Cargos y oficios
Historiador, genealogista, folclorista.
Trayectoria
Perteneciente a una rama segundona afincada en Arrasate-Mondragón proveniente de un linaje oñatiarra de parientes mayores. Según Juan López de La- zarraga y Pedro Sáez de Puerto Hernani, Oñati estaba dividido en dos bandos enfrentados: los «cervunos» y los «aguillos». El linaje de Garibay encabezaba este segundo bando y de hecho la casa-torre familiar se conocía como Arranoa. El blasón familiar incorporaba a ambos animales, el águila picando sobre el lomo del ciervo, que, una vez se hubieron calmado las luchas banderizas, pasó a ser el escudo de la villa.
El padre de Garibay, llamado Esteban de Zamalloa y Garibay que había sido soldado en las guerras de Italia casó con Catalina de Sagardia. Ambos se caracterizaban por una piedad muy acendrada y la madre por atesorar un rico patrimonio de trasmisión oral compuesto por leyendas, refranes, versos, endechas…, que transmitió a su hijo, además de hacerle interesarse por los acontecimientos del pasado. Un primer detalle de la personalidad de Garibay es el de que prefiriese anteponer este apellido al de Zamalloa por entroncar con un linaje más noble y prestigioso.
El propio Garibay también fue hombre muy piadoso recibiendo las órdenes de prima en 1544 y abandonando los estudios de Derecho civil y canónico, que había iniciado en la recién creada Universidad de Oñati, a instancias de un tío suyo por ser la carrera de leyes «muy peligrosa para el alma». También demostró su celo católico con varias intervenciones como familiar del Santo Oficio a partir de 1559. Los Montoya, la familia de su segunda mujer, también estaban muy relacionados con la Inquisición. Él mismo nos informa de que oía misa a diario. Por lo demás hizo gestiones para la santificación de san Ignacio y colaboró en la fundación del Colegio de la Compañía de Jesús en Toledo, e intentó fundar otro en Arrasate con el legado que había dejado un acaudalado indiano: Juan de Araoz de Uriarte, aunque en este caso fracasó. Pero no se dio por vencido logrando erigir un convento en su villa natal, ya que no de jesuítas, de franciscanos. Por último, demostró un gran interés por las reliquias, haciendo gestiones para el traslado de los cuerpos de santa Leocadia, san Fermín y san Vicente Ferrer.
Aunque inició, como va dicho, estudios jurídicos en Oñati y prosiguió su educación en Vitoria y La Calzada, no parece que llegara a alcanzar ningún grado académico, siendo su formación como historiador casi completamente autodidacta.
En 1556 casó Garibay con Catalina de Asurduy, con la que tuvo un hijo que profesó como religioso, primero cisterciense y luego franciscano, conocido como Fray Prudencio. Murió Catalina en 1572 y dos años más tarde volvió a contraer nupcias con la toledana Luisa de Montoya lo que motivó el traslado de su residencia a la «ciudad imperial». Él tenía cuarenta y un años y ella quince. Tuvieron tres hijos.
Otro aspecto de su personalidad e ideología lo constituye su incondicional adhesión a la monarquía encarnada en Felipe II, lo que, junto a su piedad, sus inclinaciones hacia la Compañía de Jesús y su visceral rechazo a los «hereges», le convierten en la perfecta encarnación de la Contrarreforma, cuya esencia, de hecho, se establece como principal hilo argumental de su actividad intelectual.
Debido a su formación como jurista e historiador y a su decidida actitud fo- ralista actuó en varias ocasiones como consejero de la provincia de Gipuzkoa, fundamentalmente en asuntos relativos a la defensa del orden foral. Una de sus intervenciones más sonadas fue la de 1559, cuando las Juntas generales le enviaron a Toledo, junto al general de los jerónimos, fray Juan de Alzolaraz, a un debate historiográfico sobre el carácter pactado de la unión de Gipuzkoa a la corona castellana en 1200. En efecto, el contador del duque del Infantado, Pedro de Alcocer había publicado un libro en el cual se aseguraba que la incorporación de Gipuzkoa había sido mediante conquista por parte de Alfonso VIII. Garibay y Alzolaraz defendieron la tesis de que habían sido los propios guipuz- coanos los que habían llamado al rey castellano para proponerle la incorporación con las debidas garantías a la foralidad. Según parece los comisionados guipuzcoanos salieron triunfantes en el debate.
