Cargos y oficios
Diputado a Cortes, consejero del primer Gobierno Vasco y lehendakari.
Trayectoria
Fue el tercero de siete hermanos de una familia donostiarra acomodada. Su madre se llamaba Cándida, y su padre, José Zacarías, era litógrafo e ilustrador, y regentaba un negocio familiar de venta de libros religiosos. Estudió en el prestigioso Colegio de los Padres Capuchinos de Lekaroz (Navarra) y posteriormente Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Literaria de Valladolid. En 1915 obtuvo la plaza de jefe letrado de la Sección de Fomento de la Diputación de Gipuzkoa y en 1919 la de jefe de Sección de Hacienda del Ayuntamiento de Bilbao. En la capital vizcaína se relacionó con destacadas personalidades políticas, principalmente en los círculos nacionalistas vascos, y se afilió a Comunión Nacionalista Vasca (CNV).
Amante de la cultura y de las letras desde muy joven, había comenzado ya a publicar sus primeros textos y a impartir conferencias sobre temas económico-sociales y relacionados con la cuestión nacional vasca. Fue también socio de Eusko Ikaskuntza, fundador del Ateneo Nacionalista Vasco y de Solidaridad de Empleados Vascos de Bilbao, sección autónoma del sindicato Solidaridad de Obreros Vascos (ELA-SOV). En octubre de 1922, en la jornada de clausura del III Congreso de Estudios Vascos, fue detenido en Gernika-Lumo por manifestarse delante del rey pidiendo una universidad vasca. En 1925 contrajo matrimonio con la donostiarra María del Coro Loidi Zulaica, con quien tendría seis hijos. Ese mismo año fue nombrado director-liquidador de la quiebra de la Unión Minera. En 1930 se implicó activamente en el proceso de unificación de las dos ramas en las que el nacionalismo vasco estaba dividido (CNV y PNV) e ingresó en el Consejo de Administración de Euzko Pizkundia, sociedad anónima propietaria de diario oficial del PNV Euzkadi. Su compromiso social se reflejó en su participación en el I Congreso de ELA-SOV celebrado en Eibar en 1929 y en su implicación en la creación de AVASC (Agrupación Vasca de Acción Social Cristiana).
Durante la Segunda República participó en el movimiento municipalista liderado por José Antonio Agirre. En junio de 1931 fue elegido diputado por Gipuzkoa y volvió a serlo dos años más tarde. De su labor en las Cortes cabe destacar su postura en contra de las medidas laicistas del Gobierno de la República, su férrea defensa de los diferentes proyectos de Estatuto y la reivindicación de los derechos de arrantzales y baserritarras. En 1934 renunció a su escaño parlamentario y volvió a trabajar en la Diputación de Gipuzkoa, tras conseguir la plaza de secretario; aun así, siguió vinculado a la política y al sindicato nacionalista y continuó con su labor intelectual.
Tras la sublevación militar de 1936, Leizaola integró el primer grupo que entró en los cuarteles de Lolola y colaboró con la Junta de Defensa de Gipuzkoa. Durante las primeras semanas de la contienda, su prioridad fue mantener el orden público. Fue también uno de los principales responsables de la evacuación de Donostia. Permaneció en su ciudad hasta el 12 de septiembre, cuando marchó a territorio vizcaíno. El 7 de octubre de 1936 se constituyó el primer Gobierno Autónomo vasco y Leizaola fue designado consejero de Justicia y Cultura.
Como consejero de Cultura, su labor se centró, fundamentalmente, en dos grandes ámbitos: la enseñanza, y la defensa de la lengua y la cultura. Su departamento creó el Consejo de Cultura de Euskadi, implantó las Escuelas de Euskadi y editó publicaciones y textos pedagógicos en euskera. Sin duda, uno de los mayores logros de la consejería fue la consecución de una Universidad vasca mediante el establecimiento, a comienzos de 1937, de una facultad de Medicina. Otra gran preocupación del departamento de Leizaola fue la de proteger el patrimonio histórico, artístico y cultural, responsabilidad que recayó en la Dirección de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas. Por lo que respecta al euskera, se implementaron iniciativas dirigidas a extender su conocimiento y uso, y a poner en práctica el bilingüismo propugnado por el Estatuto de autonomía.
En el ámbito de la Justicia, la Consejería de Leizaola veló por el estricto cumplimiento de la legalidad republicana. El Gobierno Vasco rebasó considerablemente las atribuciones otorgadas por el Estatuto y se crearon una Audiencia territorial y el Colegio Notarial de Euskadi, entre otros. El Tribunal Popular, único tribunal de excepción existente en la Euskadi autónoma, dirimió los delitos relacionados con la guerra. Asimismo, el departamento tuvo competencia sobre el régimen interior de prisiones y tomó medidas en aras a mejorar las condiciones de vida de los presos. No obstante, el gobierno no fue capaz de evitar el asalto de cárceles efectuado por grupos de civiles y milicianos el 4 de enero de 1937. Como consejero de Justicia, también redactó, con la ayuda de José Lecaroz, los cuatro Cuadernos del Departamento de Justicia, en los que se denunciaban algunas de las actuaciones más graves del bando sublevado y la intervención extranjera, italiana y alemana, contraviniendo los acuerdos de No Intervención.
