Cargos y oficios
Jesuita, primer teorizador científico del Derecho privado vasco, impulsor del sindicalismo católico vasco, fundador, decano y profesor de la Universidad Comercial de Deusto
Trayectoria
De familia foralista, nació el 28 de febrero de 1873 en Bayona, donde habían recalado sus padres con dos hijos mayores huyendo de la Guerra Carlista. Quedó huérfano de padre con cinco años, siendo acogido por su tío Pedro Errazkin (fundador de La Dinamita de Galdakao). Pedro, el hermano mayor, destacado político nacionalista vasco, fue consejero delegado de la Unión Española de Explosivos y presidente de la Cámara de Comercio de Bilbao. El segundo hermano, Manuel Chalbaud, fue un destacado miembro de la Sociedad de Estudios Vascos y uno de los artífices principales del proyecto de Estatuto General de Autonomía del País Vasco de 1931.
En 1883 ingresó de alumno interno en el colegio de jesuitas de Orduña. Entre 1888 y 1893 estudió Derecho, Filosofía y Letras en la recién inaugurada Universidad de Deusto. Terminados los estudios ejerció la abogacía y simultáneamente, se despertó su vocación social. En 1898 se doctoró en Derecho con una tesis sobre la Troncalidad en el Fuero de Bizcaya. Ese mismo año ingresó en la Compañía de Jesús. Tras su noviciado y años de formación, a partir de 1903, se incorporó a la Universidad de Deusto para ejercer el Magisterio durante cuatro años. Terminada esta etapa, comenzó sus estudios teológicos en Oña, que culminó en 1911. Se incorporó a partir de entonces a Deusto como profesor del Colegio de Estudios Superiores, donde impartió Derecho mercantil y administrativo, y fundó la Revista Estudios de Deusto. Dos años más tarde, en 1913, puso en marcha los Cursos de Práctica Forense.
En 1916 su actividad dio un vuelco con la inauguración de la Universidad Comercial. El establecimiento de un centro de estudios empresariales de nivel universitario constituía una antigua aspiración del pujante empresariado vizcaíno finisecular. El plan de crear un centro de estudios que formara a las futuras generaciones en las ciencias económicas despegó cuando el P. Chalbaud se hizo con la iniciativa. En 1912 presentó al rector de Deusto, el P. Ibero, un plan detallado inspirado en la Universidad de Milán. El proyecto convenció al rector, pero era preciso hallar la financiación necesaria que se había calculado en unos ocho millones de pesetas. El feliz encuentro de Chalbaud con Pedro de Icaza, depositario de una importante fortuna amasada en México por los hermanos Aguirre, habría de servir para fundar las bases del futuro centro. Chalbaud aconsejó la formación de una Fundación que, a imitación de la Enseñanza Católica, fundadora del Colegio de Estudios Superiores de Deusto, se hiciera con la propiedad del edificio, dejando la docencia, dirección y administración del nuevo centro en manos de la Compañía de Jesús. Luis Chalbaud se fijaba en las nuevas «Universidades Comerciales» que estaban naciendo en aquel momento para formar a los directivos que necesitaba la empresa. Fue entonces un proyecto pionero, el primero de sus características en el Estado. El 31 de julio 1916 se colocó la primera piedra e inmediatamente después dieron comienzo las clases. Chalbaud fue nombrado Prefecto de Estudios. En el discurso de apertura manifestó la voluntad de la Fundación y la suya propia de acoger a los mejores estudiantes sin distinción de clases. Pretendía hacer de la Universidad Comercial un centro de élite intelectual, siendo la enseñanza totalmente gratuita y limitada a los elegidos tras una rigurosa prueba de entrada. De las primeras promociones de aquella Escuela surgieron personalidades como Rafael Sánchez Mazas, José Félix Lequerica, Francisco de la Quadra Salcedo y otros destacados representantes de la Generación del 17 (Bolinaga).
