Cargos y oficios
Bibliotecario-archivero e historiador
Trayectoria
Édouard Dulaurens nació en 1804 en Bayona. La mayor parte de su carrera estuvo vinculada a la Biblioteca Municipal de Bayona. Estaba trabajando en los archivos municipales de Bayona cuando, por Decreto de 5 de diciembre de 1854, firmado por Jules Labat, alcalde de Bayona, Edouard Dulaurens, bachiller de letras, fue nombrado bibliotecario-archivero de la ciudad de Bayona, con un sueldo de 1.200 francos. La sala de la biblioteca estaba en el propio ayuntamiento, con vistas a la calle Bernède. Dulaurens llevó a cabo tres actividades de manera simultánea y con constancia: la gestión de la Biblioteca, la colaboración en la obra de Jules Balasque y la clasificación e inventario de los archivos de la ciudad. En este sentido, fue uno de los primeros profesionales del mercado de la historia en el País Vasco continental y uno de los elementos más importantes en el proceso que Manex Goyenetche denomina «la eclosión historiográfica» del siglo xix.
La Biblioteca Municipal de Bayona abrió sus puertas el 1 de marzo de 1851. Su apertura tuvo algunos detractores. Augustin Chaho no fue ajeno a su apertura, ya que, durante los días de 1848, se lamentaba en uno de los artículos que publicó en la revista L’Ariel de los problemas que tenía Genestet de Chayrac, que dirigía con grandes dificultades una sala de lectura. Chaho lamentaba que una comisión de tres miembros (sin duda del Ayuntamiento de Bayona) considerara que una biblioteca en Bayona no tenía utilidad alguna. Pero la idea de la Biblioteca Municipal se fue abriendo paso. En un principio, el Ayuntamiento pensó en mantenerla con la ayuda de un empleado sin formación especial en ese campo. Pero Genestet de Chayrac escribió una carta al consejo municipal, fechada el 23 de febrero de 1851, en la que insistía en la necesidad de clasificar los libros y documentos reunidos en la Biblioteca. El Ayuntamiento decidió abonar un sueldo a Genestet, pero solo temporalmente. La Biblioteca se inau-guró en 1851, tras catorce años de dilaciones. Su apertura se realizó a raíz de que el señor Buchon, ministro de Instrucción Pública, en 1837, mostrara su asombro ante el hecho de que Bayona no contara con una biblioteca. Poco después, Genestet de Chayrac cayó enfermo y murió en San Juan de Luz. Su sucesor fue Édouard Dulaurens.
Tal vez sea conveniente situar el contexto general que tuvo consecuencias para la historiografía en el País Vasco continental con la dotación de infraestructuras como las bibliotecas y herramientas de trabajo como las creadas por Balasque y Dulaurens. Sabemos que desde 1832, con Guizot como ministro de Instrucción Pública en Francia, se estaba haciendo un esfuerzo por clasificar y catalogar los archivos. En Bayona, las sociedades de estudios, principalmente la Société des Sciences, Lettres et Arts, aunque también en menor medida la Société d’Emulation creada en 1851 y la Société Philomatique creada en 1865, apoyaron estos proyectos a largo plazo. Más tarde, en 1873 se creó la Société Savante des Sciences, Lettres et Arts, por iniciativa del marqués de Folin.
En esta situación más favorable para la historiografía, Édouard Dulaurens dio muestras de gran competencia. Aunque no era vascohablante, concedió gran importancia a introducir en la biblioteca obras antiguas y contemporáneas sobre el euskera, incluidas las realizadas por Louis-Lucien Bonaparte, y obtuvo de la mayoría de las imprentas de Bayona una especie de depósito legal oficioso para sus publicaciones. Durante su administración, el número de obras en la biblioteca se quintuplicó entre 1854 y 1880. También se le ha elogiado por su buena disposición para ayudar a cualquier investigador o estudioso que necesitara consultar los fondos de la Biblioteca, como Hippolyte Taine, que fue recibido en 1855 con discreción por Dulaurens, quien le mostró un buen número de obras de interés para la ciudad, de las que Taine sacó buen provecho.
