Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores navarros

LARUMBE PÉREZ DE MUNIÁIN, Juan Onofre (Pamplona, 12 de junio de 1881 – Orreaga/Roncesvalles, Navarra, 12 de diciembre de 1942).

Cargos y oficios

Sacerdote, erudito, canónigo beneficiado de la catedral de Pamplona y presidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra

Trayectoria

Cursó sus estudios en el seminario de Pamplona, y fue ordenado sacerdote en 1906. Canónigo beneficiado de la catedral de Pamplona en 1920, académico correspondiente de la Real de la Historia desde 1925 y presidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra desde 1926 hasta su desaparición. También fue delegado del obispo de Pamplona en las obras de restauración de los tres principales monumentos a los que dedicó gran parte de su vida: La Oliva, Orreaga/Roncesvalles y la seo iruñesa. No nos consta que tuviese una formación académica específicamente artística o histórica; esta debió de ser de tipo autodidacta y eminentemente libresca, solo enriquecida por diversos viajes por Navarra y quizá también alguno a Madrid o a Barcelona. Ejerció la docencia hasta su muerte como titular de la cátedra de Arqueología Sagrada en el Seminario Conciliar de Pamplona.

Su formación debió estar condicionada, de forma más o menos explícita, por las personalidades intelectuales de la Navarra de la primera mitad del siglo xx con las que mantuvo una estrecha relación, agrupadas en torno a la Comisión de Monumentos; entre los que destacamos a Florencio de Ansoleaga, Julio Altadill, Arturo Campión, Hermilio de Olóriz, de una generación anterior, y de la suya a José María de Huarte, Francisco Javier Arraiza o José Esteban Uranga.

De sus escritos (especialmente, de la inédita Guía de Navarra, inédita, glosada por Jesús M.ª Omeñaca) podemos deducir con claridad que su interés se centra casi exclusivamente en la historia (y con ella, sus testimonios) de Navarra, a la que pondera sobre cualquier otra consideración. El reino de Navarra en su aspecto individual y privativo, es decir, la Navarra de la Edad Media y los estilos medievales, que antepone, con criterios de época muy del momento, a cualquier otro, a los que no presta atención. Postura, por otra parte, muy común en esos años, hijos tardíos del romanticismo, en los que, parafraseando a Madrazo al referirse a Iranzu, «se enseñorea la hiedra amante de las ruinas».

La mención constante de Onofre Larumbe, el núcleo de su atracción historiográfica es Navarra, y en concreto, el antiguo reino de Navarra. Esta idea, aparentemente unívoca, podríamos matizarla si nos atenemos —por citar un ejemplo esclarecedor— a los testimonios de su participación en la gran Exposición de Arte Retrospectivo, celebrada en la catedral de Pamplona en 1920 en el marco del II Congreso de Estudios Vascos, de cuya comisión organizadora formó parte activa. En ella se insistía, de manera unánime y sin alusiones políticas, en la idea de la pertenencia de Navarra a una comunidad cultural vasca, que se suele expresar con el término de «nación» o «país», y con la metáfora de que Navarra es la mayor de las hermanas que forman la familia vasca.

Fue hijo de su tiempo en sentir el deseo imperioso de la conservación del Patrimonio navarro. Nacido en las últimas décadas del siglo xx, conoció muy a fondo el desolador espectáculo de los monumentos navarros en esos años, y, en general, del patrimonio cultural, como consecuencias de las sucesivas desa-mortizaciones, la incuria y los enfrentamientos bélicos, situación lamentable que chocaba con su gran amor a su tierra y su animoso y voluntarioso carácter, inclinado a la acción, que, como dicen sus contemporáneos, se encendía en su descripción y defensa, desarrollado en un estilo literario grandilocuente, progresivamente ampuloso y con frecuencia autocomplaciente.