El P. Chalbaud dedicó grandes esfuerzos a la cuestión social, buscando acuerdos entre los grupos sindicales de Bizkaia y formando militantes obreros, una tarea a la que concedía tanta importancia como la formación de empresarios («es la labor social de que he quedado más satisfecho en mi vida»). Al despuntar el siglo xx, Bilbao se había consolidado como uno de los centros industriales y financieros más pujantes del Estado. La expansión económica propició el despegue de una floreciente burguesía al tiempo que se extendían las bolsas de pobreza en las poblaciones de inmigrantes que acogían a familias de trabajadores en penosas condiciones de hacinamiento e insalubridad. En esta época, los obreros se organizaban en sociedades que, además de canalizar las reivindicaciones y organizar la lucha obrera, ofrecían instrucción y educación. Los jesuitas no permanecieron ajenos a esta realidad. A partir de la encíclica Rerum novarum del papa León XIII, destacados profesores de la Universidad de Deusto como los padres Sandalio García, Juan Manuel Obeso, y el propio Luis Chalbaud ayudaron a crear círculos obreros que, además de funcionar como mutualidades y centros de adoctrinamiento cristiano, realizaban labor social en forma de ayudas económicas, subvencionando con dos pesetas diarias en caso de paro por enfermedad, por accidente o por despido involuntario, servicio médico y farmacéutico gratuito, etc. A diferencia de las asociaciones de izquierdas, estas agrupaciones cristianas nunca pusieron en duda el modelo político-social imperante (Fusi).
El 24 de enero de 1934 se publicó el decreto de la Segunda República que declaró disuelta la Compañía de Jesús e incautados todos sus bienes. El P. Chalbaud continúo vinculado a la marcha de las clases a través de una junta consultiva de antiguos alumni. Tras la entrada de las tropas de Franco en Bilbao huyó a Bélgica, donde lo encontramos ofreciendo su ayuda a José Antonio Aguirre y a su familia. Regresó a España en 1941 instalándose provisionalmente en Burgos. Poco después lo encontramos en la residencia de jesuitas de Logroño, y luego encargado de asuntos económicos de la Orden en Pamplona, desde donde escribe a D. Manuel de Irujo para ponerle al corriente de su estado («estoy bailando un poco en la cuerda floja por la clase de mis ocupaciones que afecta a relaciones de todas las provincias, y la inseguridad de unos 90 iniciados, que ignoramos si me permitirán arreglarlo», Fondo Documental Eusko Ikaskuntza, 1962). Poco después se retira al Santuario de Loyola, donde fallece en 1965 a los noventa y un años.
A través de su labor formativa y teórica, Luis Chalbaud se anticipó a muchas de las propuestas del socialcatolicismo (Sindicatos y cajas rurales, 1908, fue su obra más leída que tuvo varias ediciones) inspirando asociaciones obreras a cuyos miembros aconsejaba neutralidad política (tal como teorizará más tarde en su opúsculo «Apolicismo en la sindicación obrera», 1933). De estos años datan otras dos obras suyas Conferencia de sociología, impresa en Bilbao en 1914, y la conocida El sindicato obrero ante el patrono, de 1915.
Pero su aportación teórica más relevante la realizó a través de su decisivo impulso al Derecho foral privado vasco. Su obra principal fue su memoria de tesis doctoral publicada con el título La Troncalidad en el Fuero de Bizcaya. La sucesión troncal. Llamamientos en las transmisiones onerosas, publicada en Bilbao en 1898. En el prólogo aludía a las razones que lo llevan a ocuparse del tema. El art. 7 de la Ley de Bases de 11 de mayo de 1888 que precedió y orientó la aprobación del Código Civil, ordenaba que el Colegio de Abogados de la provincia y la Diputación Provincial debían informar acerca de lo que a su juicio convenía conservar de las instituciones privadas forales una vez aprobado el Código Civil. Su propósito consistía en estudiar científicamente la troncalidad con el fin de aportar «nuevas luces para la resolución del asunto». En una definición recogida en la obra que aún se cita, considera la troncalidad: «Una ligadura que se establece entre la propiedad raíz y la familia que la posee para el asiento y conservación de esta. Es una manifestación de la unidad íntima entre la propiedad y la familia y no solamente rige la sucesión ni los actos inter vivos, sino también las donaciones y ventas y otras formas de enajenación. La troncalidad vincula los bienes en la familia estableciendo un interés solidario, creando una especie de comunidad» (p. 16).
