Cargos y oficios
Historiador, filólogo y epigrafista
Trayectoria
Fidel Fita nació en Arenys de Mar en 1835. Fue un notabilísmo historiador, filólogo y epigrafista que se dedicó también a la docencia y uno de los precursores del estudio de la Antigüedad hispana. Estuvo profundamente interesado por las lenguas prerromanas de la Península Ibérica, particularmente por el ibero, el celtíbero y, también, por el vasco, a los que dedicó muchos trabajos. Ingresó a los catorce años en la orden de los jesuitas y, tras una etapa formativa, recaló en Loyola, donde impartió Humanidades y Griego. Después de un primer exilio en Francia fue destinado a Carrión de los Condes (Palencia) como profesor de Latín y Francés. De allí se trasladó a León, donde fue nombrado vicepresidente de la Comisión de Monumentos debido a sus inquietudes intelectuales y sus estudios de Historia, Arqueología y Epigrafía hispanas. Allí también comenzó a documentar los hallazgos sobre la presencia romana y a publicarlos en revistas locales. Fue en la zona de León donde participó por primera y única vez en unas excavaciones arqueológicas. A partir de 1870 se instaló en Cataluña, desde donde prosiguió sus estudios, principalmente epigráficos y lingüísticos. Tras ser elegido Real Académico de la Historia en 1877 se trasladó a Madrid, donde residiría hasta su muerte en 1918.
A lo largo de todos estos años produjo una gran cantidad de obras relacionadas con la historia, pero, sobre todo, con la epigrafía de Hispania. La mayor parte de sus publicaciones sobre las inscripciones hispanas vieron la luz en el Boletín de la Real Academia de la Historia, del que pasó a ser director en 1883. Su relación con las comisiones de monumentos provinciales de toda España le convirtió en un conocedor privilegiado de los hallazgos epigráficos en la Península Ibérica. Ello fue lo que le acercó a E. Hübner, investigador alemán que había reunido para el Corpus Inscriptionum Latinarum las inscripciones latinas de Hispania y compilador de las Inscriptiones Hispaniae Christianae. Tras las informaciones de Fita, el volumen II del CIL, referido a las provincias hispanas, hubo de complementarse con un suplemento y en los años siguientes con sucesivas addenda, de las que el jesuita era también el principal informante. Por todo ello, durante su época, fue considerado como la máxima autoridad en epigrafía hispana y ello, a pesar de que rara vez comprobaba personalmente los hallazgos y las transcripciones que se le enviaban, ya que trabajaba sobre los calcos y las fotografías que sus corresponsales le mandaban. Por eso, años después, repasando su obra, se encontró un número no desdeñable de inscripciones falsas y de textos epigráficos con lecturas erróneas.
A lo largo de su trabajo tuvo un notable interés por la historia del País Vasco y Navarra y, en especial, con las cuestiones ligadas a la lengua vasca. Con respecto a esta última llegó a publicar sus conclusiones sobre el euskera en «Álava antes del siglo xiv». Fita mantuvo correspondencia con V. Stempf, editor de Linguae Vasconiae primitiae, y fue un declarado defensor de las tesis vascoiberistas que sostenían que los vascos habían sido los primitivos habitantes de la Península Ibérica. Dicho pensamiento le llevó a asociar también antiguos mitos clásicos con la antigüedad hispana y vasca, como la leyenda del Tártaro. Mantuvo correspondencia constante con las Comisiones Provinciales de Monumentos de las provincias de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, así como con la de Navarra, que le daban puntual cuenta de los hallazgos en el territorio o le solicitaban su opinión sobre las líneas de investigación arqueológicas a emprender en la región. La mayor parte de sus investigaciones al respecto aparecieron en el ya citado Boletín de la Real Academia de la Historia, en el que escribió sobre las llamadas «antigüedades» del País Vasco y sobre inscripciones latinas concretas como la lápida de Andrearriaga (Oiartzun, Gipuzkoa), de la que proporcionó una lectura errónea que fue corregida años más tarde por Ignacio Barandiarán. Algo similar sucedió con algunas piezas epigráficas de Iruña (Álava) y Morga (Bizkaia).
A la muerte de Marcelino Menéndez Pidal en 1912 fue nombrado presidente de la Real Academia de la Historia, cargo que ocupó hasta su propio fallecimiento en 1918.
Obras
«Epigrafía romana», BRAH, núm. 10 (1887), pp. 399-408.
«Inscripciones romanas inéditas de Añavieja y Oyarzun», BRAH, XXIII (1893), pp. 484-490.
«Antigüedades e Historia del País Vasco», BRAH, XXXIV (1899), pp. 164-172.
Bibliografía
Abascal, J. M., «Fidel Fita y la epigrafía hispano-romana», BRAH, CXCIII, cuaderno II (1996), pp. 305-334.
— Fidel Fita (1835-1918). Su legado documental en la Real Academia de la Historia, Madrid: Real Academia de la Historia, 1999.
Ciprés, P., «La epigrafía romana del País Vasco: una revisión historiográfica», Lucentum, núm. 37 (2018), pp. 193-211.
Giménez, M.; Ortiz de Urbina, C.; Lavin, A., y Espinosa, U., Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja. Catálogo e índices, Madrid: Real Academia de la Historia, 1999.





