Cargos y oficios
Jurista, profesor y político. Delegado del Gobierno Vasco en la República Dominicana y Estados Unidos
Trayectoria
Aunque nació en 1915 en Madrid, Jesús Galíndez siempre se consideró de Amurrio (Álava), de donde procedía su familia paterna y en donde pasaba los veranos, pues vivió la mayor parte del tiempo, hasta la guerra civil, en Madrid, ciudad de residencia de sus padres. Su madre falleció al nacer él. Su padre fue un médico de ideología conservadora, que no compartió el nacionalismo vasco de su hijo.
Jesús Galíndez cursó el bachillerato en el colegio de los jesuitas en Chamartín y la carrera de Derecho en la Universidad Central, en la que se licenció en junio de 1936. Fue un estudiante brillante, como prueban sus primeras publicaciones jurídicas en 1933-34, referidas al Derecho foral (Fuero de Ayala), y el hecho de que en 1936 era ayudante en la cátedra de Derecho civil de Felipe Sánchez Román, destacado catedrático y político republicano. En esos años de la Segunda República sus ideas nacionalistas le llevaron a afiliarse en Madrid a Euzko Ikasle Batza, asociación estudiantil adscrita al PNV.
Como a tantos jóvenes de su generación, la guerra civil le cambió radicalmente la vida. Pasó la primera parte de ella en Madrid, siendo muy activo en la Delegación del PNV, en las Milicias Vascas y, desde la formación del Gobierno Vasco en octubre de 1936, en la Delegación General de Euskadi. Con el fin de humanizar la guerra, su labor se centró en liberar a presos vascos en las cárceles de Madrid y proteger a perseguidos, en especial a curas y monjas. Así lo contó en sus memorias, Los vascos en el Madrid sitiado (1945), y, en forma de relato literario, en el libro Estampas de la guerra (1951), que pretendía ser «el lado humano descarnado de la guerra, nada de propagandas políticas». En esas Estampas incluyó también el otro escenario bélico que vivió tras dejar Madrid en septiembre de 1937: el frente de Aragón, como teniente de la 142 Brigada Mixta Vasco-Pirenaica. Además, fue asesor jurídico en la Sección de Presos y Desaparecidos del Ministerio de Justicia, cuando el ministro era el diputado del PNV Manuel Irujo, a quien consideró su «padre político».
La conquista de Cataluña por el Ejército de Franco le obligó a pasar a Francia en febrero de 1939, estando preso en el campo de internamiento de Vernet-les-Bains, del que consiguió escapar. Tras una breve estancia en una casa del sacerdote Juan Usabiaga en las Landas, Galíndez logró embarcar en Burdeos con rumbo a la República Dominicana, adonde arribó en noviembre de 1939 y en donde estuvo exiliado hasta enero de 1946.
Los seis años que pasó allí fueron cruciales en su vida. Fue uno de los pocos vascos que se quedaron en dicho país, gobernado dictatorialmente desde 1930 por Rafael Leónidas Trujillo. Este cruel tirano aceptó la llegada de republicanos españoles con la finalidad de «blanquear» a la población dominicana, mayoritariamente negra o mulata. Nada más llegar a la isla Galíndez se incorporó como secretario a la Delegación del Gobierno Vasco, cuyo presidente era Eusebio Irujo (hermano de Manuel), al que sustituyó en el cargo desde 1940, cuando Irujo marchó a Venezuela.
Nuestro biografiado se integró bien en la República Dominicana, en la que fue profesor de Ciencia Jurídica en la Escuela Diplomática y Consular y ayudante técnico del director general de Trabajo. En Santo Domingo (entonces Ciudad Trujillo) desarrolló su faceta de jurista, especializándose en el Derecho internacional, y reanudó sus estudios sobre el Derecho foral, publicando varios libros en la editorial Ekin de Buenos Aires, como La aportación vasca al Derecho Internacional (1942) y El Derecho Vasco (1947, viviendo ya en Estados Unidos). El primero se centra en reivindicar la obra de Francisco de Vitoria, el padre del Derecho Internacional, y de Simón Bolívar, el libertador de naciones americanas. El segundo es una síntesis histórica del Derecho foral desde su origen en la Edad Media hasta el Estatuto de autonomía de 1936. Como señala en la introducción, no es una obra de investigación sino de divulgación: «Quiero sintetizar el pasado, señalando sus líneas generales, para extraer las instituciones eternas, las que son consustanciales con la vida de nuestra raza; y soñar su proyección hacia un futuro inmediato». Termina indicando «los principios esenciales y eternos del Derecho vasco»: la autonomía orgánica, la democracia consciente, el amplio juego de la costumbre, el caserío, unidad básica indestructible, las garantías individuales y solidarias. La visión histórica de Galíndez queda patente en la dedicatoria de su libro a tres personajes decimonónicos: el general Tomás de Zumalacárregui, «el carlismo precursor»; el poeta José María de Iparragirre, «el fuerismo soñador»; y el «apóstol Sabino de Arana», «el nacionalismo constructor».
