Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

← Volver a las voces

NOTITIA VASCONIAE Obras y autores navarros

ETAYO ZALDUENDO, Jesús (Pamplona, 12 de mayo de 1894 – Pamplona, 13 de mayo de 1951).

Cargos y oficios

Periodista, archivero e historiador

Trayectoria

La biografía de este erudito pamplonés se inició, sin duda, bajo el sello de la influencia familiar. Su padre, Gervasio Etayo, había colaborado en varios periódicos locales (Lau-Buru, El Eco de Navarra, El Tradicionalista y El Aralar), fue uno de los cronistas destacados de los sucesos de la Gamazada y, ya en 1909, se hizo cargo del Archivo y Biblioteca de Navarra. La relación que estrechó con Arturo Campión habría de ser igualmente importante en la formación de su hijo, a quien cabría considerar un temprano discípulo del gran historiador desde que en 1910 obtuviera su primer trabajo como auxiliar del Archivo Moderno. El joven Jesús se significó también en política y, siguiendo la tradición carlista de su familia, en 1915 fue elegido miembro de la junta directiva de la Juventud Jaimista de Pamplona, donde pasó a desempeñar el cargo de bibliotecario, al tiempo que era designado vocal de la Academia Tradicionalista de Estudios. Por aquel tiempo participó igualmente en las iniciativas periodísticas carlistas de Joshe Miguel, Akalarre y El Duende.

Su trayectoria profesional dio un paso decisivo en 1917, cuando con apenas veintitrés años fue nombrado director de El Pensamiento Navarro, principal órgano del carlismo en la prensa local. Desde dicha tribuna intervino activamente en la vida política navarra, pronto inmersa en las primeras reivindicaciones autonómicas. El firme fuerismo vasquista de Etayo le situó claramente en el campo de los «antitreintainuevistas», partidarios de la «reintegración foral plena» a partir de la derogación de la Ley de 25 de octubre de 1839, idea en la que estaban acordes una mayoría de carlistas y los nacionalistas vascos, a su vez enfrentados a los llamados «cuarentaiunistas», favorables a la Ley Paccionada de 16 de agosto de 1841, entre quienes se encontraban los liberal-conservadores. Poco después de que estos últimos lograran imponer sus tesis en la Asamblea de Ayuntamientos Navarros de 30 de diciembre de 1918, estalló la escisión mellista, desencadenada tanto por la distinta postura ante el conflicto mundial del Pretendiente y Vázquez de Mella, cuanto por un diferente talante respecto al tema autonómico y a la cuestión social, y la línea editorial marcada por el novel director volvió a ser fundamental, en este caso para lograr el apoyo masivo de los navarros a don Jaime.

En una conferencia pronunciada el 31 de enero de 1919 en el Círculo Carlista pamplonés bajo el título de «La reintegración foral de Navarra», Etayo reconocía, aunando ambos hechos —la reclamación autonómica y el cisma dentro de su partido—, que antes «bastaba para satisfacer nuestra conciencia afirmar el deseo de la reintegración foral y precisar bien el alcance de nuestro deseo», pero que las nuevas circunstancias históricas alentaban «el movimiento restaurador de este antiguo Reino», encaminado a la recuperación de su arrebatada soberanía, «de su libertad». En tal empeño, según Etayo, Navarra hacía causa común con los vascos, a quienes se hallaba vinculada en su personalidad, razón por la que criticaba, en clara alusión a los mellistas, el esfuerzo por dividirlos alegando viejas discordias: «Quienes recuerdan todo esto para separarnos material y espiritualmente a los navarros de los demás vascos son, precisamente, los que, en toda actuación fuerista de veras, ven brotes de separatismo de España y se erigen en apóstoles de Castilla y predican la unión de Navarra con Aragón». Al año de aquel discurso, Etayo fue sucedido en la dirección de El Pensamiento Navarro por Miguel Esparza, de idéntico talante fuerista y vasquista. No por ello dejó de jugar un destacado papel en iniciativas políticas y culturales de aquel tiempo, como la creación de la Alianza Foral (1921) entre jaimistas y nacionalistas vascos de Navarra, o la polémica periodística e historiográfica abierta en torno al centenario de la gesta de Amaiur (1921-1922).

Su trayectoria profesional se intensificó en los años siguientes: en enero de 1922 fue nombrado archivero de la Diputación de Navarra y también responsable de la cátedra de Historia de Navarra que la corporación había creado con anterioridad; en febrero de 1923 fue nombrado correspondiente de la Real Academia de la Historia; y en marzo de ese mismo año pasó a formar parte de la redacción del diario nacionalista vasco editado en Pamplona, La Voz de Navarra, que iniciaba entonces su andadura. Según indica uno de sus estudiosos, «las líneas divisorias entre los seguidores carlistas […] y el nacionalismo vasco eran en aquellos momentos tan tenues que no resultaban extraños estos desplazamientos ideológicos en sectores de la intelectualidad pamplonesa». Cabría decir en el caso de Etayo, quien siempre mantuvo su militancia carlista, que la coherencia nacía de su acendrado fuerismo, del que haría más gala que nunca ante los embates centralistas de la recién estrenada dictadura primorriverista. Sus artículos, siempre transidos de un profundo conocimiento de la Historia de Navarra, en más de una ocasión censurados, alimentaron entonces una dura polémica contra el aumento del cupo del Convenio Económico de 1927, arreciando en sus críticas contra el ministro de Hacienda, Calvo Sotelo, pero también contra la Diputación de Navarra, firmante del «malhalado» convenio, y contra Diario de Navarra, a quien acusaba de ser «el portavoz de las tesis reduccionistas del fuero» y de estar en connivencia con la dictadura. No quizá por casualidad, en ese año de 1927, en que fue nombrado director de La Voz de Navarra por breve tiempo, sería también trasladado de su cargo de archivero al negociado de Hacienda de la Diputación.

