Cargos y oficios
Político, diplomático, hombre de negocios y académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
Trayectoria
Fermín Lasala y Collado llega al mundo en 1832, en el San Sebastián de finales del reinado de Fernando VII y en el seno de una familia de éxito en el mundo de los negocios y excelentemente emplazada, también, en el terreno político para cuando se produzca el deceso del rey al año siguiente. Tanto su padre, Fermín Lasala y Urbieta, como la familia de su madre, Rita Collado (de origen santanderino), aparecen situados en puestos privilegiados entre la comunidad de comerciantes de un San Sebastián que vuelve a prosperar, tras su destrucción en las guerras napoleónicas y los posteriores incidentes de la corta guerra civil que acaba con el Trienio Liberal en 1823. En el terreno político, unido a ese ascendiente económico, su influencia queda bien reflejada en la cercanía de Fermín Lasala y Urbieta y su cuñado al consejo económico que guiará a la joven reina Isabel II en los inciertos años de la Primera Guerra Carlista y en el arduo proceso de reconstrucción de la España finalmente liberal, a partir de 1839.
Esos años serán los de formación del joven Fermín Lasala y Collado que pasará esas primeras etapas de su vida en Bayona, en el entorno de la familia Lesseps a cuyo cuidado lo ha confiado su padre junto con su madre Rita Collado y una hermana que no sobrevivirá a ese forzado exilio bayonés debido al nuevo asedio que sufre la ciudad. Esta vez a manos de las tropas del Pretendiente carlista.
El joven Fermín, bien asentado gracias a la desahogada posición económica de su padre, que prospera incluso en la guerra como proveedor de los ejércitos isabelinos, recibe una esmerada educación en la Institución Saint Léon de Bayona. Sus progresos serán seguidos con detalle por ese padre que —como se deduce de la correspondencia familiar, hoy propiedad del Archivo General de la Diputación Foral de Gipuzkoa— quiere para su heredero una formación de primer nivel. Así, en la Saint Léon, Lasala hijo estudiará los cursos elementales de Geografía e Historia junto con Religión y Moral, Latín, Retórica y Matemáticas, entre los años de 1840 a 1843.
A través de esa misma correspondencia podemos seguir esos progresos desde esa educación básica hasta la universitaria que culminará con dos licenciaturas: una en Jurisprudencia y la otra en la carrera actualmente equivalente a Filosofía y Letras en la rama de Historia. El conocimiento de la lengua francesa y la inglesa, que le resultarán tan útiles en sus labores de historiador, así como en el desempeño de sus funciones como embajador en París y Londres, también deja constancia en esa correspondencia. Así, Fermín Lasala padre recomendaba a su mujer, en carta remitida desde Madrid en el año 1842, que su hijo y heredero, en ese momento un niño de diez años, no descuidase el aprendizaje del inglés, aparte de cultivar sus modales y el arte del dibujo.
Cuando la familia se traslade a Madrid por cuestiones tanto de negocios como de la carrera política del padre, el joven heredero seguirá allí esos estudios hasta obtener en 1859 —el mismo año en que se casará con María Cristina de Brunetti— la licenciatura en la carrera de Jurisprudencia en la entonces llamada Universidad Central de Madrid (hoy Complutense) y el grado de bachiller en Filosofía por la Universidad Literaria de Madrid.
Esos estudios de Filosofía, muy próximos a lo que hoy sería una licenciatura en Historia, le servirán, pocos años después, para iniciar una carrera como historiador más que notable. Más aún si tenemos en cuenta que la misma no se desarrolla de manera totalmente profesional, pues deberá compaginarla con su labor alimenticia principal: la de hombre de negocios que debe gestionar —e incluso aumentar— una vasta fortuna diversificada en numerosas empresas que abarcan un entramado de escala mundial, en el que encontramos desde pequeños astilleros en el puerto guipuzcoano de Pasaia, hasta molinos, intereses navieros y ferroviarios en Francia, España y Estados Unidos, pasando por extensas fincas agrícolas junto con fundiciones de acero. Una complicación a la que se añade algo habitual en los hombres de negocios decimonónicos: la de ocupar diversos puestos en el escenario político que, en su caso, van desde diputado foral a representante en el Congreso y el Senado por la provincia de Gipuzkoa, junto con el desempeño de, al menos, un ministerio en la España de la Restauración canovista y misiones diplomáticas de alto nivel, como la ejercida en Londres entre 1900 y 1905.