Además, por encargo del Gobierno Vasco, en 1945, elaboró un extenso «Proyecto de bases para la redacción de un Fuero Civil Vasco», cuyo texto expuso en el VII Congreso de Estudios Vascos, celebrado en Biarritz en 1948 (sus actas fueron publicadas por Eusko Ikaskuntza en 2003). Se trataba del primer proyecto de Derecho civil con carácter general y unitario para toda Vasconia, por lo que solo se podría llevar a cabo en un futuro Estado vasco independiente. Tenía en cuenta tanto los Fueros escritos de Navarra y Bizkaia como el Derecho consuetudinario de Álava y Gipuzkoa. Se inspiraba en el Derecho sajón y no en el latino, por considerar que el Código francés de 1804 y el español de 1889 eran contrarios al Derecho tradicional vasco. Por eso, prefería denominarlo Fuero, en vez de Código. Preveía cuatro Fueros: tres especiales (Agrario, Social y Comercial) y un Fuero civil ordinario, cuyas bases desarrollaba en cinco «libros», referidos a la personalidad (incluyendo la nacionalidad), la familia, los bienes, las obligaciones y las donaciones y sucesiones. En estas resaltaba la libertad de testar absoluta frente al sistema de reservas hereditarias del Código Civil que «hieren directamente la misma raíz de nuestro caserío».
La personalidad polifacética de Galíndez se mostró en su labor como periodista, colaborando en bastantes revistas y periódicos del exilio, y como escritor: logró un premio literario y publicó el libro Cinco leyendas del trópico (1944). Sus actividades y sus viajes por la isla le permitieron conocer muy bien la República Dominicana y el régimen de Trujillo, así como la oposición a él, que era muy perseguida por el dictador, incluso con asesinatos dentro y fuera del país. Esto hizo que su situación se complicase y decidiese irse. Galíndez quería regresar a Europa, pero el lehendakari José Antonio Aguirre consideró que era más necesario en la Delegación de su Gobierno en Estados Unidos.
El 13 de febrero de 1946 Jesús Galíndez llegó a Nueva York, ciudad en la que residió los últimos diez años de su vida, salvo varios viajes a países latinoamericanos y europeos. Allí trabajó como auxiliar del delegado Antón Irala hasta que la marcha de este a Francia, en 1949, hizo que Galíndez fuese el delegado hasta su desaparición en 1956. Aun contando con la ayuda de Pedro Beitia en Washington, se quedó bastante solo en Nueva York (estaba soltero), como prueba el hecho de que viviese en la misma sede de la Delegación vasca: el apartamento F del piso 15 en el núm. 30 de la Quinta Avenida.
Este decenio en Estados Unidos fue su etapa de madurez como político, jurista y publicista, pese a su juventud, desarrollando una actividad frenética en terrenos muy diversos. Se convirtió en uno de los principales colaboradores del lehendakari, al que acompañó en viajes y en gestiones políticas relevantes, como su entrevista en 1946 con el primer secretario general de la ONU, el noruego Trygve Lie, para conseguir la condena al régimen de Franco por esta organización internacional, a la que Galíndez asistía como observador. Su relación con Aguirre era tan estrecha que Galíndez le ayudaba redactando parte de la Historia del País Vasco que el lehendakari escribía en el exilio.
Otros asuntos de Jesús Galíndez eran más comprometidos y peligrosos. Ya en sus años en la Republicana Dominicana se incorporó al Servicio de información del PNV y del Gobierno Vasco, que espiaba a favor de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, informando a los servicios de inteligencia norteamericanos y británicos sobre actividades de sectores pronazis y también de los comunistas. En la Guerra Fría, ese espionaje se centró en los comunistas, entre ellos los exiliados españoles, siendo Galíndez un agente del FBI con el seudónimo de Rojas. A cambio de esta labor del Servicio vasco, la Administración norteamericana contribuía a financiar al gobierno en el exilio. Como esto no era suficiente, ya que fue decreciendo al mismo tiempo que Estados Unidos se aproximaba al régimen de Franco, Galíndez llegó a traficar con divisas en el mercado negro para mantener económicamente el gobierno de Aguirre.
Como era un hombre muy bien informado sobre Estados Unidos, la ONU y la política internacional, Galíndez previó los Pactos de Madrid entre los Estados Unidos del presidente Eisenhower y la España de Franco (1953), y los criticó. Su visión pesimista tenía mucho más que ver con la realidad que la siempre optimista de Aguirre, quien seguía confiando en los gobernantes norteamericanos. Había fracasado su intensa acción política antifranquista para impedir que España fuese admitida en la ONU y otros organismos internacionales, lo que tuvo lugar en los años cincuenta.
