Cargos y oficios
Doctor en Derecho (1470), oidor de la Cámara de Comptos y maestre de finanzas (1472), alcalde de la Corte Mayor (1476), miembro del Consejo Real (1476-1515), embajador del reino de Navarra (1479-1512), alcalde mayor (1483), copresidente del Consejo Real (1496-1503).
Trayectoria
Importante figura del último periodo de reino de Navarra independiente. El solar originario de los Jassu, Jatsu, Jaxu, Jasso, Yatsou o Jaso —pues de todas estas formas se ha encontrado escrito el apellido familiar— radica en las tierras de la Baja Navarra o Ultrapuertos. Desde allí emigró a la capital del reino Arnalt Pérez de Jaso, quien rápidamente se introdujo en la administración navarra, alcanzando unos años después el cargo de oidor de la Cámara de Comptos. El que sería padre de Juan de Jaso, casó en 1441 con Guillermina de Atondo, vinculando a su familia con otro de los linajes navarros de notable influencia en aquella época. El inicio de la guerra civil en 1450 entre el usurpador Juan II de Aragón y su hijo Carlos, príncipe de Viana, dividió en dos facciones a las casas nobles del reino. En el caso de los Jaso su bando fue el de los agramonteses y a ellos quedarían ligados tanto para lo bueno como para lo malo. El apoyo a Juan II por parte de los agramonteses le sirvió a Arnalt Pérez de Jaso para medrar dentro de la nobleza de servicio que gestionaba a duras penas la desastrosa situación económica del reino. De esta manera alcanzaría el cargo de miembro del Consejo Real de Navarra, posición en la que aparece en la documentación a partir de 1465.
Desde una posición política y económica tan elevada, resulta lógico pensar que los hijos de Arnalt Pérez de Jaso y Guillermina de Atondo recibieron una esmerada educación, que debía servirles para introducirse a su vez en los diferentes cargos de la administración navarra. En el caso de Juan de Jaso así sucedió. El 16 de noviembre de 1470 se doctoró en Derecho canónico por la universidad de Bolonia, estando presentes en el acto académico Pedro de Foix, infante de Navarra y futuro cardenal, y Pedro de Arbués, obispo de Rieux. Su nuevo título universitario no le impidió participar en las tensiones políticas del momento, de tal manera que en 1471 intervino en el nefasto intento de abrir las puertas de Pamplona a los cabecillas agramonteses. Las consecuencias de tal acto fueron la muerte del mariscal Pedro de Navarra y el exilio a Tafalla de Juan de Jaso y su padre Arnalt.
El exilio duró poco tiempo, aunque la guerra civil continuó durante muchos años. El 10 de marzo de 1472 la princesa Leonor y su esposo Gastón de Foix concedieron a Juan el cargo de oidor de Comptos y maestre de finanzas. A comienzos de 1476 ya recibía en la documentación el título de maestre de finanzas y alcalde de la Corte Mayor, lo que viene a demostrar el veloz ascenso del doctor Jaso en la administración real. En ese mismo año de 1476 comenzó su labor como miembro del Consejo Real, máximo órgano de justicia al que pertenecería hasta su fallecimiento en 1515 y del que sería copresidente entre 1496 y 1503.
En el ámbito patrimonial, el 18 de junio de 1478 Juan de Jaso obtuvo la concesión regia de la justicia baja y mediana de la villa de Idocin (Ibargoiti), lugar donde su padre ya había poseído bienes de importancia y que se convertiría desde entonces en su señorío. Lo cierto es que por aquel entonces a nadie le agradaba convertirse en parte de un señorío particular y, además, los vecinos eran beaumonteses, de modo que no recibieron con agrado a un señor agra- montés. La consecuencia de dichas diferencias fue un pleito ante los tribunales del reino que se alargaría hasta diciembre de 1508, aunque ni siquiera la sentencia a favor de Juan de Jaso llegó a aplacar a los vecinos de la villa.
