Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de fuera de vasconia

CÉNAC-MONCAUT, Justin Édouard Mathieu (Saint-Élix-Theux, Gers, Francia, 1 de marzo de 1814 – Saint-Élix-Theux, Gers, 21 de febrero de 1871).

Cargos y oficios

Político, erudito y escritor

Trayectoria

Su divisa fue Progredi sed patres honorare, es decir, progresar pero honrando la tradición. De hecho, su familia estaba asentada en el mismo lugar al menos desde fines del siglo xvi, que pasaron de campesinos a propietarios de tierras, favorecidos por las compras de bienes expropiados en tiempos de la Revolución. Su padre, Jean-Pierre Cénac-Moncaut (1766-1840), fue magistrado en Mirande, y diputado por Gers durante los Cien días. Este carácter burgués se apreció en la formación del joven Justin, que estudió en Toulouse y se licenció en Derecho en 1836, tras lo cual marchó a París. Acontecimientos familiares le hicieron regresar dos años después. Siendo por tanto muy joven se asentó en su tierra natal, y pronto fue nombrado juez en Mirande y procurador imperial. Se casó dos veces, la primera con la señora Lapenne, de Saint-Gaudens, con la que tuvo un hijo, Auguste, procurador de la república en Villeneuve-sur-Lot, aunque muy pronto dedicado a sus tierras en Saint-Elix, de la que fue alcalde. El segundo matrimonio fue con Annaïs Laporte, hija de un subprefecto de Mirande. Tuvo dos hijas con ella: Thérèse Louise Odette, casada con Félix Manent, hijo de un coronel imperial; y Edith, casada con el barón Stanislas de Tholomèse de Prinsac, antiguo oficial y reputado arqueólogo.

Profundamente vinculado con su tierra natal, dedicó una parte importante de su vida a la mejora de su patrimonio y del entorno en el que se insertaba, llegando a la alcaldía de Saint-Elix en 1843, en la que permaneció hasta septiembre de 1869. Impulsó así la construcción de carreteras, cedió tierras para la instalación de nuevos habitantes, una iglesia y escuela, plaza y jardines, así como un mercado. Obtuvo además una oficina de correos, aunque no logró la gendarmería a la que aspiraba. Instaló también algunas pequeñas industrias, sobre todo vinculadas con la tierra y buscando formar al agricultor en las técnicas modernas e incentivando su adopción, en buena medida para tratar de evitar la despoblación del campo. En esta línea fue el fundador y primer presidente de la Société d’Agriculture de Mirande en 1848 y hasta 1851 y extendió su voluntad de mejora al conjunto del departamento.

Durante la Revolución de 1848 defendió la independencia de Italia y polemizó con quienes se negaban a ella. Ese mismo año se presentó al Conseil général y resultó elegido para representar el distrito de Mirande, cargo en el que permaneció durante veintidós años. Estas actitudes reflejaban la posición de un cristiano liberal, consciente del progreso social desde una perspectiva paternalista, que pese a respaldar el imperio de 1851, pronto se colocó en la oposición al mismo. Fue también miembro de la Académie des Inscriptions et Belles-Lettres y de la Société des gens de lettres, ambas de Toulouse; en París, integró la Société philotechnique y el Institut historique, del que fue presidente en 1869, y fue correspondiente del Ministerio de Instrucción Pública.

Decidido protector de la naturaleza, defendió con especial hincapié los bosques, «cuyo mantenimiento tan útil es para sanear el aire, detener los estragos de las inundaciones, conservar la capa vegetal. Especialmente el departamento de Gers ve cada año disminuir la extensión de su suelo forestal, las variaciones del tiempo y las plagas que son su consecuencia aumentando en la misma proporción y la madera de todo tipo encarecerse en una nefasta progresión». Pero junto a ello, también fue un apasionado protector del pasado, impulsando medidas de salvaguardia del patrimonio histórico, «principalmente en los pequeños pueblos donde el odio a lo feudal, unido al amor por las calles largas y de alineaciones despiadadas, ha mostrado su inquina hacia todo aquello que no se haya originado en los últimos años». Esta preocupación se reflejó en su abundante producción literaria, tanto en las novelas históricas, por las que ha sido calificado como el Walter Scott gascón, como en sus escritos históricos, políticos, sociológicos, etnográficos o filológicos.

