Cargos y oficios
Tesorero del reino de Navarra y autor de una Crónica de los reyes de Navarra escrita en romance.
Trayectoria
La figura y la obra de Garci López de Roncesvalles, estudiada monográficamente por M.a Carmen Orcástegui, a partir de una edición crítica de la Crónica de 1977, se enmarca dentro del interés de esta última como fuente principal de la Crónica del Príncipe de Viana. Pero esta historia de Navarra, salida de la pluma de Garci López, que abarca cronológicamente desde Jesucristo hasta 1405, tiene una especial importancia, más allá de ser la base de la crónica histórica concebida en el entorno del príncipe Carlos.
Garci López de Roncesvalles, tesorero real desde 4 de diciembre de 1403, según nombramiento regio suscrito en Burdeos, hasta su muerte el 25 de julio de 1437, formaba parte de una estirpe de mercaderes del burgo de San Saturnino o San Cernin de Pamplona. Lope, su progenitor, fue colector de la Caridad de Pamplona (1393) y distintos miembros de su familia estuvieron al servicio de la corona, caso de Pedro López de Roncesvalles, probablemente su hermano, quien estuvo en el ejército (1390-1442) y en el hostal (1415); y también el caso de Salvador, guardasellos del monarca en Pamplona (1411-1414) y alcalde del burgo (1424). Su matrimonio con María Motza, hija de Pascual, destacado burgués de la Población de San Nicolás, así como oidor de Comptos y consejero real, le pudo facilitar el acceso a los círculos de la burocracia de la monarquía, desempeñando, por ejemplo, la lugartenencia de su suegro en calidad de recibidor de la merindad de las Montañas, ya en 1386. De su enlace con María, y que confirma que no fue clérigo, nació una niña, María García Motza, que sería heredera del palacio de Óriz, posesión que pudo obtener gracias al favor del rey, al igual que otros beneficios en Celigüeta, Izco y Mugueta, que supuestamente enajenó en vida (1414). Los testimonios documentales que se conservan en la parroquia de San Saturnino de Pamplona indican que pudo ser enterrado en su recinto.
El texto cronístico, que prologa el volumen de Comptos de 1404, es el primer libro de la actividad como tesorero de Garci López. La crónica, en principio, tuvo escaso eco más allá del ámbito de los cuadros de la administración regia y, por tanto, de los círculos del poder, pues no pasó de ser un relato al alcance de los oidores de la Cámara de Comptos y de los oficiales reales, como revela su presentación ante los oidores Pascual Motza, Juan de Athaondo y Pedro García Eguirior, el 30 de abril de 1409. Esta realidad apunta a tres cuestiones clave, la primera es la de su autoría, pues no consta ningún tipo de indicio que suscriba el encargo real para su realización; si bien cabría considerarse que la cercanía al monarca, y no tanto sus capacidades intelectuales, le brindasen al tesorero la ocasión de acometer esta labor. La segunda apunta a la datación, al comprender que pudo componerse entre 1404 y 1409, siendo el año de 1405, según consta en el propio volumen (caps. 77 y 80), el que marcó el final narrativo, y que no fue óbice para que se retocara o completara antes de su presentación, cuatro años después, según se documenta. La última refiere su esfera de difusión, ya que no fue hasta el siglo xvi cuando fue objeto de atención, a partir de Juan de Sada, regente y administrador de la Tesorería General de Navarra y oidor de Comptos (1540-1575), quien posiblemente se hizo con la misma, separándola del volumen de 1404 y dándola a copiar a mediados de dicha centuria, como constatan los prefacios de cuatro de los manuscritos que se conservan (Ms. B, B1, C y D). De hecho, hasta la fecha se conocen siete ejemplares de la crónica, datados entre los siglos xvi y xix, y custodiados en los fondos de la Biblioteca Nacional de Madrid (Ms. A y R), Biblioteca General de Navarra (Ms. B), Archivo Real y General de Navarra (Ms. B1), Real Academia de la Historia de Madrid (Ms. C y D) y Biblioteca de El Escorial (Ms. F), respectivamente.
