Cargos y oficios
Historiador, historiador del Derecho y polígrafo.
Trayectoria
Nacido en la montaña lebaniega, hoy provincia de Cantabria y dotado de una especial sensibilidad por la escritura antigua que adquirió en la Escuela de Latín y Gramática fundada en el monasterio de San Raimundo de Potes, con apenas dieciséis años se traslada a Valladolid donde reside un familiar, Juan de Floranes y Vélez de Robles, militar adscrito al Regimiento de Farnesio, quien le acogió y años después le favorecerá con el título de Señor de Tavaneros.
Sus conocimientos le abrieron las puertas de una de las escribanías de la Chancillería de Valladolid, donde según sus palabras estuvo «de curial más de cuatro años consecutivos en varios oficios públicos», sin que conste que en ese tiempo, y pese a lo que se ha escrito, compatibilizara su trabajo con el estudio de Leyes o Cánones en la Universidad, si bien el propio Floranes reconoció haber estudiado jurisprudencia pero sin llegar a obtener «los grados literarios que se acostumbran […] para poderse titular Doctor y responder en Derecho e Historia», una carencia que limitó las opciones de Floranes de ocupar los cargos públicos que pretendió a lo largo de su vida.
En esta ciudad castellana residió hasta 1768, para trasladarse a Bilbao, donde fue nombrado (5 de mayo) por el corregidor Juan Domingo del Junco (oidor de la Chancillería vallisoletana, y valedor de Floranes) procurador de causas en la Audiencia de Bizkaia, nombramiento que fue impugnado por el síndico general del Señorío por incumplimiento del requisito de vizcaíno originario exigido en las leyes del Fuero, y por no tener «las precisas calidades ni inteligencia en la lengua vascongada que también se precisa para dicho oficio». Este incidente de oposición a su toma de posesión pudo marcar la relación de Floranes con las gentes del Señorío y sus instituciones, tras un largo contencioso que duró cuatro años, lo que no fue óbice para que el erudito lebaniego en sus trabajos posteriores mostrara su admiración por su constitución política. Tras esta frustración, se traslada a Vitoria (1768), y contrae matrimonio con doña María Ignacia de Goicoechea y Sagarmínaga, una unión sin hijos, que se mantuvo hasta su fallecimiento en 1799, con una breve interrupción a fines de 1779, tras unas desavenencias matrimoniales. Según Diestro Cabria fue «una etapa agitada para Floranes en lo personal», según queda debido testimonio en una escritura de separación y de concordia de 21 de enero de 1780.
En 1771, y ya siendo vecino de Vitoria, trabajó por encargo del duque de Berwick en los archivos alaveses para la elaboración de una historia genealógica de la casa y linaje de los Ayala, una familia que a partir de entonces y según Ayerbe le ofrecerá su protección. Este encargo le franqueará, además, la entrada a los principales archivos de la provincia. Y en ese mismo año se ofreció ante Campomanes a participar en la obra De re diplomática, que proyectaba la Real Academia de la Historia, sin obtener respuesta satisfactoria a su pretensión.
En 1774, y consciente de la dificultad de acceder a un cargo público al servicio de la curia, y carente de valedores influyentes, más allá del duque de Berwick, dirige un memorial a Carlos III, solicitando, de nuevo sin éxito, un reconocimiento oficial de sus méritos («un título honroso»), con apoyo en la experiencia profesional en la práctica diplomática, paleográfica y en la práctica forense que había adquirido en la Chancillería vallisoletana. Lamentó siempre la falta que tuvo de lo que él llama «intercesores», o favorecedores en la Corte, tras la muerte del ministro Joseph del Campillo, que tradicionalmente había desempeñado ese papel de introductor en favor de los miembros del linaje de los Floranes, y de sus paisanos montañeses, hasta su muerte en 1743.
En 23 de abril de 1777 aparece de nuevo en Valladolid. A su llegada recibió de su tío Juan de Floranes Vélez de Robles la donación de su mayorazgo y el título de señor de Tavaneros; un título más bien honorífico que, sin embargo, le pudo franquear las puertas de la alta sociedad vallisoletana, vinculada a las nuevas entidades culturales que florecieron en la segunda mitad del siglo.
