyago. Saratar Magdalen Larralde-ren oroimengarriari», Escualduna, 10, núm. 483 (1896), p. 3.

«Oroitz bat. Antoine d’Abbadie-ren obian», Euskalzale, núm. 1 (1897), p. 307.

«Legazpi aundiari», Euskal-Erria, núm. 37 (1897), pp. 313-314.

Iconografía biográfica de Guipúzcoa: galería de retratos de guipuzcoanos distinguidos…, San Sebastián: J. Baroja é Hijo, 1898, 333 pp.

«Agur, Sarasate!», Euskal-Erria, núm. 59 (1908), p. 320.

«Oroitz bat. Eifelen dorreko tontor-tontorretik», Euskal-Erria, núm. 58 (1908), p. 143.

«Euskaldun erriari», La Vasconia, núm. 13 (1905), p. 10.

Estudio histórico-artístico del antiguo convento de San Telmo de la ciudad de San Sebastián, San Sebastián: Imp. y Enc. de J. Baroja e hijos, 1905, 48 pp.: il.

El pintor Antonio de Brugada: apuntes de su vida artística y sus cuadros de la Casa Consistorial, San Sebastián: Establecimiento Tip. de J. Baroja e Hijos, 1907, 15 pp.: il.

La Biblioteca Municipal de San Sebastián, San Sebastián: Imp. y Enc. de J. Baroja e Hijos, 1908.

«Anayak. Aragoitarrak eta euskadunak», Euskal-Erria, núm. 62 (1910), p. 354.

Bibliografía

Bilbao, J., Eusko Bibliographia, t. V, San Sebastián: Auñamendi, 1970-1981, pp. 206-211.

Legorburu Faus, E., «López Alén, Francisco», Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Ed. en línea: http://dbe.rah.es/biografias/58041/francisco-lopez-alen (consultado el 10 de diciembre de 2020).

Urquizu Sarasua, P. (dir.), Historia de la literatura vasca, Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), 2000, pp. 326-327, 370-371 y 386.

VVAA, «Homenaje de la Revista Euskal Erria a D. Francisco López Alén», Euskal Erria, 63, núm. 1.012 (15 de julio de 1910), pp. 1-30; 25 eruditos, literatos y poetas glosan la personalidad de López Alén.

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