Su primera novela, La courtisane et le martyr (1837), la firmó con el seudónimo Edouard Féal (apellido que significa leal) y situaba la acción en su tierra durante la Edad Media. También trató sobre la cristianización de Gascuña, recogiendo la presencia de San Saturnino en Medella (1843). Esta centralidad de la región de origen va a repetirse en todas sus novelas, como Jérôme Lafriche où le paysan gentilhomme (1859) y Le Colporteur des Pyrénées (1866). También publicó poesía, como la dedicada a la guerra de Crimea: L’Europe et l’Orient (1857).

Pero más allá de lo literario, su producción es muy amplia, desde cuestiones de carácter político, como el ataque a Quinet en defensa de la religión católica que publicó en 1845 o la posterior referencia al papado, en 1848; hasta cuestiones de carácter más práctico, como su Richesses des Pyrénées Françaises et Espagnoles, ce qu’elles furent, ce qu’elles sont, ce qu’elles peuvent être (1864), o la caracterología, muy al hilo de la época del romanticismo tardío en tránsito hacia el positivismo, de su Histoire du caractère et de l’esprit français depuis les temps les plus reculés jusqu’à la Renaissance (1867-1868); o incluso de carácter más ensayístico, como la Histoire de l’amour (1863-1864). En lo filológico luchó contracorriente de su época, señalando el origen galo y no latino de los dialectos franceses, y acogiéndose a un celtismo muy en boga en su tiempo, pero crecientemente desacreditado. Publicó un diccionario francés-gascón (1863) y varios estudios sobre el origen de los topónimos de su región, además de recopilaciones como la titulada Littérature populaire de la Gascogne, contes, mystères, chansons, rondeaux, recueillis dans l’Astarac, le Pardiac, le Béarn et le Bigorre, texte patois et la musique des principaux chants (1868). Inserto plenamente en el romanticismo de su tiempo, señalaba en la introducción a esta última obra que a comienzos del siglo xix se había abierto la puerta a aquellas gentes que nunca habían aparecido en la historia, y decía, respecto al campesinado, que «pensaba, pero no escribía […] reflexionaba seriamente; grababa profundamente en su memoria el resultado de su experiencia, y es ahí donde encontramos, bajo la apariencia graciosa del cuento, los trazos preciosos de sus preocupaciones y creencias, de sus temores y sus juicios».

Todos estos textos recibieron fuertes críticas en su tiempo, considerando esta producción superficial y poco fundamentada, con una transcripción de los relatos recogidos demasiado personal, sin un criterio claro, sin la búsqueda de las versiones más fieles y, por tanto, reproduciendo narraciones sin autenticidad. En su favor cabe comentar su capacidad para recopilar materiales inéditos y el constante interés por documentar e investigar las tradiciones de su tierra.

También publicó varios estudios con el título genérico de Voyage archéologique y una región determinada, de contenido arqueológico y patrimonial, también duramente criticados por sus contemporáneos por su falta de preparación en materias tan específicas y la debilidad de las fuentes que utilizaba. Tal vez lo más positivo de ello fuese, como se ha dicho respecto a lo filológico y etnográfico, el acopio de materiales posteriormente desaparecidos. Pero quizá lo más conocido de su producción fue lo relativo a sus estudios pireneístas, especialmente los cinco volúmenes de su historia de los Pirineos (1853-1854 y 1860). En ellos incluyó buena parte de su producción previa, recibiendo las críticas más duras de nuevo en los aspectos epigráficos y filológicos. Como le decía Alfred Maury en la Académie des inscriptions en 1861: «El autor tiene ciertas cualidades como historiador, pero las de anticuario no aparecen en él muy desarrolladas y no están presentes las del filólogo». No impidió esto que recibiera también reconocimientos, como la Orden de Carlos III en España, a la que habría que sumar posteriormente la Legión de Honor francesa (1866). Es a través de este vínculo pirenaico por el que se le puede considerar un hispanista, pues dedicó atención a la vertiente sur de la cordillera en varias obras, especialmente al lado occidental.

