Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de vasconia continental

CHARBONNEAU, Henri (Bayona, 1882- Guiche/Gixune, Labort, 1944).

Cargos y oficios

Sacerdote e historiador

Trayectoria

Jean-Baptiste Henri Charbonneau nació en 1882 en la casa Maysouete, en el barrio de Saint-Étienne de Bayona. Estudió en los seminarios de Larressore y Bayona. Fue ordenado sacerdote por el obispo Gieure en 1906. Primero fue profesor en el seminario menor de Oloron, después vicario en la parroquia de San Vicente de Salies-de-Béarn y más tarde párroco en Pontiacq-Viellepinte. Fue nombrado sustituto del abad Cinqualbres en Guiche/Gixune y murió en 1944 de un ataque al corazón. Se le conoce por las muchas funciones que asumió de manera muy activa en los distintos puestos que se le asignaron. Se ocupó de temas históricos de forma erudita, sobre todo en el periodo entre 1900 y 1930, escribiendo esencialmente sobre el Béarn en la Revue archéologique et archéologique du Béarn et du Pays Basque. Como ejemplo, citaremos los documentos que publicó en 1912 sobre las recetas de los remedios contra la fiebre aftosa, que podrían compararse con los textos de medicina popular en euskera publicados por Mongongo Dassança.

También escribió en gascón de Bayona, cuentos principalmente, con el seudónimo de Hourique-Plach, una expresión de cazadores que en gascón significa «hurgar entre los setos» o «registrar las matas», probablemente como alusión metafórica a su actividad científica, que consistía en cazar en los archivos documentos de difícil acceso.

Cabe distinguir en su obra algunos artículos monográficos, de alcance limitado, y su estudio sobre las capillas y curanderos en el País Vasco y el Béarn, que sigue siendo una herramienta de trabajo muy útil aún hoy día.

Dedicó un breve artículo a la fragua del vizconde de Echaux de Baïgorry/Baigorri, en Baja Navarra, en el siglo xviii. Como se señala en diferentes documentos de la época, las tierras de Baigorri eran ricas en mineral de hierro y se fabricaban allí cañones y balas de cañón para Bayona; la calidad era sin duda buena, pero se fabricaban con dificultad, ya que la madera necesaria no era fácilmente accesible, sobre todo porque el Valle de Aldudes estaba en conflicto con los navarros. La rentabilidad era por tanto problemática y la producción se resentía. Uno de los clientes más importantes era la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas a través del comerciante de Bayona Jacques Montz.

En un artículo de 1921, Charbonneau parte de la obra de Haristoy sobre las parroquias del País Vasco, para estudiar un factum o memoria recapitulativa de 1755. Expone en él las prácticas trapaceras y muy confusas entre protagonistas de Ayherre/Aiherra e Isturitz en relación con una cura, conflicto que Charbonneau intenta aclarar con dificultad. Otro artículo sobre la madera de arboladura de los Pirineos solo concede una parte exigua al País Vasco, citando el bosque de Irati, cuya inspección en 1748 concluyó que este macizo forestal era difícil de explotar.

De otro tipo es su obra Chapelles et Saints guérisseurs basques et béarnais, 1995 (esta edición es una reimpresión de la obra publicada en 1936 en la –RHABPB), que es mucho más importante, construida de manera sistemática y bien informada para su época. Casi cien años después, el lector de hoy constatará la desaparición o la transformación de algunos de estos lugares de culto y también observará que muchos de ellos conservan su poder de atracción sin que se dé mucha publicidad a los acontecimientos que jalonan los distintos periodos del año con peregrinaciones y ritos propios.

Charbonneau recorre los lugares de peregrinación populares, a menudo basados en la presencia de una estatua o una capilla con virtudes terapéuticas. Es el caso de la Monne (Dama) de Saint-Bernard en Bayona, a orillas del Adour/Aturri, que atraía a un gran número de peregrinos vascos. Charbonneau señala que esta piedad daba sin embargo lugar a burlas. No obstante, la afluencia de público era tan grande que algunos de los objetos del lugar tuvieron que ser protegidos del ardor popular. Hubo que retirar o llevar a otros edificios religiosos la estatua de la Virgen y algunos cuadros. Charbonneau cita la posición contrastada de los historiadores, a veces muy reservados sobre estos fenómenos, aunque el conocido abad Cestac menciona su propia curación en Notre-Dame de Saint-Bernard. El oratorio de Lahonce es menos conocido que el de Notre-Dame de l’Aubépine en Ainhoa, cuyo relato etiológico, proporcionado por Charbonneau, es muy cercano al de Arantzazu; el emplazamiento de Ainhoa sería una réplica. También aquí un pastor descubre una imagen entre las ramas de espino y se construye una capilla en honor a la Virgen, acompañada de un calvario. Cada peregrinación importante, el día después de Pentecostés, va seguida de granizo y truenos que manifiestan la ira del diablo. Charbonneau señala que ningún documento histórico hace referencia a la fundación de la capilla de Ainhoa.

