Cargos y oficios
Señor de la casa de Salazar, pariente mayor banderizo, jefe militar y cronista.
Trayectoria
Este personaje representativo de la nobleza vasca bajomedieval era hijo de Ochoa de Salazar y Teresa de Muñatones. Fue un hombre corpulento —medía cerca de dos metros de altura— y vigoroso. Su vida estuvo marcada por el conflicto, el ruido y la violencia. Desde muy joven participaría en los complejos enfrentamientos propios de la Lucha de Bandos, sobre todo en Bizkaia y en la vecina Cantabria. Solo tenía dieciséis años cuando peleó en su primer combate, en Santullán, contra los marroquines. Al año siguiente, en 1417, se estrenó como homicida, dando muerte a Lope Ochoa de Mendieta con un rallón. No fue puro amor a la gloria, ya que se hizo con los cargos y rentas de patronato de su víctima, a la que seguirían muchas más. Implicado en numerosos encuentros locales, fue ganando fama e influencia política en el Señorío. En 1451 se opuso al nombramiento de Juan Hurtado de Mendoza como corregidor de Bizkaia, contribuyendo a que tal designación fuese anulada. Pronto se le complicarían las cosas.
En 1456 los cabezas de linaje más prominentes desafiaron a las villas gui- puzcoanas, que deseaban imponer un nuevo orden jurisdiccional. A pesar de no figurar en el acto, el conflicto afectaba a Lope García, entre otras razones, en la medida en que era un notorio aliado y pariente político de uno de los desafiadores, Juan Alonso de Butrón, señor de Múgica y Aramayona. En 1457 Enrique IV desterró a nuestro biografiado a Jimena de la Frontera, en Andalucía. Después de diversas y enrevesadas peripecias, se beneficiaría, con otros exiliados, de un perdón regio en 1460. Su presencia en el juego político del Señorío aún se mantendría durante algunos años.
Era un hombre poderoso y rico para los estándares vizcaínos. Desempeñó los cargos de preboste de Portugalete y merino de Castro Urdiales. Fue vasallo de los reyes de Castilla, a los que debía servicios militares a cambio de rentas. Sus intereses económicos se extendían por el valle de Somorrostro —donde se hallaba la torre de San Martín de Muñatones, la más emblemática de su linaje—, Galdames, Sopuerta, Portugalete, Karrantza, Saltzedo, así como por el valle alavés de Valdegovía y la villa cántabra de Castro Urdiales. Tierras de cereal, viñedos, manzanales y encinares integraban su patrimonio, junto a la explotación de ferrerías y las rentas generadas por peajes que gravaban la circulación de mineral de hierro. Sus patronatos parroquiales en Abanto, Barakal- do, Muskiz y Zierbena le proporcionaban no poco ascendiente en la vida local, con lo que suponía de control de rentas y de almas.
Su vida familiar fue tormentosa y desgraciada. Contrajo matrimonio en 1425 con Juana de Butrón, hija del cabecilla oñacino Gómez González de Butrón. De esta unión nacieron, al menos, tres hijas y seis hijos. A ellos se sumarían los descendientes de sus muy numerosas relaciones extramatrimoniales —parece que, en algún momento llegó a convivir hasta con siete amantes a la vez, a las que alojaba en su torre de Muñatones—. Nuestro personaje instituyó el mayorazgo del linaje en su hijo Lope de Salazar en 1452, cuya vida se malograría en la batalla de Torrellas en 1462. Otros tres hijos —Ochoa, Gonzalo y Fernando el Vorte— perecerían en la batalla de Elorrio en 1468.
En este contexto, desaparecido Lope de Salazar, surgiría un grave conflicto familiar por determinar quién obtendría el mayorazgo. Uno de los hijos legítimos supervivientes, Juan el Moro, reivindicaba para sí los derechos de herencia, con el respaldo de su madre, Juana de Butrón, y de su hermano Pedro. Inicialmente, el padre se resistió a esta demanda. Fue apresado y encerrado en la torre de Muñatones. Acabó cediendo y en 1471 instituyó un nuevo mayorazgo, ahora para su hijo Juan. Sus condiciones de encierro eran lamentables. Indomable, intentó huir, pero sin éxito. Sus familiares, para controlarlo mejor, debieron de trasladarlo a la torre de Salazar, en Portugalete, donde protagonizó otra intentona fracasada de fuga. Acabaría muriendo en 1476 con una hija bastarda de doce años que le atendía, envenenado durante una comida. Fue enterrado en la iglesia de San Martín de Muñatones, tal como era su voluntad.
La vida de Lope García de Salazar no se limitó a peleas y pleitos, a la búsqueda de honores, bienes e influencia. Halló tiempo para dedicarse a su pasión por la historia, no del todo desinteresada, puesto que hizo de sus libros un arma justificativa y propagandística, tanto de su persona como de su grupo social. Dos obras se le atribuyen: la Crónica de las siete casas de Vizcaya y Castilla, también conocida como Crónica de Vizcaya, y el Libro de las buenas andangas e fortunas —hasta la fecha reciente titulado Las bienandangas e fortunas—. La primera debió de ser redactada en 1454, cuando el autor se hallaba en la cima de su poder. La segunda, que constituye su magnum opus y le convierte de pleno derecho en el «primer historiador de Bizkaia», fue escrita a partir de julio de 1471 y le ocupó los penosos años de su cautiverio, en el declinar de su vida.
