Cargos y oficios
Condesa de Espoz y Mina, escritora y cronista, benefactora, aya de la reina y camarera mayor de Palacio, hija de San Vicente de Paú
Trayectoria
El recorrido vital y profesional e intelectual de Juana de la Vega se enmarca en el seguido por aquellos hombres que fueron protagonistas del tránsito a la cultura liberal y dirigieron la política del nuevo Estado. En concreto, su liberalismo es el propio de los revolucionarios y doceañistas que evolucionaron hacia el progresismo. Su dedicación predilecta fue la política social, benéfica y asistencial, al servicio de los desfavorecidos, que con cuidados y educación serían «miembros útiles de la sociedad». Ella misma consideraba su labor de «utilidad pública», para el «bien de la patria». Además, desarrolló su propia obra intelectual, que se nos presenta como testimonio histórico, pero, sobre todo, como justificación de su actuación y comportamiento en tiempos convulsos (sus Memorias hasta 1833 y sus Apuntes de 1841 a 1843).
Era hija de un próspero comerciante lucense instalado en La Coruña —Juan Antonio de la Vega y Río— de origen humilde, enriquecido en Cuba. Juana siempre destacó su origen popular («pertenezco a la clase del pueblo») para valorar el mérito de su trabajo, la austeridad en su forma de vida y su dedicación a los necesitados. El recuerdo de sus padres (su madre fue Josefa Martínez Losada) siempre estuvo presente, en agradecimiento a la «educación liberal que me dieron». Vivió con su familia la Guerra de la Independencia, cuando su padre, adscrito al partido revolucionario, accedió al gobierno local y provincial. Y se casó, en diciembre de 1821, con uno de los principales héroes patrios: Francisco Espoz y Mina. Con su padre y con su marido se fue al exilio a Inglaterra (con un breve paso a Francia en diciembre de 1830). Allí estuvo en contacto con los más destacados políticos liberales europeos, compañeros de causa —el restablecimiento del orden constitucional— y algunos amigos de por vida, como Agustín Argüelles. Fueron años decisivos en su formación y acción política, durante los cuales comenzó a escribir para el público, aún como secretaria de su marido.
Tras su regreso a España, y tras la muerte de Espoz, ocurrida en 1836, mientras sus compañeros liberales ocupaban los principales cargos de gobierno, ella comenzó su actividad asistencial, que nunca abandonaría. Pero, además, cuando fue reclamada, prestó sus servicios a la Monarquía-Nación, en concreto cuando, en 1841, fue nombrada aya de la reina Isabel II. Se integró en el equipo encargado de proporcionar a aquella una educación liberal, encabezado por el tutor Argüelles y el ayo José Manuel Quintana. Un año después también ocupó en propiedad el cargo de camarera mayor de Palacio. En medio de la lucha entre progresistas y moderados, dimitió con Argüelles, tras la caída de Espartero, en julio de 1843.
Nunca abandonó al partido progresista, pero se retiró a La Coruña y allí llevó a cabo su extraordinaria obra benéfica, a cargo de su patrimonio y de los bienes que recibió de otros particulares para tal fin, con la cual contribuyó a suplir los defectos de la incipiente asistencia pública, sanitaria y educativa, incapaz de sustituir la protección derivada de la caridad privada. Juana dejó siempre clara su intención de mantener su labor al margen de la autoridad gubernativa, porque «las corporaciones dejan de cumplir la voluntad de los fundadores con el tiempo y quedan ilusorias obras de caridad y de utilidad pública».