Dulaurens informó de sus dificultades para obtener fondos y medios económicos suficientes para garantizar las mejores condiciones de conservación de los documentos. Al igual que a otro profesional, Paul Labrouche, la posibilidad de que se produjera un incendio le preocupaba sobremanera. Por supuesto, la publicación de los documentos más preciados era también una solución contra su posible desaparición y eso fue lo que hizo. La proximidad de los archivos a un teatro había sido denunciada con frecuencia, ya que se sabía que «el destino de los teatros era el fuego»; el precario tejado, además, no ofrecía mucha protección contra el agua. Dulaurens falleció en 1880, pero, desgraciadamente, acertó en sus predicciones, porque el enorme incendio que tuvo lugar el 31 de diciembre de 1889 provocó daños irreparables en Bayona.
La primera obra importante del historiador Dulaurens consistió en su colaboración con Jules Balasque. Bajo la pluma de Balasque se publicó Études historiques sur la ville de Bayonne, en 1862 el tomo 1, desde los orígenes hasta 1216, y en 1869 el tomo 2 que abarca el periodo de 1216 a 1303. Pero Jules Labasque murió en 1872. Tenemos que insistir en la empatía intelectual entre Balasque y Dulaurens. De hecho, la intervención de Dulaurens aparece al principio del tomo 3 publicado en 1875. Sin embargo, la obra ha quedado con el nombre de Balasque como autor. La intención de Balasque era continuar su trabajo hasta el final del dominio inglés en la Guyena, es decir, hasta 1451, año marcado por la toma de Bayona por los franceses. Balasque solo había escrito la mitad de la obra, pero había tomado muchas notas y recopilado documentos para el resto. Tras la muerte de Balasque, Dulaurens dijo modestamente que había cedido a los deseos de sus amigos para que retomara esta obra, publicando los seis capítulos escritos por Balasque a los que añadió otros documentos que le parecían interesantes sobre los siglos xiv y xv a partir de 1356. Aunque Dulaurens pide a los lectores que le traten con indulgencia por no ser capaz de relatar con la debida precisión un periodo tan convulso, podemos constatar que su trabajo es de una gran calidad. Explica que ha trabajado directamente a partir de los datos de 1356. Salvo error, además de los seis capítulos que se supone fueron escritos por Balasque, hay otros cinco capítulos que son de su propia cosecha, los capítulos 31, 32, 33, 34 y 35, sin contar los 26 documentos de apoyo recogidos, es decir, un total de 214 páginas. El capítulo 31, redactado por Dulaurens, aborda el periodo comprendido entre 1356 y 1377. Como en los capítulos anteriores, realiza un resumen de los hechos tratados, sin paginación. Dulaurens parece por tanto que trabajó en este sentido más o menos como Balasque, al que le unía una gran fidelidad, como hemos señalado ya. El capítulo 32 trata del periodo comprendido entre 1377 y 1399 y el 33 del de 1399 a 1413. Entre los temas históricos abordados, podemos citar la entrada de los vascos en Bayona en 1400 bajo la dirección del Lahet para restablecer la autoridad real inglesa o entre 1413 y 1422 las huellas de enemistad y conflictos entre los burgueses de Bayona y los vascos de Lapurdi. Para aportar un ejemplo extraído de la obra, reflejamos a continuación el comienzo del cap. 31, en el que los cinco primeros documentos son: Peis dou Putz et Guilhem-Arnaud deu Vielar maires – Sentence définitive rendue par le prince de Galles dans le procès de Bayonne et des Labourdins – Double mairie de Per-Ramon de Luc – Guilhem-Br. deu Pin évêque de Bayonne – Johan de Cheversdon sénéchal de Guyenne.
La obra no es precisamente fácil de leer; es muy densa, no proporciona mapas ni tablas, las citas están a menudo poco contextualizadas, los términos léxicos resultan a veces opacos, y no consta de un glosario que aclare su sentido. Pero es una mina de información. Como señalaron primero Ducéré, luego Pierre Hourmat y más recientemente Josette Pontet, la obra de Balasque y Dulaurens es de una calidad diferente a la de la mayoría de las obras dedicadas en su época a la historia del País Vasco. Ducéré la presenta como «uno de los más notables monumentos de erudición histórica de nuestro suroeste». Balasque y Dulaurens son efectivamente eruditos y conocedores de los archivos; no entran en la crónica ni en los estudios descriptivos y permiten una aproximación a la historia medieval, especialmente religiosa e institucional.