Según se prueba en uno de los epígrafes del relato (cap. 85-87), se utilizaron diferentes fuentes para su redacción. La narración anterior al reinado de Teo- baldo I, se nutre de las noticias de los reyes navarros, compuesta por Jiménez de Rada, De Rebus Hispaniae, y que tanta influencia tuvo en la historiografía tardomedieval peninsular. Procedente de la catedral de Pamplona, pudo manejar la Historia Eclesiástica Nova del dominico Bartolomé de Lucca o Ptolomeo de Fiadonibus (c. 1236-1327), así como las Crónicas de los Sanctos Padres los Papas, extractos de la primera realizada por compiladores posteriores. Manejó también el Speculum Historiale de Vicente de Beauvais (c. 1190-c. 1267), que refiere en sus seis últimos libros la historia del reino de Francia en los siglos xii y xii, hasta la primera cruzada de San Luis. Según hace constar C. Orcástegui, contó también con escritos relativos a la historia navarra, caso de dos versiones del Fuero General de Navarra, las llamadas Corónicas Navarras, una crónica prestada por Juan de Athaondo y otras por el mercader Simón de Echarri, la Canción o Poema sobre la guerra civil en Pamplona de Guillermo de Anelier de Tolouse (?-1291), documentación del archivo del reino, noticias y tradiciones orales, las Actas de San Saturnino, el Liber Regum y quizá otras fuentes históricas, difíciles de identificar.
La historiografía navarra más reciente hace notar que esta crónica, al igual que la precedente de García de Eugui, viene a llenar un importante vacío en la producción histórica propia que entre los siglos xii y xiv tan solo había contado con escasas y dispares noticias genealógicas y analísticas, al tiempo que señala su centralidad argumental sobre los reinados de Carlos II (1349-1387), y de su hijo Carlos III (1387-1404). No cabe duda que, tras varias generaciones de ausencia de los titulares de la corona en el reino, desde la instalación de la dinastía de Champaña (1234-1274) y la de Francia (1274-1328), el afincamiento en el solar navarro de los reyes Evreux, a partir de Juana II, generase la necesidad de concebir una memoria al servicio del poder, una memoria áulica para los Evreux, y en concreto para proyecto político de Carlos III. La institución regia, por mano de uno de sus tesoreros, y desde el órgano más nuclear del gobierno —la Cámara de Comptos—, concibió, auspició y generó su historia como un cuadro lleno de contenidos y referencias dinásticas y políticas para consolidar el sentido y funcionalidad de sus propósitos y designios. De hecho, la propia estructura interna de la crónica, con un contenido aparentemente heterogéneo, lo refleja de algún modo. Así, el autor acopia, en siete partes o capítulos, un conjunto aparentemente dispar o diferencial, pero con pleno sentido ideológico y conceptual. Este, siguiendo la edición crítica de C. Orcáste- gui, se organiza (Ms. A): 1. Justificación introductoria de la obra (caps. 1-4). 2. Crónica histórica del reino de Navarra desde Jesucristo hasta el reinado de Carlos III (caps. 5-84). 3. Mención a las fuentes utilizadas (caps. 85-87). 4. Acta de coronación de Carlos III (cap. 88). 5. Dos apéndices que contienen la unión y separación de Francia y la ascendencia de Carlos III hasta el rey San Luis (caps. 89-92). 6. Copia del nombramiento de tesorero de Garci López, dada el 4 de diciembre de 1403 en Burdeos, en los prolegómenos del viaje del rey a Francia (cap. 93). 7. Copia de la carta de procuración del monarca a su esposa, la reina Leonor, a comienzos de su viaje a Francia otorgada el 22 de noviembre 1403 en Saint Palais, al comienzo del mencionado viaje (cap. 94).
El centro del argumento de la crónica gira alrededor de la figura regia y gobierno de Carlos III, según se percibe a partir del relato, cerrado por los dos apéndices que incluye en su parte final, legitimando tanto su proyecto soberano como sus orígenes y ascendencia familiares dentro del complejo escenario político europeo-occidental (cap. 89-92): et como Navarra fue a la corona de Francia et después como Navarra fue sepparada de Francia, el escripvano lo ha puesto aquí, empues la iura del rey, somariament la manera, porque beilla cosa es de lo saber a qui no lo ha leydo. Item será puesta la manera como los reyes de Navarra son descendidos de Sant Loys de Francia de ambas partes. El contexto político de la concepción y redacción del texto, alrededor del año 1404, fecha en torno a la cual Carlos viajó a Francia por segunda vez (noviembre de 1403-marzo de 1406) y que culminó con la firma del Tratado de París (9 de junio de 1404) con Carlos VI de Francia, refuerzan esa tesis legitimista. Cabe recordar que, mediante ese acuerdo, el navarro liquidó el largo conflicto con los Valois, al renunciar a sus feudos franceses del condado de Champaña, de Evreux y Avranches, así como otras posesiones entre el valle del Sena y Normandía, a cambio de una compensación económica. De la misma forma, y en documento aparte, cedía la estratégica plaza de Cherburgo (villa, castillo y castellanía) recibiendo, por ello, 200.000 libras tornesas. Sus entregas fueron igualmente compensadas por una serie de bienes territoriales dispersos que conformaron el ducado de Nemours, del cual disfrutaría su linaje hasta la muerte de Blanca de Navarra (1441).