Fundó y presidió, desde 1838, la Asociación de Señoras de Beneficencia de La Coruña, para la dirección y fiscalización del ramo. En 1856, Isabel II la nombró viceprotectora de los establecimientos de beneficencia de Galicia, con el encargo de «estudiar las necesidades de las clases pobres y buscar el mejor remedio». Entre sus numerosas obras, en su testamento ella destacó las siguientes: una casa de ancianos pobres en la parroquia de Vilanova, en San Pedro de Nos; la «Escuela gratuita de Espoz y Mina para párvulos» pobres de La Coruña, fundada en 1863, con 120 niños de tres a seis años, que no tuvo éxito, por falta de concurrencia; la Escuela de adultos para jornaleros que fundó un año después; y, una escuela teórica-práctica de agricultura, en su casa y granja de San Pedro de Nos, para jóvenes del hospicio y expósitos aptos para la carrera agrícola. Una parte de esta última, además, debía ser escuela para las niñas de la parroquia, con el objeto de paliar el descuido de «la educación de toda clase de mujeres». A su fundación le dio su apellido: «Escuela gratuita de agricultura de Vega». Su modelo era la Granja de Vitoria, dirigida por la Diputación.
Falleció el 22 de junio de 1872, en compañía de su prima Agustina Martínez y Losada. Su voluntad fue ser enterrada con el hábito de hija de la caridad, como hermana de la Congregación de San Vicente de Paúl de París (desde agosto de 1854), y, en su defecto, con el traje negro que llevaba desde su viudez, junto a sus padres y bajo una inscripción con su nombre y su condición: «Viuda del general don Francisco Espoz y Mina, cuyo corazón se halla aquí».
En sus escritos, Juana se refiere a Navarra como tierra de nacimiento y de la primera actividad militar de su marido. Tras la muerte de este, ocurrida en Barcelona, solicitó a Gregorio XVI autorización para conservar sus restos mortales embalsamados en su casa en La Coruña. En su testamento pidió el traslado de los mismos a Idocin, para depositarlos en un monumento sencillo adornado con los instrumentos de agricultura enlazados con trofeos militares.
En cuanto a la valoración de su obra, calificamos a Juana de la Vega de escritora y cronista, y no tanto de historiadora, porque sus escritos públicos tenían por finalidad el relato de los acontecimientos políticos que vivió, no tanto para el recuerdo histórico como para la justificación de sus actos. También podríamos considerarla política, miembro destacado del partido progresista, que obtuvo la admiración de sus compañeros y el reconocimiento del gobierno. Por el contrario, contó con el duro rechazo de sus opositores, aquellos que procuraron su cese como educadora de la reina, capaces de calificarla de poco inteligente e incluso de enajenada desde la muerte de su marido.
Por otro lado, está la valoración de su labor asistencial, donde fue cabeza destacada de un grupo de hombres y también mujeres, al ser un ámbito ideal para estas, entre lo doméstico y lo público. Fue muy valorada por sus coetáneos, que dijeron que era «el amparo de los pobres, el apoyo de los débiles y la madre piadosa de los huérfanos desamparados (La Ilustración de Madrid, 25, 1871); el «ángel tutelar de sus desdichados hijos que la llaman madre», una «criatura prodigiosamente organizada para el bien» y la «personificación de la caridad de San Pablo», en palabras de Concepción Arenal (La beneficencia, la filantropía y la caridad, escrito dedicado a la condesa, en 1860). Precisamente junto con Arenal, se relaciona a Juana de la Vega con el renacimiento cultural gallego y un incipiente «feminismo hispánico» (Cristóbal de Castro, en Blanco y Negro, 1 de agosto de 1926).
Como heroína liberal, defensora de la libertad de la patria y la nación española, obtuvo reconocimientos en vida: título de condesa de Espoz y Mina (12 de mayo de 1837), al que añadió el de su elección: vizcondesa del Arado, «para perpetuar el humilde y honroso origen de su virtuoso marido»; Grandeza Personal de Primera Clase (3 de octubre de 1842); duquesa de la Caridad (24 de noviembre de 1854), en reconocimiento a «los distinguidos servicios que ha prestado a la humanidad», y Primera Clase de la Orden Civil de Beneficencia (17 de febrero de 1871), «por sus actos de abnegación y caridad para el consuelo de desvalidos en hospitales y casas de beneficencia».