Como periodista, Jesús Galíndez fue analista político de cuestiones internacionales, publicando crónicas en el diario Excelsior de México y en otros periódicos latinoamericanos. Además, continuó escribiendo numerosos artículos sobre temas políticos, históricos y jurídicos vascos en la prensa del exilio, sobre todo en Alderdi (Bayona) y los Euzkadi (Caracas y Santiago de Chile), del PNV, y los Euzko Deya (México, Buenos Aires y París), del Gobierno Vasco. Muchos de ellos fueron recopilados en cuatro libros editados en Euskadi en la década de 1980.
En uno de sus viajes a Francia presentó seis comunicaciones (tres sobre los vascos en América y tres sobre los Fueros) al citado Congreso de Estudios Vascos. También participó en Congresos internacionales de la democracia cristiana. Por sus ideas federalistas y democristianas, Galíndez se situó en el sector renovador del PNV, encabezado por Aguirre, Manuel Irujo y Javier Landaburu (grupo de París), y no en el sector más aranista de Sabindiar Batza (Instituto Sabiniano), cuya sede estaba en Bayona.
Las actividades anticomunistas de Galíndez eran compatibles con sus ideas antiimperialistas en relación con América Latina: condenó la intervención de Estados Unidos en Guatemala. Llegó a ser un experto en ese subcontinente, como prueba su importante libro Iberoamérica. Su evolución política, socio-económica, cultural e internacional (1954), fruto de sus cursos en la Universidad de Columbia, en la que fue profesor de Latin America in International Relations y de Historia de la Civilización Hispanoamericana.
Su interés por el mundo latinoamericano se acrecentó con sus frecuentes visitas a los barrios neoyorquinos en los que vivían muchos centroamericanos, dominicanos y puertorriqueños, sintiendo debilidad por estos últimos y sus rituales en el Harlem hispano. Su estrecha relación con ellos le llevó a fundar y presidir el Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos, en el que cultivó su vena literaria (escribía poemas desde que publicó un libro titulado Ensueños en Barcelona en 1938).
Su gran conocimiento de la República Dominicana por su estancia allí y por sus contactos con dominicanos residentes en Nueva York y opositores a Trujillo, unido a su deseo de hacer carrera académica en la Universidad de Columbia, para lo que era necesario el título de doctor, le llevó a elaborar una tesis titulada Trujillo’s Dominican Republic, que fue aceptada en febrero de 1956. Por un adelanto que publicó en una revista, Trujillo se enteró de la existencia de la tesis: primero trató de impedir su presentación con amenazas de sus agentes en Estados Unidos y después decidió hacerse con su original mediante el secuestro de Galíndez. No lo consiguió, pues la Universidad de Columbia le otorgó in absentia el título de doctor en Filosofía el 5 de junio y poco después la tesis fue publicada en castellano en Chile, siendo más tarde editada en inglés y en francés, con lo que tuvo mucha difusión. La Era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana es un estudio muy documentado de las características del régimen trujillista, con esta conclusión: «Es una Tiranía de tipo personal», dado que la República Dominicana «es una gran finca que pertenece a Trujillo».
Unos meses antes, la noche del 12 de marzo de 1956 Jesús Galíndez desapareció para siempre en Nueva York y su cuerpo nunca apareció, por lo que se ignora la fecha y el lugar de su trágica muerte. Se sabe que fue secuestrado en su apartamento y llevado, narcotizado, en avión por dos pilotos, uno norteamericano y otro dominicano, a la República Dominicana. Allí todos los indicios apuntan a que fue salvajemente torturado y asesinado por esbirros de Trujillo, siendo probable que su cuerpo fuese arrojado al Caribe para pasto de los tiburones, al igual que otros opositores a su dictadura. Este crimen fue el principio del fin de Trujillo, quien hizo que matasen a esos dos pilotos y a otros seis testigos, hasta que él mismo murió tiroteado en una emboscada, preparada por un hermano del piloto dominicano, en 1961.
El denominado caso Galíndez tuvo gran repercusión en Estados Unidos y a nivel internacional, en especial en América Latina, donde era muy conocido y apreciado, informando sobre él prestigiosos diarios y revistas, como The New York Times y Life. Su pérdida supuso un golpe muy duro para el lehendakari Aguirre y su gobierno por ser un político fundamental, decayendo desde entonces la Delegación de Nueva York. Resultó difícil recuperar el archivo de esta, que se hallaba en el apartamento de Galíndez, y no se consiguió todo, pues bastante documentación fue incautada por el FBI, parte de la cual aún no ha sido desclasificada.