La Crónica de Vizcaya tiene un alcance geográfico limitado y, en ocasiones, muy vinculado a las relaciones familiares del autor. Por sus páginas desfilan los señores de Bizkaia pertenecientes a la casa de Lara, seguidos por las informaciones concernientes a los linajes de Ayala, Butrón, Salcedo y Zamudio, sin que falte el solar de Muñatones, estrechamente asociado a la casa de Salazar.
Por su parte, Las buenas andanzas e fortunas narran, con un planteamiento más ambicioso, nada menos que una historia del mundo, que arranca en el Génesis y termina en la Bizkaia bajomedieval. La obra se compone de veinticinco libros o capítulos, subdivididos en títulos. Los diecinueve primeros libros, los menos originales, recogen el Antiguo Testamento, el asedio de Troya, la historia de Grecia y de Roma, así como de los reinos de Francia y de Inglaterra, para seguir con la península ibérica, desde sus más míticos orígenes, a la formación y desarrollo de los reinos cristianos medievales. A partir del vigésimo libro empieza la materia vasca propiamente dicha y, sobre todo, vizcaína. Esta parte es la más valorada por los historiadores actuales. Lope García de Salazar expone los orígenes legendarios del Señorío, relativos a la batalla de Arrigorriaga y la elección de don Zuria. Del mismo modo, nos informa de las genealogías de los linajes vascos y cantábricos. Asociando lo particular a lo general, incluye en este libro la historia de la casa y solar de Muñatones y del linaje propio de Salazar. Los cinco libros restantes refieren de manera pormenorizada y truculenta los enfrentamientos protagonizados por los hidalgos vizcaínos y, en menor medida, guipuzcoanos y cántabros. Al mismo tiempo, en estrecha y compleja interrelación con las familias nobiliarias y sus bandos, aparecen alusiones al mundo de las villas, así como a las iniciativas de las hermandades y de los representantes de la corona castellana en sus esfuerzos por pacificar los territorios vascos costeros. Para la consulta de la obra, hoy día disponemos de la esmerada edición crítica de la obra publicada por la profesora de la UPV/EHU María Consuelo Villacorta, resultado del laborioso cotejo de cuarenta y seis manuscritos de los siglos xv al xviii.
En su exposición de hechos sobre lo que podríamos llamar «materia vasca» Lope García no sigue siempre una lógica fácil de apreciar. En cinco últimos libros su relato se disemina en un gran número de títulos, que parecen disponerse de acuerdo a la identificación de los linajes implicados. Dentro de cada título, el autor narra episodios datados —cuando lo hace con precisión— por el estilo cronológico del Año del Señor, probablemente marcando el inicio del año el día de Navidad, según era uso común en la época en la Corona de Castilla.
La erudición filológica e histórica ha realizado un gran esfuerzo por identificar las fuentes de información que utilizó Lope García de Salazar. Una parte de ellas —la más original— procede de sus propios recuerdos personales, ya que participó en muchos de los acontecimientos que narra. Es verosímil que aprovechase testimonios orales aportados por personajes con los que trató durante su vida, implicados en los juegos de poder del Señorío, así como historias locales, transmitidas de generación en generación.
Según él mismo reconoce, se esforzó, sin escatimar gastos, por reunir el mayor número posible de textos cronísticos y literarios que le resultasen de utilidad para el estudio de la historia. Se han identificado influencias claras de la labor cronística de Alfonso X el Sabio, de Pero López de Ayala y del conde portugués Pedro de Barcelos. Lope García se hizo eco de las tradiciones literarias medievales correspondientes a los ciclos clásico, artúrico y carolingio, sin excluir la inspiración procedente de la épica castellana. Hay un eco de la llamada literatura sapiencial, apreciable en una coincidencia con el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. El autor recurre a todo este material, que inserta, con algunas variantes, en sus relatos sin ningún tipo de depuración crítica.
Con todo, es variada la utilidad que para el historiador y el filólogo presenta la obra de Lope García de Salazar, en especial las Buenas andangas. Por un lado, el análisis de sus fuentes de información, antes mencionado, permite seguir la transmisión de tradiciones literarias de origen hispano y europeo, y su difusión por el País Vasco. Por otro, es una base irrenunciable, combinable a veces con la documentación jurídica escrita, para el conocimiento de la sociedad vasca del medievo tardío, sobre todo en sus niveles aristocráticos. Los relatos genealógicos del banderizo del valle de Somorrostro arrojan luz sobre los intrincandos lazos familiares y las filiaciones de los hidalgos del Señorío y sobre las conexiones entre linajes, como cimientos de sus alianzas y solidaridades. Las Buenas andangas nos hablan también de deslealtades, traiciones y cambios de facción. A partir de ahí puede el lector asomarse a los valores éticos y mentalidades de este grupo social. La guerra privada entre los miembros de las elites locales aflora una y otra vez en las páginas de Lope García. De hecho, su relato está plagado de episodios de combates, emboscadas, asedios y asaltos —a menudo modestos—, en los que cabe estudiar sistemas de movilización, tácticas, estratagemas y armamento.
