Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

← Volver a las voces

NOTITIA VASCONIAE Obras y autores alaveses

HERRÁN Y URETA, Joaquín (Salinas de Añana-Gesaltza Añana, Álava, 21 de julio de 1846 – Berceo, Logroño, 12 de junio de 1915).

Cargos y oficios

Abogado ilustrado, republicano liberal, masón, alcalde de Vitoria y director del Ferrocarril Vasco-Navarro

Trayectoria

Pertenecía a una familia, calificada por Vidal-Abarca como «compleja» (varios casamientos entre primos), en la que hubo algún Padre de Provincia y destacados intelectuales como Fermín de Herrán, tío de Joaquín. Familia hidalga muy adinerada que terminó arruinándose por la quiebra del Ferrocarril Vasco-Navarro, la empresa que fundó y dirigió Joaquín entre 1889 y 1903. Joaquín perteneció al primer Ayuntamiento Republicano de Vitoria en agosto de 1873, y más tarde, el 9 de octubre, fue elegido alcalde. Fue secretario general de la Subcomisión ejecutiva de la Junta Fuerista Liberal, creada el 27 de diciembre de 1875.

Joaquín María Ramón Domingo de Silos Herrán y Ureta nació el 23 de julio de 1846. Era hijo de Sebastián Herrán Cañas y de María Cruz Ureta Briones. Fue bautizado en la parroquia de San Cristóbal de Salinas de Añana-Gesaltza Añana (Álava). En 1850, cuando tan solo tenía cuatro años, su padre perdió la razón y hubo de ser internado en Valladolid hasta su muerte el 9 de noviembre de 1878, quedando a cargo de su madre María Cruz, que lo llevó a vivir con ella a Berceo (Logroño), a la casa de su abuelo Andrés de Ureta y Cañas. Al fallecer su madre en 1863, quedó bajo la tutela de su abuelo Gabriel de Herrán (fallecido el 9 de julio de 1879), que era Padre de la Provincia de Álava. El haber pasado la infancia y juventud en Berceo influyó en él de forma decisiva y en esta villa pasará muchas temporadas y fallecerá.

Joaquín se casó con Felicia Ochoa de Aragüen y Fernández de Onraita el 19 de febrero de 1883, en la parroquia de San Esteban de Anúcita/Anuntzeta (Álava). Era una hidalga rural alavesa, nacida en Antezana de Foronda el 3 de febrero de 1858. Tuvieron dos hijos legítimos, María Josefa (Vitoria, 19 de marzo de 1884) y Juan Jesús (Vitoria, 25 de junio de 1886), a los que Joaquín añadió otro natural, Buenaventura de Herrán y Alda, nacido en Campillo (Zaragoza) en 1875, reconocido en el testamento otorgado en Vitoria el 1 de abril de 1887.

En la trayectoria vital de Joaquín podríamos distinguir las siguientes etapas: 1.ª formativa hasta 1870 aproximadamente; 2.ª activista político y cultural de un liberal republicano comprometido en Vitoria (1871-1880); 3.ª dedicación obsesiva a la construcción y gestión del ferrocarril Anglo-Vasco-Navarro (1880-1903), y 4.ª vida retirada en Berceo, arruinado en una soledad próxima a la locura.

Al igual que sus tíos Adrián y Fermín, realizó los estudios de Derecho civil y canónico en la Universidad Central de Madrid (1865-1869). Coincidiendo con su mayoría de edad, pasó a vivir a Vitoria en 1871, a los veinticinco años. Lejos de ejercer como abogado, los caudales de su familia le permitieron vivir de las rentas de sus tierras y casas de Salinas de Añana, Orduña y Berceo, bienes procedentes de las fortunas de su padre (las propiedades alavesas y vizcaínas) y de su madre (las riojanas).