Y en 1778, gracias a sus conocimientos prácticos de jurisprudencia, recibió el nombramiento de apoderado general de pleitos del duque de Berwick y Liria ante la Chancillería de Valladolid, cargo que le permitió superar sus estrecheces económicas y vivir con una cierta holgura. Asentado definitivamente en la ciudad nuestro autor va a destacar por sus dotes ilustradas. A partir de 1784, creó una academia particular para la instrucción de juristas, con especial hincapié en las ciencias históricas y el latín. Además, formó parte como socio de mérito notorio de las principales instituciones culturales o económicas de la ciudad: la Real Sociedad Económica-patriótica de Valladolid, la Real Academia Anatómica Quirúrgica y la Real Academia de San Carlos de Jurisprudencia, dedicando a esta última sus mayores desvelos. Su vinculación con las academias le dio cierto prestigio social, lo que facilitó su relación con los personajes ilustres de paso por la ciudad; Jovellanos da cuenta de, al menos, dos reuniones con él en sendas visitas (en 1791 y 1797), junto con lo más granado de la intelectualidad vallisoletana, entre ellos el fiscal Juan Meléndez Valdés (1754-1817), amigo personal y favorecido de Jovellanos.
Floranes no debió gozar de buena salud lo que le obligaba periódicamente a abandonar sus obligaciones en la ciudad vallisoletana y visitar balnearios, o a refugiarse en su casa natal de Tanarrio. Así lo hizo, entre otras ocasiones, en 1785 para recuperarse de unas fiebres tercianas, una suerte de malaria para cuyo tratamiento se aconsejaba el clima de la montaña lebaniega. Y durante esa estancia, y a la vista del archivo familiar, escribe una completa genealogía de su apellido, con datos autobiográficos de interés.
De nuevo en Valladolid, sirvió distintos cargos públicos (como dirá Flora- nes, «por proclamación popular») tras verse obligado, a falta de salud, a clausurar su academia de formación de abogados: fue procurador del común en el ayuntamiento (1785 y 1786); promotor-fiscal (1787-1788) en la Real Academia de Jurisprudencia donde impartía enseñanza teórica y práctica para los recién graduados en leyes; procurador del Tribunal del Honrado Concejo de la Mesta y, de nuevo, entre 1797 y 1798, procurador síndico general de la ciudad. Y en 1791, tras la muerte del archivero-registrador en el tribunal de la Chancillería, aspiró, sin éxito, a su sucesión. Tras este nuevo fracaso, desde 1793 y hasta la fecha de su muerte actuó ocasionalmente como perito ante la Chancillería de Valladolid, informando sobre aquellos asuntos relacionados con su especializa- ción como polígrafo y transcriptor de letra antigua, informes que se recogen en un interesante manuscrito que lleva por título Operaciones periciales diplomáticas, en las que se aprecia el rigor y profundidad de sus escritos periciales. Y el 27 de junio de 1800 dirigía un memorial a Carlos IV suplicando la expedición de un título de Intérprete y Censor Regio para todo lo que ocurra del género diplomático en la Chancillería de Valladolid y su distrito, sin que tal pretensión, como ocurriera en ocasiones anteriores, sin título académico alguno que la avalara, fuese concedida.
El 3 de noviembre de 1799 muere su mujer en Valladolid. Del pesar que sintió tras su muerte se hace eco Jovellanos en sus Diarios, en carta que Flora- nes le dirige el año 1800. Su muerte, efectivamente, le dejó con apenas ilusión ya para actuar ante la Chancillería como perito, o para rebatir con Jovellanos, en tarea que tenía pendiente, sobre su Informe de la ley agraria, que había sido objeto de sus atinadas observaciones y sugerencias. Finalmente falleció en Va- lladolid, el 6 de diciembre de 1801, a la edad de cincuenta y ocho años. Fue enterrado junto a su mujer en la iglesia parroquial de la Antigua.
La obra manuscrita de Floranes está plagada de referencias a Vasconia, no en vano pasó una corta etapa de su vida en Bilbao, vivió en Vitoria, e investigó profundamente en sus archivos públicos y privados. Su labor archivística le permitió documentar sus trabajos sobre estos territorios desde sus fuentes genuinas, lejos de fábulas y falsas noticias que en nada contribuyeron a la construcción de una historia vasca real. En 1775 compuso sus Memorias y privilegios de la MN y ML ciudad de Vitoria, que se publicó después en Madrid, en el año 1922. En 1776 redactó, estando en Vitoria, uno de sus trabajos sin duda más elogiado por el propio Ureña, e incluso por Menéndez Pelayo («metódico […] y libre de digresiones»): Discurso histórico y legal sobre la exención y libertad de las tres nobles Provincias vascongadas. Origen del derecho de diezmos y el de adunas de Cantabria…, en la que defiende los viejos derechos corporativos de estos territorios sintetizados en sus fueros, lo que le hizo merecedor, en este caso sí, de reconocimiento por parte de las juntas respectivas de los tres territorios históricos y del Consulado de Bilbao.