Su muerte, al coincidir con la grave crisis que atravesaba Francia en su guerra contra Alemania, quedó oscurecida, y solo en los años siguientes recibió algún homenaje, aunque su figura ha quedado muy olvidada.

En su vertiente de historiador gascón y pireneísta se acercó al ámbito vasco-navarro, tanto en su historia de los Pirineos, donde buscó describir con detalle el conjunto del territorio en lo histórico, en lo artístico, lo etnográfico e incluso lingüístico, como en obras más específicas. Así, en la que hablaba por extenso de la España desconocida, se refería a la situada más allá de Madrid y Andalucía, una más de las Españas, en plural, a las que se refería, especialmente los territorios pirenaicos del País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña, justificando su españolidad, pero también sus lazos con Francia, o más concretamente, la de los navarros y los gascones, a los que consideraba hermanos. Señalaba en esta obra que «el País Vasco nunca fue dominado por las ciudadelas opresivas de una raza conquistadora». No había en sus montes restos de torres o castillos feudales, por lo que su gobierno se realizaba por medio de «asambleas nacionales, compuestas por la universalidad de los ciudadanos; ciudadanos nobles también, independientes, libres; inferiores solo en renombre, en riqueza, en preponderancia». Esta libertad llevaba a ignorar murallas y torres de vigilancia, porque «la libertad euskara tenía otro santuario; el que cada ciudadano llevaba en su corazón, y lo grababa en la piedra de su vivienda».

También particularizó su atención en sus Voyages archéologiques de 1857, entendiendo lo arqueológico como el arte antiguo y medieval, muy al gusto romántico, como demostraba el desprecio del Renacimiento. De los varios volúmenes que publicó, dedicó uno a Gipuzkoa y otro a Navarra. En ambos casos abarcaba los siglos medievales y se interrumpía con la llegada de la modernidad, lo que en el caso de Navarra se manifestaba en la conquista, con la destrucción de los castillos y la adaptación de la nobleza a la nueva situación, que «empleó sus riquezas en la construcción de palacios, y consagró su sumisión repudiando la simplicidad de sus armas primitivas, al adoptar las complicaciones heráldicas que veían ejemplificadas en el escudo real». En ambos casos esta heráldica recargada era, para su gusto, un ejemplo palpable de la pérdida de una esencia tradicional, como recogía en el libro sobre Gipuzkoa: «Las familias puramente vascas siguieron fieles a la simplicidad heráldica del primer blasón; las familias unidas a casas navarras, aragonesas y sobre todo castellanas, sobrecargaron su blasón con una innumerable cantidad de cuarteles y detalles».

Pero además dedicó algunos estudios parciales a cuestiones tan concretas como el canto de cruzada de Guillermo de Tudela, al que atribuía su autoría, y que recogió en su Histoire du caractère et de l’esprit français; o a los jardines de los reyes de Navarra en Tafalla, que identificaba con los plasmados por Guillaume de Loris en el Roman de la Rose: «Si admiradores entusiastas de la Edad Media trataran de representarlo como nosotros representamos las obras de Shakespeare, encontrarían un teatro ya montado en los viejos jardines de Tafalla», afirmaba. También defendió la autenticidad del Altabiscar cantua en un artículo de 1869, contestando al argumento principal de quienes lo consideraban falso, el de la similitud del euskera en que estaba redactado y el del tiempo de su descubrimiento, tratando de demostrar que las lenguas podían mantenerse iguales si no había elementos externos que las modificasen. Y este era el caso, afirmaba, del euskera-ibero, pues se acogía Cénac a la tesis vasco-iberista tan en boga en aquel tiempo. La persistencia, por tanto, establecía la autenticidad del canto, pues «la lengua de los soldados de Zumalacárregui seguía siendo la de los adversarios de Augusto y la de los vencedores de Roland en Roncesvalles». Oponía además otro argumento histórico: «Los vascos debieron tener cantos nacionales, puesto que no existe pueblo que no haya iniciado la expresión de sus sentimientos mediante intentos líricos cantados», y dado que los acontecimientos resonantes de este pueblo se redujeron a tres, no es posible que olvidaran los cantos que obligatoriamente debieron componer.

