Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras guipuzcoanos

DELAUNET ESNAOLA, Amadeo (Donostia-San Sebastián, 27 de septiembre de 1885 – Donostia-San Sebastián, 21 de julio de 1958)

Cargos y oficios

Genealogista, empresario.

Trayectoria


Amadeo Delaunet fue un industrial, bibliófilo y erudito donostiarra que forma parte de la generación perdida, si es que podemos llamarla así. Es decir, desarrolló la actividad cultural y erudita que le ha dado fama en pleno franquismo, con lo que ello significó de dificultades para trabajar en las condiciones en las que operaba ya el resto de Europa. Como tantos otros, llevó adelante sus investigaciones en ese entorno complicado, y su francofilia, derivada de sus orígenes familiares, le sirvió de contrapeso. Trabajó en Gipuzkoa, pero su patria intelectual fue, en buena medida, Francia.

En la vida de Delaunet juega un papel muy importante su padre, Amédée Delaunet Sauclière (1852-1926), natural de Saint-Denis (isla de La Reunión), industrial visionario que crea lo que fue un próspero negocio, la fábrica de contadores de agua Delaunet, S. A. Su hijo se ocupó de la empresa, de la que fue su consejero-gerente. La firma se extendió por todo el territorio entre el último tercio del siglo XIX y primero del XX. Para velar por sus intereses empresariales, intervino en diferentes organismos; fue vocal de la Cámara de Propiedad Urbana y presidente de la Asociación Metalúrgica de Guipúzcoa.

Como tantos hombres curiosos y cultos de su tiempo, Delaunet compaginó su desempeño profesional con dos aficiones, que, en sus propias palabras, dieron sentido a su vida: la formación de una biblioteca de genealogía y heráldica, y la investigación genealógica. Al margen de esto, intervino en numerosas otras iniciativas: fue vocal secretario general de la Comisión de Guipúzcoa de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, vocal secretario de la Comisión de Monumentos de Guipúzcoa, vocal de la directiva del Orfeón Pamplonés y vocal de la Asociación franco-española de los Amigos de la Isla de los Faisanes y del Bidasoa. Presidió, además, el Club Cantábrico donostiarra.

Su natural espíritu emprendedor le animó a la política, si bien de manera efímera: fue concejal del ayuntamiento donostiarra entre 1914-1918.

Delaunet llega a la investigación por pura afición. Se suele afirmar que las personas procedentes del mundo de la industria o la gerencia que aterrizan en un campo tan diferente al suyo suelen hacerlo desde una experiencia que aúna el rigor, la veracidad y la minuciosidad. En el caso, claro está, de que su objetivo sea el conocimiento del pasado. Esta manera de proceder les sitúa en una atalaya desde la que pueden contribuir a la investigación histórica de manera muy solvente.

En una generación en la que la historia era practicada en Gipuzkoa —y el País Vasco en general— de manera muy marginal y, en muchos casos, con una metodología pobre y anticuada, Delaunet adopta una forma de proceder que, vista desde hoy día, resulta muy innovadora.

Su campo de estudio era la genealogía familiar, y su método de trabajo se basaba en el rigor documental y en la investigación de archivo. Operar de esta manera en los años 1940-1958, que es cuando trabaja de manera incansable, en un entorno todavía muy favorable a la historia familiar mitológica y pintoresca, significa que Delaunet ha tomado buena nota de la mejor tradición investigadora clásica española y europea, y que establece, de manera imperturbable, un puente metodológico con los positivistas de los siglos XVIII a XX.

Su bibliofilia acompañó sus investigaciones. Reunió en su casa lo mejor de la edición erudita clásica en la materia, y meses antes de fallecer, ayudado por su sobrino Charles, terminó el catálogo de la que había sido la obra de su vida, su biblioteca, que se editó de manera póstuma: Catálogo de una biblioteca de genealogía y heráldica (San Sebastián, 1960). En sus 287 páginas se describen 1.801 volúmenes.