Con un estilo académico intachable y una técnica depurada, a lo largo de una exposición dividida en diez capítulos y una conclusión general, Chalbaud somete a un riguroso análisis jurídico los problemas a los que se enfrenta la troncalidad dotando a la institución de una interpretación actualizada en la que no falta la crítica a sus excesos, así como las propuestas de lege ferenda en lo relativo a la vigencia y adaptación de la institución a las necesidades de la vida moderna. Critica el autor la extensión que se dio durante algún tiempo a la frase del Fuero de que la raíz comprada es troncal lo mismo que la heredada (Ley 16, Título 20), entendiendo que respecto del bien adquirido onerosamente los parientes nuevamente personales no deben considerarse tronqueros de forma automática, ya que este exceso jurisprudencial constituye «el medio más hábil de atacar el espíritu del Fuero» (p. 23). En los capítulos sucesivos irá desgranando la naturaleza jurídica mixta (personal y real) de la troncalidad, las peculiaridades de la transmisión hereditaria del bien troncal, los parientes tronqueros y los llamamientos en el retracto troncal, y su aplicación a realidades nuevas como la empresa familiar o la casa urbana. Concluye su memoria exponiendo la necesidad de conservar el régimen familiar del Fuero como institución principal del Derecho privado vizcaíno, modernizando su interpretación para adaptarla a los tiempos nuevos de la sociedad industrial.
En 1918, con ocasión de la invitación del juez Solano a prologar una obra sobre el Fuero vizcaíno, Chalbaud retoma las ideas manejadas dos décadas atrás para ampliarlas y justificarlas con mayor licencia. Desde su firme convicción de que la solución más eficaz a los problemas sociales que afectan a su época consiste en reforzar la institución familiar, propone ampliar la troncalidad al inquilino que se compromete a habitar y cultivar el caserío arrendado, siempre que el tronquero preferente no haga uso de su derecho, concediendo a aquel un derecho de retracto foral. El obrero, el artesano, el comerciante deben disfrutar también de dicho derecho. Lo mismo se puede predicar de la industria: «La troncalidad vasca no es vinculación es libertad […] por ello debe extenderse a las casas de los obreros o de los pequeños comerciantes, industriales y aún a todas las construcciones» (p. 23).
El mismo año de 1918, Ángel de Apraiz, secretario de la SEV, le invitó a participar en el primer Congreso de Estudios Vascos, que surgía como aportación del conocimiento a la difusión de la cultura vasca y al estudio y propuesta de soluciones para los diferentes problemas que afectaban a la actualidad en el país. Eran momentos de profunda transformación económica y social y, en coherencia, uno de los siete grupos en torno a los que se vertebró el Congreso fue el de «Organización Social Vasca». En el transcurso del Congreso el P. Chalbaud suscribe la necesidad del estudio acordado en una de sus conclusiones sobre el Derecho consuetudinario civil en todo el País Vasco y su comparación entre sí y con el Derecho escrito, cuyo resultado anticipa: «Pronto llevará a cuantos estudien sin pasión el problema a cerciorarse de la existencia de una sola institución fundamental con variantes de diversos orígenes, respetables unas y desechables otras por impurificar la obra» (nota al pie).
