Cargos y oficios
Médico, historiador e impulsor del euskera desde el exterior
Trayectoria
Jean-Félix Larrieu nació el 23 de mayo de 1863 en Mauléon-Licharre/Maule-Lextarre (Zuberoa) y falleció en Montfort-l’Amaury, en las inmediaciones de París, el 8 de enero de 1941. Aunque su nombre resulta familiar para las y los vascófilos, son pocos los que conocen detalles sobre su figura. Entre ellos está Kepa Altonaga, profesor de biología de la Universidad del País Vasco, autor de diversas obras y académico correspondiente de la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia. A través de continuas búsquedas e investigaciones en las bibliotecas y los centros de documentación de Euskal Herria y del extranjero, Kepa Altonaga ha estudiado y rescatado a figuras del pasado que realizaron una ingente y silenciosa labor en el mundo vascófilo, como, por ejemplo, Jean-Félix Larrieu.
Félix Larrieu, tras completar sus estudios, ejerció como médico en la capital suletina durante solo un año. Para explicar brevemente quién fue Jean-Félix Larrieu, resumo a continuación el texto publicado en el monográfico titulado Morts pour la patrie – Gerra Handia Iparraldean 1914-1918, del núm. 36 (diciembre de 2014) de la revista Haria, de la asociación Nabarralde. El artículo que firmé allí se titulaba: «Jean-Félix Larrieu: 1914-1918 ko gerrak desbideratutako euskaltzalea?». En dicho título lanzaba la pregunta sobre el impacto que pudo tener la guerra en su devenir vascófilo, puesto que Jean-Félix Larrieu, aun viviendo lejos de Euskal Herria, fue, durante un cuarto de siglo, un ferviente vascófilo y un incansable impulsor del euskera, motivo por el cual resulta incomprensible que tras la Primera Guerra Mundial (1914-1918) abandonara por completo su activismo a favor del euskera.
Siguió trabajando en el estudio de la historia de Euskal Herria, aunque desde otra perspectiva. Así lo atestigua el artículo «Le Pays Basque vers 1790» que publicó en la edición de 1928 de la Revista Internacional de los Estudios Vascos. Anteriormente ya había profundizado en el ámbito de la historia, sobre todo en el tema de la Revolución francesa de 1789 y en sus consecuencias en el País Vasco continental (véase bibliografía).
A los veintisiete años, Jean-Félix Larrieu se trasladó, junto con sus padres, a Montfort-l’Amaury. Aún lejos de su tierra natal, Jean-Félix Larrieu mostró durante años un gran afecto por Euskal Herria y por el euskera. En ese sentido, cabe destacar que entre 1890 y 1914 fue el editor y responsable principal del anuario Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria, siendo esa la labor más sobresaliente que desempeñó en defensa de nuestra lengua. Pero no fue el primer responsable de esa revista escrita en suletino, sino que tomó el relevo de quien fuera el primer director del anuario, Jean Iribarne, sacerdote de Alçabéhéty/Altzabeheti (Zuberoa), quien ocupara el cargo desde 1887 a 1890.
Si bien el anuario Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria se publicó durante sus tres o cuatro primeros años en Euskal Herria, a partir de 1890, y según rezaba la portada, pasó a editarse en Bourges y en París. Tratándose de una revista redactada en suletino y dedicada especialmente al estudio de temas vascos, tal curiosidad se debía a que era el propio Jean-Félix Larrieu quien gestionaba y publicaba la revista desde el extranjero. No solo la gestionaba, sino que, además, recopilaba y preparaba los artículos para su publicación en el anuario, abordando diversos campos (política, religión, educación infantil, evolución social, agricultura, euskera…), por lo que es muy probable que muchos de esos textos fueran escritos por él mismo, sobre todo los que giraban en torno al euskera. Lamentablemente, los artículos de Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria nunca iban firmados, y no dispongo de pruebas irrefutables que puedan probar esa posibilidad. Pero lo que sí cabe afirmar, porque prácticamente no cabe duda, es que el autor del artículo «Eüskara eta Eüskal Herria», publicado en el anuario de 1901, fue el propio Jean-Félix Larrieu. Resulta sorprendente constatar lo mucho que ese texto coincide con la situación actual.
