Cargos y oficios
Sacerdote, filólogo e historiador.
Trayectoria
Nacido en Andoain el 25 de diciembre de 1690, fue hijo de Domingo de Garagorri y de Manuela de Larramendi, con familia arraigada en Hernani. En esta última villa vivió el matrimonio, salvo tres o cuatro años en Andoain. Precisamente allí nacieron el segundo y el tercer hijo, Martín (1697) y Manuel (1690), mientras que los cinco hijos restantes lo hicieron en Hernani. El niño Manuel despertó a la razón, por tanto, en esta villa guipuzcoana, a cuya escuela asistió.
De hecho, usó siempre el apellido Larramendi de la familia materna. El mismo año del fallecimiento de su padre (1700), el pequeño Manuel fue acogido como criadito o fámulo en el Colegio de los jesuitas de Bilbao, por mediación de un pariente de su madre, un hermano coadjutor de la Compañía. Era este responsable de la sacristía, donde Larramendi desempeñó las tareas de monaguillo, compaginando esta dedicación con los estudios de Gramática y el aprendizaje
del latín. A los diecisiete años entró en la Compañía. Hay que advertir que fue admitido como jesuita y no como hermano, probablemente por las cualidades morales e intelectuales que se le apreciaron desde que llegó a Bilbao. Se dijo de él que era aplicado al estudio, «franco y divertido, pero honrado y fiel a maravilla».
Cursó de inmediato el noviciado en Villagarcía de Campos (1709-1710), y enseñó Filosofía a los estudiantes de jesuitas en Medina del Campo (1710-1713). Cursó Teología obteniendo la máxima calificación en Salamanca (1713-1717). Tenía veintisiete años cuando se le confirió el honroso encargo de pronunciar el sermón en el funeral de la mujer de Felipe V. Ejerció después durante tres años en la Universidad de Salamanca como pasante de Filosofía (es decir, repasante de lecciones) y maestro de Artes. Se trasladó a Valladolid (1720-1721), y después a Palencia como maestro de Filosofía de los jesuitas (1721-1724). Entre este año y 1728 vivió en Salamanca, y corrió a su cargo el sermón funerario de Luis I. Había alcanzado un enorme renombre como «famoso predicador» y como catedrático excepcional. Pasó después dos cursos en Valladolid en el colegio de San Ambrosio. Fue aquí, en la ciudad del Pisuerga, donde publicó la obra sobre la antigüedad de la lengua vasca.
La vida de Larramendi dio un giro inesperado en 1730, a sus cuarenta años. Reclamado por la reina Mariana de Neoburg, viuda de Carlos II, y a instancias de Felipe V, se trasladó a Bayona como confesor de su majestad. Había cualidades en Larramendi que llamaban la atención, que también debió percibir la reina viuda: «Gran estatura, gran aire, gran fuerza, gran proporción, vista, oído, lengua, voz […] en todo grande». Los cortesanos propalaron maledicencias sobre su relación con la reina. Con sumo disgusto y profundamente desengañado por el entorno, hasta el punto de enfermar, abandonó el lugar para refugiarse en San Sebastián (1734), no sin defender el honor de la reina Mariana ante Felipe V. Tras renunciar de plano a continuar su carrera académica, consiguió el mismo año que la Compañía aceptara su voluntad de residir en el colegio de Loiola. Vivió en el valle del Urola treinta y dos años más hasta el momento de su muerte el 29 de enero de 1766. Los registros de la casa consignan su función de concionator,predicador.
No sabemos con precisión cuál fue la motivación última de Larramendi para dedicarse al estudio de la historia, la lengua y las instituciones de su país de origen. Un hombre de su inteligencia y cultura debía soportar mal los desdeñosos tópicos sobre Vasconia de que se nutrían las élites del reino. Menciona a menudo los escritos de Mayans, Armesto, Mariana y otros.
En la etapa salmantina publicó Larramendi, en 1728 y 1729, dos primeras obras referentes a la lengua vasca. Estaba destinada aquella a destacar la antigüedad y perfección del idioma, y la segunda contenía una gramática pionera del euskera con el título de El Imposible vencido que expresa la creencia cierta de que había superado un reto por nadie atendido hasta entonces. Solo por este gran logro merece un lugar señalado en la historia de la cultura vasca. Década y media más tarde, y residiendo ya en Loiola, coronó su aportación a la lengua del país con la publicación en San Sebastián, en 1745, de su magna obra, el Diccionario Trilingüe del Castellano, Bascuence y Latín, que fue sufragada por la Diputación de Gipuzkoa. Los logros citados se inscriben en el campo de la Lingüística, por lo que su reseña y evaluación se hallan fuera del objeto de este Diccionario, pero son de mención insoslayable porque dan la medida de la extensión y profundidad de la personalidad intelectual de Larramendi. Las historias de la literatura vasca han dado cuenta del impacto de su obra en el devenir de las letras en Vasconia (Michelena, 1960 y 1988; Villasante, 1961 y 1979; Sarasola, 1971; Urkizu, 2000).