En 1952 Jesús Galíndez redactó su testamento ológrafo, que no ha podido cumplirse: «Me declaro cristiano y vasco. Como tal, quiero ser enterrado en la fe y en la tierra de mis antepasados cuando esto sea posible. Y ruego a quien se haga cargo de mi cuerpo y bienes, que mis restos sean llevados un día a Amurrio […] para ser enterrados allí», en la finca de su padre en Larrabeobe, «donde se divisan las montañas de mi Patria». En ese lugar se erigió en 1986 una estela funeraria, que le recuerda en la tierra que tanto amó, al igual que un monumento del escultor Jorge Oteiza en Vitoria desde 1999.
Al asesinarlo, Trujillo convirtió a Galíndez en un mártir y un símbolo de la libertad vasca y universal, por su lucha contra las dictaduras, que ha perdurado hasta nuestros días. Como escribió el destacado intelectual y político colombiano Germán Arciniegas, que fue también profesor en Columbia, Jesús Galíndez «no está muerto, pues vive, más vive que antes, pues se ha multiplicado en la conciencia de los hombres libres». En efecto, desde 1956 se sucedieron los homenajes por parte del PNV y del Gobierno Vasco, que le recordaban continuamente en su prensa. Sus obras han sido reeditadas, en especial La Era de Trujillo. Llevan su nombre calles de varias ciudades y un premio sobre derechos humanos. Su vida, sobre todo por su dramático final, ha inspirado a excelentes escritores algunas de sus mejores novelas, como Galíndez (1990) de Manuel Vázquez Montalbán y La fiesta del chivo (2000) de Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura. Ha sido llevada al cine en un documental de Ana Díez (Galíndez, 2002) y en una película de Gerardo Herrero (El misterio Galíndez, 2003). En numerosos artículos y libros, periodistas como Elena de la Souchère (Crime à Saint-Domingue, 1972), e historiadores, han investigado la biografía de Jesús Galíndez, un personaje tan interesante como complejo.
Obras
La M. N. y M. L. Tierra de Ayala, su Señorío y su Fuero, Madrid: Juan Bravo, 1933.
La legislación penal en Vizcaya, Bilbao: E. Verdes Achirica, 1934.
La aportación vasca al Derecho Internacional, Buenos Aires: Ekin, 1942.
Cinco leyendas del trópico, Ciudad Trujillo: Imp. La Opinión, 1944.
Los vascos en el Madrid sitiado. Memorias del Partido Nacionalista Vasco y de la Delegación de Euzkadi en Madrid, desde septiembre de 1936 a mayo de 1937, Buenos Aires: Ekin, 1945 (reed.: Buenos Aires-Tafalla: Ekin-Txalaparta, 2005).
El Derecho Vasco, Buenos Aires: Ekin, 1947 (reed.: Bilbao: Academia Vasca de Derecho, 2008).
Estampas de la guerra, Buenos Aires: Ekin, 1951.
Iberoamérica. Su evolución política, socioeconómica, cultural e internacional, Nueva York: Las Americas Publishing Co., 1954.
La Era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana, Santiago de Chile: Ediciones del Pacífico, 1956 (reed.: Bilbao: Ekin, 1991. Ediciones en inglés y en francés).
La Tierra de Ayala y su Fuero, Buenos Aires: Ekin, 1957.
Presencia vasca en América: recopilación de trabajos de Jesús Galíndez publicados en la prensa vasca en el exilio, Vitoria-Gasteiz: Gobierno Vasco, 1984.
Características del Derecho Vasco: recopilación de artículos sobre Derecho Vasco, Vitoria-Gasteiz: Diputación de Álava, 1985.
Artículos políticos (1943-1956), Bilbao: Alderdi, 1985.
Artículos históricos, Vitoria-Gasteiz: Diputación de Álava, 1987.
Bibliografía
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Bernardo, I., y Goiogana, I., Galíndez: la tumba abierta. Guerra, exilio y frustración, Bilbao: Sabino Arana Fundazioa, 2006 (1.ª ed.: Galíndez: la tumba abierta. Los vascos y Estados Unidos, Vitoria-Gasteiz: Gobierno Vasco, 1993).
Dios Unanue, M. de, El caso Galíndez. Los vascos en los Servicios de Inteligencia de EEUU, Nueva York: Cupre, 1988 (reed.: Tafalla: Txalaparta, 1999).
Elósegui, A., El verdadero Galíndez, Bilbao: A. Saldaña Ortega, 1990.
López de Maturana, V., «Jesús Galíndez», en Pablo, S. de; Granja, J. L. de la; Mees, L., y Casquete, J. (coords.), Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco, Madrid: Tecnos, 2012, pp. 385-394.
Mota Zurdo, D., Un sueño americano. El Gobierno Vasco en el exilio y Estados Unidos (1937-1979), Oñati: IVAP, 2016.