He aquí algunos pasajes: «Eta ezin ükatü da eüskaldün argitüak, zerbait eskola düenak, direla eüskararen galtzearen ogendünenak, eta ororen gainetik eskoletako nausiak, ala errejent, ala fraide, ala errejentsa, ala serora, gehienik ere, mentüraz, serorak. Alta, ez nintzate gaixki mintzatü nahi gure haurren honki egilerik handienetzaz. Halerik ere, egia erran behar da beti. Ez dü eüskarak ogen egile handienik, Eüskal Herri bazterretan ala erdian, herri handi eta txipietan, nola beitira bürüzagi horik oro. Üsüan gobernüak igorten deizkü errejent eta errejentsa biarnesak, eta ez haizü haurrak haien aitzinean eüskaraz mintzatzera» [«No se puede negar que los euskaldunes más cultos, los que tienen más instrucción, sean los más culpables de la perdición del euskara, y por encima de todos, los responsables de las escuelas, bien sean directores, bien frailes, bien directoras, bien monjas, por encima de todo, tal vez, las monjas. Sin embargo, no me gustaría hablar mal de los mayores benefactores de nuestros hijos. No obstante, siempre hay que decir la verdad. No tiene (la pérdida d)el euskara un principal culpable, tanto en los rincones de Euskal Herria como en el centro, en los pueblos grandes y en los pequeños, todos sus dirigentes lo son. Normalmente el gobierno nos envía directores y directoras bearneses y no vayas a que los niños hablen en euskara delante de ellos»].
Y este otro: «Errelijionea, ororentako da; bena bego herrian herriko mintzoa nausi, Eüskal Herrian eüskara. Eüskara ez dakienek, aski düe ikastea» («La religión es para todos; pero popularmente la lengua dominante en Euskal Herria es el euskara. Los que no saben el euskera solo tienen que aprenderlo»).
Por último, este tercer pasaje, que trata sobre el bilingüismo y el plurilingüismo, y que bien podía haber sido escrito en la actualidad: «Ezi, bi mintzoren jakitea abantaila da, zonbat nahi güti üdüri düan. Gure aitzinekoek bazakien, eüskara erran gabe, bai eta frantsesa eta biarnesa. Galta, itsasoaz bestaldealat joan direner, zoinen aisa ikasi dütüen izan diren herrietako mintzoak. Zerentako frantximantek hain nekez ikasten dütüe arrotz mintzoak? Zeren eta, haurtzarotik, ez beitüe frantsesa baizik eman. Goizdanik ezpiritüa ernatzen da bi mintzo behar denean ikasi, eta ez balitz abantaila hori baizik ere, aski lizate eüskararen honartarazteko eskoletan» («Es que saber dos idiomas es una ventaja, aunque no lo parezca mucho. Nuestros antepasados sabían el euskara, por supuesto, y también el francés y el bearnés. Pedid a los que se han ido al otro lado del mar cómo han aprendido con facilidad la lengua de los países en los que han vivido. ¿Por qué a los franzimant les cuesta tanto aprender los idiomas extraños? Porque, desde la infancia, no se les ha hablado sino en francés. Cuando en la infancia se tiene que aprender dos idiomas, el entendimiento se despierta temprano y si esto no fuera ventaja suficiente por sí mismo, bastaría para hacer aceptar la lengua vasca en la escuela»).
Durante veinticuatro años, y hasta la publicación del último número de Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria a finales de 1913, Jean-Félix Larrieu publicó —y, a buen seguro, escribió—, sin faltar ni una sola vez, densos trabajos a favor del euskera y de una Euskal Herria euskaldun. Era un vasco «blanco» (xuria), de mentalidad conservadora, devoto defensor de la religión católica y, por tanto, enemigo atroz de los «rojos» (gorriak), es decir, de los partidarios del laicismo, de los profesores de las escuelas públicas, de los seguidores de los partidos socialistas y radicales, de los pensadores y de los pensamientos progresistas, así como incansable detractor de los masones, a quienes en Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria llamaban harginbeltzak. Jean-Félix Larrieu era un vasco tradicionalista, pero también un amante y ferviente impulsor del euskera y de Euskal Herria.