La postura promedievalista en la restauración, obsesionada en recuperar a toda costa los elementos del Medievo, hizo que en sus actuaciones se eliminasen, con un claro prejuicio de época, los elementos que dificultasen su visión, con lo que se retiraron retablos, coros, rejas y todo tipo de ornato posterior. Cuando esa recuperación no era posible, no se dudó en recrear los elementos desaparecidos, siguiendo el procedimiento, ya más que anticuado para esas fechas, propuesto por las teorías de Viollet-le-Duc. Esta discutible manera de obrar ha provocado que las sucesivas intervenciones posteriores hayan estado dedicadas a eliminar o recomponer las intervenciones de don Onofre.

Si bien la crítica a estos procedimientos en la intervención no siempre ha sido unánime y, de hecho, ha pervivido hasta hace bien poco, sí lo ha sido a los medios técnicos empleados, pues utilizó profusamente el cemento para sustituir la piedra en las edificaciones y se utilizaron diseños historicistas de dudoso gusto.

Con todo, no deja de ser un personaje muy valioso en su compromiso en la conservación patrimonial, pues puso a su servicio todas sus energías. Puede decirse que dedicó su vida a conservar, en la forma que mejor supo, el patrimonio de su tierra, dedicando los recursos que pudo allegar de instancias oficiales y privadas y seguramente también los propios.

Las líneas de restauración monumental del siglo xx han seguido, en su conjunto, la dirección medieval trazada, entre otros, por Larumbe, ampliándose a medida que lo ha hecho la apreciación de otras épocas.

Obras

«Prólogo», en Clavería Arangua, J., Estudio histórico-artístico sobre la imagen, el Santuario y la Villa de Ujué, Pamplona: Casa Ed. Huarte, 1919.

«Catedral de Pamplona», Navarra MCMXXV, Pamplona: Ed. Emilio García Enciso. 1925.

«La Comisión de Navarra y el Real Monasterio de Santa María de la Oliva», BCMHAN, 1927, pp. 290-299.

Nuestra Señora de Icíar: estudio histórico-crítico sobre el Santuario y su imagen, San Sebastián: Est. Tip. de Martín y Mena, 1928.

«La Catedral de Pamplona», BCMHAN, 1928, pp. 91-120.

«San Miguel de Izaga», BCMHAN, 1929, pp. 121-129.

La S. I. Catedral de Pamplona: descripción de la misma y relación de sus valores artísticos e históricos, Pamplona: Imp. Diocesana, 1930.

El monasterio de Nuestra Señora de la Oliva (restauración de una esplendorosa joya de arte española), Pamplona: Aramburu, 1930.

Arquitectura monástica benedictino-cisterciense y su significación en Navarra: discurso pronunciado en la apertura del curso académico de 1934-1935 en el Seminario Conciliar de Pamplona por… J. Onofre Larumbe Pérez de Muniain, Pamplona: Imp. «La Acción Social», 1934.

Además, debemos incluir dos obras inéditas:

Quasi Oliva Speciosa in campis. 1928. Consultado el archivo de la Comisión de Monumentos de Navarra, se trata de la recopilación de una extensísima documentación previa a la redacción del texto, y Guía de Navarra, 1938. Citada y comentada profusamente por J. M.ª Omeñaca (op. cit.).

A lo que hay que añadir diferentes artículos en la prensa local acerca de restauración de monumentos, y distintos informes de los mismos en los archivos de la Comisión de Monumentos de Navarra, Catedralicio o de la Real Academia de la Historia.

Bibliografía

Omeñaca Sanz, J. M.ª, «Onofre Larumbe Pérez de Muniáin», en Gutiérrez, D. (dir.), El monasterio de la Oliva, Burgos: Monte Carmelo, 2006, pp. 305-335, donde quedan diversas referencias anteriores (pp. 333-334).

Quintanilla Martínez, E., La Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, Pamplona, 1995, pp. 130-132 y 207.

— «La Oliva Desamortizada», en Gutiérrez, D. (dir.), op. cit., pp. 153-186.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


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