Al margen de su labor como consejero, asumió las funciones de secretario en el Consejo de Gobierno, actuó como portavoz del ejecutivo ante los medios y representó al lehendakari en ausencia de este. Como máximo responsable de la Junta de Defensa designada por el Gobierno Vasco, jugó un papel destacadísimo en la defensa y evacuación final de Bilbao. Merced a su decisión de evitar destrucciones materiales —salvo los puentes—, Bilbao fue entregada prácticamente intacta. Además, ordenó la puesta en libertad de todos los presos que se encontraban en las cárceles de la villa.
Leizaola no abandonó Bilbao hasta la madrugada del 19 de junio, pocas horas antes de que se produjera la entrada de las tropas franquistas. Se dirigió a Turtzioz y posteriormente a Santander. Participó entonces en las negociaciones entre el PNV y autoridades italianas que condujeron al conocido como Pacto de Santoña. Una vez en Iparralde, Agirre le encomendó hacerse cargo de la delegación del Gobierno Vasco en París y la dirección de la publicación Euzko-Deya. Salvo un par de meses en los que residió en Barcelona, hasta el final de la Guerra Civil permaneció en la capital gala, participando en las gestiones para ayudar a los refugiados y estableciendo y gestionando colonias infantiles.
Cuando, en mayo de 1940, el avance nazi sorprendió al lehendakari Agirre en Bélgica y este se vio obligado a permanecer oculto durante un tiempo, Leizaola asumió temporalmente el mando del ejecutivo. Tras la firma del armisticio franco-alemán, optó por permanecer en Francia de forma anónima y, durante tres años, ejerció como profesor en Lestelle-Betharram, en los Pirineos Atlánticos, donde colaboró con la Resistencia francesa. En 1944 fue uno de los promotores de la Brigada Vasca Gernika que luchó en el frente de Garona. De enero a agosto de 1946, tras el fallecimiento de Eliodoro de la Torre, sumó a su cartera de Justicia y Cultura la de Hacienda. En agosto fue ratificado como consejero de Justicia y Hacienda, y la cartera de Cultura pasó a manos de Telesforo Monzón. Asumió, además, el cargo de enlace con el interior. En 1947 se puso al frente de OPE (Oficina de Prensa de Euskadi), el nuevo órgano de prensa. Asimismo, durante esos primeros años tras la Segunda Guerra Mundial, formó parte del Equipo de París dirigido por Javier Landaburu, equipo que participó en importantes organismos europeístas, entre los que caben destacar los NEI (Nouvelles Equipes Internationales) y la UEF (Unión Europea de Federalistas).
Durante la década de los cincuenta, Leizaola y sus compañeros asistieron decepcionados a la rehabilitación internacional de la dictadura franquista. Para revertir el ambiente negativo provocado por el cambio de contexto, el Gobierno Vasco organizó en París en 1956 el I Congreso Mundial Vasco, en el cual él dirigió la ponencia económico-social. Cuatro años más tarde fallecía Agirre y Leizaola fue designado lehendakari. Realizó su juramento sobre la sepultura de su antecesor. Su principal objetivo fue mantener el carácter referencial del Gobierno Vasco. Una de las primeras iniciativas como lehendakari fue girar una visita a las comunidades vascas de Latinoamérica. En sus casi veinte años al frente del ejecutivo, continuó manteniendo relaciones con la diáspora vasca, celebró reuniones con organismos del interior y partidos políticos y sindicatos vascos, en aras a salvaguardar ese carácter referencial en unos años de profundos cambios en la sociedad vasca. Siguió dirigiendo OPE y Euzko-Deya de París. Respecto a ETA, Leizaola siempre fue muy crítico, y rechazó completamente la lucha armada. Pese a ello, es destacable su labor en el proceso de Burgos recabando apoyos internacionales para pedir al dictador español la conmutación de las penas de muerte. En 1974, con motivo del Aberri Eguna, entró clandestinamente en Euskadi y se fotografió ante el árbol de Gernika.
Tras un exilio de más de cuarenta años, Leizaola regresó al País Vasco el 15 de diciembre de 1979 y fue objeto de un multitudinario recibimiento en el campo de fútbol de San Mamés. Al día siguiente, en un acto simbólico celebrado en la Casa de Juntas de Gernika, delegó todos sus poderes como lehendakari en el presidente del Consejo General Vasco, el peneuvista Carlos Garaikoetxea. En las primeras elecciones al Parlamento Vasco celebradas en marzo de 1980 fue elegido parlamentario del PNV por Bizkaia. Poco después, se retiraba oficialmente de la política. Falleció en su Donostia natal a la edad de noventa y dos años.