Además de publicar Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria fuera de Euskal Herria durante casi medio siglo y de apoyar fervorosamente el euskera y su patria, Jean-Félix Larrieu guardó una estrecha relación con el mundo del vasquismo… hasta que estalló la guerra de 1914-1918. Mantuvo una prolífica correspondencia con el lingüista británico Edward Spencer Dodgson (1857-1922), uno de los múltiples vascófilos extranjeros que abundaron entre mediados del siglo xix y principios del xx. Esas cartas iban escritas, por ambas partes, en euskera. Larrieu estuvo en contacto con los lingüistas más renombrados de Euskal Herria. Buena prueba de ello es la carta que Resurrección María de Azkue Aberasturi le envió el 12 de noviembre de 1901, en la que decía lo siguiente: «Ene adiskide eta erritar maite Larrieu-ri agur gozo bat. […] Eskerrak orai ematen dizkitzut, ez bakarrik orduko mesede argatik, baita ere gaur berean eldu zaizkidan Egunariagatik. Zure lan polit au, nere adiskide emengo euskaltzale artean zabalduko det. Aspaldi da esan ziñidala, adiskidea, Bizkai-alde ontara noizbait etorriko ziñala… Noiz eukiko det zu emen ikusteko ta zuri lagun egiteko atsegiña? Lau egun barru, il honen 18an, euskaltzale batzuek, zure osaba Arbelbide, Broussain, eta besteren bat, bilduko gera. Zuk eziñ al dezu irteera edo ilki gureganaiño egin? Laster agertuko ote da Mr. Bordes-ek zurekin bildu zituen kantika-piloa? Badakizu non dezun biotz-biotzetiko adiskide bat. Azkue, apaiza» («Un cordial saludo a mi querido amigo y conciudadano Larrieu. Te doy las gracias ahora, no solamente por aquel favor de entonces, sino también por el ejemplar de Eguna que me ha llegado hoy mismo. Difundiré este hermoso trabajo tuyo entre mis amigos vascófilos de aquí. Hace mucho tiempo que me dijiste, querido amigo, que en alguna ocasión vendrías a Bizkaia […] ¿cuándo tendré el placer de poder verte por aquí y de acompañarte? Dentro de cuatro días, el 18 de este mes, nos juntaremos varios vascófilos: tu tío Arbelbide, Broussain y algún otro. ¿Tú no podrías venir o acercarte a esta reunión? ¿Aparecerá pronto la selección de canciones que recogiste junto con Mr. Bordes? Ya sabes dónde tienes un íntimo amigo. Sacerdote Azkue»). Esta misiva pone de manifiesto que Jean-Félix Larrieu estaba muy unido al mundo vascófilo de ambos lados de la frontera, y que tenía cierta conciencia de la unidad lingüística de Euskal Herria. Al menos… hasta que estalló la guerra de 1914-1918.
Porque, al concluir aquella guerra, el nombre de Larrieu se desvaneció por completo en el ámbito del vasquismo. Sabemos que en dicha guerra intervino como autoridad médica (major) y que le fueron reconocidos varios méritos, ya que en 1917 fue nombrado caballero de la Legión de Honor francesa. Al finalizar la guerra, Jean-Félix Larrieu tuvo una actividad muy intensa, sobre todo en Montfort-l’Amaury, donde fue alcalde entre 1919 y 1925 y concejal desde 1892 a 1940. Recibió un homenaje por servir al pueblo durante tantos años; de hecho, una calle de la localidad lleva su nombre.
Sin embargo, parece que la incansable labor y el entusiasmo que mostrara por el euskera y por Euskal Herria antes de la «Gran Guerra» desaparecieron por completo a partir de 1918. El único hecho —no por ello el menos importante— que nos evoca sus compromisos e intereses previos es que en 1919 fue nombrado miembro correspondiente de Euskaltzaindia. Con todo, es posible que aquel nombramiento fuera realizado en reconocimiento y agradecimiento a los trabajos y actividades que había realizado anteriormente, aunque hay que recordar que la propia Euskaltzaindia se constituyó oficialmente en octubre de 1919.
En cualquier caso, a partir de la guerra de 1914-1918, Jean-Félix Larrieu, vascoparlante devoto y vascófilo entusiasta, defensor y divulgador del euskera lejos de su patria, y que nos ha dejado una inestimable imagen de la sociedad vasca de aquella época, desapareció por completo del panorama asociado a Euskal Herria. Ninguna de las investigaciones realizadas ha encontrado vestigios de su actividad vasquista más allá de 1918. Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria no publicaría en adelante ningún ejemplar, cosa no tan sorprendente, habida cuenta de que la «Gran Guerra» puso fin a multitud de obras.
Por triste que parezca, es muy probable que Jean-Félix Larrieu, vasco convencido y ferviente vascófilo, se afrancesara de arriba abajo a raíz de la guerra que tuvo lugar entre 1914 y 1918. Porque resulta extraño e incomprensible que, sabiendo como se sabe que estuvo en activo, no se haya encontrado ningún indicio de su intervención en el campo del euskera desde 1918 hasta su muerte en 1941. Es posible, en efecto, que la memoria y la obra del vascófilo Jean-Félix Larrieu se hayan perdido, tal y como ha sucedido con otras gentes de Iparralde que fueron estrechando sus lazos con Francia. En cualquier caso, este lamentable devenir —si así cabe llamarlo— no enturbia en modo alguno sus aportaciones y actitudes a favor del euskera, que aún hoy siguen siendo ejemplares.
En el ámbito historiográfico Larrieu realizó dos interesantes aportaciones, ambas relacionadas con la época de la Revolución. Por una parte, descubrió el manuscrito que escribió el secretario consejero general del Ayuntamiento de Maule/Mauléon, Pierre d’Arnis, sobre la versión en euskara suletino del calendario republicano «para el año VII» (1798-1799) y lo publicó en 1861 en la Revue de linguistique. Obviamente, esta versión, además de su interés filológico posee también relevancia histórica. Por otra parte, encontró en un desván de Mauléon los originales de los Cuadernos de Agravios que acordaron diversas comunas de Zuberoa para ser presentados en la asamblea de los estados de este territorio el 18 de mayo de 1789. Aparecieron 53 cuadernos de las 63 parroquias con que contaba Zuberoa por aquel entonces. El interés para el conocimiento de la vida económica, política y social del territorio en vísperas de la Revolución es enorme. Larrieu publicó estos Cuadernos entre 1891 y 1892.
