Cargos y oficios
Abogado, profesor de la Universidad de Deusto y concejal de Estella
Trayectoria
Hijo de Manuel Irujo Apastegui (Tafalla, 1803-Estella, 1871), abogado, vocal de la Diputación provisional carlista de Navarra en 1838 y teniente de alcalde de Tafalla en 1844, año en el que se presentó sin éxito a las elecciones de diputado a Cortes por Navarra. Lo mismo ocurrió en las elecciones de dipu-tado provincial por el distrito de Estella en 1858, pero sí logró el acta en las de 1866.
Su madre Engracia Urra Jordán (Estella, 1825-1885) era hija de un adinerado escribano y secretario del Ayuntamiento de Estella, Felipe Urra, y hermana de Sebastián Urra Jordán (Estella, 1832-León, 1897), sacerdote, que entró a formar parte de la Diputación Foral carlista de Navarra en junio de 1874. Diez años más tarde era canónigo chantre de la catedral de León, donde murió.
Daniel Irujo estudió en Bétharram (Pirineos Atlánticos, Francia) y en Urduña/Orduña (Bizkaia), donde al parecer coincidió, aunque no en la misma clase, con Sabino Arana, y después se licenció en Derecho en la Universidad de Valladolid.
A partir de 1883 residió algunos pocos años en Pamplona, donde estuvo relacionado con la Asociación Euskara de Navarra, pues no en vano en 1880 su hermana Juana se había casado con Estanislao Aranzadi Izcue.
Contrajo matrimonio con Aniana Ollo Elordi (Estella, 1866-Buenos Aires, 1950), hija del farmacéutico Eusebio Ollo Miranda (Altsasu/Alsasua, 1838-Estella, 1917), elegido concejal de Estella en 1866 y 1868, y nieta de Gaspar Elordi Albizu (Estella 1804-Pamplona, 1852), conspicuo liberal, que fue diputado provincial de Navarra en 1836 y diputado a Cortes por Navarra en 1837 y 1839. En el exilio el dirigente nacionalista vasco, Manuel Irujo Ollo, hijo de Daniel, mantuvo el recuerdo del liberalismo de su bisabuelo utilizando su apellido «Elordi» como seudónimo.
Cuando en 1886 se puso en marcha la Universidad de Deusto fue llamado para impartir la asignatura de Procedimientos Judiciales y Práctica Forense y más tarde la de Historia del Derecho.
Por su propio testimonio se sabe que durante «la Gamazada» fue uno de los que acompañó a Sabino Arana en la jornada de Castejón del 18 de febrero de 1894. En una carta que escribió en 1908 a Luis Arana le recordó que, a su vuelta de esa localidad navarra, comió con él y con Sabino y le comentó que en la sobremesa este último había expuesto la doctrina nacionalista y que él, emocionado, le dijo «soy de los tuyos, pero sin dejar de ser carlista».
La amistad que le unía con el fundador del nacionalismo vasco explica que Daniel Irujo fuera uno de sus abogados en dos de los procesos a los que fue sometido. Lo hizo en noviembre de 1896 y consiguió la absolución de su patrocinado. Su defensa se recogió en el folleto Inocencia de un patriota, publicado en 1913 por la editorial del semanario Irrintzi de Buenos Aires, lo que plantea interrogantes sobre el momento de su elaboración, si bien, según su mencionado hijo Manuel, el texto es una copia taquigráfica de su intervención en el juicio. En el segundo proceso, en noviembre de 1902, defendió a Sabino Arana encausado por el telegrama que envió al presidente de Estados Unidos Teodoro Roosevelt felicitándole por haber reconocido la independencia de Cuba. El juicio tuvo gran eco en la prensa y en la clase política y ha merecido la atención de los historiadores.
Seguramente por su proclamado carlismo, en febrero de 1897 Sabino Arana le confió la revisión de su hoja impresa El Partido Carlista y los Fueros Vasko-Nabarros para evitar que su contenido fuera denunciable.
En 1904 volvió a Estella, donde en noviembre del año siguiente salió elegido concejal con otro correligionario en la candidatura carlista y, pese a que se reclamó su incapacidad por ser juez municipal suplente, tomó posesión el 24 de marzo de 1906.