El año 1483 fue crucial para la vida de Juan de Jaso. En dichas fechas contraía matrimonio con María de Azpilcueta y Aznárez de Sada, hija de Martín, por aquel entonces camarero mayor de infortunado soberano navarro Francisco Febo (1479-1483). El enlace con María suponía la entrada de los Jaso en el mundo de la alta nobleza militar, ya que la joven aportaba al matrimonio el castillo de Javier y la torre de Azpilcueta (valle del Baztan). De este matrimonio nacerían insignes personajes, entre los que destacan Magdalena (enviada por sus padres a la corte castellana, pero que acabaría por ingresar en el monasterio de las Clarisas de Estrecha Observancia de Gandía), Violante (de la que no se tienen muchas noticias), Ana (casada con Diego de Ezpeleta, señor de Beire), Miguel (futuro señor de Javier), Juan (reconocido por su actividad militar) y Francés o Francisco (último hijo del matrimonio, que alcanzaría fama internacional por su labor como misionero jesuita). Gracias a este matrimonio Juan de Jaso pudo titularse a partir de entonces como señor de Idocin, Javier y Azpilcueta.
Su labor como embajador también fue una de las culminaciones del año 1483. Ya en 1479 había encabezado embajadas en nombre de la corona navarra, pero en 1483 lo hizo junto al protonotario Fernando de Baquedano por orden de los tres Estados del reino. Su misión era, tal y como lo refieren las instrucciones del 30 de julio, la de conseguir que la princesa de Viana, Magdalena de Francia, eligiese por esposo de su hija Catalina a Juan, infante de Castilla. Pese a que las negociaciones resultaron ser un fracaso, la buena predisposición de Juan de Jaso le hizo ganarse la confianza de sus propios señores y la de los soberanos castellanos.
La llegada al reino de Juan III de Albret y Catalina I de Foix en 1494 para su coronación fue el primer contacto de importancia entre el doctor Jaso y los que serían sus soberanos. La idea de Juan de Jaso desde un primer momento fue la de fortalecer a la nueva monarquía frente a unos beamonteses que mantenían una actitud arrogante y levantisca. Pese a todo, el reino seguía estando muy debilitado, ya que las algaradas beamontesas eran constantes al estar apoyadas y financiadas desde Castilla por Fernando el Católico. La única solución que se vio en aquel momento fue la de negociar con Isabel y Fernando para conseguir apaciguar al conde de Lerín. En abril de 1494 llegó a Medina del Campo una embajada navarra en la que también participó Juan de Jaso. De dichas negociaciones salió un acuerdo que fue firmado el 30 de abril, por el cual Navarra quedaba supuestamente pacificada bajo la autoridad de los nuevos soberanos. Juan de Jaso tuvo entonces la oportunidad de conocer más personalmente a Isabel de Castilla, pero sobre todo a Fernando de Aragón. Tal vez fue por aquel entonces cuando el matrimonio Jaso-Azpilcueta decidió enviar a su hija Magdalena a la corte castellana para que sirviese como doncella de la reina Isabel, una buena manera de conseguir un matrimonio ventajoso para ella y, de paso, mantener contacto fluido con los soberanos castellanos.
En 1496 fue nombrado, junto a Martín de Urrutia, copresidente del Consejo Real, órgano que había sido reformado en 1494. El propio Juan de Jaso había participado en estos cambios, primero como uno de los cuatro alcaldes de la Corte Real y después como uno de los veintidós miembros del denominado Consejo amplio. A su vez, también fue incluido en el Consejo reducido, compuesto solamente por siete consejeros. La labor efectiva de Juan de Jaso como copresidente del Consejo Real se circunscribió a los años 1496 y 1497, pese a que muchos autores alargan su cargo hasta 1503. Precisamente, el Consejo Real volvería a sufrir otra reforma en 1503, cuando los dos copresidentes cedieron definitiva y oficialmente su cargo a favor del nuevo canciller, Juan del Bosquet, aunque sin dejar de participar por ello en dicho órgano. En todo caso, el trabajo de Juan de Jaso dentro del Consejo Real fue conseguir que este órgano de gobierno y administración de justicia estuviese al servicio de una corona que pretendía recuperar por completo su autoridad.