Si bien su sentimiento nacionalista nació en su propio entorno —su padre fue uno de los discípulos de Sabino Arana en Gipuzkoa—, Leizaola bebió también de importantes figuras del nacionalismo como Luis de Eleizalde o el diputado vizcaíno Gorgonio Rentería. Pero quien más influyó en él fue Engracio Aranzadi, Kizkitza, uno de los principales ideólogos del nacionalismo vasco. Leizaola, además de ser ferviente católico como aquel, admiraba su capacidad intelectual y comulgaba con su tesis que consideraba la autodeterminación del pueblo vasco como un proceso progresivo y no rupturista. Leizaola siempre fue partidario del autogobierno de Euskadi. En su juventud abogó por dotar a corporaciones locales, ayuntamientos y diputaciones de la mayor autonomía posible para combatir el caciquismo. En el exilio, siguió al detalle los acontecimientos de la política internacional y, a pesar de que en la última etapa de su vida se mostrase más escéptico, fue un convencido europeísta y uno de los defensores de la doctrina Aguirre, según la cual Euskadi participaría en pie de igualdad respecto a otras naciones en una Europa federal.
Durante toda su vida, el lehendakari zarra fue un gran apasionado de la investigación en los ámbitos del Derecho, la economía, la historia y la cultura vascas. Preocupado por la supervivencia del euskera, consideraba que esta lengua era única y derivaba de una forma de pensar también única. Fue, asimismo, un escritor muy prolífico, amante y estudioso de la poesía vasca. Su poeta predilecto fue Nicolás Ormaetxea, Orixe. Desde bien joven comenzó a impartir conferencias y a escribir en euskera. Publicó numerosos artículos en revistas vascas (Argia, Gipuzkoarra, El Día, Yakintza, Eusko-Enda, Euzkadi, Euzko-Deya, Alderdi, etc.) —que firmaba en ocasiones con seudónimos tales como Barazar, Gudari, J. de Sagastiola, Udalpeko…—, y libros sobre historia, economía, y principalmente, poesía vasca. Sus biógrafos han subrayado de él su fidelidad al nacionalismo vasco y al PNV, destacando especialmente dos cualidades: su lealtad y su disciplina.
Obras
«Literatura vasca», Enciclopedia Hispano-Americana Espasa, Barcelona: Espasa, 1923.
La frontera vasca contra los moros, Bilbao: Minerva, 1937 [2.ª ed.].
Contribución de los vascos a la formación y a la ciencia del Derecho, Bilbao: Minerva, 1937 (2.ª ed.).
Estudios sobre la poesía vasca, Buenos Aires: Ekin, 1951.
La «Crónica» en la poesía popular vasca, Buenos Aires: Ekin, 1961.
Líneas generales de la formación de la economía vasca en la historia hasta hoy, Caracas: Cultura Popular Vasca, 1962.
1808-1814 en la poesía popular vasca y otros estudios, Buenos Aires: Ekin, 1965.
Romances vascos y literatura prehistórica, Buenos Aires: Ekin, 1969.
Acontecimientos del s. XX en poetas euskéricos, Buenos Aires: Ekin, 1974.
«Crónicas y romances en la poesía euskérica», en ESTORNÉS LASA, B. (ed.), Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, vol. V: Literatura, San Sebastián: Auñamendi, 1981.
Obras completas, San Sebastián: Sendoa, 1981-1985, 4 vols.
La marina civil vasca en los siglos XIII, XIV, XV. Primera parte, s. XIII, San Sebastián: Sendoa, 1984.
Doroteo de Ziaurriz. Presidente del Euzkadi Buru Batzar 1931-1951, Bilbao: Alderdi, 1985.
Bibliografía
BARANDIARÁN, M., «Jesús María Leizaola Sánchez. Universidad en tiempos de guerra», En pie sobre la tierra vasca. El primero Gobierno vasco en Bilbao, Bilbao: Fundación Bilbao 700, 2016, pp. 167-213.
LANDA MONTENEGRO, C., Jesús María de Leizaola. Vida, obra y acción política de un nacionalista vasco, 1896-1937, Bilbao: Fundación Sabino Arana, 1996.
RODRÍGUEZ RANZ, J. A., Jesús María Leizaola, denborak garaituz, Bilbao: Fundación Sabino Arana, 1996.
URKIZU, P., «Jesús María de Leizaola», Sesenta años después. Euskal Erbestearen Kultura, tomo 2, Donostia: Saturraran, 2000, pp. 311-320.
VVAA, 46 testimonios lo recuerdan. Leizaola, la lealtad del viejo roble, Bilbao: Fundación Sabino Arana, 1989.