Obras

. Como Edouard Féal: La courtisane et le martyr, Paris: Ch. Schwartz et M. Magnot, 1837.

Le Berger du roi Alaric, Paris: Ch. Schwartz et M. Magnot, 1837.

La Vierge des bois, Paris: Ch. Schwartz et M. Magnot, 1837.

Como Cénac-Moncaut: Fortuna Peda où les aventures d’un grand agitateur, Paris: Joubert, 1839 (2.ª ed. 1848).

Bajo el título Aquitaine et Languedoc, las novelas: Medella, Le berger d’Allaric, Lampagie, y Le Duc Bernard, Toulouse, Paya y Paris: Poirée, 1843-1844 (la primera de ellas se reeditó en 1860, 1861 y 1865).

L‘Ultra-scientifique ou l’Eglise Romaine et la Société Moderne considérées d’un point de vue autre que celui de M. Quinet, Toulouse: Labouisse Rochefort, 1845.

Des bases de l’Instruction sécondaire, Toulouse: Labouisse Rochefort, 1846.

Eléments d’économie sociale avec un appendice sur la question des subsistances, Paris: Joubert, 1847.

Introduction à la politique rationnelle où théorie du Gouvernement représentatif avec un appendice sur les devoirs et l’honneur, Paris: Joubert, 1847.

L‘Église Romaine et la liberté où introduction historique à l’avènement de Pie IV, Paris y Lyon: Périsse Frères, 1848.

Adelaide de Montfort ou la Guerre des Albigeois – roman historique, Paris: Comon, 1849 (2.ª ed., Paris: Maillet, 1865).

Avant et pendant, comédies politiques en vers imités de Molière: L‘école des Représentants, dos actos, y Le Commissaire malgré lui, dos actos, Paris: Comon, 1850.

L‘échelle de Satan (roman), Paris: Permain, 1851.

Raymond de Saint-Gilles ou les Croisades, Paris: Permain, 1852.

Histoire des Pyrénées et des rapports internationaux de la France avec l’Espagne depuis les temps les plus reculés jusqu‘à nos jours, dans Annales de la Catalogne, de l’Aragon, de la Navarre, du Pays Basque, du Béarn, de Bigorre, du Comminges, du Comté de Foix, du Roussillon, de la Cerdagne, de Narbonne et de Carcassonne, etc., 5 vols., Paris: Amyot, 1853-1854 (reed. como: Histoire des peuples et des états pyrénéens (France et Espagne) depuis l’époque celtibérienne jusqu‘à nos jours. 2e éd. corrigée et augmentée de l’étymologie des noms de lieux, du parallèle des langues celtiques et romanes de l’archéologie complète des Pyrénées françaises et espagnoles, 5 vols., Paris: Amyot, 1860).

L‘Europe et l’Orient, poème en six chants, Paris: Amyot, 1857.

Voyage archéologique et historique dans l’ancien comtè de Bigorre, Tarbes: Telmon y Paris: Didron, 1857.

Voyage archéologique et historique dans l’ancien comté de Comminges, Tarbes: Telmon y Paris: Didron, 1857.

Voyage archéologique et historique dans l’ancien comté de Béarn, Tarbes: Telmon y Paris: Didron, 1857.

Voyage archéologique et historique dans l’ancien royaume de Navarre, Tarbes: Telmon y Paris: Didron, 1857.

Voyage archéologique et historique dans les anciens comtés d’Astarac et de Pardiac, Mirande: Imprimerie du Messager y Paris: Didron, 1857.

Voyage archéologique et historique dans les anciens comtés du Roussillon, le Comté de Foix, la Catalogne, à Narbonne, Carcassonne et Toulouse, Paris: Didron, 1857.

