Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores guipuzcoanos

ELORZA AIZPURU, Julián (Azpeitia, Gipuzkoa, 28 de enero de 1879 – Donostia-San Sebastián, 13 de febrero de 1964).

Cargos y oficios

Abogado, político carlista, presidente de la Diputación de Gipuzkoa y presidente de la Sociedad de Estudios Vascos (SEV)

Trayectoria

A mediados del siglo xix los Elorza eran una de las familias más reconocidas de Azpeitia y ocupaban varios roles locales destacados. El padre de Julián, Juan José Elorza Aizpuru, estudió Derecho en Madrid; a su regreso a Azpeitia comenzó a ejercer como abogado, concejal y como secretario de la Diputación Provincial de Gipuzkoa, de la que llegó a ser vicepresidente y diputado carlista hasta 1897. La madre de Julián fue Catalina Aizpuru Iriarte (fallecida en 1926), hija de otra distinguida familia azpeitiana. El matrimonio tuvo, al menos, dos hijos y una hija, todos criados en un ambiente profundamente religioso.

Julián se educó en el colegio jesuita de Orduña, uno de los más prestigiosos de las Vascongadas, donde obtuvo el bachillerato. Luego, siguiendo los pasos de su padre, comenzó sus estudios de Derecho en la Universidad Central de Madrid (1895-1897), terminándolos en la recién reabierta Universidad de Oñati. Después de graduarse regresó a Azpeitia y, obtenida la licencia del Colegio de Abogados (1903), se hizo cargo del despacho de abogados de su difunto padre. Julián Elorza se casó bastante tarde (1922), contrayendo matrimonio con Visitación Urízar, descendiente de una acomodada familia vizcaína burguesa de Berriz, de preferencias políticas liberales. La pareja se instaló en Azpeitia y tuvo dos hijos, nacidos a mediados de la década de 1920. El mayor, Julián Elorza Urízar, murió a los trece años en 1936, en extrañas circunstancias. El más joven, José Ignacio, fue abogado y empresario, sin implicarse en política.

Tras unos años de práctica jurídica propia, a principios del siglo xx Julián Elorza fue nombrado juez municipal de Azpeitia (1907). En 1911, a la edad inusualmente joven de treinta y dos años, inició una larga carrera política ligada a la Diputación Foral de Gipuzkoa: fue diputado provincial desde 1911 a 1919, presidente de la Diputación Foral de Gipuzkoa desde 1919 a 1924 y otra vez en el año 1930-1931. Los primeros años de Elorza en el autogobierno guipuzcoano permaneció a la sombra del jefe provincial carlista y presidente de la Diputación al mismo tiempo, II marqués de Valde-Espina, asumiendo gradualmente una postura más activa. En 1916, ya estaba muy comprometido en las negociaciones con el Gobierno de Madrid, desempeñando un papel clave en las discusiones sobre la renovación del Concierto Económico. En mayo de 1919 sustituyó al fallecido marqués de Valde-Espina como presidente de la Diputación.

El mandato de Elorza como presidente de la Provincia Foral de Gipuzkoa no estuvo marcado por una posición abiertamente política. Aunque esporádicamente participaba en mítines tradicionalistas y aunque, a raíz de la escisión de Vázquez de Mella en 1920, firmó una carta de adhesión al pretendiente don Jaime, nunca se sometió a las directrices del partido carlista. Como presidente de la Diputación estuvo involucrado en tareas administrativas habituales como el mantenimiento y desarrollo de instalaciones de transporte, o la finalización del Ferrocarril del Urola (1920).

Llegada en 1918 la división del carlismo en dos bandos enfrentados, encabezados por Juan Vázquez de Mella (1861-1928) y por el pretendiente Don Jaime, Elorza se situó del lado jaimista y fue quien coadyuvó al mantenimiento y aun posterior desarrollo de dicho partido. El carlista azpeitiarra fue el mejor hombre de gobierno con que contó su formación política. Elorza no fue un intelectual en el sentido estricto del término. Pero actuó como un auténtico mecenas de la cultura vasca, que no hubiera podido superar las actitudes adversas de las jerarquías rectoras de la Restauración. Su figura fue el nexo entre las diferentes personalidades vasquistas.

