Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras navarros

GARCÍA DE EUGUI (s. l., s. f. – s. l., c. 1409).

Cargos y oficios

Monje agustino, confesor de Carlos II de Navarra y de su hijo y sucesor, Carlos III. Obispo de Bayona (1384).

Trayectoria

Autor de la que se considera primera crónica de Navarra o Recuenta de la genealogía de los reyes de Navarra, que figura como apéndice de su Crónica de los fechos que fueron fechos antigament en Spayña o Crónica General de España; atribuyéndosele el inicio de la tradición historiografía navarra.

El origen y procedencia de García de Eugui, desconocidas hasta la fecha, no impiden aseverar que era un fraile agustino navarro (¿oriundo de Eugui?, valle de Esteríbar) vinculado a los círculos de la monarquía Evreux en la se­gunda mitad del siglo xiv pues, la primera de las referencias documentadas del personaje, le sitúan recibiendo por parte del infante Luis (1341-1376), hermano del monarca Carlos II (1349-1387), una dotación para ir a estudiar, probable­mente Teología, a Castilla (1359), aunque sin determinar su destino (¿Sala­manca, Valladolid?). El carácter cortesano y la sintonía personal con Carlos, convirtieron a García, prior de los Agustinos de Pamplona (1370), en uno de sus hombres de confianza y diplomáticos que le sirvieron más cercanamente a partir de 1375. Las embajadas y viajes a Normandía y Castilla, especialmente a este último territorio, se sucedieron dentro del avispero de intereses del esce­nario internacional del conflicto anglofrancés, siendo así agente y testigo activo de capítulos importantes en sus réplicas peninsulares, dentro del contexto del Tratado de Briones (1379) y El Espinar (1385), la batalla de Aljubarrota (1385) o el Tratado de Estella (1386).

Las concesiones monetarias y graciosas regias por los servicios del agustino fueron cuantiosas y generosas, según refiere la documentación; pero quizá el mayor de los honores recibidos fuese la promoción monárquica al episcopado de Bayona, confirmada por el papa Clemente VII de Avignon el 12 de febrero de 1384. Sin embargo, el cargo, adscrito a una plaza bajo dominio inglés, fue más bien estratégico dentro de los intereses políticos navarros. Su ascendencia sobre el rey Carlos, marcada por su papel como confesor, desde al menos 1375, y la fidelidad probada a su señor natural durante el desempeño de las misiones confiadas, dieron lugar a que fuese nombrado su albacea y designado regente, junto al alférez, Carlos de Beaumont, sobrino del rey y conde de Beaumont– le-Roger, tras la muerte del monarca. Carlos III (1387-1425), hijo y sucesor de aquel, lo siguió manteniendo en su corte en calidad no solo de confesor, sino también de diplomático en activo hasta, más o menos el año de su coronación, que tuvo lugar en la catedral de Pamplona el 13 de febrero de 1390. Nombrado tutor del infante Carlos (1398), primogénito del rey, que moriría temprana­mente (|1402), se mantuvo como cura animarum de la familia Evreux hasta su muerte, según las actividades que protagonizó, por ejemplo, al presidir la pro­cesión de traslación del Lignum Crucis y de un fragmento de las vestiduras de Cristo a la catedral pamplonesa, regaladas por el emperador Manuel Paleólogo (1400), o al casar a la infanta Juana, hija extramatrimonial del rey, con íñigo Ortiz de Zúñiga (1403).

Aegnus Ward, que hizo un estudio y edición crítica de la Crónica de Espa­ña, publicado en 1999, señala que se trata de un texto complejo en lo tocante a su naturaleza originaria, fecha de realización e intencionalidad. Resalta, no obstante, la centralidad del reino de Navarra como una entidad histórica pe­ninsular legítima en el argumento del cronista, lo que puede llevar a pensar que se compuso hacia 1390, bajo el patrocinio de Carlos III, con el objeto de situar su proyecto político en el concierto hispano. Sin embargo, la estancia del fraile Eugui en Castilla, durante los años sesenta, momento en el que pudo tener con­tacto y leer las fuentes históricas castellanas, caso de la versión castellana del Liber Regum, así como la barrera cronológica formal marcada por la ausencia de sucesos fundamentales de los años setenta, como la batalla de Nájera (1367), mantienen la incertidumbre sobre nuestro autor. Ello no es óbice, tampoco, de descartar que, aunque redactada en la década de los sesenta, fuera retocada, con algunos añadidos, una vez que abandonada su intensa vida diplomática a partir de su asentamiento en la corte de Carlos III, pues no hay que esperar a la liquidación de los asuntos navarros en el continente para descubrir la ne­cesidad de la afirmación política del reino dentro de la realidad propiamente hispana.