Su actividad periodística, en la que también se prodigó en los diarios –Euzkadi, de Bilbao, y El Día, de San Sebastián, siguió ligada al diario nacionalista pamplonés hasta su desaparición en 1936. Volvió entonces a las páginas de El Pensamiento Navarro, labor que compaginó con colaboraciones regulares en El Diario Montañés, de Santander, y en El Faro de Vigo. Nuestro erudito murió pocos años después, el 13 de mayo de 1951.

Jesús Etayo conjugó en su biografía sus dos grandes vocaciones: la historia de Navarra y el periodismo. Para cimentar la primera fue decisivo su acceso al cargo de archivero de la Diputación, cuyo desempeño le permitió indagar en el pasado de Navarra y de Vasconia desde las propias fuentes históricas y, asimismo, establecer relaciones intelectuales con otros conocidos investigadores. Sin duda, su hechura como historiador y su interpretación de la historia se forjaron a partir del magisterio de Arturo Campión y de la generación que floreció en torno a la Asociación Euskara. Así quedó de manifiesto de modo taxativo en su erudita intervención en la citada polémica de 1521-1522, suscitada por el entonces diputado tradicionalista Víctor Pradera al censurar la erección de un monumento a los últimos defensores de la independencia de Navarra, los héroes de Maya. Junto a políticos e intelectuales del momento como Campión, Altadill, Aranzadi, Baleztena, Azcona o el conde de Rodezno, Etayo cerró filas en torno a la interpretación clásica de la historiografía navarra sobre la conquista, afirmando que los «defensores del Castillo de Maya fueron navarros leales y heroicos». Escribió también que la causa agramontesa tenía su continuación en la carlista, de la cual algunos tránsfugas (en alusión a Pradera) se habían separado, para servir los intereses de los enemigos de la identidad navarra. Ciertamente, una mayoría de aquellos hombres, a algunos de los cuales, entre ellos Etayo, Pradera tacharía de falsarios, compartían la idea de una común identidad o raíz vasca de Navarra con el resto de los territorios.

No obstante, tales anhelos a favor de la restauración de la personalidad histórica de Navarra, de su soberanía y libertad, concretados en la fórmula de la reintegración foral plena, los volcó Etayo en artículos de prensa, el medio más directo para influir en los hombres de su tiempo. En ellos, dio muestras de un perfecto conocimiento de las técnicas metodológicas de la disciplina histórica y de un rigor y erudición encomiables. Muchos de sus coetáneos le creyeron la personalidad más capacitada para acometer la escritura de una historia de Navarra que abarcase desde 1512 hasta 1841, pero aquel gran proyecto no llegó a materializarse por las propias exigencias de su labor periodística. La reciente recopilación hecha por su hijo de los principales artículos publicados en su fructífera etapa de 1923 a 1931 demuestra, no obstante, la notable proyección mediática que a través de sus textos tuvo entre sus lectores todo el recorrido histórico del viejo reino. Para Etayo, historiador y periodista, la defensa de la foralidad frente al unitarismo implicaba, además, una propuesta de futuro; habló de adaptar las «esencias forales a las realidades de los tiempos presentes» y, en distintos momentos, abogó por la incardinación de Navarra, foral y soberana, en una España constituida como «libre confederación de pueblos». Qué duda cabe que su figura ha llegado a nosotros como claro referente del fuerismo vasquista propio de un sector de las élites culturales y políticas navarras del siglo pasado y asimismo como ejemplo de un periodismo comprometido con la defensa del patrimonio histórico del viejo reino.

Obras

La reintegración foral de Navarra. Conferencia en el Círculo Carlista de Pamplona, dada el 31 de enero de 1919, Pamplona: Ed. Huarte, 1919.

Bibliografía

Etayo Zalduendo, J., Navarra: una soberanía secuestrada. Historia y periodismo (1923-1931), prólogo de Emilio Majuelo Gil, Tafalla: Txalaparta, 2004.

García-Sanz Marcotegui, Á., Intransigencia, exaltación y populismo. La política navarra en tres semanarios criptocarlistas (1913-1915), San Sebastián: Txertoa, 1994.

López Antón, J. J., Escritores carlistas en la cultura vasca. Sustrato lingüístico y etnográfico en la vascología carlista, Pamplona: Pamiela, 1999.

Olábarri, I., y Sánchez-Prieto, J. M., «Un ejemplo de Richtungskampf en la historiografía navarra contemporánea. La polémica en torno a Amayur (1921-1031)», Symbolae Ludovico Mitxelena septuagenario oblatae, Vitoria: Universidad del País Vasco, Instituto de Ciencias de la Antigüedad, vol. 2 (1985), pp. 1309-1328.

Osés Larumbe, E., La Voz de Navarra, un periódico vasquista. Sus primeras campañas, 1923-1931, PV, núm. 184 (1988), pp. 515-435.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


Con el apoyo de:

Diputación Foral de Gipuzkoa
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Gobierno de España
IVAP