Larramendi entró también en el dominio de la historia al abordar la cuestión de la extensión de la Cantabria romana. Quiso abogar por la pertenencia a la misma de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia. En 1736 publicó en Madrid su Discurso histórico, que perdió pronto interés dado que la tesis del cantabrismo vasco estaba ya cuestionada en su época. El antiguo mito cantabrista arranca de Lucas de Tuy y fue desarrollado por la historiografía de los primeros siglos de la Edad Moderna. Ahora bien, Jerónimo Zurita detectó la incorrección de asimilar a vascos y cántabros, opinión que fue aceptada después por Oihenart y, sobre todo, por el P. Flórez en 1769. Descartó este de manera terminante la vinculación. La adhesión que suscitó el cantabrismo en Vasconia occidental obedece a que reforzaba la idea tan querida en el país de la continuidad de la independencia de los vascos, incluida en la época romana, pese a que las pruebas en contrario para este periodo eran abrumadoras.
Al evaluar la significación de Larramendi en la historiografía jurídica e institucional de Vasconia hallamos dos obras fundamentales. Nos referimos a la Corografía y a sus Conferencias sobre los Fueros. Ambos trabajos no llegaron a publicarse por «motivos políticos», como indicó su autor en la autobiografía.
La Corografía o descripción general de Gipuzkoa permaneció inédita hasta 1883. Según el parecer de Patxi Altuna fue escrita en 1754. La Compañía de Jesús, por prudencia política, no se atrevió a autorizar la publicación. De hecho, no vio la luz, como acabamos de señalar, hasta la desaparición del régimen foral. El propósito confesado de Larramendi era deshacer el equívoco de los autores de su época de aplicar el nombre de Bizkaia a las tres provincias vascongadas. Según el jesuita guipuzcoano, los castellanos designaban como vizcaínos a todos los vascongados, al igual que los aragoneses y catalanes llamaban navarros a los hablantes de la lengua vasca. La confusión estaba presente en el medio universitario salmantino donde los estudiantes procedentes de las cuatro provincias, a efectos de organización académica, conformaban la nación vizcaína. A decir de Tellechea, quiso elaborar «un breviario de Gipuzkoa, de guipuzcoanía y de guipuzcoanismo», con el resultado de que creó una de las obras más sobresalientes del siglo xviii.
A lo largo de 43 capítulos y en un estilo directo, vivo y desenfadado, Larra- mendi se ocupó de diversos temas relevantes. De la geografía guipuzcoana en primer lugar. Describe el territorio con sus montañas, ríos, caminos y su pobla- miento. Da cuenta de los distintos sectores de la economía, desde la pesca de la ballena a la agricultura y la industria, con especial atención a las ferrerías. Y dedica muchas páginas al modo de vivir de los guipuzcoanos, sus trajes, fiestas y danzas, sobre todo a las danzas, y de los entierros y funerales.
Desde el punto de vista sociopolítico, Larramendi manifestó una gran sensibilidad por la cuestión de la nobleza general, enturbiada por la pretensión de un sector oligárquico, a los que denomina handikis, de distinguirse del resto de la población siguiendo el modelo nobiliario del reino. Abordó con vehemencia la compatibilidad entre la condición general nobiliaria de los guipuzcoanos y la práctica de los oficios mecánicos o manuales. Desde esa inteligencia describe las Juntas Generales y particulares, que coexisten con la Hermandad de Gi- puzkoa y sus alcaldes. Ya para entonces la Diputación ocupaba un lugar central en la vida pública de la Provincia. Y junto a los cargos salidos de la comunidad, los procedentes de la autoridad del rey, como el corregidor o el mando militar de las fortalezas que dependen del ejército real, como San Sebastián y Honda- rribia. Para un jesuita era una cuestión delicada abordar lo referente al estado eclesiástico y a las órdenes religiosas. En definitiva, el alcance de la obra iba mucho más allá de superar la imprecisión del término vizcaíno.
La segunda obra de gran relevancia fueron las Conferencias políticas, legales y morales sobre los Fueros de Gipuzkoa, de cuya existencia dio cuenta F. Elías de Tejada en 1964. Tellechea Idígoras las publicó y comentó veinte años más tarde. La demora obedeció a que la obra, ocultada durante más de dos siglos, continuaba siendo impublicable mientras durara la Dictadura.
A lo largo de su vida Larramendi tuvo ocasión de percibir y de reflexionar sobre el cambio de actitud de la Monarquía respecto de la particularidad foral vasca y de los crecientes recelos que suscitaba en los territorios de régimen común. Tras el fallecimiento del jesuita, sus escritos sobre esta materia fueron retenidos «por causas gravísimas», y trasladados a Valladolid y Madrid, donde durmieron hasta 1964 en los archivos del Estado.
