Cargos y oficios
Arqueólogo, epigrafista, historiador del arte e historiador.
Trayectoria
Considerado como uno de los fundadores en España del cultivo de la disciplina de la Historia del Arte, con Elías Tormo y Monzó, la larga sombra de su actividad, erudición y su legado escrito siguen resonando hoy en la tradición académica hispánica.
Manuel tuvo la gran fortuna de crecer y formar parte de una erudita saga familiar andaluza vinculada a una imprenta de influencia liberal afrancesada, regentada tanto por su bisabuelo como por su abuelo. Dentro de este ambiente cultural, su padre, Manuel Gómez-Moreno González, se volcó en la actividad pictórica, disfrutando de una beca para ampliar estudios de arte y pintura otorgada por la Diputación de Granada en Roma (1878-1880), lugar singular que impactó especialmente en el joven adolescente. También llegaría a influenciar en su formación la labor paterna para la organización del Museo Arqueológico de Granada, así como los trabajos en la Comisión de Monumentos realizada por esos años. Con tan solo dieciséis años, colaboró con E. Hübner, prestigioso catedrático de Filología Clásica de la Universidad de Berlín, para la elaboración del suplemento del volumen II del Monumenta Linguae Ibericae. Tras la consecución de sus estudios universitarios de Filosofía y Letras en la Universidad de Granada (1886-1889), con las máximas calificaciones, y un breve paso por el seminario diocesano, impartió clases de Artes Decorativas en la Escuela de Artes y Oficios, así como en el Seminario y Colegio del Sacro-Monte de su ciudad natal desde 1895.
La decisión de concurrir a la oposición a una cátedra de Historia del Arte en la Escuela Central de Artes y Oficios de Madrid marcaría, con veintiocho años, un momento decisivo personal y profesional ya que, a partir de entonces, ensanchó su círculo de amistades y, por extenso, mentores como fueron Juan Facundo Riaño y Montero, a la sazón director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, o Francisco Giner de los Ríos. A pesar de la anulación de la oposición y su vuelta a casa, logró retornar a Madrid en 1900, y hacerse cargo de la elaboración del Catálogo Monumental de Ávila y Salamanca, entre 1901 y 1902, respectivamente. Poco después de terminar su repertorio catalográfico sobre Salamanca, recibiría el encargo para hacer el volumen de Zamora (1905) y el de León (1906). No obstante, dichos catálogos verían la luz editorial décadas más tarde. En 1903 casaría con Elena Rodríguez-Bolívar, matrimonio del que nacerían seis hijos, si bien fallecerían los dos varones mayores a temprana edad y un tercero en el frente universitario de Madrid durante la Guerra Civil.
La creación de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, bajo el impulso de Juan F. Riaño, dirigida por Santiago Ramón y Cajal (1907), y del Centro de Estudios Históricos, dirigido por Ramón Menéndez Pidal (1910), permitió su acceso, en calidad de cabeza de la sección de Arqueología de este último centro, entre 1910 y 1936. A partir de entonces comenzó una segunda etapa de su trayectoria profesional, centrándose inicialmente en el estudio del arte hispanomusulmán y mozárabe, con un equipo de colaboradores de la talla de Francisco de Paula Nebot, Leopoldo Torres Balbás y Juan Allende-Salazar, que fructificaría en su tesis doctoral sobre Arqueología Mozárabe (1911) y en la posterior obtención de la cátedra de Arqueología Árabe en la Universidad Central (1913), donde desarrolló un importante magisterio y cuya huella se materializó inicialmente en el libro sobre El Arte Árabe Español hasta los Almohades. Arte Mozárabe.
