Cargos y oficios
Sacerdote y vicario de la parroquia de Elcano.
Trayectoria
Joaquín de Lizarraga Iragui nació el 17 de septiembre de 1748 en el lugar de Elcano (valle de Egüés, Navarra), que contaba con unas veinte casas y cien habitantes. Falleció también allá, el 20 de enero de 1835. A pesar de haber desarrollado la mayor parte de su vida en el mismo lugar que le vio nacer, Lizarraga ocupa un puesto singular entre los escritores en lengua vasca por lo extenso de su producción, parte de la cual se publicó tras su muerte, mientras que la mayor parte permaneció inédita.
Era hijo de Juan Tomás de Lizarraga y María Francisca de Iragui, dueños de la casa Miguelena, una de las más hacendadas del lugar y tal vez del valle, pues contaba con unas quinientas robadas de tierra —unas 45 Ha—. Además de la casa de Miguelena, los padres de Joaquín contaban con vecindades y bienes patrimoniales en los lugares de Ansoáin (cendea de Ansoáin) e Idoate (valle de Izagaondoa). Su padre era hijo nativo y heredero de la casa, mientras que su madre procedía de Egozkue (valle de Anué). En sus primeros años debió de convivir con ellos un tío sacerdote, llamado también Joaquín de Lizarraga, quien, como años más tarde su sobrino, era vicario de Elcano. Los Lizarraga disponían de varias capellanías fundadas por sus antepasados, con cuyos bienes se sostenía un sacerdote en cada generación, de manera que un hijo —que además solía recibir el nombre del tío presbítero— se destinaba a la carrera eclesiástica. Tal situación garantizaba una estabilidad económica que sin duda facilitó la actividad de Lizarraga como escritor; a ello habría que sumar las capellanías que recaían sobre el titular de la vicaría de Elcano.
Durante su infancia y primera juventud la muerte segó las vidas de tres de sus cuatro hermanos, la de su padre, su abuelo paterno y el tío sacerdote. En consecuencia, desde 1768 la familia quedó reducida a su madre y una hermana, llamada María Josefa. Pero ya en 1760 Joaquín se había trasladado a Pamplona, para estudiar en el colegio de la Compañía de Jesús. En este centro conoció al padre Sebastián Mendiburu, profesor, famoso predicador y escritor en lengua vasca, cuyo influjo seguramente le marcó y le hizo estimar su lengua materna. Tras seguir tres cursos en Pamplona, regresó con quince años a Elca- no donde, a fin de ser nombrado beneficiado de la parroquia, recibió la primera tonsura y por tanto accedió al estado eclesiástico. Dos años después, en 1765, decidió ingresar en la Compañía de Jesús, para lo que se trasladó al noviciado de Villagarcía de Campos (Valladolid). Cuando estaba a punto de terminarlo, en 1767, Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas. Tras recorrer los caminos de Castilla en condiciones muy penosas, ante la disyuntiva de partir para el destierro o socorrer a su madre viuda, finalmente optó por esto último. De vuelta en Navarra, comenzó los estudios eclesiásticos y fue ordenado sacerdote en 1771, con veintitrés años, por el obispo baztanés Juan Lorenzo de Irigoyen, en la iglesia de Santa María de San Sebastián. Precisamente Irigoyen, dentro de sus planes reformadores, estaba a punto de culminar el proyecto de creación de seminario, y el nombre de Lizarraga se barajó como posible preceptor de Humanidades, a causa de su sólida formación intelectual. Sin embargo, por alguna razón desconocida este nombramiento no llegó a materializarse, de maneraque Lizarraga regresó a su casa nativa para desempeñar el oficio de vicario dela parroquia de Elcano; ya no lo abandonaría en su larga vida.
Como señaló Tellechea Idígoras, Joaquín de Lizarraga fue ante todo un sacerdote, un párroco. Desde el momento en que tomó posesión de la vicaría de Elcano su afán fue hacer llegar el mensaje de Cristo a sus feligreses; para ello debía emplear la lengua en que se expresaban. El vicario conocía bien la situación en los pueblos vascoparlantes: los párrocos, escasamente preparados, se conformaban en la homilía con la lectura de sermones escritos en castellano, que en el mejor de los casos traducían precipitadamente al euskera. Lizarraga se propuso exponer la doctrina cristiana en su lengua materna de una manera sistemática cada domingo, motivo que le llevó a redactar sus propios textos, apoyándose en una modesta biblioteca en la que no faltaban la Sagrada Escritura y algunas ediciones de patrística y del Magisterio, así como las pocas obras publicadas en euskera, entre ellas el Gero de Axular.