Al mismo tiempo, en la medida en que esta violencia es una manera de reparar agravios, estas narraciones nos revelan el funcionamiento de una manera de hacer justicia que no es la ejercida por la corona y las autoridades de las villas. Asimismo, en los últimos títulos aporta noticias que, apartándose de las cuestiones que trata habitualmente, informan sobre sequías y hambrunas, movimiento naviero y comercial, tributación regia y oscilaciones del valor de la moneda en Castilla.
Todo juicio de la obra de Lope García habrá de tener en cuenta su intención política, al servicio de los intereses de los hidalgos banderizos vizcaínos. Tal propósito aparece con nitidez —entre otros ejemplos ilustrativos— en el relato sobre la mítica batalla de Arrigorriaga, cuyas fuentes ya se han mencionado, con variantes según se trate de la Crónica de Vizcaya o de las Buenas andangas. Un líder llamado don Zuria, de ascendencia principesca escocesa por vía materna, moviliza a los vizcaínos para hacer frente a un hijo del rey de León que había invadido el territorio. Obtiene una victoria rotunda y sangrienta en Padura, que pasaría a llamarse por ello Arrigorriaga, en alusión al color rojo —gorria— de la sangre derramada por los combatientes. A continuación, don Zuria y los hidalgos vizcaínos se reúnen en Gernika donde deciden tomar a su jefe victorioso por señor y reconocerle poder jurisdiccional, siempre que respete sus libertades y derechos. Además, acuerdan con él una distribución de tierras y rentas. Sin duda alguna, esta leyenda fundacional pretende justificar un concepto pactista del poder —los hidalgos como actor colectivo que negocia en Gernika con la corona desde los tiempos más remotos—, lo cual resulta muy útil para tratar con la monarquía, y defiende la hegemonía de los linajes banderizos en el Señorío, precisamente en un momento en el que las villas y las hermandades la ponían en cuestión. Siguiendo en esta línea tampoco son inocentes los títulos que cierran las Buenas andangas, alusivos a los derechos de patronato que los hidalgos vizcaínos ejercían sobre sus iglesias y monasterios, fuente indudable de renta e influencia en la comunidad local.
Obras
Crónica de las siete casas de Vizcaya y Castilla escrita por Lope García de Salazar, Madrid: Rivadeneira, 1914. También editado en Revista de Heráldica y Genealogía Española, 3 (1914), pp. 24-30, 66-71, 130-134, 171-173, 218-222 y 258-260.
Las dos primeras crónicas de Vizcaya, Aguirre Gandarias, S. (ed.), Bilbao: Caja de Ahorros Vizcaína, 1986.
Las Bienandangas e Fortunas que escribió Lope García de Salazar estando preso en la su torre de Sant Martín de Muñatones, Camarón, M. (ed.), Madrid: Gabriel Sánchez, 1884.
Las Bienandanzas e Fortunas, Rodríguez Herrero, A. (ed.), Bilbao: Diputación Foral de Bizkaia, 1984, 4 vols.
Edición crítica del Libro de las buenas andangas e fortunas que fizo Lope García de Salazar (Títulos de los libros XIII, XVIII, XX, XXI, XXIV y XXV), Villacorta Macho, M.a C. (ed.), Bilbao: Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea, 2005.
Libro de las buenas andangas e fortunas que fizo Lope García de Salazar, Villacorta Macho, M.a C. (ed. crítica, estudio y notas), Bilbao: Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea, 2015.
Bibliografía
Aguirre Gandarias, S., Lope García de Salazar: el primer historiador de Bizkaia (1399-1476), Bilbao: Diputación Foral de Bizkaia, 1994.
Bazán Díaz, I., «La historiografía medieval vasca y su influencia en la obra de Garibay», El historiador Esteban de Garibay, Donostia-San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 2001, pp. 75-122.
MañaricÚa, A. E. de, Historiografía de Vizcaya (Desde Lope García de Salazar a Labayru), Bilbao: Editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1973, 2.a ed. Reed. ampliada, Bilbao: Universidad de Deusto, 2012.
Munita Loinaz, J. A., «Fuentes cronísticas para el estudio del País Vasco en la Edad Media», Barruso BarÉs, P., y Lema Pueyo, J. A. (eds.), Historia del País Vasco. Edad Media (siglos v-xv), Donostia-San Sebastián: Hiria, 2004, pp. 51-110.
Villacorta Macho, M. C., «La conciencia histórica de Lope García de Salazar: partidismo político y justificación personal en el Libro de las buenas andanzas e fortunas», Díaz de Durana, J. R., y Reguera Acedo, I. (eds.), Lope García de Salazar: banderizo y cronista. Actas de las II Jornadas de Estudios Históricos «Noble Villa de Portugalete», Portugalete: Ayuntamiento de Portugalete, 2000, pp. 181-208.
Cita bibliográfica
Lema Pueyo, J. Á., “García de Salazar, Lope», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 220-224.