Se conservan en la actualidad dos manuscritos que contienen la Crónica General de España y la Genealogía de los reyes de Navarra (Ms. E. Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y Ms. N. Biblioteca Nacio­nal), y nueve que recogen solo el texto relativo a la genealogía navarra (Ms. R, A y H, de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia; Ms. B, C de la Bibliote­ca Nacional; Ms. P de la Biblioteca General de la Diputación Foral de Navarra; Ms. del Archivo Real y General de Navarra; Ms. D de la Bibliotheque Nationale (París) y Ms. W de una colección privada).

La estructura e hilo argumental de la crónica quedó marcada por la selec­ción de materiales que hizo el autor a partir de las fuentes que utilizó, y que fueron principalmente la Estoria de Espanna hecha a instancias de Alfonso X de Castilla, De Rebus Hispaniae de Rodrigo Jiménez de Rada, en la versión tra­ducida y conocida como Estoria de los Godos y el Liber Regum o Libro de las Generaciones (c. 1240), así como otras menores. La autoría del conjunto de la crónica de García de Eugui ha llegado a ponerse en duda, situándolo más bien como «figura autorial» de la crónica, si bien este punto es discutible, más con­cretamente en relación al apéndice genealógico de los reyes de Navarra.

El relato, desigual, sintético y selectivo, se articula sobre los principales episodios de la historia romana, goda y castellano-leonesa, a la que se añade el apéndice navarro. Así el texto incluye diez apartados: a) Introducción y des­cripción de las Seis Edades del hombre; b) el Génesis, Noé y su generación; c) la historia legendaria de España con las hazañas de Hércules, Espan y la reina Elisa Dido, así como la primera presencia romana peninsular prestando especial atención a la Segunda y Tercera Guerra Púnica; d) desde la guerra civil romana hasta el rey godo Eurico, incluyendo la etapa imperial con espe­cial atención a Constantino y a la entrada de los godos en la Península; e) del rey Recaredo a Rodrigo; f) la leyenda de Wamba; g) la muerte del rey Rodrigo; h) la conquista musulmana de la península ibérica y los reinados de Alfonso I de Asturias hasta Fernando III de Castilla y León (711-1252); i) del reinado de Alfonso X al de Alfonso XI (1252-c. 1344) y la carta del califa de Bagdag al sultán benimerín antes de la batalla del río Salado; y finalmente, j) la Genealogia de los reyes de Navarra, objeto esta última de una edición por parte de C. Orcástegui.

El conjunto de los especialistas que ha estudiado la crónica están de acuer­do en afirmar en que esta se caracteriza, a pesar del esfuerzo recopilatorio y erudito, por acopiar información selectivamente y contener bastantes impreci­siones y lagunas temáticas y cronológicas, además de observarse un interés y tónica comunes por las historias legendarias, los acontecimientos eclesiásticos y por reorganizar motu proprio los materiales obtenidos a partir de las fuentes históricas manejadas. Por ello, cabe destacar que quizá el interés de esta cróni­ca no esté tanto en la originalidad de los contenidos y composición estructural, adversamente criticadas por la historiografía del siglo xx, sino en las motiva­ciones y sustento ideológico para llevar a cabo una compilación como esta. El análisis y valor de la misma, especialmente la Genealogía de los reyes de Na­varra, no se ciñe exclusivamente a su tradicional consideración como recurso narrativo principal para la redacción de la Crónica del Príncipe de Viana y tam­bién para la Crónica del monje de Nájera, Pedro de Valencia (1400). De fondo, este repertorio cronístico tuvo una mano directora con la finalidad de construir y generar una obra que destilase el interés por situar a la casa de Evreux dentro de la memoria histórica española creada a partir de la tradición alfonsina, mo­delo y discurso historiográfico de gran peso en el siglo xiv. Ello se demuestra, por ejemplo, a partir de la atención al reino de Navarra que manifiesta el autor a lo largo del texto y que comienza en el apartado h), que refiere la creación y desarrollo de los primeros reinos cristianos peninsulares, cuando al mencionar al rey Alfonso III, hijo de Ordoño II, indica que Item los navarros levantaron por rey de Nabarra a don Yenego Ariesta, o cuando al narrar la herencia de San­cho III el Mayor, enfatiza la primacía navarra dentro del espacio hispánico. Tampoco olvida mencionar las conquistas castellanas de Alfonso VIII a Sancho VII el Fuerte (1198-1200). De esta forma, su relato va trenzando e incluyendo sobre el marco general hispánico la presencia y significancia de este reino, al cual prestará una atención monográfica en la parte final de su volumen, y repi­tiendo alguno de estos episodios [apdo. j)].

