Cargos y oficios
Sacerdote, capellán de gudaris.
Trayectoria
Sus padres, José Cayetano Loinaz Otaño —tabernero, natural de Urnieta, nacido en 1879— y María Catalina Otaño —natural de Zizurkil, también nacida en 1879—, se casaron el 9 de abril de 1902 en Zizurkil, yendo a vivir a la casa Berrospe de Andoain, donde residía José Cayetano. Ambos contrayentes eran primos, por lo que necesitaron dispensa para poder formalizar el matrimonio. María Catalina era hija del bertsolari José Bernardo Otaño, que a su vez era hijo del también bertsolari Pedro Otaño y tío del más famoso de toda esta saga de bertsolaris: Pedro Mari Otaño. José Antonio Loinaz tuvo cuatro hermanos: Bernardo, Jose Ignazio, Joanito y Domingo (Txomin), todos ellos buenos músicos. Los Loinaz eran conocidos en Andoain con el sobrenombre de Jainkoa y Jainkotarrak. En este ambiente de improvisadores de versos se entiende que José Antonio Loinaz fuera aficionadísimo a ellos y que buena parte de los que produjeron tanto su abuelo como otros miembros de la familia se conozcan gracias a que él los recogió y conservó. Por lo demás, el ambiente político familiar era nacionalista vasco. Loinaz era muy amigo del también sacerdote, escritor y nacionalista vasco José Ariztimuño Aitzol, fusilado por los franquistas en octubre de 1936.
José Antonio Loinaz fue ordenado sacerdote en 1928.
Fue voluntario al frente como capellán del Batallón Loyola. No fue el único miembro de su familia que combatió en el Euzko Gudarostea (Ejército Vasco); tenía otros dos hermanos combatientes como gudaris, Bernardo en el batallón Itxarkundia y Txomin en el Saseta.
Su batallón se rindió a los italianos en Limpias, Cantabria. Ingresó preso en el penal de El Dueso el 28 de agosto de 1937. Allí fue juzgado por un tribunal militar en Consejo Sumarísimo de urgencia, siendo condenado a doce años y un día. Al revisársele la pena esta se quedó en tres años, que cumplió casi completa, a falta de unos días. Se le liberó el 29 de junio de 1940, pero con pena de destierro, concretamente a Fontanosas y Almadenejos en Ciudad Real, donde tuvo que permanecer por un periodo de cinco años y nueve meses.
Escribió un diario de campaña que se publicó bajo el título de «Mi diario de guerra». Consta de dos partes, la primera es la transcripción de dicho diario manteniendo el estilo telegráfico de las anotaciones, y la segunda es una completísima información estadística sobre los componentes del batallón Loyola, con la identificación de los oficiales, capellanes y los muertos y heridos del citado batallón. Según él, hubo 52 muertos.
Por lo demás, Loinaz hace gala de una gran moderación, que contrasta con las memorias de los capellanes de requetés que aun escritas varios años más tarde se caracterizan por su exaltación y violencia ideológica. Así, por ejemplo, dice Loinaz: «¡Quiera Dios que el verdadero descanso, la paz justa con el debido respeto mutuo de las ideologías de todos se imponga lo antes posible! El pueblo vasco siempre ha odiado la guerra y no ha tomado las armas más que en defensa propia; y ahora clama más que nunca contra ella» (martes, 5 de enero de 1937) («Mi diario de guerra», p. 125).
Obras
«Mi diario de guerra», en EUZKO APAIZ TALDE, Historia general de la guerra civil en Euskadi, vol. VII, San Sebastián: Luis Haranburu, 1982, pp. 125-163.
Bibliografía
EUZKO APAIZ TALDE, Historia general de la guerra civil en Euskadi, vol. VII, San Sebastián: Luis Haranburu, Editor, 1982, pp. 123-125.
ZAVALA, A., Pedro Maria Otaño eta bere ingurua, vol. I, Oiartzun: Sendoa, 1993, 406 pp.