Larramendi no aportó ideas nuevas sobre los temas del pensamiento tradicional vigente en el país (el tubalismo, la religión natural y el vascuence, cree firmemente en el dogma de la independencia originaria vasca, en el cantabris- mo y en los dos obligados corolarios de la autoctonía del Derecho y la hidalguía universal). Pero destacó en la argumentación de defensa del contractualismo en la relación de Gipuzkoa con la Corona, a partir de la firme creencia en la voluntaria incorporación a Castilla de la Provincia. Por otra parte, mantiene con vigor y originalidad su idea del pacto: la Provincia pertenece a Castilla, pero con reserva de sus Fueros, que los reyes no pueden modificar. En ese sentido, los principios del ius regis le parecen «horribles y aborrecibles».
A juicio del jesuita, el origen del poder se halla en el conjunto de apoderados de los municipios representados en la Junta General. Se trata de una titularidad de potestad reservada. En lo que toca a la disponibilidad de las distintas instituciones forales establece una jerarquización. Porque son inalienables las que pertenecen a un núcleo primitivo y radical: así la libertad del país, la libertad de comercio por mar y por tierra, la nobleza universal o la exención de pechos y tributos. También lo son los «Fueros agregados», obtenidos a título oneroso. Sin mayores especificaciones da a entender que son los más. Sí pueden ser objeto de negociación con la Monarquía ciertas instituciones secundarias y menores, «derivativas».
Un juramento compromisorio obliga al rey a guardar el Fuero y a la comunidad a defenderlo. Aceptaba Larramendi la reforma pactada de los Fueros, incluso de los que son básicos, pero son nulas e injustas las reformas unilaterales. A tales pretensiones ha de aplicárseles la fórmula del «se obedece, pero no se cumple» e, incluso, cabe defender el Fuero «con armas y guerra». En tal caso, si Gipuzkoa no se bastara a sí misma, propugna «acudir a los pueblos amigos de Bizcaya y Alaba y Navarra» y a los vascos de Francia.
Larramendi formuló en sus Conferencias inéditas su parábola, que se ha hecho famosa, sobre el modelo de gobierno más conveniente para el caso de que la Monarquía, hastiada por la resistencia fuerista, abandonara a su suerte a la Provincia. En una hipotética Junta General extraordinaria, los guipuzcoanos desechan la propuesta de un protectorado francés, ya que —en referencia a lo ocurrido en los territorios vascos del otro lado de la frontera— la Monarquía vecina está privando «a todos los bascos y navarreses de todas sus libertades y franquezas inmemoriales». Ve mejor la protección inglesa, pero los congregados dedican más tiempo a la solución novedosa y revolucionaria de constituir el Estado de las Provincias Unidas del Pirineo. Parte del hecho de que existe una comunidad lingüística que sobrepasa la dimensión guipuzcoana. Antes y ahora ha habido una correspondencia entre lengua y nación, y los vascongados tienen derecho a tener una «nación libre y exenta de otra lengua y nación», la «nación de los bascongados». Era bastante novedoso en la Europa de mediados del siglo xviiiasignar derechos políticos a las naciones culturales.
En el diseño que prevé la parábola, el Estado de las Provincias Unidas del Pirineo sería confederativo y constituido como República o Monarquía electiva. De optar por la Monarquía estaría sujeta a «pacta conventa», al estilo polaco. Ofrece Larramendi una descripción de los elementos con los que dotar al nuevo Estado: un ejército sobre la base del servicio militar obligatorio, comandado por oficiales vascos que ahora sirven en «Regimientos de Francia y de España», escuadra propia, instauración de un Derecho propio derogando el castellano, moneda, oficialidad de la lengua vasca, pero con un sistema de educación cuadrilingüe. Valora el proyecto de «magnífico y especioso», pero necesita «mucho tiempo para ser fundado en realidad»: no sería permitido por ninguna de las dos grandes monarquías.
Larramendi vuelve al final al posibilismo con el «A Castilla, guipuzcoanos, a Castilla». Al fin y al cabo, la Provincia llevaba articulada en la Monarquía 556 años y en el pasado había recibido «amor, trato y correspondencia». El rey toma en consideración el Memorial de la hipotética Junta General extraordinaria y, tras derogar el Decreto de desagregación, da «otro que os asegura vuestra antigua agregación, libertad y Fueros».
A la altura de 1756, y por primera vez en la historia foral de la Edad Moderna, un autor autóctono manifiesta públicamente la quiebra de las convicciones, tan firmes en las generaciones precedentes, sobre una armonía natural entre la Monarquía y la foralidad vasca. Están ausentes las acostumbradas loas al reino de Castilla de los autores vascos precedentes. Castilla, núcleo de la política borbónica de construcción del Estado unitario, no se ve ya como el marco propicio al particularismo foral vasco, como una garantía, sino como un peligro.