Tras ir a probar fortuna a Castilla donde cayó gravemente enfermo, Garibay aprovechó su convalecencia para largas lecturas sobre temas históricos, lo que le orientó definitivamente al estudio sistemático y profesional del pasado. Hay que destacar en cuanto a su método historiográfico que, apartándose de lo que era bastante usual en su época, desdeñó como fuente de información las obras publicadas, crónicas y copias documentales, por hallarlas plagadas de errores y tergiversaciones, prefiriendo la consulta directa de los documentos originales. Además, sometió a la documentación a un análisis más crítico que el de la mayor parte de los historiadores coetáneos. Este método le llevó a tener que viajar por toda la península ibérica para poder consultar la documentación en los archivos en los que se encontraba depositada.
Resulta chocante que en lugar de iniciarse como historiador en temas locales y sencillos se embarcase en su primera obra en un proyecto de grandes dimensiones, que Garibay echaba en falta en el panorama historiográfico de su tiempo: una historia general de España desde la llegada de Túbal a la península ibérica hasta sus días. De hecho, el Compendio historial fue una de las pocas obras suyas que pudo ver editada, la que le dio fama y le procuró el favor del rey y el (tardío) nombramiento de Cronista de Su Magestad en 1592. De hecho, este ansiado puesto fue solicitado por Garibay hasta en tres ocasiones, la primera en 1576.
Parece ser que el Compendio estaba terminado para 1566, momento en el que Garibay inició el complicado proceso de su impresión. Según sus cálculos la empresa podía costar unos 3.000 ducados, cantidad muy respetable de la que no disponía. Solicitó ayuda económica primero a la Provincia de Gipuzkoa, que rehusó dársela, y luego directamente a Felipe II que le informó de que «no había disposición». Simultáneamente los años de 1568 y 1569 los pasó dedicándolos a la cosa pública al servicio de Gipuzkoa, como alcalde de Mondragón y alcalde de sacas de la frontera. En 1570 decidió publicar el Compendio a sus expensas para lo que se embarcó en un penoso viaje a Amberes, lugar donde trabajaban los mejores impresores del Imperio. La obra de Garibay se imprimió en el taller de Plantino, uno de los mejores profesionales de este ramo a la sazón. La impresión, muy complicada, tardó sin embargo poco tiempo y estaba terminada al cabo de un año. Los problemas empezaron a la hora de pagarla. Como Garibay no poseía los casi 4.000 ducados que había costado pidió un crédito y, como no pudiese afrontar su devolución, amén de perder parte de la edición y de pasar por la cárcel un breve lapso de tiempo, sufrió el embargo de los bienes que tenía en Mondragón en 1578, aunque luego, en 1581, consiguiera dejar sin efecto el embargo.
A partir de 1574 se inició la segunda parte de su vida, que transcurrió entre Toledo y la Corte, en el contexto de su segundo matrimonio y de su cada vez mayor apoyo a los intereses de la Monarquía y a la persona del rey Felipe II, formando parte de la clientela del poderoso consejero Juan de Idiaquez. También durante estos años se imprimieron algunos de sus trabajos, fundamentalmente relativos a genealogías reales, y logró una pensión vitalicia por parte del rey que normalizó su precaria situación económica. Obtuvo, además, los cargos de bibliotecario, aposentador y finalmente cronista real.
Mucho de lo que escribió Garibay permaneció inédito durante siglos y otra gran parte de ello aún no ha sido editado. La mayor parte de esta obra no publicada se guarda en el Academia de la Historia bajo el título de Grandezas de España. Tardíamente se editó el tomo XI de estas Grandezas bajo el título de Los siete libros de la progenie y parentela…, una especie de «Memorias» dirigidas a sus hijos, que constituyen desde la perspectiva actual uno de sus trabajos más interesantes; constan de dos partes diferenciadas, una genealógica y otra autobiográfica. Ambas están dedicadas al auto-enaltecimiento, pero, probablemente sin pretenderlo, nos ofrecen un panorama de la sociedad y la mentalidad de la época verdaderamente remarcables.