Fue uno de los primeros firmantes del llamamiento a los navarros para que protestasen contra el proyecto de ley de Asociaciones de 1906, e hizo que el Ayuntamiento de la ciudad del Ega enviase una instancia en el mismo sentido a la Diputación Foral.
Un asunto en el que tuvo especial protagonismo fue el relativo a la plantación en Estella de un retoño del árbol de Gernika ofrecido por el Centro Vasco de Bilbao en enero de 1908. Ese mismo mes logró que el Ayuntamiento lo aceptase y la plantación tuvo lugar el 15 de marzo, según un programa establecido y con gran solemnidad. Ese día Irujo pronunció un discurso que despertó algunos rumores y gritos cuando se refirió a Maroto como traidor. El acto terminó sin mayores problemas y la prensa dio cuenta de su desarrollo favorablemente. Sin embargo, el diario canalejista pamplonés El Demócrata Navarro lo censuró con acritud. Su corresponsal en Estella aseguró que el Ayuntamiento había sido engañado al aceptar de buena fe el árbol, pues se le había ocultado que procedía del Centro Vasco de Bilbao, y que el discurso de Irujo había sido interrumpido con gritos de «¡Viva España!».
El 21 de marzo el Ayuntamiento aprobó devolver el retoño, «mal llamado de Gernika» y pedir otro a la Diputación de Bizkaia, lo que dio lugar a una áspera y larga polémica entre el Diario de Navarra, que publicó cartas de Daniel Irujo y Estanislao Aranzadi, y El Demócrata Navarro, y que tuvo eco en El Liberal, El Nervión, La Gaceta del Norte, El Correo de Guipúzcoa, El Pueblo Vasco, La Voz de Guipúzcoa.
En el transcurso de la controversia Daniel Irujo se enfrentó a Nicanor Larráinzar, conspicuo antinacionalista vasco, lo que debió de contribuir a que el «carlo-bizkaitarra» estellés, como le llamaban en Bilbao, se diese de baja en el partido carlista y se sumara «en cuerpo y alma a JEL sin aditamento de ningún género».
A su muerte, en febrero de 1911, a los cuarenta y ocho años, la prensa nacionalista (Napartarra, Gipuzkoarra y Bizkaitarra) reseñó los hitos más importantes de su vida, haciendo hincapié en sus servicios al nacionalismo vasco (defensa de Sabino Arana, etc.).
Su obra ¡Un hombre! Historia del Derecho Vasco…, se editó veintiún años después de su muerte. En ella sostiene que hasta el 25 de octubre de 1839 las tres provincias vascongadas habían conservado su independencia, aunque estaban gobernadas por el soberano de Castilla. También que la Ley de abolición de fueros de 21 de julio de 1876 había sido un castigo injusto impuesto a los vascos por su participación en la última guerra carlista, ya que muchos habían combatido con los liberales y había habido carlistas en toda España. Afirmó también que esta no había sido nunca tan poderosa como cuando Aragón y Cataluña tenían sus fueros y las provincias Vascongadas y Navarra su independencia. La abolición de 1876 no había producido ningún beneficio a España y, en cambio, «había despertado sentimientos que probablemente no se hubieran conocido si los fueros hubieran sido respetados como debían haberlo sido en derecho y en justicia».
Obras
Inocencia de un patriota. Notable defensa del fundador del partido nacionalista Don Sabino Arana y Goiri ante el Tribunal por el ilustre Abogado D. Daniel Irujo, Buenos Aires: Irrintzi, 1913.
¡Un hombre! Historia del Derecho Vasco, escrita por el mismo y explicada a sus discípulos, Bilbao: Ed. Vasca, 1932.
Bibliografía
Balduz Calleja, J. A., Exaltados, tibios y retrógrados. Las elecciones de diputados a Cortes en la Navarra isabelina (1833-1868), Pamplona: Gobierno de Navarra, 2019.
García-Sanz Marcotegui, Á., Daniel Irujo Urra (1862-1911). El carlo-nacionalismo imposible del defensor de Sabino Arana, Pamplona: Pamiela, 1995.
— Diccionario Biográfico de los Diputados Forales de Navarra (1840-1931), Pamplona: Gobierno de Navarra, 1996, pp. 231-239.
— «La adscripción ideológica de los antepasados de Manuel Irujo Ollo», Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, núm. 32 (2002), pp. 19-38.