Pronto se implicó en la vida cultural, económica y política de la capital alavesa, en la que ejerció en numerosas ocasiones cargos de representación, como concejalías, o en asociaciones culturales, muchas veces arrastrado por la arrolladora personalidad de su tío Fermín de Herrán y Tejada (seis años más joven que el sobrino Joaquín), promotor y director de múltiples actividades. Nuestro biografiado, en 1873, era secretario de la «Academia Alavesa de Ciencias de la Observación» y en 1878, secretario de la sección de Geografía e Historia de dicha Academia. En 1874, siendo presidente y vicepresidente sus tíos Fermín y Juan José Herrán, Joaquín fue presidente de la Sección de Artes del Ateneo de Vitoria. Entre 1873 y 1879 desempeñó el cargo de tesorero de la «La Academia Cervántica Española de Vitoria», de la que Fermín era director. En 1880 era vicepresidente de la sociedad geográfica vitoriana denominada «La Exploradora». Según su tío Fermín, en 1873-1874, Joaquín, «curioso escritor y mi queridísimo hermano del alma, más que pariente de consanguinidad», tomó con gran entusiasmo el empeño de historiador, que abandonó pronto. Además, aficionado al canto para el que «estaba bien dotado», llegó a formar parte del Orfeón Alavés, aptitudes que heredará su hija María Josefa.

De esta época son algunas publicaciones como «La Alhambra de Granada o Casa Roja» (1872) y, sobre todo, su obra más importante La Cuestión de Fueros: ligeros apuntes en defensa de las Instituciones Vascongadas (1876), un folleto de 63 páginas aparecido en el crítico momento en el que, acabada la última Guerra Carlista, el centralismo madrileño preparaba la supresión de los Fueros vascongados (Ley abolitoria de 21 de julio de 1876). Es una ferviente y documentada apología de los mismos, en la que Joaquín sale al paso de los principales cargos dirigidos por la opinión pública española contra la existencia de los Fueros, ya que eran considerados como un privilegio y una discriminación.

Masón desde el 14 de diciembre de 1875 —orden en la que ingresó de la mano de su tío Fermín, quien la había fundado en 1872 con el nombre de «Luz de Vitoria núm. 85»—, tomó parte de forma intensa en la vida política de la época, siempre en el bando liberal, acentuadamente anticarlista, republicano y fuerista. En ese mismo mes y año, se constituyó en Vitoria una «Junta Fuerista Liberal para la defensa de los Fueros», y en ella se nombró secretario general a Joaquín y vicesecretario a su tío Fermín de Herrán. Entre 1872 y 1876 se enfrentó a los carlistas integrado en el «Batallón de la Milicia Nacional». Dentro de la legislatura de la Primera República, llegó a ser teniente de alcalde en varias ocasiones y alcalde tres meses, desde el 8 de octubre de 1873 hasta que el golpe de Estado del general Manuel Pavía puso fin a dicha Primera República en enero de 1874. Entre 1881 y 1884 volvió al Ayuntamiento de Vitoria como primer teniente de alcalde.

Fallecido su demente padre en 1878 y su abuelo el Padre de Provincia al año siguiente, Joaquín heredó una considerable fortuna y se embarcó en una aventura económico-financiera, que abarcó la tercera etapa que hemos distinguido: la dedicación obsesiva a la construcción y gestión del ferrocarril Anglo-Vasco-Navarro (1880-1903), cuyo fracaso lo llevó a la ruina y a la de algunos familiares, como sus tíos el ingeniero Juan José Herrán y Ureta y el conocido intelectual Fermín de Herrán, y al mismo Joaquín a la locura.

Joaquín se implicó en la construcción de dicho ferrocarril, del que fue el primer director, convencido de la idoneidad de aquella inversión y del bien que haría a su tierra. En la primavera de 1880 su tío Juan José, ingeniero de montes, realizó los primeros trabajos de campo para la construcción de una línea férrea entre Vitoria, Durango y Estella. Con el proyecto ya muy avanzado, Joaquín Herrán solicitó en el Congreso la concesión ferroviaria, circunstancia que dio el pistoletazo de salida en la búsqueda de capitales por las instituciones locales y provinciales, empeño que resultó baldío y «decepcionante». No obstante, Joaquín no desfalleció y encontró un inversionista británico que le ayudó a constituir, el 25 de mayo de 1886, la The Anglo-Vasco-Navarra Railway Company Limited, que nació con un capital de 14.250.000 pesetas. Con ello, ocho meses después comenzaron las obras de la nueva línea, que dio sus primeros pasos un año más tarde (20 de enero de 1888), cuando se realizaron los primeros viajes de prueba con la locomotora, simbólicamente llamada «Euskalerria», llegada a Vitoria poco antes, el 19 de noviembre de 1887. Doce meses después se inauguró el recorrido de vía estrecha entre Vitoria-Gasteiz y Leintz Gatzaga (Gipuzkoa).