La intencionalidad regia de construcción de una memoria propia para Navarra, en este momento clave de su reinado, se observa igualmente en las disposiciones testamentarias otorgadas por el monarca meses antes de la partida (11 de junio de 1403), que preveían la posibilidad de ser privado de libertad durante el desarrollo de su embajada; caso de ser así, conminaba a negociar con la villa y castillo normando de Cherburgo. En la misma línea se entiende la carta de procuración del rey a su esposa Leonor, otorgada el 22 de noviembre 1403 en Saint Palais, durante los inicios del mencionado periplo, con el objeto de garantizar el modelo de gobierno en su ausencia. En suma, el diseño del trabajo de Garci López de Roncesvalles, que gira y se focaliza sobre quales et quantos han seydo reyes en Navarra (cap. 4), manifiesta una finalidad no solo legitimista para el poder regio, sino en clave identitaria dentro del panorama continental.
Tras un somero repaso sobre la encarnación de Jesucristo y su obra redentora (cap. 4), el relato propiamente histórico recoge la expansión apostólica en la que participó Santiago y San Saturnino (caps. 5-9), además de la entrada de los musulmanes y algunas de las empresas cristianas hasta el reinado de íñigo Arista (caps. 10-15), a quien levantaron por rey veyendo la grant valentía que en él hera en armas, y quien descendió de las sierras et fizo grandes conquistas sobre moros en las planas de Pamplona et otras partes de Navarra. De esta manera nos adentra en el hilo argumental de la memoria histórica, la crónica propiamente, un conjunto narrativo muy somero hasta focalizar su atención en el reinado de Carlos II (caps. 16-48) y más tarde su hijo y sucesor (caps. 49-84), y en el que no faltan las continuas apelaciones y justificaciones de la validez histórica de sus fuentes, así como su consciente labor de síntesis. Nada menciona sobre los sucesos que acontecieron en las tierras, genéricamente conocidas y designadas como vasconas, en la etapa antigua y prontomedieval por algunas de las
fuentes que manejó; pues no fue objeto de su interés detenerse en este tipo de cuestiones.
La sobriedad de la redacción, así como algunos de los errores de datación y saltos cronológicos o selección intencionada de acontecimientos, no desmerecen a la que, para los especialistas, es la primera crónica propiamente del reino de Navarra. Una crónica concebida y estructurada intrínsecamente para dignificar, dentro del entramado de soberanías peninsulares y continentales —especialmente Francia—, al linaje regio de Carlos III Evreux. El monarca, sabedor de la complejidad del momento histórico, protagonizado por el conflicto francoinglés, y apoyado en la consolidación institucional y gubernativa que había proyectado, encargó y concretó una memoria histórica y un testimonio legitimador, fundamentados ambos sobre las tradiciones de un reino gestado ante el Islam, en los tiempos de la reconquista, así como en el marco apologético de sus estratos y ramas familiares.
Obras
DuvergÉ, S., «La Chronique de Garci López de Roncesvalles», Bulletin Hispanique, 37/4 (1935), pp. 437-453.
Orcástegui Gros, C., Crónica de Garci López de Roncesvalles. Estudio y edición crítica, Pamplona: Universidad de Navarra, 1977.
Bibliografía
Castro, J. R., Carlos III el Noble, rey de Navarra, Pamplona: Institución Príncipe de Viana, 1967.
Lucía Megías, J. M., «Garci López de Roncesvalles: Crónica», Alvar, C., y Lucía Megías, J. M., Diccionario filológico de la literatura medieval española: textos y transmisión, Madrid: Castalia, 2002, pp. 575-578.
Orcástegui Gros, C., «La memoria histórica de Navarra a fines de la Edad Media: la historiografía nacional», Homenaje a José María Lacarra, Príncipe de Viana, año 47, anejo 2, vol. I (1986), pp. 591-606.
Pizarro Rivas, J., «La Crónica de los reyes de Navarra de García López de Roncesvalles», Estudios medievales hispánicos, 1 (2012), pp. 221-242.
Cita bibliográfica
Pavón Benito, J., “Garci López de Roncesvalles «, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 260-264.