En el año 1918 ocupó un puesto importante en la organización del primer Congreso de Estudios Vascos, celebrado en Oñati, al que incardinó en línea con el «viejo foralismo carlista». Del mismo salió la creación de instituciones tan relevantes como la Sociedad de Estudios Vascos (SEV, Eusko Ikaskuntza) y la Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia). Allí se reveló Elorza por su especial valía de aglutinador y por su agudeza en el enfoque justo de los problemas, apoyando iniciativas de nacionalistas moderados. Desde entonces tomó parte en todos los actos importantes de la Sociedad de Estudios Vascos (SEV), de la que fue presidente durante muchos años (1919-1936), sobre todo en 1931, ya que gracias a él se logró llevar a buen término la redacción del Estatuto General del Estado Vasco: Anteproyecto de la Sociedad, concluido el 31 de mayo de 1931.

Impulsó y presidió los sucesivos congresos bianuales de la SEV hasta el 7.º, que se celebraría en Estella en septiembre de 1936. En el 3.º (Gernika, 1922) Elorza causó sensación cuando se dirigió en euskera a Alfonso XIII, presente durante la sesión inaugural. En 1922 la SEV empezó a trabajar en un futuro Estatuto de autonomía y Elorza se integró en la comisión encargada de la tarea, por lo que los monárquicos y los vizcaínos lo acusaron de fomentar el separatismo vasco y de ser «el más peligroso de los vascongados actuales». A finales de 1923, la SEV emitió una declaración en la que reconocía el golpe del general Primo de Rivera y decidió posponer el 4.º Congreso, previsto para 1924 y dedicado exclusivamente a la cuestión de la autonomía. Sin embargo, a fines de 1924 la dictadura militar depuso a Elorza de la presidencia guipuzcoana. A partir de 1924 la SEV entró en un periodo de lo que se denomina «semihibernación». En 1926, tras su destitución de la Diputación guipuzcoana, Elorza dejó de representar a la provincia en la Junta directiva de la SEV. Mantuvo el cargo de presidente de la Sociedad, aunque cada vez más cansado y frustrado, Elorza presentó la dimisión varias veces, que no le fue aceptada.

En 1927 Elorza publicó su obra más conocida y, de hecho, única importante, un prólogo al estudio de Federico Zabala titulado El Concierto económico, ¿qué ha sido, qué es, qué debe ser? Crítico con la nueva legislación municipal del ministro de Hacienda José Calvo Sotelo, Elorza mantuvo un tono conciliador frente al régimen de Primo de Rivera.

La caída de Primo de Rivera en enero de 1930 cambió la suerte de Elorza. Ese mismo año encabezó los preparativos del 5.º Congreso de la SEV en Bergara. Parece que en ese momento Elorza todavía veía la autonomía en gran parte como un regreso a los Fueros del siglo xix, quizá mejorados con algún tipo de regulaciones federativas vasco-navarras.

Con motivo de la Asamblea de Ayuntamientos Vascos celebrada en Estella en 1931, de donde salió el conocido como «Estatuto de Estella», un axioma vital por su trascendencia en el futuro y mantenimiento de la personalidad católica de Vasconia, Elorza pronunció un memorable discurso en el que dijo, dirigiéndose a los ayuntamientos vascos, que «por el Estatuto que habéis aprobado hace unas horas pide Euzkadi el reconocimiento de su personalidad para regirse por sí misma y la desaparición de las trabas y de las dificultades que impedían la realización de sus destinos». Elorza exhortaba al mantenimiento del espíritu vasco, representado en la religiosidad y sus leyes viejas. En abril de 1931 las autoridades republicanas pusieron fin a la presidencia de Elorza en la Diputación Foral guipuzcoana, disolviendo todo el cuerpo. Entonces Elorza intensificó sus trabajos sobre la autonomía vasca en el seno de la SEV, firmando un manifiesto carlista centrado en los Fueros provinciales y trabajando un borrador de estatuto, el conocido como «Estatuto de la SEV», que fue aprobado en junio de 1931 en una gran reunión de alcaldes vasco-navarros en Estella. El «Estatuto de Estella» fue declarado inconstitucional por las Cortes madrileñas. Disueltas las diputaciones forales, las comisiones gestoras presentaron un nuevo proyecto de autonomía de 1932, que Elorza decidió apoyar, aunque era menos de su agrado que el «Estatuto SEV» original. El «Estatuto de Gestoras» renovado fue elaborado sin participación carlista; en 1933 fue aprobado en referéndum en Gipuzkoa y Bizkaia, pero rechazado en Álava; el proyecto se estancó de nuevo.

En 1934 Elorza presidió el 6.º Congreso SEV en Bilbao, débil encuentro dedicado a las ciencias naturales. En ese momento la SEV tendía a la inactividad y el propio Elorza era más conocido por sus compromisos carlistas. Fue elegido «adjunto vocal» de la Junta Provincial carlista de Gipuzkoa, único cargo que se le conoce que ocupó en la organización; en 1935 ya fue objeto de algunas burlas por parte de la prensa de izquierda.