Édouard Dulaurens trabajó después de manera independiente en su extraordinario trabajo sobre los archivos de Bayona cuyo título es: Inventaire-sommaire des archives communales antérieures à 1790, redactado por Édouard Dulaurens, bibliotecario-archivero de la ciudad de Bayona, Colección de Inventario-Índices de los Archivos municipales anteriores a 1790, publicada por orden de Su Excelencia el conde de Persigny, ministro de Interior. Bajos Pirineos, ciudad de Bayona, tomo 1, series AA, BB, CC, DD, EE. A este hay que añadirle el tomo 2, que contiene las series restantes: FF, GG, HH, II.
Su trabajo como archivero prolongó el trazado marcado antes de él por Jules Balasque y Daguerre Ospital, que habían iniciado una clasificación de los archivos, continuada por Genestet de Chayrac. Pero Dulaurens aportó una metodología más estricta, siguiendo las normas de las instrucciones ministeriales de 1857. Dulaurens estaba obligado a respetar el plan recomendado, por lo que comenzó con las hojas de inventario de la serie AA, actos constitutivos y políticos del municipio. Las primeras clasificaciones se le enviaron al archivero departamental Paul Raymond, posteriormente conocido por haber publicado el Dictionnaire topographique du département des Basses-Pyrénées en 1863. Paul Raymond hizo observaciones y correcciones al trabajo de Dulaurens, lo cual aminoró el avance de la obra, en la que trabajó durante veinticinco años, de 1854 a 1880. En 1861 se encontraba en la serie BB: administración municipal. La serie AA se imprimió en 1864, pero Dulaurens ya estaba trabajando en la serie CC, impuestos y comunidades.
La serie AA impresa constaba de 51 artículos, es decir, 24 registros y 27 legajos. La serie BB constaba de 95 registros y 27 legajos. El número de registros aumentó en las otras series (783 artículos en la serie CC). Los inventarios fueron impresos en París. Gracias a su trabajo de clasificación pudo enviar al prefecto en 1856 un primer catálogo de las obras de la Biblioteca, editado por la imprenta Dupont, que estaba bajo la vigilancia del Ministerio del Interior. La tirada fue de 400 ejemplares, 200 de los cuales se reservaron para intercambios. El municipio de Bayona votó tres asignaciones de 30 francos para imprimir las hojas. La primera parte del inventario propiamente dicho, que comprende las cinco primeras series, se publicó en 1869. La segunda parte estaba terminada cuando murió, el 8 de febrero de 1880. Fue sustituido por Léon Hiriart, que continuó el trabajo de Dulaurens en las últimas series.
Por supuesto, esta clasificación no permitía clasificar los documentos sin leerlos antes detenidamente. La lectura de los archivos permitió a Dulaurens tener un excelente conocimiento de la historia de Bayona y, por tanto, también del País Vasco. Supo adquirir los conocimientos necesarios, como desenvolverse con el occitano gascón y dominar los documentos antiguos y sus más diversas escrituras, desde la gótica hasta la cursiva pasando por la bastardilla. Creó una red intelectual con varios estudiosos que le pedían información sobre la documentación de Bayona, como fue el caso con Paul Raymond.
La obra formaba parte de un vasto plan global a nivel del Estado francés, concretamente una «orden» del ministro del Interior, el conde de Persigny. La obra de Dulaurens comienza con un informe de Persigny de 1862, que recuerda que los archivos de las capitales de departamento como Bayona reúnen los de las intendencias, tribunales de cuentas, tribunales, obispados, monasterios y castillos, e insiste en la importancia de estos archivos para la historia general o particular. El plan seguido es el indicado por el propio Persigny en 1853 con el nombre de inventario-índice.
Un segundo informe, firmado por La Valette, otro ministro del Interior, seguirá al de Persigny al inicio de los trabajos de Dulaurens y también insistirá en el valor documental de estos archivos. En este informe dirigido a su majestad el emperador, La Valette cita varias ciudades que han facilitado este inventario y destaca los distintos tipos de información que estos inventarios permiten seguir de forma organizada: correspondencia entre soberanos u otras autoridades, información sobre numerosos individuos que han tenido alguna repercusión importante en su época, información sobre la riqueza, los estatutos nobiliarios, la jurisprudencia, las artes y la arquitectura civil y religiosa. En palabras de La Valette, esta obra «aporta una visión fuerte y nueva sobre las relaciones del poder central con los gobiernos provinciales y las administraciones comunales, las relaciones de las ciudades entre sí y la situación de cada una de sus castas, y nos hace presenciar, mediante escrituras públicas, el gran y laborioso desarrollo de nuestro país». No podemos dejar de ver en estos textos que inauguran este programa de puesta en orden de los archivos la voluntad del Estado de dotarse de un instrumento de conocimiento y poder para mantener más estrechamente su presencia en la historiografía y controlar mejor la memoria y el pasado.