Delaunet no estuvo solo en su aventura historiográfica. En 1948, en compañía de dos amigos, Fernando del Valle Lersundi (1887-1970) y Gonzalo Manso de Zúñiga (1902-1982), eruditos y curiosos como él, fundó el Instituto Genealógico Guipuzcoano. El objetivo del Instituto era eminentemente práctico. Investigaba, por encargo, la genealogía de familias oriundas del País Vasco, Navarra y Rioja, sobre todo, pero prestaba sus servicios sobre todo a los descendientes de familias de la antigua élite vasca. Una parte muy importante de sus pesquisas se hacían con el propósito de formalizar pruebas de nobleza y legitimidad para solicitar hábitos de órdenes militares (especialmente Malta y Santiago), y rehabilitar o suceder en títulos del reino vacantes. Funcionó de manera muy intensa durante diez años aproximadamente.

Delaunet era el alma mater, y, de hecho, a su fallecimiento (1958) el Instituto languidece y su actividad es muy esporádica. Las investigaciones del Instituto dieron pie a la formación de un importante archivo, que fue recuperado en 2018 por el Archivo Histórico de Euskadi. Sus fondos (41 legajos) han sido catalogados y digitalizados, y se pueden consultar en la página web del archivo.

La actividad editora de Delaunet como autor de estudios genealógicos monográficos coincide con la del Instituto. Creo que no es casual y el hecho es que ambas se solapan. Cumplidos los sesenta años, Delaunet se encuentra en un momento de plenitud en su actividad intelectual y se dedica por entero a la investigación.

El método es simple, aunque la tarea, vista desde hoy día, resulta abrumadora.

Las genealogías de Delaunet se construyen con documentos de archivo. Y, para ello, es necesario controlar tres ámbitos:

a) Los registros sacramentales, que son la fuente básica. Solo se podían consultar in situ, o a través de la colaboración de los párrocos y clérigos que atendían las iglesias. El cruce de cartas es incansable, y da la impresión de que el Instituto crea una auténtica red de corresponsales, cuya ayuda es irreemplazable.

b) Las pruebas de nobleza e hidalguía del antiguo régimen. El Instituto crea un fichero de apellidos «probados» en las órdenes militares y cuerpos nobles durante los siglos XVI a XX, que solo se conserva parcialmente, pero que da fe de ese trabajo ímprobo. Y se organiza para conseguir los listados de pruebas de hidalguía litigadas en los ayuntamientos guipuzcoanos y en el Señorío de Bizkaia. De hecho, Delaunet publica los catálogos correspondientes a Bergara, Azkoitia y Tolosa.

c) Los archivos notariales, en los que, como es natural, se privilegian testamentos y contratos matrimoniales. Son la fuente más lenta y complicada, máxime en un mundo en el que el trabajo es manual, y las copias son lentas y costosas. En archivos, además, de difícil acceso, con fondos en condiciones no idóneas.

Los investigadores, además, trabajan en una red muy amplia. Delaunet y sus colegas se cartean con expertos españoles e iberoamericanos, con quienes intercambia datos e informaciones.

La metodología es impecable. Hoy día, con medios tecnológicos y un acceso democrático y universal, no ha variado de manera significativa.

Delaunet, que es quien realmente trabaja en los árboles genealógicos que los particulares encargan al Instituto, procede minuciosamente. Construye una y otra vez esquemas genealógicos que va completando y corrigiendo, y, a través de los documentos notariales, añade detalles y curiosidades. Con todo ello redacta una suerte de «historias genealógicas», que siguen todas ellas un mismo patrón: listado de fuentes de archivo, genealogía escrita, entronques y descendencias, en su caso, por ramas femeninas, cuando estas aportan lustre a la familia objeto de estudio.

Concluida la investigación, se redacta un estudio pormenorizado para el cliente, que incluye fotografías de las casas solares, de escudos o elementos decorativos. Con todo ello se crea un libro, encuadernado suntuosamente, al que se añaden en apéndice los documentos probatorios de lo que se afirma en el texto.

Delaunet publicó muy pocos de sus trabajos. Cumplidos los setenta da a la imprenta dos particularmente importantes: los referentes a las familias Artola (1955), que le hizo merecedor del premio internacional «San Martino di Spuches», y Churruca (1957).

