Cargos y oficios
Historiador, etnólogo, escritor.
Trayectoria
Abarcó diferentes disciplinas, entre las que destacan la Antropología, la Historia, el Folclore y la Lingüística. Se doctoró en Historia Antigua.
Desde joven participó en excavaciones arqueológicas, acompañando a José Miguel de Barandiarán y Telesforo de Aranzadi. Estos, junto con los investigadores Hermann Trimborn y Hugo Obermeier, le influenciaron para que encaminara sus investigaciones hacia la Historia y la Etnografía.
Ejerció de profesor en la Universidad Complutense de Madrid, aunque por poco tiempo.
Fue director del Museo del Pueblo Español de Madrid, del que fue prácticamente fundador, cuyo puesto tuvo que abandonar a causa de la falta de interés de la Administración.
Su vida transcurrió entre Madrid y Euskal Herria, tierra que fue objeto de muchos de sus estudios. Gran parte de su vida de adulto transcurrió en la casona de Itzea, en Bera, un santuario para los estudiosos vascos, que acudían a don Julio en busca de asesoramiento.
La gran biblioteca alojada en esta casona (30.000 volúmenes) recoge los fondos conseguidos por su tío Pío Baroja y los que aportó él mismo a lo largo de su vida.
Recibía numerosas visitas, y le gustaba mantener conversaciones en sus salones, aunque en invierno se refugiaba junto al gran fuego bajo, testigo de encuentros con la intelectualidad vasca y foránea, o de estudiantes en fase de aprendizaje o de redactar su tesis doctoral.
Su fama de huraño en absoluto se correspondía con la calidez de su acogida, a la que nunca se negaba, a no ser que le surgiera algún otro compromiso. Naturalmente, tampoco estaba dispuesto a pasar el rato con meros curiosos que acudían a Itzea como quien visita un museo o a un personaje ilustre.
Mantuvo relaciones con ilustres profesores europeos y americanos, algunos de los que lo consideraban como un entrañable colega y amigo.
El año 1952 tomó parte en una expedición de estudiosos en el Sahara, y sus notas y observaciones mantienen todavía hoy el aprecio del mundo académico de aquella tierra.
Siempre le atrajeron las minorías, a las que prodigó especial atención en sus publicaciones. Del mismo modo, se preocupó de estudiar los personajes heterodoxos, o considerados como tales, como lo demuestran sus trabajos sobre la Inquisición, los judíos, los moriscos, o los dedicados al mundo de la brujería, sobre todo la vasca, que pudo indagar sobre el terreno, con un interesante trabajo de campo añadido al de los archivos.
Llama la atención la escasa consideración que le dedicó la Administración o el mundo de la Universidad. Durante su docencia las autoridades de la UPV/ EHU no se dignaron nombrarle catedrático, aunque tampoco él peleó en los despachos para conseguirlo.
Sin embargo, su labor callada recibió el reconocimiento de sus vecinos de Bera y de muchas instituciones. Fue académico de número de la Real Academia Española, también de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de la Lengua Vasca. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1983); Premio Nacional de las Letras Españolas (1985); Premio Príncipe de Viana de la Cultura (1989); Premio de Eusko Ikaskuntza en Humanidades y Ciencias Sociales (1995). Recibió la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1988). Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Burdeos. Varios centros dedicados a la educación llevan su nombre, como el Museo Etnológico de Nafarroa en Estella/Lizarra, así como en Madrid, Guetxo, Fuenlabrada, etcétera.
Esta desconsideración no fue óbice para que convirtiera su refugio de Itzea, tal como se ha dicho, en un punto de encuentro no solo para la intelectualidad, que apreciaba su criterio y sabiduría, sino que atendía a cualquier estudiante que buscaba su consejo. No hacía falta ninguna recomendación para contactarle y presentarle proyectos o recabar consejos. Jóvenes doctorandos encontraban en don Julio no solo una atención exquisita, sino que incluso prestaba valiosos libros de interés para ayuda de la investigación.
El trabajo de campo encontró en el entorno de Bera el panorama adecuado para rescatar múltiples aspectos de un pasado que se iba perdiendo. Organizaba excursiones a puntos que consideraba de interés, salidas en las que le acompañaban beratarras que admiraban la sapiencia y la predisposición de don Julio, quien preparaba a conciencia el itinerario a Zugarramurdi o a la Ribera Navarra, con sus explicaciones pertinentes.
En buena parte, estas salidas le servían para forjar dos de las obras monumentales de su ingente producción: los cuatro volúmenes sobre La Casa en Navarra y tres más sobre Etnografía Histórica de Navarra, obras enriquecidas por los espléndidos dibujos con los que dotaba al conjunto del texto.
Se ha pretendido hurtarle a Caro Baroja su conocimiento del euskera. En primer lugar, fue un experto en el análisis de textos vascos antiguos, que confrontaba con Julio Urquijo a la hora de admitirlos o considerarlos falsos o creados en épocas más recientes. También a tener en cuenta son sus estudios sobre el vascoiberismo.
