Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de fuera de vasconia

DUFOUR, Auguste-Henri (París, 1798 – París, 1865).

Cargos y oficios

Geógrafo

Trayectoria

Prolífico autor de Atlas y otras producciones cartográficas, se formó profesionalmente con el prestigioso cartógrafo militar Pierre Lapie, con quien colaboró en la confección de mapas del servicio cartográfico de la Marina francesa. Participó en casi 700 obras, destacan los 171 casos que lo hizo como cartógrafo y los 441 como autor literario, según la Biblioteca Nacional de Francia. Muchas de ellas fueron trabajos en colaboración con otros cartógrafos, editores y grabadores contemporáneos, como Charles Dyonnet. Buena parte de su cartografía representa diversos territorios (departamentos, ciudades…) de Francia y de Ultramar, aunque también confeccionó mapas de otros lugares europeos, sobre todo de España, y americanos. En sus Atlas, además de la cartografía, se aporta información técnica sobre la confección de los mapas, textos relativos a los espacios representados, así como diversas estadísticas de los mismos (coordenadas, superficie, población, etc.).

Su primera publicación, como autor único, fue en 1824 un Analyse géographique de la carte de Palestine. Unos años más tarde, en 1828, sacó a la luz el Atlas élémentaire et universel de géographie ancienne et moderne, que se convirtió en un clásico, al ser reeditado frecuentemente durante buena parte del siglo xix. En 1856 publicó su Atlas universel physique, historique et politique de géographie ancienne et moderne. Su obra culmen es el Atlas Universel physique, historique et politique de la France, ses départements et ses colonies, conocido como Atlas Dufour que contenía 106 mapas.

Entre 1834 y 1843 confeccionó el Atlas nacional de España con las nuevas divisiones en provincias. En él se representan estas, surgidas tras la reforma, realizada en 1833 por Javier de Burgos, con objeto de modernizar la administración territorial española, a imitación de la división francesa en departamentos. Como es habitual en las publicaciones de Dufour, posee diversas informaciones referentes a aspectos geográficos, económicos e históricos. Dentro de esta obra, se elaboró un Mapa de Navarra y Provincias Vascongadas: con las nuevas divisiones, que también contiene dos planos: uno es de los alrededores de Pamplona, y el otro de la ciudad y el puerto de San Sebastián. Este mapa es el núm. 4 del citado Atlas. De este se realizaron varias ediciones, siendo la primera en 1838, utilizada en la redacción de esta voz, que se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Yale. Este Atlas posee un alto nivel técnico y artístico. El primero se observa, por ejemplo, en la representación de las coordenadas geográficas, latitud y longitud, en el marco del mapa en grados completos con subdivisiones de 5’, así como en que tanto los paralelos como los meridianos están dibujados en cuadrícula, tomando estos como origen el de París. El segundo queda patente en la orla caligráfica, donde figura el título, autor, lugar y fecha de edición, muestra de la pericia del grabador Lallemand. Se incluyen cuatro escalas gráficas (ca. 1:570.000) en cuatro unidades de medida, sin duda, para buscar su máxima precisión, comprensión y utilización. Los sistemas montañosos más importantes aparecen representados, mediante dibujos de normales y sombreado. También se recogen la red de comunicaciones, con indicación de la distancia en leguas entre poblaciones, y los núcleos de población, representados por círculos de diferente tamaño, en función de su importancia. Igualmente se dibuja la división político-administrativa en color y los ríos principales. Es de destacar la abundante toponimia y cómo se realza la costa con un fino rayado.

Se debe señalar que, como ocurre en las otras regiones españolas pirenaicas recogidas en este mismo Atlas, los territorios fronterizos de la parte francesa se dibujan mucho más extensa y detenidamente que los limítrofes de las otras regiones nacionales. Lógico, dado que estas se representaban con todo detalle en sus mapas respectivos. En la parte inferior del mapa señala que las provincias son Pamplona, Vitoria, Bilbao y San Sebastián. Esta denominación no se estableció, ya que se mantuvieron las denominaciones de Navarra, Álava, Bizkaia y Gipuzkoa.

Como en la mayor parte de los otros mapas regionales del Atlas, en el lateral derecho se recogen las notas con la información relativa a: la posición astronómica; las dimensiones y confines; el medio físico (montañas, ríos, meteorología, zoología, botánica, mineralogía); aspectos humanos (etnografía, religión, fortalezas; industria); las estadísticas (las principales ciudades, con los rasgos socioeconómicos y demográficos más sobresalientes); y, por último, un escuetísimo resumen histórico.

Navarra siempre aparece escrita al modo francés, precedida del artículo La. En su mapa aparecen delimitadas las cinco merindades históricas de la Alta Navarra, a saber, Pamplona, Sangüesa, Estella, Olite y Tudela.

La información que se encuentra en las notas antes mencionadas es, salvo excepciones, muy general, como corresponde a un documento cuyo objetivo principal es la representación cartográfica con el grado de perfección técnica que hemos señalado con anterioridad. Por ejemplo, al hablar de la meteorología solo figura que: «El frío es fuerte en las montañas, pero en los llanos cercanos al Ebro y en la mayor parte de los valles la temperatura es dulce. El aire es sano en toda la provincia».