El P. Chalbaud participa en las conferencias plenarias con una alocución intitulada: «La familia como forma típica de la constitución social vasca», en la que desarrolla su tesis inicial en torno a la importancia de la familia como institución nuclear que debe regir la vida económica y moral del individuo. De mayor interés resulta su curso sobre «El derecho privado vasco», impartido en otro momento del mismo Congreso, en el que vuelve sobre las ideas apuntadas en su tesis doctoral. Para Chalbaud, el Fuero de Bizkaia posee tres rasgos característicos: la troncalidad, la comunicación foral y la libertad de testar. Estos rasgos son comparables a los de la lengua propia que caracteriza la esencia de lo vasco: «Pero de la misma manera que lo peculiar, lo propio en la expresión del pueblo vasco es su lengua, no obstante conocerse y hablarse dominante y aun solamente el castellano en algunos territorios ciertamente vascos, así también lo propio suyo en la constitución social es ese régimen de troncalidad, de la comunicación, de la libertad de testar, legal o meramente tradicional, que hallamos en el caserío» (p. 17).
Claramente ve en dichas instituciones que el espíritu del Fuero es contrario a las particiones familiares. El régimen de legítimas establecido por el Código Civil había atacado la entraña de las instituciones propias contribuyendo a la ruina de la organización familiar vascongada. Le preocupa la situación de Gipuzkoa, donde «rige la tiranía del Código» desencadenando un desquiciamiento de la propiedad privada y del individualismo social. Es, pues, preciso amoldar las instituciones recogidas en el Fuero para que sobrevivan al hervidero de las ciudades y de la producción industrial conservando su espíritu. La solución más eficaz, dirá el jesuita, para los problemas sociales en el País Vasco, ha de fundarse en la permanencia de los bienes raíces dentro de la familia.
Obras
La Troncalidad en el Fuero de Bizcaya. Sucesión troncal. Llamamientos en las sucesiones onerosas, Bilbao: Imp. de Sebastián de Amorrortu, 1898, 137 pp.
Sindicatos y cajas rurales: su administración y contabilidad, Barcelona: Acción Social Popular, 1908, 408 pp. (ediciones posteriores Barcelona: La Hormiga de Oro, 1909, 1913, 1917, 1920).
El sindicato obrero ante el patrono, Bilbao: Ed. Vizcaína, 1915, 27 pp.
Discurso leído en la solemne apertura de los estudios en la Universidad Comercial de Deusto el día 2 de octubre de 1916, Bilbao: Ed. Vizcaína, 1916.
«La Universidad comercial o la formación económica superior», Razón y Fe, núms. 46 (1916), pp. 413-423, y 47 (1917), pp. 56-69.
«La familia vasca» (prólogo de Luis Chalbaud a Estudios jurídicos del Fuero de Bizkaya por José de Solano y Polanco), Bilbao: Imp. y Enc. de la Casa de Misericordia, XXI, 1918, 369 pp.
«La familia como forma típica y transcendental de la constitución social vasca» (conferencia pronunciada el día 2 de setiembre de 1918), I Congreso de Estudios Vascos, Bilbao: Ed. Vasca, 1919, pp. 41-64.
«El derecho privado vasco. Puntos esenciales y culminantes del derecho privado vasco. Libertad de testar. Troncalidad. Comunicación foral», I Congreso de Estudios Vascos, Bilbao: Ed. Vasca, 1919, pp. 67-68.
«Enseñanza comercial popular y secundaria», II Congreso de Estudios Vascos, San Sebastián: Editorial y Prensa, 1921, 12 pp.
«Apolicismo en la sindicación obrera», Razón y Fe, 103 (1933), pp. 461-476.
Bibliografía
Bolinaga, I., «El signo de los tiempos. Historia de la Universidad de Deusto», Revista Deusto, 108 (2010), pp. 31-34.
Orella Unzué, J. L., «Luis Chalbaud Errazquin», Azpilicueta. Cuadernos de Derecho, Eusko Ikaskuntza, 1998, pp. 27-54.
Saiz Valdivielso, A., La Fundación Vizcaína Aguirre y su obra más preclara: la Universidad Comercial de Deusto, Bilbao: Fundación Vizcaína Aguirre, 2016.