Como historiador resulta ambiguo. Por una parte, utiliza una metodología moderna basada en la consulta directa de los documentos originales, mientras que por otra resulta arcaizante en el sentido de cimentar su relato en una concepción genealógica tubalina de fundamentos bíblicos. De hecho, la articulación genealógica es cenital en su obra. La concatenación familiar justificaba para Garibay la ordenación del mundo, y así se dedicó preferentemente a reconstruir las genealogías de reyes y notables, pero también la suya propia y las de sus dos esposas. En el caso de la segunda, cuyo apellido Montoya podría hacer dudar de su completa limpieza y oriundez plenamente «ibérica», Gari- bay no descansó hasta que descubrió que la familia era originaria de la Ribera de Álava. En cualquier caso, el método genealógico se presenta como central en el quehacer historiográfico de Garibay. Desde luego que Garibay ocupa un lugar de honor en las interpretaciones vasco-iberistas y vasco-cantabristas derivadas de la especulación tubalina. Defensor del origen caucásico de los vascos, identificaba Vasconia con la antigua Cantabria y por ende la vinculaba a la independencia vascona frente a la conquista romana y pretendía que en la Antigüedad los iberos ocupaban toda la Península y hablaban vasco (el idioma traído por Túbal), con lo que los vascos serán los españoles originarios puros y la lengua vasca sería la única hablada en toda la España antigua.
La lengua vasca se erige así en el principal elemento probatorio del entramado tubalino esgrimido por Garibay. No es de extrañar, por tanto, que Garibay sea uno de los primeros tratadistas vascos en mostrar interés por esta lengua, incluyendo en su vasta obra algunos elementos relativos a la misma. Para empezar, Garibay fue el primer paremiólogo vasco, ofreciéndonos una colección bastante extensa de refranes y sentencias. Para seguir, en ocasiones para probar las raíces tubalinas del euskera y en otras simplemente para aclarar al lector el sentido de ciertos topónimos o sobrenombres, Garibay se apresta a una labor muy querida por los apologistas vascos: la de etimologicista de esta lengua. Sus propuestas etimológicas y las traducciones de nombres de personas y de lugar son a veces disparatados, en otras ocasiones no tanto y en otras más perfectamente correctas. Además, en su relato histórico, sobre todo el referido a la historia más cercana del País Vasco, Garibay incluyó unos textos que corrían por trasmisión oral y que, si bien desde un punto de vista de su contenido histórico tienen un interés más bien escaso, desde el de historia de la lengua son absolutamente fundamentales: viejos cantares, sobre todo «endechas de muge- res», elegías cantadas por mujeres bertsolaris referidas a difuntos por lo común de posición social distinguida. Son los primeros textos vascos conocidos que, aunque recogidos a mediados del siglo xvi se originaron entre uno y dos siglos antes. Para completar esta faceta del Garibay conocedor y recopilador de ciertos aspectos de la «sabiduría popular», es decir del folclore, escribió este un conjunto de cuentos cortos que quedaron inéditos en su tiempo y cuya autoría se ha discutido, pero que encajan perfectamente en esta su faceta de folclorista.
Un último aspecto garibaidiano que también tiene que ver con la cultura popular es la locución castellana «estar como el alma de Garibay» referida a personas carentes de estabilidad o puesto adecuado a su condición, así como a personas indefinidas, irresolutas o ambiguas. Según las creencias populares, un sujeto que había concebido obras tan eruditas y extensas no podía haber realizado tal obra sin ayuda sobrenatural, concretamente con la del Diablo. Esto unido a que su caserón de Arrasate quedara abandonado tras su muerte y en el que nadie quería vivir pues se oían ruidos extraños, conformó la leyendaMde que su alma, al morir, no la quiso ni Dios ni el Diablo, quedando errante en un limbo a medio camino entre el cielo y el infierno. Esta leyenda fue recogida por autores barrocos como Quevedo, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón y posteriormente por románticos como Larra, lo que popularizó la frase, aplicada a situaciones ambiguas, de «estar como el alma de Garibay».
Obras
Los XL libros d’el Compendio historial de las Chronicas y vniuersal Historia de todos los reynos de España / Compuestos por Esteuan de Garibay y Qamálloa, de nación Cántabro, vezino de la villa de Mondragón, de la provincia de Guipúzcoa, Anueres: Christophoro Plantino…, 1571. Reed. Barcelona: Sebastián de Comellas, 1628. Ed. facsímil, Bilbao: Gerardo Uña, 1988.
Letreros e Insignias Reales de todos los serenissimos Reyes de Obiedo, León y Castilla, para la Sala Real de los alcafares de Segovia, ordenados por mandado del Catholico Rey nuestro señor Don Philipe el II. Monarcha de España, y del nuevo Orve, siendo alcayde perpetuo dellos Don Diego Fernandez de Cabrera y Bovadilla, conde de Chinchon, Madrid: Imprenta de Luis Sánchez, 1593. Ed. facsímil, Segovia: Patronato del Alcázar, 1993, con estudio introductorio de F. Collar de Cáceres.