Un análisis de las informaciones más destacadas nos permite conocer, en el apartado de la botánica, cuáles son los cultivos. Los cereales, en casi todas sus variedades, son los primeros citados, seguidos del vino «de buena calidad». A continuación, se mencionan las frutas, especialmente las manzanas, utilizadas para hacer sidra en algunos distritos, así como el aceite, el lino y el cáñamo. Hace referencia al extendido cultivo del regaliz en el sur de la provincia. Este producto, usado en la cocina y la farmacia, se destina a la exportación hacia otros lugares de Europa, algo que se hacía, cuando menos, desde el siglo xvi, sobre todo a Francia.

Al hablar de la industria, aporta datos cuantitativos muy interesantes: «Hay fábricas de telas, papel, jabón, paños, y más de 500.000 arrobas de aguardiente. Hay 67 fábricas de curtidos y unas 30 de hierro. La riqueza territorial comercial e industrial está evaluada en 154.147.866 reales». El tipo de actividades industriales, netamente endógenas, denotan la importancia del cultivo del viñedo y de la crianza del ganado, aunque de este no se haga mención directa alguna.

En el apartado de estadística, sin duda uno de los más interesantes, se facilita la población de Navarra, que cuenta con 230.925 habitantes, y de las cuatro ciudades más relevantes. De este modo, Pamplona, con 15.000 habitantes, destaca por su sede episcopal y capitalina, así como por su carácter de fortaleza, como queda bien reflejado en el plano lateral izquierdo. Tudela, que alcanza los 8.150 habitantes, tiene obispado e industrias cerámicas y textiles. Entre 4.000 y 5.000 habitantes cuentan Tafalla, Estella y Corella, poseyendo todas ellas fábricas de aguardiente. La importancia agraria y comercial de aquella Navarra se pone de manifiesto al indicar, en las cinco ciudades, cuándo se celebran sus ferias.

Los contenidos sobre las tres Provincias Vascongadas que figuran en bastantes de las notas son muy generales, tal y como se ha indicado para Navarra. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía con esta última, la información cuantitativa es escasa, salvo en el apartado de Estadística.

Al describir el relieve, pone interés en explicar las características y la relevancia de las costas: «Una extensión de cerca de 20 leguas, están guarecidas de peñascos cuyas extremidades forman algunas pequeñas bahías, en donde se hallan trece puertos: San Sebastián, Pasajes, Fuenterrabía, Motrico, Deba, Zumaya, Guetaria, Bermeo, Plencia, Mundaca, Orio, Lequeitio y Portugalete. Los tres primeros son los más importantes». La calidad de estas infraestructuras explica que sus habitantes: «Pasen por ser los mejores marinos de España» y que destaquen por la pesca de sardinas, atunes, rayas y salmones.

La poca importancia de la agricultura se pone de manifiesto en que en la Botánica casi solo se destaca: «Un vino que llaman Chacolí, gran variedad de frutas, especialmente las manzanas, con que se hace sidra».

Es de subrayar la importancia que tienen las fábricas de hierro, sobre todo las que producen anclas y armamento para el ejército (cañones, bombas, armas de fuego…), y, con menor relevancia, las textiles (paños, sombreros, etc.). Estamos, pues, en el momento previo al gran salto industrial que tendrá lugar en torno a 1850, sobre todo en la ría del Nervión.

El apartado denominado Estadística, al igual que sucedía en Navarra, posee una información más rica y pormenorizada, sobre todo desde el punto de vista cuantitativo. Así, realiza una enumeración de las localidades más importantes de cada provincia con las características más relevantes.

Vitoria poseía 12.000 habitantes y destacaba por la abundancia de edificios religiosos. Sus actividades económicas giraban alrededor del cuero, la madera y la alfarería. La otra localidad alavesa que se cita es Salvatierra, cuya población es de 1.560 habitantes y donde hay fábricas de cueros.

De San Sebastián, con 9.720 habitantes, se destaca su puerto y su carácter de plaza fuerte, como se observa en el plano situado en el extremo inferior izquierdo, rasgos que también comparte Hondarribia (2.035 habitantes).

Entre los 4.000 y 5.000 habitantes hay tres ciudades guipuzcoanas, encabezadas por Tolosa que posee varios edificios religiosos, e industrias de «sombreros finos» papel, ebanistería, cuero y objetos de cobre, con mercado semanal. Oñati y Bergara destacan por sus centros educativos: colegio llamado Universidad del Espíritu Santo, la primera, y seminario la segunda.

A Bilbao, que contaba con 15.000 habitantes (los mismos que Pamplona), se la cataloga de «ciudad muy comerciante» que cuenta con abundantes edificios religiosos y educativos. Entre estos destacan los destinados al dibujo, idiomas —francés e inglés— y pilotaje, una muestra patente del perfil comercial de la capital vizcaína. No obstante, las actividades más relevantes son los muchos astilleros y ebanisterías, unos de los pilares sobre los que se sustentará la próxima eclosión de la ría.

Fuera de la capital del señorío, solo se habla de Somorrostro: «Célebre por su cercanía al monte Triano que parece contener minas inagotables de hierro que alimentan una infinidad de fábricas de este metal», materia prima fundamental para la actividad industrial y origen, en primera instancia, de la misma; y de Urduña, ciudad comercial, de 3.400 habitantes.

La población de las Provincias Vascongadas era de 287.525 habitantes —-solo 56.600 más que Navarra— en un momento próximo a la revolución fabril que transformará de un modo sustancial a una parte de estos territorios, convirtiéndolos en uno de los principales focos españoles de la nueva actividad económica.

Obras

Mapa de Navarra y Provincias Vascongadas: con las nuevas divisiones, 1838.

Bibliografía

Vapereau, G., Dictionnaire universel des contemporains, Paris: Ch. Lahure et Cie, 1858.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


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