Voyage archéologique et historique dans le Pays Basque, le Labour et le Guypuscoa, Tarbes: Telmon y Paris: Didron, 1857.

Rapport adressé à M. le Ministre de l’Instruction Publique sur une mission scientifique en Espagne. Comparaison entre l’architecture espagnole et celle des Pays-Bas, 1858.

Jérôme Lafriche ou le paysan gentilhomme, Paris: Amyot, 1859.

Marguerite, histoire du temps de Saint-Louis, Paris: Amyot, 1860 (2.ª ed., Paris: Maillet, 1865).

La France et l’Europe latine, le Pape et l’Italie, questions de droit supérieur, Paris: Dentu, 1860.

Le congrès des brochures où le droit ancien et le droit nouveau, Paris: Dentu, 1860.

La France et l’Europe latine. Le Pape et l’Italie, Paris: Dentu, 1860.

Les révolutions imminentes et l’attitude de la France à leur égard, Paris: Dentu, 1861.

Percement des Pyrénées, chemins de fer et routes internationales en voie d’exécution, richesses naturelles, mines, forêts, thermes, etc., Paris: Dentu, 1861.

L’Espagne inconnue. Voyage dans les Pyrénées, de Barcelone à Tolosa, avec une carte routière, Paris: Amyot, 1861 (2.ª ed. Paris: Dentu, 1870).

Dictionnaire gascon français, dialecte du département du Gers, suivi d’un abrégé de grammaire gasconne, Paris: Didron, Dumoulin, Aubry, 1863.

Histoire de l’amour dans l’antiquité. Rapport de cette passion avec la législation et les moeurs, le théâtre et la poésie, la politique et l’histoire, Paris: Amyot, 1863.

Histoire de l’amour dans les temps modernes, chez les gaulois, les chrétiens, les Barbares et du moyen âge au xviiie siècle, Paris: Amyot, 1864.

Les richesses des Pyrénées françaises et espagnoles, ce qu’elles furent, ce qu’elles sont, ce qu’elles peuvent être: agriculture, irrigations, routes, mines, forges, forêts, fabriques, eaux minérales, Paris: Guillaumin, 1864.

Les chrétiens ou la chute de Rome, poème en douze chants, Paris: Amyot, 1865.

Histoire des chanteurs et des artistes ambulants, St. Germain en Laye: Toinon, 1866.

Le colporteur des Pyrénées ou les aventures de Pierre Ardizan, ouvrage d’éducation pratique dédié aux classes laborieuses, Paris: E. Maillet, 1866.

Histoire du caractère et de l’esprit français depuis les temps les plus reculés jusqu’à la Renaissance. 3 vols., Paris: Didier, 1867.

Lettre à M. Paul Meyer, professeur à l’école des Chartes, sur l’auteur de la chanson de la Croisade albigeoise, en particulier et sur certains procédés de critique en général, Paris: Aubry, 1868.

Lettres à MM. Gaston Paris et Barry sur les Celtes et les Germains, les chants historiques basques et les inscriptions vasconnes des Convenae, Paris: Aubry, 1869.

Bibliografía

Couture, L., «J. Cénac-Moncaut», Revue de Gascogne, 12 (1871), pp. 274-286.

— «Edouard Féal. Débuts littéraires de Cénac Moncaut», Revue de Gascogne, 39 (1898), pp. 164-168.

De Berty, N., «Notice sur la vie et les œuvres de M. Cénac Moncaut», L’investigateur, vol. 38, núm. 11 (1872), pp. 28-33.

Del Burgo, J., La aventura hispánica de los viajeros extranjeros del siglo xix y la España desconocida de Cénac Moncaut, Pamplona: Editorial Gómez, 1963, pp. 105-288.

Laplagne-Barris, G., «Cénac-Moncaut, écrivain gascon», Bulletin de la Société archéologique, historique, littéraire & scientifique du Gers, 10 (1973), pp. 355-371.

Polgue, H., «L’Espagne d’Isabelle II, vue par un gascon», Bulletin de la Société archéologique, historique, littéraire & scientifique du Gers, 4 (1963), pp. 143-170.

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