Cargos y oficios
Diputado foral, alcalde de Pamplona y senador por Navarra
Trayectoria
Rafael Gaztelu y Murga nació en una importante familia navarra, como hijo del pamplonés Fermín Gaztelu y Endara y la bilbaína María Micaela Murga y Zaldúa. Tuvo un hermano, Felipe Gaztelu y Murga. Llegó a ser el octavo mayor contribuyente de Pamplona, el principal de Echauri y el quinto de Lodosa.
Licenciado en Derecho, desarrolló una destacable carrera política. En 1863 fue diputado foral, en diciembre de 1871 fue elegido concejal de Pamplona como representante del Partido Carlista y poco después, entre febrero y abril de 1872, llegó a ostentar la alcaldía de la capital navarra. En 1883 rechazó la posibilidad ofrecida por los éuscaros de presentarse por la circunscripción de Pamplona a las elecciones generales. En 1891, apoyado por los conservadores, sí se presentó con éxito a las elecciones al Senado, donde formó parte de la Comisión del Ferrocarril. En los postreros años del siglo ocupó el cargo de administrador supernumerario de la sucursal del Banco de España en Pamplona, siendo propietario de 65 acciones en 1898.
Además, fue muy activo en el campo cultural y mostró un gran interés por la historia de Navarra. Fue redactor de La Ilustración de Navarra. Ciencias, Letras y Artes y redactor y cofundador de la Revista del Antiguo Reino de Navarra. Desde 1874 fue vocal de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra y académico correspondiente por Navarra de la Real Academia de la Historia, y más tarde correspondiente de la Asociación Euskara de Navarra, vocal de la Sección de Instrucción y Moralidad y luego vicepresidente y presidente de su junta directiva, como también jurado del certamen literario-artístico de Pamplona (1882). No estuvo casado y no tuvo descendencia. A su muerte, el título del marqués de Echandía pasó a su sobrino Luis Gaztelu y Maritorena. Su otro sobrino y hermano de este, Rafael Gaztelu y Maritorena, fue diputado provincial, participante de la Gamazada, maurista y firmante de la propuesta de restaurar las prerrogativas forales a Navarra «sin quebrantar la unidad de España», presentada a la Asamblea Provincial en 1918.
Gaztelu dejó a la posteridad tres publicaciones. La primera es la Memoria sobre los Reyes de Navarra cuyos restos se hallaron en el Monasterio de Leyre y han de ser trasladados al Panteón Real de la Catedral de Pamplona, publicada por la Diputación de Navarra en 1866, cuando Gaztelu fue diputado. Se trata de un documento escrito todavía en 1863 con el motivo del hallazgo de los restos mortales de varios reyes y reinas de Navarra esparcidos por el suelo de la iglesia del monasterio de Leyre, que había sido abandonado a raíz de la desamortización de Mendizábal realizada treinta años antes, y entonces se encontraba en un estado de ruina y descuido. Los huesos fueron trasladados en una arqueta de madera a la iglesia de San Esteban de Yesa. Con su informe, dirigido a la Diputación y publicado a su instancia, Gaztelu abogaba por el traslado urgente de los restos a la catedral de Pamplona, argumentándolo con las relaciones históricas entre Leyre y la catedral: cuando Pamplona quedó destruida tras las incursiones musulmanas, el obispo y los canónigos encontraron refugio en el monasterio, llevando consigo la silla episcopal y la Virgen del Sagrario que permanecieron allí hasta la reedificación de la seo por Sancho el Mayor. Ahora era el momento que fuera la catedral pamplonesa que acogiera los tesoros de Leyre. El informe contiene un estudio crítico y basado en fuentes documentales y cronísticas sobre la autenticidad de los restos óseos atribuidos a los monarcas navarros. Comparando las disposiciones de los reyes sobre su enterramiento con, entre otros, la Regla de Leyre, el Catálogo de San Juan de la Peña, los relatos de los cronistas, tales como Rodrigo Jiménez de Rada, García López de Roncesvalles, García de Eugui o Príncipe de Viana y obras de historiadores: Ambrosio de Morales, Jerónimo Blancas, Garibay, Prudencio de Sandoval, Juan de Mariana, Juan Briz, García de Góngora y Torreblanca, Padre Moret, Joaquín Traggia, José Yanguas y Miranda, Modesto Lafuente, José Oliver y Hurtado, Manuel Oliver y Hurtado, el autor llegó a la conclusión de que salvo García Sánchez y los dos niños, Andrés, hijo de Juan de Labrit, y Martín Phoebo, todos los demás listados en las tablas que acompañaban a los huesos, a saber, Jimeno Íñiguez, Íñigo Arista, García Íñiguez, Fortún Garcés, Sancho Garcés, Sancho Garcés II Abarca, Sancho García, Ramiro Garcés de Viguera, y las mujeres, Muña (esposa de Jimeno Íñiguez), Oneca (esposa de Jimeno Íñiguez), Urraca (esposa de García Íñiguez), infantas Mayor y Jimena, y probablemente Aurea (esposa de Fortún Garcés).