Obras
Apuntes para la historia del tiempo en que ocupó los destinos de Aya de Su Majestad y Alteza Real y Camarera Mayor de Palacio (San Pedro de Nos, el 29 de octubre de 1844). Manuscrito en el AHN, Archivo de Juana M.ª de la Vega, Diversos, Títulos y Familias, 3759, expediente 1. Se publicaron por primera vez en Memorias de la excelentísima señora condesa de Espoz y Mina. Al título acompaña: su autora, la Excma. Sra. D.ª Juana Vega de Mina, condesa de Espoz y Mina. Escritos inmediatamente después de su renuncia y revisados por el Excmo. Sr. D. Manuel Quintana, ayo instructor. Legados por la misma señora al Congreso de los Diputados y mandados publicar por su presidente el Excmo. Sr. D. José Canalejas y Méndez, actual presidente del Consejo de Ministros, quien los ilustró con numerosos documentos precedidos de un prólogo escrito también de su orden por el Excmo. Sr. D. Juan Pérez de Guzmán y Gallo, de la Real Academia de la Historia, Madrid: Imprenta de los hijos de M. G. Hernández, 1910. También han sido publicados en Memorias. La condesa de Mina: una línea bien trazada, pról. de la condesa de Campo Alange, Madrid: Tebas, 1977; y en Memorias de la condesa de Espoz y Mina, Madrid: BOE, 2014; editora y coautora de Memorias del general don Francisco Espoz y Mina. La memoria, varias anotaciones y apuntes de la condesa de Espoz y Mina se conservan en el Archivo de Juana María de la Vega, AHN, Diversos, Títulos y Familias, 3759, 4, 12 y 13. Fueron publicadas por primera vez como Memorias del general don Francisco Espoz y Mina, escritas por él mismo. Publícalas su viuda doña Juana María de Vega, Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1851. Una edición posterior, en Biblioteca de Autores Españoles desde la formación del lenguaje hasta nuestros días, I y II, Madrid: Atlas, 1962; Reglamento de la Asociación de Señoras de Beneficencia de La Coruña, formado por la excelentísima señora condesa de Espoz y Mina, Presidenta de la Asociación y aprobadas por el señor Gobernador Civil de esta provincia en 26 de junio de 1855, La Coruña: Imprenta del Hospicio, 1855; Memorias de la condesa de Espoz y Mina. Borrador manuscrito en el AHN, Archivo de Juana M.ª de la Vega, Diversos, Títulos y Familias, 3759, 2. Su primera edición fue Memorias de la excelentísima señora condesa de Espoz y Mina, publicadas de orden del presidente del Congreso de los Diputados, Excmo. Sr. D. José Canalejas y Méndez, actual presidente del Consejo de Ministros, Madrid: Imprenta de los hijos de M. G. Hernández, 1910. Otras ediciones son: Memorias. La condesa de Mina: una línea bien trazada, pról. de la condesa de Campo Alange, Madrid: Tebas, 1977; y Los Vega. Memorias íntimas de Juana de Vega, condesa de Espoz y Mina, Libro-DVD de la exposición audiovisual itinerante «Juana de la Vega, la gran dama del primer progresismo español», edición de José Antonio Durán, Madrid-Coruña: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Fundación Juana de Vega, 2006.
Bibliografía
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Rodríguez Maneiro, M., Juana de Vega, entre Acevedo y San Pedro de Nos. Vida y obra de una mujer ejemplar, Iñás, Oleiros: Trifolum, El Taller de Juan, 2003.
Romero Matero, M.ª C., «Juana María de la Vega, condesa de Espoz y Mina (1805-1872), por amor al esposo, por amor a la patria», en Burdiel, I., y Pérez Ledesma, M. (coords.), Liberales, agitadores y conspiradores: biografías heterodoxas del siglo xix, Madrid: Espasa-Calpe, 2000, pp. 209-238.
Veiga Alonso, X. R., «Modelos de feminidad. Juana de Vega, condesa de Espoz y Mina, en la cultura política liberal progresista del siglo xix», Historia Contemporánea, 56 (2018), pp. 47-80.