Libro de Retratos de los Reyes del Alcázar de Segovia, 1594. Ed. facsímil, Madrid: Edilan, 1985.
Illustraciones genealogicas de los catholicos reyes de las Españas y de los christianissimos de Francia y de los emperadores de Constantinopla, hasta… don Philipe el II y sus… hijos, las mesmas hasta sus altezas de muchos sanctos confessores de la Iglesia Catho- lica Romana… / compuestas por Esteuan de Garibay…, Madrid: Luis Sánchez, 1596. Reimpr. Barcelona: Puvill, 1974.
Las glorias nacionales: grande historia universal de todos los reinos, provincias, islas, y colonias de la monarquía española, desde los tiempos primitivos hasta el año de 1853…: ilustrado todo con el Templo de las glorias españolas. Barcelona: Librería histórica,t. 3, pp. 383-516.
Ilustraciones genealógicas de Garibay referentes a solares vascos, Guerra, J. C. (ed.), San Sebastián: Nueva Editorial, 1933.
Los siete libros de la progenie y parentela de los hijos de Estevan de Garibay, chronista del catholico rey nuestro señor don Philipe el segundo, natural de la villa de Mondragon en Guipuzcoa, por sus lineas masculinas y femenina, y discursos mas notables del mesmo compuestos por el. Con otras progenies de diversas familias de la mesma villa, y de la de Oñate, y de los valles de Aramayona y Leniz, y provincia de Alava, y de otras partes, para mayor luz de estos discursos. Y muchos apuntamentos de antigüedades, dignos de ser savidos para su mejor ornamento y autoridad. Editado como: Memorias de Garibay. Refranes vascongados recogidos y ordenados por Esteban de Garibay y Qamalloa, Cronista de S. M., Memorial Histórico español: Colección de documentos, opúsculos y antigüedades, que publica la Real Academia de la Historia, Madrid: José Rodríguez, t. VII, Memorias: pp. 1-626; Refranes: pp. 627-646. Reproducción facsímil en Valencia: Librerías París, 1995.
Discurso de mi vida, Moya, J. (ed.), Bilbao: Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea, 1999.
Los siete libros de la progenie y parentela de los hijos de Estevan de Garibay, Achón, J. A. (ed.), Arrasate-Mondragón: Arrasateko Udala, 2000.
Cuentos. Sainz de Robles, F. C. (ed.), Cuentos viejos de la vieja España (del siglo xiii al siglo xviii), Madrid: Aguilar, 1943, p. 575.
Behin errementari batek. Garibairen istoriotxoak. Adaptación de los cuentos al euskera por Urkizu, P., Donostia: Txertoa, 1987.
Refranes vascongados, recogidos por Esteban de Garibay, Euskal Erria, LI (1904), p. 454. Sales españolas o agudezas del ingenio nacional, Paz y Meliá (ed.), t. II, Madrid: Biblioteca de Autores Españoles, 176, 1890.
Urquijo, J. de, El refranero vasco. Los refranes de Garibay, San Sebastián: Martín de Mena y Compañía, 1919.
El refranero vasco. Tomo I: Los refranes y sentencias de 1596, San Sebastián: Auñamendi, 1964.
Grandezas de España: noticias de los títulos y casas ilustres en ella y otras particularidades. Real Academia de la Historia, Colección Garibay 9-10-2 y 9-10-3, 2102-2111, XI tomos. Inédita.
Bibliografía
Achón Insausti, J. A., «Garibay en su contexto histórico. Estudio introductorio», Garibay, E. de, Los siete libros de la progenie y parentela de los hijos de Estevan de Garibay, Arrasate-Mondragón: Arrasateko Udala, 2000, pp. 13-61.
Arocena, F., Garibay, Zarauz: Itxaropena, 1960.
Bazán, I. (coord.), El historiador Esteban de Garibay, Donostia: Eusko Ikaskuntza, 2001. Caro Baroja, J., Los vascos y la historia a través de Garibay (Ensayo de biografía antropológica) , San Sebastián: Txertoa, 1972.
MÚgica, S., «Garibay como vascófilo y etimólogo», Revista Internacional Estudios Vascos, 23 (1932), pp. 620-625
Zubiaur, J. R., Las ideas lingüísticas vascas en el siglo xvi: Zaldibia, Garibay, Poza, San Sebastián: Universidad de Deusto, 1990.
Cita bibliográfica
Madariaga Orbea, J., “Garibay y Zamalloa, Esteban”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 442-447.