Esa ardua carrera como historiador alternada con esa actividad como magnate, político, diplomático, miembro eminente del Consejo de Estado y senador vitalicio y por derecho propio, comienza en el año 1865, aunque no como autor sino como jurado del concurso de obras históricas sobre las luchas sostenidas por la provincia de Gipuzkoa contra Inglaterra a lo largo de los siglos xiv y xv. Las instituciones provinciales guipuzcoanas considerarán en ese año que él, junto con Joaquín de Barroeta-Aldamar y Modesto Lafuente, será uno de los mejores jueces de la calidad de los trabajos presentados a ese concurso que él mismo había instituido cuando fue diputado general de la provincia en el periodo foral 1862-1863.
Su debut como historiador propiamente dicho, con obra publicada, se dará entre los años 1872 y 1878, cuando elabora y da a las prensas su primer libro sobre esa materia, que estará dedicado a un tema en ese momento de gran actualidad, tras la caída del Segundo Imperio francés. Es decir, la desaparición definitiva, según todos los indicios, de la forma de gobierno monárquica en Francia. La obra tiene un título bastante revelador a ese respecto: Vicisitudes de la monarquía constitucional en Francia. Esta obra incidirá sobre los avatares de esa institución desde 1789. Cuando se hace el primer ensayo de república en Francia tras los sucesos del 14 de julio de ese año y especialmente tras el triunfo de la revolución de 1830 que conduce, en 1848, primero a una Segunda República francesa, posteriormente al Segundo Imperio y, finalmente, tras el colapso militar de este en 1871, a la Tercera República francesa que subsistirá hasta el año 1940.
En esta obra Fermín Lasala y Collado mostrará un notable dominio del método histórico, introduciendo en ella temas y enfoques que solo años más tarde se han hecho comunes en la investigación histórica, a través de la llamada «Nueva Historia», a lo largo del siglo xx. Por ejemplo, cuando alude a la importancia de lo que luego se ha llamado «cultura popular» (en este caso la producción de panfletos, coplas…) en la caída de la monarquía reaccionaria de Carlos X.
De hecho, Fermín Lasala y Collado no solo se limitará, desde esa fecha, a escribir sobre episodios históricos concretos. Por el contrario, también teorizará en alguna ocasión sobre la Historia en sí. Su discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en el año 1882, es revelador a ese respecto. Tendrá por título «¿Cuáles son la ley histórica y el principio filosófico a que pueden obedecer las revoluciones?». Si bien el eje de ese discurso será más bien de carácter teleológico, planteando una curiosa intersección entre Historia y Teología, al considerar que acontecimientos humanos como las revoluciones pueden estar insertos en un plan teleológico, no exclusivamente humano.
Por lo demás, el resto de la obra de Fermín Lasala y Collado como historiador estará lejos de esos afanes teóricos, centrándose en acontecimientos históricos de los que él mismo, en ocasiones, ha sido protagonista o, al menos, ha conocido de cerca a algunos de sus protagonistas.
Este será el caso de su siguiente obra, publicada en el año 1884 y titulada Una agrupación Bascongada de 1820 a 1850. Este trabajo, modesto en su volumen, se basa, en efecto, en testimonios de primera mano de los que fueron protagonistas de los hechos descritos en él. Principalmente figuras clave del liberalismo vasco y donostiarra que el propio Fermín Lasala y Collado conocerá como visitantes de la casa de sus padres, donde se reunirán en diversas ocasiones para tratar de temas políticos y de otra índole.
Tras la publicación de Una agrupación Bascongada de 1820 a 1850, su actividad como historiador se ralentizará. Nada extraño si tenemos en cuenta que esos años son también momentos álgidos en su carrera como hombre de negocios y, sobre todo, como político en la España de la Restauración canovista, en la que alcanzará puestos elevados en esa administración; caso de su breve paso por el Ministerio de Fomento o de su primer destino como embajador en París de 1890 a 1892.