Además del estudio, Gaztelu incluyó en una nota a pie de página de la memoria una especie de manifiesto, en el cual expresó su idea del proyecto de España, basado en la unidad entre el sentimiento religioso y la nacionalidad, y mediante un paralelismo entre la historia de la Reconquista y los conflictos del siglo xix apuntó a las virtudes de los españoles y señaló las causas domésticas que obstaculizaban los avances hacia «un porvenir común». En la carta dirigida a fray José Ignacio Echevarría sostuvo que en el caso de Navarra todas las divergencias desaparecían ante los grandes intereses comunes: la patria, la religión y la monarquía, personificada por la reina Isabel II, «nieta de esos reyes de mil años há, sangre de su sangre». Según la nota introductoria del editor, la idea del traslado fue de agrado de la reina «que tan espontáneamente se ha ofrecido a honrar con su presencia un acto tan solemne». Como es sabido, el traslado a Pamplona nunca se produjo y los restos permanecieron en Yesa hasta 1875 y luego entre 1891 y 1915, durante las obras del monasterio. Desde entonces descansan allí.
La segunda publicación de Gaztelu, titulada «Sobre los restos de antiguos reyes de Navarra hallados en el monasterio de San Salvador de Leyre», apareció en 1882 en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando -(BRABASF). Se trata de una versión abreviada y revisada de la anterior memoria. El resumen contiene el estudio de la veracidad de los enterramientos regios, siendo la principal diferencia respecto al anterior el reconocimiento de todos, incluidos los niños, salvo Sancho Garcés y «algún otro». Aunque la forma de guardar los restos mejoró, el autor volvió a hacer un llamamiento, sin éxito, a que el Estado y la Diputación de Navarra se hicieran cargo del monasterio en estado de abandono y avanzada ruina, y a que la catedral de Pamplona, quizá mediante una intercesión del Gobierno de Su Majestad (Alfonso XII), diese a los restos «refugio que ella encontró en el monasterio de San Salvador de Leyre cuando se vio desolada y arruinada por los infieles como lo está hoy su antigua hermana y bienhechora».
Su tercera y última publicación, bajo un enigmático título «Historia de un naranjo», publicada en 1883 en Revista Euskara, es un ensayo sobre la historia del naranjo plantado por la reina Leonor de Trastámara, esposa de Carlos III el Noble, en el jardín del palacio real de Pamplona a principios del siglo xv y que fue testigo de la guerra civil navarra. En 1499 el árbol fue enviado a París por la última reina de Navarra, Catalina de Foix, como regalo de boda de Ana de Bretaña con el rey de Francia Luis XII. Finalmente el naranjo, conocido ya como el «Gran Condestable» o el «Gran Borbón», fue plantado en Versalles por Luis XIV. Habiendo sobrevivido las tormentas de la revolución, el naranjo fue observado por Gaztelu durante su visita en la capital francesa, adonde viajó en ferrocarril. Lamentablemente, el autor no referenció las fuentes utilizadas para reconstruir esta anecdótica historia.
Obras
Memoria sobre los Reyes de Navarra cuyos restos se hallaron en el Monasterio de Leyre y que han de ser trasladados al Panteón Real de la Catedral de Pamplona, Pamplona: Imp. provincial, 1866.
«Sobre los restos de antiguos de antiguos reyes de Navarra hallados en el monasterio de San Salvador de Leyre», BRABASF, II (1882), pp. 277-286 y 295-298.
«Historia de un naranjo», Revista Euskara (Pamplona), VI (1883), pp. 362-371.
Bibliografía
Del Campo, L., Pamplona durante el reinado de Amadeo I (1871-1873), Pamplona: edición del autor, 1991, pp. 88-95.
García-Sanz Marcotegui, Á., Diccionario Biográfico de los Diputados Forales de Navarra (1840-1931), Pamplona: Gobierno de Navarra, 1996, pp. 395-397.
— «Élites económicas y políticas en la Restauración. La diversidad de las derechas navarras», Historia Contemporánea, núm. 23 (2001), pp. 577-628.
Sin Autor, La reintegración foral de Navarra. Acta de la asamblea celebrada en el Palacio Provincial el día 30 de diciembre de 1918, Pamplona: Imp. provincial, 1919.
Sin Autor, «Gaztelu y Murga, Rafael. Marqués de Echandía», Senado de España. Ed. en línea: https://www.senado.es/web/conocersenado/senadohistoria/senado18341923/senadores/fichasenador/index.html?id1=903 (consultado el 25 de enero de 2021).
VVAA, Gran Enciclopedia Navarra, t. V, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1990, pp. 332-333.
Vázquez de Prada Tiffe, M., «Rafael Gaztelu Murga», Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Ed. en línea: http://dbe.rah.es/biografias/65170/rafael-gaztelu-murga (consultado el 25 de enero de 2021).