La proyección en la sociedad del pensamiento político larramendiano, al menos de sus escritos, quedó circuitada en su época. Si a la Compañía de Jesús le pareció arriesgado plantear la impresión de la Corografía, el manuscrito Sobre los Fueros de Guipúzcoa fue sencillamente secuestrado. Se ha dicho que es posible que la difusión se produjera por vía oral. Larramendi fue árbitro y componedor de problemas conventuales y en litigios municipales. Pero también predicador de gran renombre, incluido algún sermón en las Juntas Generales de la Provincia.
Obras
De la antigüedad y universidad del vascuence en España; de sus perfecciones y ventajas sobre otras muchas lenguas, demostración previa al arte, que se dará a luz desta lengua después de haber probado, lo 1.°, que el vascuence es la lengua más antigua de España, lo 2.°, que el vascuence fue lengua universal de España. Su autor M. D. L., Salamanca: Antonio Joseph Villargordo, 1728. Reeds. Salamanca, 1740; Bilbao, 1860; San Sebastián: Roger, 2000.
El imposible vencido. Arte de la lengua bascongada. Su autor el P. Manuel de Larramendi, de la Compañía de Jesús, Maestro de Teología de su Real Colegio de Salamanca, Salamanca: Antonio Joseph Villargordo Alcaraz, 1729. Reed. deZuazua, P. de (ed.), San Sebastián: Establecimiento Tipográfico-Literario de D. Pío Zuazua, 1853. Reprod. facsímiles de la ed. de 1729: San Sebastián: Hordago, 1979; Echávarri: Amigos del Libro Vasco, 1984.
Discurso histórico sobre la antigua famosa Cantabria. Cuestión decidida si las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava estuvieron comprendidas en la antigua Cantabria. Su autor el M. R. P. Manuel de Larramendi, de la Compañía de Jesús, maestro que fue de teología en el Real Colegio de Salamanca y de extraordinario en su universidad, confesor de la Serenísima Señora Reina viuda de Carlos II, Madrid: Juan de Zúñiga, 1736. Reprod. facímil: Echávarri: Amigos del Libro Vasco, 1984.
Nueva demostración del derecho de Vergara sobre la patria y apellido secular de San Martín de la Ascensión y Aguirre. Refutación seria del hijo de Beasaín, obra joquiseria del Padre Torrubia. Por don Agustín de Bazterrica y don Josef Hipólito de Ozaeta, Madrid, 1745.
Diccionario trilingüe del castellano, vascuence y latín, dedicado a la muy noble y muy leal provincia de Guipúzcoa, San Sebastián: Bartholomé Riesgo y Montero, 1745. Reed. Zuazua, P. de (ed.), San Sebastián: Establecimiento Tipográfico-Literario del Editor, 1853. Reprod. facsímil de la ed. de 1745: San Sebastián: Txertoa, 1984.
Corografía o descripción general de la muy noble y muy leal Provincia de Guipúzcoa, Inédita. Ediciones: Barcelona: Imprenta de la Viuda e Hijos de J. Subirana, 1883; San Sebastián: Imprenta de la Voz de Guipúzcoa, 1897; Buenos Aires: Editorial Vasca Ekin, 1950. Reproducciones facsímiles de la edición de 1950: Echávarri: Amigos del Libro Vasco, 1985; Valladolid: Maxtor, 2010.
Sobre los Fueros de Guipúzcoa. Conferencias curiosas, políticas, legales y morales sobre los Fueros de la M. N. y M. L. Provincia de Guipúzcoa. Tellechea IdÍgoras, J. I. (ed., introd., notas y apéndices), Donostia-San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1983, pp. CIV-351.
Autobiografía. Tellechea IdÍgoras, J. I. (ed., introd., notas y apéndices), Donostia-San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1973.
Disertaciones y dudas sobre las obras de Mayans, de los diaristas matritenses &c.; Fides graeca gallorum, s. f. Inédito.
Obra crítica sobre las opiniones modernas de los franceses rigoristas, &c, s. l., s. f. (inéd.); Historia de Guipúzcoa, s. f. Inédito.
Otras reediciones: Colección de Documentos Inéditos para la historia de Guipúzcoa, vol. VII [San Sebastián], 1966. Tellechea IdÍgoras, J. I. (ed., introd., notas y apéndices), Larramendi, M. de, Obras, I. Corografía o Descripción General de la muy noble y muy leal Provincia de Guipúzcoa. II. Autobiografía y otros escritos. III. Los Fueros de Guipúzcoa y IV. Escritos breves, San Sebastián: Sociedad de Ediciones y Publicaciones, 1969-1990.
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Cita bibliográfica
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