A su regreso de esa primera embajada y hasta el comienzo de la segunda —la que va de 1895 a 1897— tendrá lugar el primer centenario de un controvertido episodio histórico: la invasión por parte de las tropas convencionales francesas de gran parte del territorio guipuzcoano en el año 1794 y el conato de separación de esa provincia de la corona española para formar una república satélite de la francesa a instancias de revolucionarios guipuzcoanos como el getariarra Echave Asu y Romero.
A la sazón de ese centenario de tan controvertido episodio, Fermín Lasala y Collado elaborará una larga carta dirigida al alcalde de San Sebastián para poner esos hechos históricos en el contexto que Lasala hijo considera los correctos.
Esa carta, finalmente, acabará convertida en un estudio histórico en regla en el que Fermín Lasala y Collado hace gala, una vez más, de sus sólidos conocimientos teóricos en la materia. Así como de la vasta erudición histórica ya acumulada en esos momentos.
Sin embargo, esta obra, que será publicada en Madrid en el año 1895 con el título La separación de Guipúzcoa y la Paz de Basilea, deja traslucir un claro sesgo político en la interpretación de aquellos hechos que describen la llegada de las ideas revolucionarias francesas a la sociedad vasca por primera vez. En efecto, Lasala hijo habla en esta obra más como un político afecto al conservadurismo canovista que como un historiador, pues el eje de su tesis para explicar y describir esos hechos históricos se centra en mantener, contra muchas evidencias históricas, que las ideas revolucionarias difícilmente podían calar entre los vascos de la época por ser estos firmemente católicos. Algo que, para Fermín Lasala y Collado, excluía frontalmente toda veleidad revolucionaria. Salvo excepciones como la del ya mencionado Echave Asu y Romero y otros pocos.
Se trata de una afirmación con poco fundamento historiográfico, como demuestra la experiencia política vasca posterior a 1794. Una de la que él mismo había sido testigo en su infancia y juventud en unos años en los que el liberalismo de raíz francesa prende firmemente en el País Vasco, da lugar a dos guerras civiles y a la formación de un sólido partido liberal vasco del que el mismo Lasala hijo había sido parte. Todo ello es prueba evidente del corto recorrido de esa afirmación con poco respaldo historiográfico por esas mismas circunstancias. Eso, sin embargo, no oscurece en nada la labor de erudición histórica de esta obra de Lasala, que constituye, aun en la actualidad, un documento de referencia esencial para los diferentes trabajos sobre el País Vasco y la Revolución francesa.
Su última obra como historiador, según los indicios documentales de los que se dispone, será la titulada Última etapa de la unidad nacional. Los fueros vascongados en 1876. Fue publicada a comienzos del siglo xx y debió comenzar a redactarse mientras ejercía sus funciones de embajador plenipotenciario en el Londres de comienzos de la Era eduardiana, en el año 1903.
Al igual que en Una agrupación Bascongada de 1820 a 1850 o en La separación de Guipúzcoa y la Paz de Basilea, en esta obra, que constará de dos volúmenes, como las Vicisitudes de la monarquía constitucional en Francia, Fermín Lasala y Collado, ya devenido duque de Mandas y Villanueva, entrevera sus propias experiencias personales —como testigo y protagonista de los hechos en calidad de voluntario del Ejército liberal y diputado en el Congreso de Madrid— con una monumental cantidad de datos recopilados a lo largo de los años y que aún hoy se conservan en varios legajos de su archivo personal.
La obra adquiere así, aparte de su innegable carácter de tratado de Historia vasca —escrita por un historiador y político vasco— sobre la abolición foral que sigue al año 1876, un tono de escrito autojustificativo similar al Memorial de Santa Elena, redactado entre el conde de Las Cases y el derrocado emperador Napoleón a partir de 1815.
Resulta sencillo deducir ese carácter de autoexculpación en esa obra de gran erudición, pues Lasala y Collado enfoca el asunto de la abolición foral no solo como historiador, sino como responsable político de esa abolición foral.