A partir de mediados de 1888 las alegrías de Joaquín Herrán se convirtieron en todo tipo de problemas, debidos a la dificultad de la orografía del terreno guipuzcoano, a la mala ejecución del proyecto por el ingeniero jefe de la construcción, Ignacio Carbó, que fue obligado a dimitir, a pesar de ser amigo personal de Joaquín, a las numerosas reclamaciones por impago a abastecedores, propietarios de terrenos y obreros, y a la quiebra de uno de sus socios, la Banca Artola. La situación financiera iba de mal en peor, a pesar de los esfuerzos de Joaquín por convencer a sus socios ingleses para una mayor implicación. Finalmente, y ante la quiebra de la empresa constructora, el Estado, amparándose en la Ley General de Ferrocarriles, se incautó del ferrocarril el 3 de mayo de 1897, y de forma definitiva, el 5 de octubre de 1903, sin que el antiguo concesionario tuviese derecho a indemnización alguna.

La quiebra de la empresa del ferrocarril supuso para Joaquín el fin de su vida activa pública, retirándose de ella con una profunda desilusión, un estado financiero desastroso y la mayoría de sus bienes hipotecados. En esta última etapa vital se refugió en un misticismo religioso, muy alejado de todas sus pasadas actividades políticas, culturales y financieras, como reflejan su apoyo a la construcción de un Rosario de cristal de una cofradía vitoriana (1895) y los títulos de los tres libros que publicó en 1900 (La divinidad de Nuestro Señor Jesucristo comprobada ante la razón; Conclusiones del debate acerca del tema El Pauperismo; Las tres horas del Viernes Santo).

Joaquín Herrán, después de luchar en solitario, se retiró, a principios de siglo, desde Vitoria a Berceo (Logroño) muy desilusionado y arruinado. Intentó pleitear contra el Estado para que le devolvieran parte de los bienes incautados, lucha que casi le hace perder la razón. No lo consiguió, para su desesperación, y murió sin conocer que el ferrocarril había revivido, porque el Gobierno central retomó las obras en 1914 para terminarlas en 1927 con la creación de la línea que comunicaba Estella y Bergara. Triste final para un ilustrado alcalde de Vitoria que se arruinó implantando una imprescindible obra pública, como el ferrocarril, y cuya memoria histórica ha pasado totalmente desapercibida o diluida desde 1920 bajo el genérico rótulo «Calle de los Herrán» en Vitoria.

Resumiendo, el pensamiento político de Joaquín Herrán es evidente que fue liberal, como casi toda su familia. Fue alcalde republicado de Vitoria en 1874, cuyo partido político se solía expresar en El anunciador vitoriano: diario político, de literatura, noticias y anuncios: defensor de los intereses morales y materiales del País Vascongado. Tras una breve etapa anterior caracterizada por el distanciamiento de la política, el periódico inició una segunda época el 4 de diciembre de 1878, en la que apostó por un alejamiento de los enfrentamientos personales y, sobre todo, por un concierto de todas aquellas fuerzas políticas afines a la bandera de la democracia y a las instituciones vascas para, de este modo, incitar al resto de los partidos políticos a tomar parte en la lucha pacífica y antirrevolucionaria. El 26 de abril de 1881 El Anunciador Vitoriano publicó un artículo donde se declaró órgano periodístico del Partido Republicano Histórico de Vitoria. En el nuevo partido Emilio Castelar (de quien Fermín era amigo íntimo e incondicional correligionario) era presidente honorario, Fermín de Herrán, presidente ejecutivo, y Joaquín Herrán uno de los vicepresidentes. El movimiento republicano vitoriano fue, fundamentalmente, urbano, fuerista y anticarlista, a lo que debemos añadir su separación del tópico revolucionario y anticlerical. Sus dirigentes, como Fermín y Joaquín Herrán, procedían de la mesocracia y estaban abiertos a los problemas sociales de las clases populares, como la educación o el transporte por ferrocarril.