La Genealogía o Recuenta de la genealogía de los reyes de Navarra, incluye un catálogo de los reyes de Navarra, desde Iñigo Arista hasta la muerte de Car­los II (c. 810-1387). C. Orcástegui, en su edición, trabajó sobre el Ms. E, divi­diendo en veintidós capítulos el manuscrito, siguiendo el orden de los reinados según la estructura iniciada en la crónica hispánica que le precede. Al igual que el relato del que parte, este corpus genealógico navarro, se nutrió además de una serie de fuentes que se han identificado con la Crónica de los Estados Peninsulares o Crónica Aragonesa de 1305 y de la Crónica de San Juan de la Peña. No obstante, se desconoce de dónde se extrajeron las leyendas y algunas de las noticias que se constatan a partir del relato del reinado de Enrique I (1270-1274), momento en el que se da paso a una mayor síntesis del contenido e hilos argumentales. Un buen ejemplo de ello, así como del estilo crítico y textual del autor al que hemos hecho referencia, son los últimos párrafos de la crónica, que exponen el reinado de Carlos II, del cual da parte selectivamen­te y muy abreviadamente, omitiendo pasajes históricos fundamentales, pero también controvertidos (prisión en Francia y guerra con Castilla, por ejem­plo), configurando, de esta forma, un personaje que, sopo bien lebar su regno et goardarlo de domaje. Item, este rey don Carlos de Nabarra murió en Pomplona así desheredado de lo que a élpertenescía aver et en el regno de Frangía. Todo ello refuerza la idea de la confección historiográfica al servicio del linaje reinante en Navarra.

En última instancia, se ha escrito en varias ocasiones sobre qué fuentes trabajó el agustino para recrear legendariamente las tradiciones históricas na­varras, pero fueran cuales fueren esos anales, noticias, historias, memorias o tradiciones que conociera y manejara García de Eugui, y que hoy día es difícil situar, la mención a las provincias vascas (Álava, Bizkaia y Gipuzkoa), sus terri­torios y sus poblaciones, así como al espacio navarro formaron parte de un re­lato nutrido a partir de la cronística hispánica y pirenaica (navarro-aragonesa) con el propósito de rescatar una dinastía, un proyecto político parejo al resto de los desarrollados en suelo hispánico y del que apenas existía una memoria historiográfica precedente.

Obras

Eizaguirre Rouse, G. (ed.), «Crónica general de España», República de Chile, Anales de la Universidad, 21 (1908), pp. 603-649 y 737-801 y 22 (1908), pp. 1-68, 387­ 515 y 859-874.

Orcástegui Gros, C., «Crónica de los Reyes de Navarra de García a Eugui», Príncipe de Viana, 39 (1978), pp. 547-572.

Ward, A. (ed. est.), Crónica d’Espayna de García de Eugui, Pamplona: Gobierno de Na­varra, 1999.

Bibliografía

Castro, J. R., Carlos III el Noble, rey de Navarra, Pamplona: Institución Príncipe de Viana, 1967.

HonorÉ-DuvergÉ, S., «La Chronique de Garcia d’Eugui, Eveque de Bayone», Bulletin Hispanique, 44 (1942), pp. 17-39.

Orcástegui Gros, C., «La memoria histórica de Navarra a fines de la Edad Media: la his­toriografía nacional», Homenaje a José María Lacarra, Príncipe de Viana, 47 (1986), anejo 2, vol. I, pp. 591-606.

Ward, A., «Las fuentes de la “Genealogía de los Reyes de Navarra” de García de Eugui», Ward, A. (coord.), Actas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanis­tas 21-26 de agosto de 1995, Birmingham: University of Birmingham, 1998, vol. 1, pp. 328-339.

Zunzunegui, J., El reino de Navarra y su obispado de Pamplona durante la primera época del cisma de Oriente, pontificado de Clemente VII de Aviñón, 1378-1394, San Sebas­tián: Pax, 1942.

Cita bibliográfica

Pavón Benito, J., “García de Eugui», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 257-260.

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