En Biarritz, las capillas de Notre-Dame de la Pitié y Notre-Dame du Bon Secours tampoco tienen más documentación histórica que un documento de 1622, en el que se señala la gran devoción a favor de Notre-Dame de la Pitié. Situada en el Port-Vieux, la Virgen avisaba a los pescadores de la tormenta. El monumento ha desaparecido y ha sido sustituido por la capilla de Sainte-Eugénie. Bidart cuenta con la capilla de Notre-Dame d’Uronea, sin documentación histórica. Se decía que el agua de Uronea curaba los eccemas y sabemos que el peregrinaje desapareció a finales del siglo xx. Notre-Dame de Socorri también atraía a los marinos a Urrugne/Urruña, pero no hay documentación histórica que acompañe a esta devoción.

En Barcus/Barkoxe, Notre-Dame de Malte también se basa en una historia etiológica que había trascendido a otros lugares: un buey se había arrodillado ante una aparición de la Virgen. El agua del manantial tenía propiedades curativas. Gentein, en Ordiarp/Urdiñarbe, tenía una capilla cerca de un manantial que curaba las enfermedades de los ojos. Se menciona en un documento de 1623.

Charbonneau también da una serie de informaciones sobre los santos. Señala que el culto a San Bernardo en Bayona, entre Saint-Esprit y Boucau, procede del siglo xiii. El barrio sigue llevando su nombre. San León, famoso en Bayona incluso hoy en día, es objeto de discusión por parte de los historiadores (incluido Jaurgain) en cuanto a su existencia, lo que recuerda a otros estudios muy posteriores sobre San Fermín en Pamplona, por ejemplo. No se han encontrado documentos anteriores al siglo xi. Se dice que la fuente de San León (cerca del estadio Jean Dauger, en la ruta hacia el Nive/Errobi y que apenas visible hoy en día) nació milagrosamente cuando San León puso su cabeza en ella después de haber sido decapitado. Allí se celebraban grandes procesiones contra la lluvia o la sequía, y eran importantes las fiestas tradicionales del 1 de marzo en su honor. Ahora sabemos que precedieron, en cierto modo, a las fiestas o ferias de Bayona iniciadas en los años treinta e inspiradas en las fiestas de Pamplona.

San Blas, en Iholdy/Iholdi, data de antes de 1594 pero sin documentación. Se le invocaba por el ganado y por los niños. El rito sigue estando vigente hoy día. Santa Magdalena, en Tardets/Atharratze, es también muy conocida por su inscripción en latín en la que se encuentra la palabra HERAUSCORRITSEHE.

En un capítulo dedicado a Santa Engracia, Charbonneau recuerda el relato etiológico del toro arrodillado ante un brazo adornado con joyas. Es el brazo de una santa zaragozana a la que asaltaron dos ladrones, como en Sarrance. Sobre San Salvador, cerca de Irati, estudiado por Louis Colas, se han creado conocidos cuentos desde Cerquand. Pero tampoco cuenta con ninguna documentación histórica, salvo una cita en el siglo xiii. También hay otro San Salvador en Jatxou, menos conocido, y que aparece citado en el siglo xvii. Charbonneau menciona además a San Joseph de Larrau/Larrañe, cerca de la frontera, y a San Vincent de Hélette, al pie del Baigoura. Charbonneau alude a Latapie d’Asfeld, quien señala que los vascos construyeron asentamientos en las montañas tormentosas: Rhune, Olharandoy, Orisson, Saint-Sauveur, Nethé, Saint-Antoine, la Madeleine, etcétera.

Charbonneau manifiesta la necesidad de cruzar los documentos escritos con los fenómenos de carácter religioso que atraen regularmente a los creyentes. Recopila, pero no es un etnólogo, aunque su trabajo aparezca en el Anuario de Eusko Folklore, dirigido por José Miguel Barandiarán. Su obra es lo suficientemente completa como para seguir conservando todo su interés.

Obras

«A propos de la fièvre aphteuse», RHABPB, núm. 25, 4 (1912), pp. 1-43.

«Documents sur la mâture des Pyrénées au xviiiè siècle», RHABPB, IV (1913), pp. 478-484, 594-604.

«Un conflit d’attribution pour les curés d’Ayherre et Isturitz au xviiiè siècle», Gure Herria, núm. 1 (1921), pp. 494-498.

«Les victimes de la Révolution dans les Basses Pyrénées d’aprés L. Prudhomme», RHABPB, 1924, pp. 59-60.

«La forge du vicomte d’Echaux au xviiiè siècle», BSSLAB, XLVIII (1927), pp. 251-257.

«Devociones legítimas y prácticas supersticiosas de algunos santuarios vascos y bearneses», Anuario de Eusko Folklore, núm. 11 (1931), pp. 86-114.

«De quelques sanctuaires basques et béarnais», RHABPB, XIX (1936), pp. 5-17, 87-104, 148-162 y 219-234. Reed. en 1995 por Curutchet bajo el título: Chapelles et Saints guérisseurs basques et béarnais.

Bibliografía

Bareigts, A., L’abbé H. Charbonneau, prêtre gascon, 1882-1944, Guiche-Fengpin, 1982, pp. 81.

Fuentes. Latapie, J., vicomte d’Asfeld, Chroniques du Béarn: depuis les temps les plus reculés jusqu’à nos jours, Paris: Au comptoir des Imprimeurs-Unis, 1847, 480 pp.


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