Una cuestión que le atañe tanto en su calidad de representante vasco en las Cortes españolas que deben decidir ese grave asunto, como en su calidad de amigo personal de Antonio Cánovas del Castillo, en esos momentos presidente del Gobierno que finalmente debe tomar la decisión de suprimir esos fueros vascos, creando una conflictiva situación que, paradójicamente, unirá tanto a los carlistas (que, se supone, se habían rebelado en 1873 por defender ese sistema frente a sucesivos gobiernos revolucionarios), como a los llamados liberal-fueristas. Vascos liberales pero que desean mantener el ordenamiento foral tal y como se pacta tras el Abrazo de Bergara que pone fin a la Primera Guerra Carlista. Muchos de estos —antiguos compañeros de Lasala en la Milicia liberal que defiende Donostia durante el asedio al que la someten las fuerzas carlistas en 1875— asegurarán que ellos lucharon en esos momentos tanto por el sistema liberal, como por la persistencia del ordenamiento foral reformado a partir de 1840.
Esas quejas políticas harán mella, desde luego, en el Fermín Lasala político y en el Lasala historiador que describe minuciosamente la evolución histórica —y los hechos también históricos ya en 1903— que llevaron a la supresión foral tras la victoria liberal de 1876.
Así la Última etapa de la unidad nacional expone datos sobre los servicios diferenciados de los vascos en el campo militar a lo largo de la Historia —merced a esos privilegios forales abolidos desde 1876— o las regalías económicas que, finalmente, conducen a obtener de Cánovas del Castillo el llamado «Concierto Económico» que compensa a los combatientes liberal-fueristas por los esfuerzos realizados entre 1873 y 1876.
Tras ese último trabajo como historiador que, en definitiva, levanta acta de los hechos históricos fundamentales para comprender la Economía, la Política y la misma Sociología vasca entre 1877 y la actualidad, Lasala y Collado no volverá a tomar la pluma como historiador. Si bien su correspondencia personal y otros papeles personales demuestran que el ya duque de Mandas y Villanueva continúa teniendo un incisivo interés por las materias que pueden convertirse en un momento determinado en Historia. Tal cual pudo ser la hoy conocida como Primera Guerra Mundial, a cuyos comienzos asiste en el año 1914 pero cuyo fin no alcanzará a ver, al sobrevenirle la muerte en 1917. Pocos meses después del triunfo de otro gran acontecimiento histórico como la revolución bolchevique en Rusia que, de hecho, comenzaba a levantar acta del fin de la época en la que Fermín Lasala y Collado había brillado como hombre de negocios, político, diplomático e historiador.
Esa obra póstuma, la Última etapa de la unidad nacional, refleja bien ese cambio de circunstancias en medio de las que Fermín Lasala y Collado deja esta vida: se encargará de su edición la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, pero esa institución no podrá publicarla hasta el año 1924 debido a las dificultades derivadas de todas las convulsiones políticas y, sobre todo, económicas que ha dejado tras de sí la guerra mundial, encareciendo los costos de editar una obra como aquella.
Obras
Vicisitudes de la monarquía constitucional en Francia, Madrid: Imp. de Fortanet, 1878, 2 tomos.
Una agrupación Bascongada de 1820 a 1850, Tolosa: Imp. de Eusebio López, 1884.
Cuáles son la ley histórica y el principio filosófico a que pueden obedecer las revoluciones, Madrid [s. n.], 1884.
La separación de Guipúzcoa y la Paz de Basilea, Madrid: Establecimiento Tip. de Fortanet, 1895.
Última etapa de la unidad nacional. Los fueros vascongados en 1876, Madrid: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1924, 2 vols.
Bibliografía
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Urquijo Goitia, M., «Lasala y Collado, Fermín», en Agirreazkuenaga Zigorraga, J.; Serrano Abad, S.; Urquijo Goitia, J. R., y Urquijo Goitia, M., Diccionario biográfico de los parlamentarios de Vasconia (1808-1876), Vitoria-Gasteiz: Eusko Legebiltzarra-Parlamento Vasco, 1993, pp. 527-532.