En 1915 fue nombrado académico a la Real Academia de la Historia; entre 1925 y 1950 formó parte del cuadro académico del Instituto Valencia de Don Juan; en 1931 se incorporó a la Real Academia de San Fernando y en 1942 a la Real Academia de la Lengua Española pronunciando un discurso de ingreso sobre Las lenguas hispánicas. Amén de otras actividades y aportaciones, fundó en 1925 con su compañero Elías Tormo la revista Archivo Español de Arte y Arqueología, que se escindiría en dos tras la Guerra Civil, y promovió la protección del patrimonio artístico y arqueológico español. Finalmente se jubiló en 1935, a los sesenta y cinco años, si bien mantuvo actividad científica hasta muy avanzada edad, recibiendo el doctorado honoris causa por las universidades de Montevideo, Oxford, Glasgow y Granada. De entre sus discípulos, cabe mencionar a eruditos y académicos de la talla de Leopoldo Torres Balbás, Vicente Lampérez, Francisco Nebot, Juan Cabré Aguiló, Juan de Mata Carriazo, Emilio Camps Cazorla, Cayetano de Merguelina y Luna, Joaquín María de Navascués, Felipe Mateu y Llopis, Diego Angulo, Antonio Beltrán, José Camón Aznar, Antonio Tovar, Gratiliano Nieto o Antonio Gallego; que a su vez serían maestros de una parte importante de la élite intelectual peninsular del siglo XX vinculada al estudio de las distintas disciplinas del quehacer histórico y sus expresiones artísticas y materiales (arqueología, numismática, epigrafía, museografía).
La producción científica de Manuel Gómez-Moreno destaca por su amplitud, versatilidad y erudición, debido a los conocimientos adquiridos a lo largo y ancho de toda su trayectoria y a su pericia para el estudio de cuestiones arqueológicas, epigráficas, artísticas y lingüísticas en periodos cronológicos muy extensos, sintetizándose en tres grandes líneas de investigación: el arte hispanomusulmán y mozárabe, el arte románico y la escultura del Renacimiento. Ello nos dibuja una figura por encima de las categorías o conceptos académicos actuales. Aparte de sus primeras publicaciones vinculadas al arte o arqueología de su tierra originaria y de los catálogos monumentales de las provincias castellanas, así como otros estudios regionales, centró sus conocimientos sobre el arte hispanoárabe con una obra que ha marcado a la historiografía española hasta nuestros días. Se trata de un trabajo que sigue siendo un referente: Iglesias mozárabes. Arte español de los siglos IX al XI (1919), editada en dos volúmenes, precedida de un breve artículo titulado Excursión a través del arco de herradura (1906). Años después, publicaría una obra de conjunto sobre sus conocimientos del arte hispanomusulmán en la colección «Ars Hispaniae», titulada El arte árabe español hasta los almohades. Arte mozárabe. En cuanto al arte románico, cabe destacar el clásico Arte románico español. Esquema de un libro (1934); y para la tercera de sus grandes líneas de investigación, conviene mencionar Las Águilas del Renacimiento español (1941), dedicando cuatro monografías a Bartolomé Ordóñez, Diego Siloé, Pedro Machuca y Alonso Berruguete.
En el mencionado libro de 1919 sobre las Iglesias mozárabes, prestó atención al monasterio de San Millán de la Cogolla, otrora situado en el territorio del reino de Pamplona en las centurias altomedievales hasta la incorporación del espacio riojano al reino de Castilla tras la muerte de Sancho IV de Peñalén en 1076. Tras reconstruir sus orígenes históricos, se centró en describir y caracterizar artísticamente la fábrica del monasterio de Suso que identificó como «un edificio mozárabe y del siglo X avanzado», además de sus elementos decorativos, parte de los cuales figuran en los dibujos que acompañan el texto y en las fotografías (CXII a CXVIII y CXXXIII a CXXXV) del volumen segundo, que recoge las fotografías del estudio. De igual forma incluye un comentario sobre el ara portátil de dicho cenobio con placas de marfil incrustadas y reaprovechadas de otro objeto, hoy en el Museo Arqueológico Nacional, con decoración de ataurique, animalística y epigrafía (pp. 373-374). También de las tres piezas de ajedrez de cristal de roca tallado que coronan el arca moderna de las reliquias de San Millán, que se conserva en dicho monasterio (p. 376).