Sobre Álava también se ocupó en La supresión del Obispado de Alava y sus derivaciones en la historia del País Vasco (Madrid, 1919).
Sobre la casa de Ayala redactó Floranes diversos estudios, aprovechando el acceso a los archivos privados de la familia: Vida literaria del Canciller Mayor de
Castilla D. Pedro López de Ayala; Historia genealógica de la casa de Ayala, Fueros de la M. N. tierra de Ayala, recopilados por D. Fernán Pérez de Ayala…, etcétera.
Sobre Gipuzkoa, redactó Suplementos, notas y adiciones del compendio historial de la Muy Noble y Muy Leal Provincia de Guipúzcoa de Lope Martínez de Isasti, con referencia, según apunta Ayerbe, a las guerras mantenidas en la Edad Media entre vascos e ingleses.
La amplia obra de Floranes ha merecido juicios diversos. Los reconocimientos vinieron de autores como Jordán de Asso, Miguel de Manuel, Jove- llanos, el P. Enrique Flórez y, más tarde, del propio Menéndez Pelayo. Fue un autor autodidacta; y al decir de quienes le conocieron, un tanto desordenado, de lo que no debe inferirse que careciera de método al conducirse por la investigación histórica, como escribiera Antonio Trueba (1819-1889). Sigue, como otros coetáneos, una lógica metodológica propia del método histórico-crítico, si bien es cierto que en ocasiones tiende a la digresión o dispersión y al empleo de excursos innecesarios, consecuencia de una elocuencia erudita incontenida.
Inteligente y rigurosamente documentado, sus opiniones fueron tenidas en cuenta por sus coetáneos. Sin embargo, sus obras permanecieron inéditas por deseo expreso de su autor, quizá por miedo a la censura que persiguió a otros autores, muy cercanos a él, como Asso y Manuel de Miguel, en la edición del Ordenamiento de Alcalá; o quizá por falta de recursos públicos, o sencillamente, por falta de confianza, al carecer de título académico alguno que avalase sus amplios conocimientos en aquellos campos científicos que abordó con sobrada brillantez; el mismo Floranes reconocía en 1771 la necesidad de «matizar bien» sus estudios, antes de darlos a conocer. Por eso, su labor intelectual, que permaneció inédita, pudo pasar desapercibida ante sus coetáneos. Esta situación pudo cambiar años después, cuando en 1774 manifestó que estaba en la idea de preparar «para la prensa algún escrito que me dé a conocer». Pero sus obras manuscritas continuarán sin ser conocidas, más allá de las copias puntuales que se le encargaban para satisfacer el interés de los estudiosos.
No se conoce ni quién fue su maestro, ni quiénes sus discípulos. En su labor de investigación contó con la inestimable ayuda del conocimiento y utilización rigurosa de las ciencias auxiliares (diplomacia, paleografía, cronología…), cuyo valor resaltó en sus distintas obras, como base de cualquier estudio histórico; fue un investigador de archivo que, movido por la curiosidad científica, abordó todo tipo de trabajos, capaz de sentar cátedra en la Academia de Cirugía de Valladolid disertando sobre la cesárea o la vacuna de la varicela, o informando al Ayuntamiento acerca de las consecuencias geofísicas del desbordamiento del Esgueva a su paso por Valladolid, o de analizar con una rigurosa técnica jurídica la ley 53 de Toro sobre el valor y efectos del ósculo conyugal.
Su obra, extensa y heterogénea, quedó lamentablemente desperdigada tras su muerte. Distintas academias y bibliotecas son hoy sus depositarias: la Real Academia de la Historia, donde afortunadamente se conserva su grueso principal (la conocida como colección Floranes); la Biblioteca Nacional, la Biblioteca (pública) de Menéndez Pelayo (fondo De la Pedraja); Biblioteca del Colegio Mayor de Santa Cruz, en Valladolid; e incluso el Archivo de la Nobleza, etc. Tampoco parece que sus méritos fueran reconocidos de modo oficial; fracasó
en su intento de desempeñar determinados cargos públicos, en escritos que dirige a Campomanes o Floridablanca. El reconocimiento de su labor le vino de los ambientes ilustrados de las academias, o de los colegas que leyeron sus manuscritos y aprovecharon su saber enciclopédico: Jordán de Asso, Miguel de Manuel, el mismo Jovellanos, que se interesó por las anotaciones que Floranes le hizo a su Informe sobre la Ley Agraria, sin duda para mejorar alguno de los aspectos de la misma. Confiado en exceso en la condición humana, puso a disposición de otros historiadores trabajos inéditos que acabaron engrosando el curriculum de sus receptores, que no tuvieron escrúpulo en darlos a la imprenta, parcial o totalmente como propios.