El vicario de Elcano es uno de los autores más prolíficos en lengua vasca en Navarra; sus escritos suman unas cinco mil páginas manuscritas con su cuidada caligrafía. Luis Villasante se refirió a él como «gigante solitario», pues no hay escritores navarros en lengua vasca contemporáneos a él. Por lo que respecta al contenido, puede distinguirse: predicación catequética (la más extensa), ho milías, hagiografías, producción poética (unos 10.000 versos) y traducciones
(Evangelio de san Juan, algunos textos del Antiguo y Nuevo Testamento). Puede discutirse su originalidad; pero lo que Lizarraga pretendió fue transmitir un mensaje de manera comprensible y adaptada a su auditorio. Cabe destacar sus homilías sobre el matrimonio, pues reflejan bien las costumbres en torno al sacramento dos siglos después de la finalización del concilio de Trento.
Desde el punto de vista lingüístico, Joaquín de Lizarraga escribió en dialecto altonavarro meridional. El verdadero descubridor de su obra fue el príncipe Bonaparte, quien pudo manejar alguno de sus manuscritos y se interesó por esta variedad dialectal, luego desaparecida. Posteriormente Resurrección María de Azkue subrayó el valor de la aportación del vicario desde el punto de vista lingüístico. Otros autores han señalado la notable influencia del romance en sus escritos, tanto en la sintaxis como en el léxico. En cualquier caso, la obra de Lizarraga muestra la pujanza del euskera en el valle de Egüés a comienzos del siglo xix. Un siglo después la mayor parte del valle lo había perdido, salvo los lugares más montañosos y apartados, como Sagaseta y Egulbati; pero aún se mantenía en Elcano, lugar mucho más abierto a los caminos, tal vez gracias al prestigio que le había conferido su párroco.
Obras
Jesus. Copla guisa batzuc molde gutitacoac, celebratus Jesus Jaunaren amoreac eta favoreac, Bonaparte, L. L. (ed.), London: Strangeways and Walden, 1868.
Dekalogoaren eta aitagurearen azalpena: Explicatio Decalogi et Dominicae Orationis, Bilbao: Labayru Ikastegia, 2008.
Doctrina christioarén cathechima, Pamplona: Príncipe de Viana, 1979, 2004.
Jabier’tar Frantzisko Santuaren bizitzatxoa, Iruña: s. n., 1922.
Jesukristo, Maria et Santuen bizitzak, Iruña: Nafarroako Gobernua, Kultur eta Hezkunt- za Departamentua, 1994.
Jesus-Cristoren Evangelio Sandua Jaunec dacarren guisara, Londres, 1868.
Koplak, Bilbao: Academia de la Lengua Vasca, 1983.
Ongui iltzen laguntzeco itzgaiac, Bilbao: Academia de la Lengua Vasca, 1984.
Urteco Igande guztietaraco platicac edo itzaldiac, San Sebastián: Ignacio Ramón Baroja, 1846.
Bibliografía
Apecechea Perurena, J., Joaquín de Lizarraga (1748-1835). Un escritor navarro en euskara, Pamplona: Príncipe de Viana-CSIC, 1978.
Azanza ElÍo, A., Diccionario de pensadores. I. Pensadores navarros siglos xii-xx, Pamplona: Eunate, 1996, pp. 271-300.
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Zabalza SeguÍn, A., «El tratado sobre el matrimonio de Joaquín de Lizarraga», Are- llano, I., y Usunáriz, J. M. (eds.), El matrimonio en Europa y el mundo hispánico. Siglos xviy xvii, Madrid: Visor Libros, 2005, pp. 211-223
Cita bibliográfica
Zabalza Seguín, A., “Lizarraga, Joaquín de”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 575-577.