En cuanto a la conexión de sus conocimientos epigráficos con el ámbito vascón, destaca la aportación de Gómez-Moreno para una lectura correcta de los epitafios de dos sarcófagos en arenisca del cementerio de la ermita de San Adrián de Argiñeta en Elorrio (Bizkaia) que publicó en el Boletín de la Real Academia de la Historia en 1944. Se trata de un conjunto funerario, datado entre finales del siglo VII y comienzos del VIII, compuesto por 26 sepulcros monolíticos con cubiertas labradas dispuestos en forma de U precedidos de dos estelas circulares a su entrada y otras tres al final, siendo dos circulares y una triangular. Al parecer fue el párroco, José Domingo de Retolaza, quien a finales del siglo XIX promovió la reagrupación del camposanto, con piezas procedentes de Mendraka, Miota y Berrio. El interés de la reinterpretación de los textos permitió certificar que se trata de una de las más tempranas inscripciones cristianas del País Vasco y más en concreto de Bizkaia, al ser datadas en el siglo IX.
Años después, y en la línea de estas investigaciones epigráficas, a instancias de José Antonio Basanta, publicó un trabajo acerca de un repertorio de inscripciones halladas en Vasconia, «pobrísima en su arqueología documental, sus inscripciones, y es de temer que nunca progrese cuanto deseamos». La investigación atendió a distintos discos y estelas funerarias y pedestales dispersos por la provincia de Bizkaia procedentes de las ermitas de San Pedro de Elorriaga (Lemoa), San Esteban de Gerekiz (Morga), San Salvador de Zarandoa (Larrabetzu), San Pedro de Abrisketa (Arrigorriaga), Santa Lucía de Elgezua (Igorre), Santa María (Abadiño), San Martín de Gaztelua, la de la Trinidad y parroquial de Forua (Gernika-Lumo) y la parroquial de la Magdalena de Arrigorriaga, San Miguel de Ahedo y los lugares de Zaldu, Iurreta, Etxano, Argiñeta.
En última instancia, y en relación con el arte hispanomusulmán, publicó en la revista Príncipe de Viana un estudio sobre la mezquita de Tudela, referenciando con detalle los elementos decorativos de una fábrica que acabó integrando la catedral cristiana.
Obras
Iglesias mozárabes. Arte español de los siglos IX al XI, Madrid: Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos, 1919.nmh
«De epigrafía medieval. Los epitafios de Arguiñeta», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXIV (1944), pp. 189-192.
«La Mezquita mayor de Tudela», PV, 6 (1945), pp. 9-27.
«De epigrafía vizcaína», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXXVIII (1951), pp. 197-217.
Bibliografía
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BORRÁS GUALIS, G. M., «Cien años de Historia del Arte en España», en BORRÁS GUALIS, G. M., y PACIOS LOZANO, A. R., Diccionario de historiadores españoles del Arte, Madrid: Cátedra, 2006, p. 14.
CARRIAZO Y ARROQUIA, J. de M., El maestro Gómez-Moreno contado por el mismo. Discurso leído el día 8 de mayo de 1977, en su recepción pública, por el Excmo. Sr. D. Juan de Mata Carriazo y Arroquia y contestación del Excmo. Sr. D. Emilio García Gómez, Sevilla: Real Academia de la Historia, 1977.
GAYA NUÑO, J. A., «Ante el centenario de Gómez Moreno. Historia de sus libros», Archivo Español de Arte, 165 (1969), pp. 1-12.
GÓMEZ-MORENO RODRÍGUEZ, M.ª E., Manuel Gómez-Moreno Martínez, Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces, 1995. Incluye repertorio bibliográfico (pp. 637-674).
GÓMEZ-MORENO CALERA, J. M., Manuel Gómez-Moreno Martínez (1870-1970), Granada: Editorial Atrio, 2016. Incluye relación de su obra completa por orden cronológico (pp. 169-196).
GARCÍA ISASTI, P., «El Centro de Estudios Históricos durante la Guerra Civil española (1936-1939)», Hispania. Revista Española de Historia, 194 (1996), pp. 1071-1096.
MEDEROS MARTÍN, A., «Manuel Gómez-Moreno y Martínez», DB~e. En línea: https://dbe.rah.es/biografias/10930/manuel-gomez-moreno-y-martinez (consultado el 30 de agosto de 2022).
VVAA, Homenaje a Gómez-Moreno 1870-1970, Granada: Universidad de Granada, 1970-1972.