No está claro si Elorza estuvo involucrado de alguna manera en la conspiración carlista de principios de 1936 o si estaba al tanto del golpe de Estado planeado por el general Mola. El estallido de la guerra civil lo atrapó en Azpeitia, pero ninguna de las fuentes consultadas brinda información sobre su suerte durante los dos meses en que los republicanos controlaron la ciudad; a mediados de septiembre Azpeitia fue capturada por las tropas carlistas. En enero de 1937 fue detenido brevemente por los falangistas y puesto en una prisión de San Sebastián. Se desconocen las circunstancias de su liberación. En un momento no especificado, se le pidió a Elorza que participara en las estructuras franquistas emergentes, pero se excusó declarando que «no es este mi momento».

El vascófilo guipuzcoano, tras 1939, se retiró a la vida privada, automarginándose de la vida política, pensando que no era ese el contexto adecuado para trabajar desde el pensamiento doctrinal carlista, dada la unificación cultural impuesta por el franquismo.

Resumiendo, Julián Elorza principalmente es conocido como defensor de los establecimientos autónomos vascos, promovidos durante la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República. Políticamente se abstuvo de la militancia carlista y se mantuvo en términos conciliatorios con la mayoría de los otros grupos políticos. Las credenciales carlistas de Elorza no están en duda; proveniente de la familia carlista, declaró su lealtad al pretendiente don Jaime en 1920 y apareció simpatizando con el carlismo al final de su vida. Sin embargo, dentro del carlismo siempre fue una figura secundaria. Nunca ocupó cargos importantes en la estructura del partido ni lo representó en elecciones populares ni escribió en la prensa carlista y rara vez participó en mítines tradicionalistas. Si bien los carlistas tendían a la intransigencia y el fanatismo, Elorza se inclinaba por el compromiso.

En cuanto al modelo cultural se decantó por la herencia tradicional vasca, afianzada en la etnia rural, religiosa y conservadora. En sus relaciones con el nacionalismo vasco moderno, Elorza estaba dispuesto a apoyar, aunque con poco entusiasmo, el concepto de vasco-navarro unitario, la autonomía regional vasca y, como otros nacionalistas moderados (Koldo Eleizalde, por ejemplo), a pasar cada vez más de una identidad cultural vasca basada en la etnia a una política basada en la nacionalidad. Elorza estaba dispuesto a transigir lo que ningún otro carlista haría, como aceptar la ikurriña. Su retirada a la privacidad después de 1939 estuvo condimentada con la sensación de absoluta derrota ante el franquismo emergente.

La memoria histórica de Elorza (aún no cuenta con una buena biografía) aparece vinculada esencialmente a estudios dedicados a la Sociedad de Estudios Vascos o a la Diputación guipuzcoana. Su memoria no es apreciada por la historiografía de los liberales, ni de los nacionalistas vascos, ni de los carlistas de Vázquez de Mella, a pesar de la popularidad que gozó entre los intelectuales vascos y la sociedad vasca de su época. Como presidente de la SEV, inevitablemente siempre ha estado presente en los estudios sobre la Eusko Ikaskuntza. No se mostró extremista, apareciendo como un simple tradicionalista y mecenas de los proyectos euskéricos desde la presidencia de la SEV y desde la Diputación de Gipuzkoa. Nadie le niega al alto funcionario público azpeitiarra haber sido un eficiente administrador, dotado de excepcionales cualidades de ecuanimidad, ponderación y capacidad de diálogo y de negociación. Es de justicia reconocerle a Elorza que fue un «gestor práctico» del pensamiento político vascófilo de primera categoría.

Obras

Artículos en Euskalerriaren Alde y Euskal Esnalea.

«Amestoy…: moción presentada a la Diputación de Guipúzcoa pidiendo que adopte el acuerdo de entronizar en los salones del Palacio el Sagrado Corazón de Jesús», Euskalerriaren alde, VII (1917), p. 299.

«La administración municipal y sus funcionarios», Asamblea de Administración Municipal Vasca, San Sebastián, 1920, pp. 405-411.

«Prólogo», en Federico Zabala y Allende, El Concierto económico. ¿Qué ha sido, qué es, qué debe ser?, Bilbao: Ed. Vizcaína, 1927 (2.ª ed., Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia, Ogasun eta Finantza Saila, 1999).

Bibliografía

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— La construcción de una nacionalidad vasca. El autonomismo de Eusko-Ikaskuntza (1918-1931), San Sebastián: Eusko-Ikaskuntza, Vasconia: Cuadernos de historia-geografía, 1990, pp. 168-169 y 180.

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