Este último supone la consagración de su obra científica. En su origen, procedía de un encargo del marqués consorte de Aycinena, Pablo de Churruca y Dotrés (1882-1968), donostiarra de gran presencia social en estos años, además de embajador de España en Roma, Berna, Lima y la Santa Sede. Delaunet prepara el expediente de rehabilitación del título de Aycinena, y desarrolla una gran amistad con Churruca, quien es, además, hombre curioso y erudito. De las investigaciones llevadas a cabo durante años resulta una de las historias genealógicas guipuzcoanas más completas y mejor trabajadas. El archivo del citado Instituto conserva varios gruesos expedientes con innumerables pruebas documentales relativas a la familia y a quienes enlazaron con ella. 

De manera paralela, Delaunet escribe la historia de sus apellidos y los de su mujer. El método es idéntico, de manera que con todo ello crea un archivo genealógico que conservan sus herederos. Se trata de 12 volúmenes de pruebas documentales e historia familiar.

Además de la propia investigación, su objetivo es reconstruir el que fue importante archivo de sus antepasados, los Launet Beauvau Craon-Tigny, destruido en el Château de la Treille de Cholet (Maine et Loire) en 1793.

El segundo rasgo característico de la biografía de Delaunet es su pasión bibliófila. Es cliente de las principales librerías españolas y de la célebre parisina Saffroy, templo de la genealogía europea durante tres generaciones. Como él mismo afirma en el catálogo de su biblioteca, la redacción de este minucioso trabajo era una suerte de «testamento de un bibliófilo que […] guarda siempre el recuerdo inolvidable de horas de ensueño vividas en el cultivo de la noble pasión de los libros» (12.1957). Este singular tesoro fue dispersado en subasta en París (¿dónde si no?) en 2015. Es muy probable que Delaunet viera esta iniciativa con muy buenos ojos. No hay mejor manera de incentivar y difundir esta pasión, para que otros puedan recrear bibliotecas similares y pasarse el testigo.

Obras

La Casa de Olózaga, 1500­-1947, San Sebastián: Gráficas AVAM, 1947, 77 pp.

Historia genealógica de la Casa Solar de Rezola, 1480­-1948, San Sebastián: Nueva Editorial, 1949, 87 pp.

Noticias genealógicas de la familia Olasagasti, 1525-­1949, Salamanca: Comercial Salmantina, 1949, 18 pp.

Con VALLE DE LERSUNDI, F., «La Casa Ospín de Urquijo», Homenaje a D. Julio de Urquijo e Ybarra. Estudios relativos al País Vasco, vol. I, San Sebastián: RSBAP, 1949, pp. 11-36.

Casa Solar de Esnaola­-Goicoa en Legorreta, 1480­-1950, San Sebastián [s. n.], 1950, 18 pp.

Historia genealógica de la Casa Solar de Izaguirre en Urrestilla, 1500­-1950, San Sebastián: Nueva Editorial, 1951, 22 pp.

Tableau Généalogique de la Maison de Beauvau, 925-­1952, San Sebastián: Imprenta Baroja, 1952.

«Índice de los expedientes de hidalguía litigados en Vergara y conservados en los Archivos del Hospital y Municipal de esta villa», Archivos de Genealogía y Heráldica, I (1952), pp. 219-228.

«Índice de hidalguías que se custodian en el Archivo del Ilustre Ayuntamiento de la Noble y Leal Villa de Azcoitia (Guipúzcoa)», Hidalguía, II (1954), pp. 57-72.

«Relación de las hidalguías que se conservan en el Archivo Provincial de Guipúzcoa, en Tolosa», Hidalguía, III (1955), pp. 521-536, 969-980.

Noticias históricas y genealógicas de la casa solar de Artola, 1450­-1955, San Sebastián: [s. n.], 1955, 190 pp.

La Casa de Churruca y sus alianzas. 1400­-1947, prólogo de Dalmiro de la Válgoma y Díaz Varela, San Sebastián [s. n.], 1957, XIII, 497 pp.

Catálogo de una biblioteca de genealogía y heráldica, San Sebastián: Gráficas Izarra, 1960, XIX, 287 pp.


Bibliografía

«D. Amadeo Delaunet, premio internacional San Martino di Spucches», BRSBAP, XII (1956), pp. 102-103.

 


Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


Con el apoyo de:

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