De nuevo, gracias a sus capacidades y buen hacer, fue llamado a labores diplomáticas en 1498 cuando, tras la muerte de Carlos VIII de Francia y el ascenso de Luis XII, se planteó el matrimonio de César Borgia con Carlota de Albret, hermana de Juan III de Navarra. En dicha ocasión, Juan de Jaso tuvo que viajar tanto a la corte francesa asentada en Blois como a Roma, donde la embajada navarra se entrevistó con Alejandro VI, padre del novio. En 1503, tras el abandono de su cargo como copresidente del Consejo Real, le correspondió negociar un nuevo tratado con Castilla. El conde de Lerín había vuelto a Navarra en 1500 y la situación de inestabilidad se estaba volviendo a repetir gracias al oro y las espadas de Fernando el Católico. De nuevo se llegó a otro acuerdo en Medina del Campo por el cual Navarra quedaba supeditada a los intereses castellanos. Tampoco ayudaba mucho en esta situación la actitud de un Luis XII de Francia, tan interesado en intervenir en Navarra como su homólogo castellano. En esta ocasión, Juan de Jaso acompañó a Amaneo de Albret durante las negociaciones en Blois, pero las negociaciones fracasaron.
Por estos años Juan de Jaso fue engrandeciendo sus señoríos gracias al poder e influencia que había ido acumulando. Al señorío de Idocin, Arzanegui, Sánsoain y Garrués se fueron añadiendo a través de diferentes compraventas los de Subiza, Ibiricu, Cizur Mayor y San Costamiano. Todos estos extensos dominios quedarían para sus sucesores, incluyendo la herencia materna que aportaba entre otras propiedades el señorío-castillo de Javier y la torre de Az- pilcueta.
En cuanto al devenir del reino, el conde de Lerín y su bando fueron definitivamente expulsados tras la enésima sublevación de Luis de Beaumont en 1507, momento en el que puede darse por finalizada la guerra civil. Fue entonces cuando Juan y Catalina pretendieron iniciar una profunda reforma de todas las estructuras de gobierno del reino. Al doctor Jaso se le encargó un estudio cuya finalidad debía ser la reforma de la administración real y la redacción de un nuevo Fuero General con el pertinente amejoramiento. Los resultados de esa primera fase del proyecto fueron presentados por Juan de Jaso en las Cortes de Tudela del año 1511.
El proyecto de devolver a Navarra la estabilidad anterior a la guerra civil fue avanzando durante esos años, aunque lentamente y no sin dificultades internas. Sin embargo, todo este renacimiento político se vería detenido bruscamente por culpa de la invasión de Navarra por parte de Fernando el Católico. Un conflicto internacional —la guerra de Italia entre el papa y el rey de Francia— le sirvió al aragonés para presionar diplomáticamente a Navarra con la intención de que sus soberanos le apoyasen contra el Luis XII de Francia. Las negociaciones fueron muy duras y en ellas participó el propio Juan de Jaso, quien acompañó al mariscal Pedro de Navarra en las embajadas del 20 de junio y 6 de julio de 1512. Sin embargo, Fernando ya tenía decidida la invasión de antemano y las negociaciones no fueron sino una excusa para ganar tiempo y así poder recibir las ansiadas bulas de excomunión de los reyes de Navarra.
Juan de Jaso siguió a sus reyes al exilio bearnés tras la invasión y conquista del reino, pero una vez allí la mayoría de los oficiales reales recibieron la orden de Juan III de Navarra de volver a Olite y esperar órdenes. Nada se sabe sobre su actitud ante el intento de liberación legitimista de octubre-diciembre de 1512, pero desde luego no estuvo en el interior de Pamplona apoyando a las tropas del duque de Alba. Por su parte, Fernando el Católico entendió desde un inicio que debía ganarse al mayor número de navarros posible, de tal manera que ofreció a los altos oficiales de la administración respetar sus cargos y sueldos. En el caso de Juan de Jaso, se ha supuesto que realizó un juramento de vasallaje a Fernando el Católico el 18 de enero de 1513, día en el que se entrevistaron en Medina del Campo, pese a que no existe documento alguno que lo atestigüe. Lo cierto es que el doctor Jaso mantuvo su cargo y sueldo como miembro del Consejo Real, aunque resulta lógico pensar que el juramento fue realizado bajo presiones, tal y como sucedió en el caso del mariscal Pedro de Navarra.