Obras
Guy Patin, doyen de la Faculté de médecine de Paris: sa vie, son oeuvre, sa thérapeutique (1601-1672), Paris: Alphonse Picard et fils, 1889. Tesis doctoral de medicina.
Editor y colaborador del anuario Almanak Üskara/Ziberouko Egünaria entre 1890 y 1914.
Douze noëls populaires basques en dialecte souletin, recueillis et notés, au cours de sa mission, par Charles Bordes. Textes basques révisés et traduits en français par le Dr. J.-F. Larrieu, Paris: Bureau des «Archives de la tradition basque», 1890.
«Cahier des griefs rédigés par les communautés de Soule en 1789», Pau, Bulletin de la Société des Sciences, Lettres et Arts de Pau, 1891, pp. 82-148, y 1892, pp. 175-406.
Un essai de calendrier républicain en langue basque, Paris, 1891, 12 pp. Extracto de la Revue de linguistique et de philologie comparée, t. XXIV (1891), pp. 1-9.
«Mémoire [de le Chevalier de Béla], concertant l’Eglise de Saint-Jean de Berraute, parroissiale de la ville de Mauléon, et de la Confrérie y attachée», Études historiques et religieuses du Diocèse de Bayonne, I (1892), pp. 569-571.
Guérison radicale de la syphilis, Bourges: Imp. de Tardy-Pigelet, 1894 (Paris: Hachette/BNF, 2018).
Kantika espiritualak: 10 cantiques basques anciens (en dialecte souletin). Mélodies recueillies et notées au cours de sa mission par Ch. Bordes. Textes basques révisés par le Dr. J.-F. Larrieu, Paris: Schola Cantorum, 1897, 20 pp.
Mauléon et le Pays de Soule pendant la Révolution, Paris: Alphonse Picard et fils, 1899.
Cure prompte et radicale de la syphilis: syphilis et mercure, Paris: Vigot frères, 1902.
Con Charles Bordes y M. Gravollet, Douze chansons populaires amoureuses du Pays Basque, Paris: Rouart, Lerolle et Cie, 1910. Traducción al francés de la recopilación de canciones hecha por Charles Bordes.
«Affiche basque de la période révolutionnaire», RIEV, núm. 6 (1912), pp. 172-173.
Traitement efficace et pratique de la tuberculose pulmonaire, Paris: Imp. de la «Semaine médicale», 1914 (Paris: Hachette/BNF, 2018).
Notes sur l’étiologie et la prophylaxie du typhus exanthématique, Paris: Vigot frères, 1915.
«Documents des archives du Vatican relatifs à l’histoire du Béarn, de Bayonne et de la Gascogne», Bulletin de la Société des Sciences, Lettres et Arts de Pau, XLIII (1920), pp. 184-185.
«Le Pays Basque vers 1790», RIEV, XIX (1928), pp. 395-405.
Paradoxes archéologiques sur l’évolution de l’architecture religieuse du Moyen Âge au xviiiè siècle, Paris: Alphonse Picart et J. Schemit, 1938.
Bibliografía
Etcheverry, M., «Jean-Félix Larrieu, nécrologie», BSSLAB, núm. 40 (1941), pp. 153-155.
Sokarros, A., «Jean-Félix Larrieu (1863-1941)», Le Miroir de la Soule, núms. 1.264 y 1.265, 9 y 16 agosto de 2007.
— «Jean-Félix Larrieu: 1914-1918ko gerrak desbideratutako euskaltzalea?», Haria. «Morts pour la patrie – Gerra Handia Iparraldean 1914-1918», núm. 36 (2014), pp. 53-60.
Fuentes. Correspondance du Dr Larrieu avec Georges Hérelle (Manuscrito, 1902-1914); Bibliothéque Nationale de France (BNF) Gallica/Bilketa, http://www.bilketa.eus/eu/bildumak/bilaketa?creatorSearch=h%C3%A9relle&input_creator_order=count&input_publisher_order=count&type[0]=Manuscrit&medium[0]=Num%C3%A9rique&facetcounts[fcreator]=5&facetcounts[ftype]=5&facetcounts[fissued]=5&facetcounts[fmedium]=5&facetcounts[fpublisher]=5&facetcounts[finstitution]=5&facetcounts[flangue]=5&limit=20&start=160 (consultado el 10 de abril de 2021).