El tomo 1 tiene 256 páginas. En el ejemplar de la Biblioteca de Bayona las referencias están tachadas en rojo e indican documentos que desaparecieron en el desastre de 1889. El ejemplar de la Biblioteca Municipal de Bayona va acompañado de hojas explicativas en las que se señalan las pérdidas de los antiguos archivos. Se indica que se quemó toda la serie HH, al igual que la serie II, con algunas excepciones. El lector verá que en la serie HH se salvó el documento 1 compuesto de 104 hojas, dedicado a los graneros de Bayona en 1569, la medición de la harina, la fabricación de pipas (barriles) de haya, pero el documento 2 se quemó y sabemos por Dulaurens que contenía patentes reales de los reyes Luis XI y Luis XIII y órdenes sobre el precio de las aves y de la caza, incluyendo las becadas, las grullas y las garzas.
Aportamos un ejemplo menos desalentador a través de una muestra extraída del primer documento de la serie AA, del que elegimos extractos relativos al uso de la lengua occitana gascona, la presencia inglesa en Bayona, los conflictos con los puertos cántabros y las luchas entre Bayona y Lapurdi. Las notas están redactadas como sigue: 1170-1625: privilegios y franquicias de Bayona (en gascón) – orden de Ricardo I, rey de Inglaterra, sobre el derecho de naufragio – Tratado de paz entre Bayona y Biarritz por una parte, y Castro Urdiales, Santander y Laredo por la otra – Sentencia de Eduardo, príncipe de Gales, sobre la disputa entre Bayona y el país de Lapurdi.
Recordemos que las series están organizadas de la siguiente manera: Serie AA (actos constitutivos y políticos del municipio). BB (Administración municipal). CC (impuestos y contabilidad). DD (edificios públicos). EE (asuntos militares y marina). Y en el segundo volumen de 1897: serie FF (justicia, procedimientos, policía, incluidos documentos del Almirantazgo de Bayona, juicios interpuestos por la ciudad; sediciones, represión y ejecución. Serie GG (culto, educación y asistencia pública). La serie HH (agricultura, industria y comercio) se quemó casi por completo.
En conclusión, la obra de Édouard Dulaurens es una herramienta de trabajo indispensable para los historiadores.
Obras
Con Jules Balasque, Études historiques sur la ville de Bayonne, Bayonne: E. Lasserre, 1862-1875, 3 vols., t. 3, 1875, VI + 642 pp.
Inventaire-sommaire des archives communales antérieures à 1790, rédigé par Édouard Dulaurens, bibliothécaire-archiviste, Ville de Bayonne, tome 1er, series AA, BB, CC, DD, EE, Bayonne: Imp. Lamaignère, 1894-1897, 246 pp., t. II, series FF, GG, HH, II, 343 pp.
Bibliografía
Barbe, F., Essai d’une bibliographie de Bayonne et de ses environs, 1530-1920: à l’exclusion des textes basques et des ouvrages traitant spécialement de la langue et de la littérature basques, accompagné de quelques extraits, Bayonne: Arts Graphiques, 1935, VIII-349 pp.
Bernadou, Ch., «M. Dulaurens et les Archives de Bayonne», BSSLAB, 1880, pp. 3-38.
Goyenetche, J., Les Basques et leur histoire. Mythes et réalités, Donostia-Bayonne: -Elkar, 1992.
Hourmat, P., «La bibliothèque de la ville de Bayonne des origines à nos jours, [2], les années d’Édouard Dulaurens, bibliothécaire archiviste de la ville, 1854-1880, Gui-llaume Léon Hiriart, conservateur du Museum d’histoire naturelle, bibliothécaire archiviste de la ville de Bayonne 1880-1889», BSSLAB, 2003, pp. 259-293.
Jeanpierre, H., «La bibliothèque de la ville de Bayonne de 1851 à 1951», BSSLAB, 1952, p. 65.
Pontet, J., «Les historiens de Bayonne, xixè début xxè siècle», BSSLAB, 2019, pp. 35-50.