Obras
Disertación remitida a la Ilustre Junta de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, por don Rafael Floranes… en que recomienda el uso de la Paleografía española y pretende se forme arte de esta ciencia erudita, para que públicamente se enseñe en las escuelas…, 1774. Inédita.
Discurso histórico y legal sobre la exención y libertad de las tres nobles Provincias vascongadas. Origen del derecho de diezmos y el de adunas de Cantabria…, 1776. Inédito.
La amortización justificada, suplida e ilustrada, con documentos de todas edades, especialmente de España: colección hecha de orden superior y bajo la Real Protección, 1795. Inédita.
Historias más principales de España puestas por clases y orden cronológico, Madrid: Imprenta Miguel de Burgos, 1837.
Disertación filosófico-física-curiosa sobre las superficies actual y primitiva del suelo de Valladolid, su calidad y la concavidad que dio motivo a este nombre Valle, Valladolid, 1889.
Origen y descendencia del Conde D. Pedro Ansúrez, sus memorias e ilustres acciones, Valladolid, 1890.
Aves de Caza. Anotaciones al fuero de Sepúlveda, Madrid, 1890.
La supresión del Obispado de Alava y sus derivaciones en la historia del País Vasco (in- trod. y notas por Segundo de IzpirÚa), 1, Madrid: Biblioteca de Historia Vasca, 1919, 2 vols.
Memorias y privilegios de la MNy ML ciudad de Vitoria, 6, Madrid: Biblioteca de Historia Vasca, 1922 (escrita en 1775).
Puntos curiosos que para la historia de nuestra legislación y especialmente del Fuero Juzgo, descubrió don Rafael de Floranes al impugnar algunas aserciones del Dr. Don (Juan) Francisco de Castro, s. f.
Suplementos, notas y adiciones del compendio historial de la Muy Noble y Muy Leal Provincia de Guipúzcoa de Lope Martínez de Isasti, s. f.
Vida literaria del Canciller Mayor de Castilla D. Pedro López de Ayala; Historia genealógica de la casa de Ayala, Fueros de la M. N. tierra de Ayala, recopilados por D. Fernán Pérez de Ayala…, s. f. El primero de ellos editado en: Vida literaria del Canciller de Ayala; Vida del Dr. Lorenzo Galíndez de Carvajal; Memorias inéditas de las Universidades de Castilla, en especial las de Valladolid y Palencia, Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, 19 y 20, Madrid, 1951-1952.
Bibliografía
Anes y Álvarez de Castrillón, G., «Don Rafael de Floranes Vélez de Robles y Encinas, Señor de Tavaneros: su polémica con Jovellanos sobre la ley agraria», Loring García, M.a I. (coord.), Historia social, pensamiento historiográfico y Edad Media. Homenaje al prof. Abilio Barbero de Aguilera, Madrid: Ediciones del Orto, 1997, pp. 139-163.
Arribas Arranz, F., Un humilde erudito del siglo xviii. Don Rafael de Floranes y Encinas. Discurso de apertura del curso 1966-1967 en la Universidad de Valladolid, Vallado- lid: Universidad, 1966.
Ayerbe Iribar, M.a R., «Rafael de Floranes o la defensa de la Paleografía», Boletín de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, núm. extra 1 (1988), pp. 59-85.
Conde Naranjo, E., Medioevo ilustrado. La edición erudita del Ordenamiento de Alcalá (1774), Sevilla: Universidad de Sevilla, 1998.
Diestro Cabria, E., Rafael de Floranes. Estudio crítico. Biblioteca virtual Ignacio Larra- mendi de Polígrafos, Madrid: Fundación Ignacio Larramendi, 2013.
Rodríguez Gil, M. M., Rafael de Floranes y Encinas, historiador del Derecho, Cuadernos de Derecho Registral, Madrid: Colegio de Registradores de la Propiedad, Mercantiles y de Bienes Muebles de España, 2009.
Cita bibliográfica
Baró Pazos, J., “Floranes y Encinas, Rafael”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 673-678.