El mero hecho de pertenecer al Consejo Real no significó que Juan de Jaso fuese una persona que pudiera influir en las decisiones del soberano aragonés. Más parecería que la estrategia de mantener al doctor Jaso fue con la intención de crear una apariencia de continuidad y dar a los agramonteses en el exilio un ejemplo de qué era lo que sucedía con los que se le sometían. En todo caso, la familia de los Jaso siempre estuvo bajo sospecha y si no contaba con la con
fianza del Católico, mucho menos con su amistad. El mejor ejemplo de ello fue lo sucedido con los derechos de pasto que poseía el señor de Javier en el despoblado del Real. Fernando vendió sus términos de manera arbitraria a las villas de Sos y Sangüesa por 43.000 y 32.000 sueldos, respectivamente, sin tener en cuenta los derechos del principal perjudicado. La protesta de Juan de Jaso no se hizo esperar y hasta las Cortes del reino de 1515 solicitaron un acto de justicia que en ningún momento se dio. Irónicamente, Fernando el Católico recomendó que la protesta se enviase al Consejo Real para que allí fuese tramitada.
Juan de Jaso moría el 16 de octubre de 1515. Los últimos años los pasó como otros tanto navarros, tratando de evitar por cualquier vía que su patrimonio se viese afectado por el dominio castellano. Sus hijos heredaron sus capacidades y también la idea de recuperar una Navarra independiente. Miguel y Juan combatirían desde 1516 a 1524 contra Carlos V de España, aunque finalmente debieron de asumir la derrota y aceptar su vuelta a Navarra como perdedores de aquel conflicto. Por su parte, el pequeño Francisco tomaría las riendas de su destino.
En relación a su obra, hacia 1500 redactó la Relación de la descendencia de los reyes de Navarra y de las demás casas principales del dicho Reyno, de la que no se conserva copia completa alguna. Constaba de una serie de listados de reyes que se iniciaban con íñigo Arista y terminaban con Juan III de Albret y Catalina I de Foix. Se conservan partes incompletas relativas a las dinastías francesas de Champaña y Francia, o inacabadas, tal y como sucede con los últimos soberanos navarros legítimos. El valor de esta modesta crónica reside en que está redactada desde la perspectiva de un agramontés y eso incide en sus valoraciones sobre lo sucedido durante la guerra civil navarra del siglo xv. La obra fue estudiada por Moret, quien extrajo una copia del original guardado en San Juan de Pie de Puerto, y por Arnaud de Oihenart, aunque este último desconocía que el autor era Juan de Jaso. Pese a su brevedad, puede intuirse que el doctor Jaso utilizó el libro de la Regla de Leire, otras crónicas anteriores y, muy posiblemente, cartas y documentos reales a los que tenía acceso gracias a su cargo.
Obras
Relación de la descendencia de los reyes de Navarra y de las demás casas principales del dicho Reyno, c. 1500. Biblioteca de la Real Academia de la Historia, estante 25, grada 6.a, códice C134.
Bibliografía
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Fita, F., «Don Juan de Jaso, padre de Francisco Javier. Nuevos apuntes biográficos y documentos inéditos», Boletín de la Real Academia de la Historia, XXII (1892), pp. 439470 y XXIII (1893), pp. 67-240.
Orella UnzuÉ, J. L., Francisco de Navarra y las familias del Renacimiento navarro, Pamplona: Mintzoa, 2003.
Pescador Medrano, A., Francisco de Xabier. Nacimiento de un mito, muerte de una nación, Tafalla: Txalaparta, 2006.
Recondo, J. M., Francés de Xavier, Pamplona: Institución Príncipe de Viana, 1970.
Schurhammer, G., Francisco de Javier: su vida y su tiempo, Pamplona: Gobierno de Navarra, 1992.
Cita bibliográfica
Pescador Medrano, A., “Jaso y Atondo, Juan de», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 270-274.