Joaquín, miembro destacado de la Comisión fuerista liberal de Álava, resumió en diez puntos los principales cargos formulados contra las instituciones vascongadas, cuando la abolición de los Fueros se entendió como un requisito necesario para el logro de la unidad nacional, y cuando el antifuerismo adquirió un inevitable carácter antivasquista. Fue fuerista en La Cuestión de Fueros, defendiéndolos en 1876, cuando, estando a punto de suprimirse, más lo necesitaban. Defendió el régimen foral, al mismo tiempo que reivindicaba las valiosas aportaciones de los vascos al devenir histórico de España, intensificando la imagen del doble patriotismo vasco y español, durante los primeros años de la Restauración. Negaba que los vascongados no hubiesen «contribuido a salvar la dignidad nacional», pues «remontándonos a la época de los romanos, los encontramos en lucha abierta y constante en pro de la dignidad del heroico pueblo español» (Joaquín Herrán, 1876: 23).

Obras

«La Alhambra de Granada o Casa Roja», El Ateneo, t. 2, núm. 8 (1872), pp. 25-42.

La Cuestión de Fueros: ligeros apuntes en defensa de las Instituciones Vascongadas, Vitoria: Imp. y Libª. de los Hijos de Manteli, a cargo de Raimundo L. de Betolaza, 1876, 63 pp.

La divinidad de Nuestro Señor Jesucristo comprobada ante la razón, Vitoria: Imp. de Galo Barrutia, 1900, 143 pp.

Conclusiones del debate acerca del tema El Pauperismo, medios prácticos para combatirlo: Ateneo Científico, Literario y Artístico de Vitoria, sustentante socio de este centro Joaquín Herrán y Ureta, Vitoria: Imp. de Domingo Sar, 1900, 15 pp.

Las tres horas del Viernes Santo. Los librepensadores. El ejemplo. La Iglesia. Los republicanos, Vitoria: Imp. de Galo Barrutia, 1900, 107 pp.

Bibliografía

González, M., «Joaquín de Herrán y Ureta, una vida ejemplar». Ed. en línea: https://www.vitoria-gasteiz.org/docs/a25/000000000/000360000/360044.pdf (consultado el 4 de diciembre de 2020).

Martínez Fuentes, G., «El gorro frigio decimonónico vitoriano: una aproximación al movimiento republicano vitoriano del último cuarto del siglo xix», Vasconia, núm. 38 (2012), pp. 165-199.

Menéndez Onrubia, C., «Fermín Herrán y la Academia Cervántica Española de Vitoria», en Bernat Vistarini, Antonio Pablo (coord.), Actas del Tercer Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Palma de Mallorca: Universitat de les Illes Balears, 1998, pp. 139-147.

Pérez Mostazo, J., Cantabri aut vascones. La recepción de la Antigüedad en la cultura histórica vasca del siglo xix. Tesis Doctoral, Vitoria-Gasteiz: Facultad de Letras Departamento de Estudios Clásicos Vitoria-Gasteiz, 2018.

Sánchez-Prieto, J. M.ª, «Constitución, fueros y democracia. Motivaciones, discursos y actitudes políticas con relación a la permanencia o abolición de los fueros vasco-navarros», Iura Vasconiae, núm. 9 (2012), pp. 101-157.

Vidal-Abarca y López, J., Los Herrán. Historia y genealogía de una familia vasca, Vitoria-Gasteiz: Diputación Foral de Álava, 1993, pp. 267-282.

Fuentes. AHN, Universidades, 4248, exp. 13, «Expediente académico de Joaquín Herrán y Ureta, alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad Central (1865-1869)».

Cánovas del Castillo, A., «Los antiguos y modernos vascongados: su origen y sosiego secular y su situación e inquietudes actuales», Revista de España, XXXIV (1873), pp. 433-481.


Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


Con el apoyo de:

Diputación Foral de Gipuzkoa
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Gobierno de España
IVAP