En torno a su conocimiento del euskera hablado se ha dicho muy a la ligera que no lo dominaba. Sin embargo, hay que tener en consideración que en la época en la que él residía en Itzea, el euskera era la lengua vehicular en su entorno. De niño, jugaba y trataba con los de su edad, que no conocían el castellano. ¿Era suficiente este conocimiento para desenvolverse con los campesinos en sus investigaciones? El testimonio de beratarras que le trataron de cerca es al respecto contundente. Cuando visitaba un caserío para recabar información de sus costumbres y del pasado, se dirigía a los vecinos en castellano, reconociendo que su conocimiento del euskera no estaba a su altura. Pero en cuanto observaba que tenían dificultades para entenderle o expresarse, no tenía ningún problema para seguir la conversación en euskera. Moradoras de caseríos e incluso del mismo centro de la villa tenían obvias dificultades de manejarse en castellano. Al preguntarle si con ellas don Julio hablaba euskera, la respuesta era clara: «Gu kasherekin bai» (con nosotras, las campesinas, sí).
Caro Baroja quería plasmar en sus escritos y dibujos un mundo vasco que veía en peligro de desaparición. No cabe entender gran parte de su obra sin ese amor por lo vasco.
De hacer una valoración global de la obra de Caro Baroja, es de justicia tener en cuenta la gran estimación que sus numerosas y diversas investigaciones han supuesto en muchos ámbitos académicos. Si nos ceñimos a la Historia, transcurridos casi treinta años de su muerte, se echa de menos una autoridad y sapiencia tan aglutinadora como la que brilló en los trabajos de este prolífico autor. Su autoridad científica fue manifiesta, y su magisterio, persistente y silencioso, ha quedado como una referencia ineludible, sobre todo en cuanto al elemento vasco se refiere.
De la inmensa cantidad de producción que editó Julio Baroja, que supera los cien libros, conviene destacar algunos, sin que esta corta selección haga desmerecer al resto de su obra.
Los vascos se ha convertido en uno de sus libros emblemáticos. En el mismo, cuando no contaba aún con treinta y cinco años, consigue dar una amplia visión de conjunto del mundo vasco en sus más diversas facetas. La primera parte la dedica a las primitivas formas de población, la evolución a lo largo de la Edad Media, los complejos agrícola y pastoril, el mundo de los mineros y ferrones, la navegación y el comercio. En la segunda parte aborda el mundo familiar, social, la religiosidad, la mentalidad, donde se estudian diversas facetas como los mitos, los ritos y la hechicería. Sigue siendo un libro recomendable para quien se inicia en el estudio de Euskal Herria.
Brujería vasca, que se complementaba con Las brujas y su mundo, fue un libro que obtuvo un notable éxito en Europa. Estudia el frente abierto entre el mundo de las brujas y la Inquisición, y aborda la brujería de la zona montañosa de Navarra, entre otras la de Zugarramurdi, y las fatales consecuencias provocadas en la población femenina vasca por Pierre de Lancre, para acabar con un estudio que resume la actuación del inquisidor Alonso de Salazar y Frías, quien se opuso a la credibilidad que, con excesiva ligereza, se otorgaba a las pruebas de brujería, actuación que salvó de la condena a muchos acusados.
Los vascos y la historia a través de Garibay es otra obra clásica que reivindica la figura del historiador mondragonés. Dice Caro Baroja que Garibay fue atacado con muy mala intención a partir del siglo XVII, acusándolo de guipuzcoanismo, de plagiario… Sin embargo, en 1802, Martínez Marina decía que «Esteban de Garibay y Zamalloa, el cual considerando las fábulas y consejas que afeaban y aun desfiguraban los verdaderos hechos de nuestras memorias históricas […] acometió el primero la ardua y gloriosa empresa de escribir el compendio historial de estos reynos», y arguye que su obra es de necesaria consulta para los hechos acaecidos en España. Caro Baroja defiende a Garibay contra los rumores malignos que lo querían desacreditar, a pesar de que, arguye, estos rumores infundados «corren más que las opiniones benévolas».
La hora navarra del siglo XVIII. Hasta finales del siglo XVII no emerge la ola de grandes negociantes navarros, que tuvieron una importante presencia en el mundo hispano. Se trata del inicio de lo que el propio Caro Baroja denominará «la salida fuera del país», que proporcionará una saga de ricos «indianos», comerciantes e intelectuales. Sus mercaderes se instalan en la Corte, pero sus ramificaciones comprenden también los negocios del mar y alcanzan otras empresas de gran aliento, como la fundación del industrioso Nuevo Baztán, a unos 50 km de Madrid, que trataba de romper con el freno de una historia española reñida con el trabajo y las nuevas industrias. El Valle del Baztan, que había sido cuna de grandes personajes, intelectuales de calibre como Martín de Azpilicueta, colonizadores como Ursua, y más tarde la saga de los Goyeneche. Estos, que ocuparon importantes puestos en Madrid, intentaron modernizar sus estructuras productivas, y dio el nombre de su tierra de origen a esta novedosa fundación, constituyéndose en un ejemplo en su época. Si Goyeneche «el viejo» intenta empresas «regeneradoras», otro navarro ilustre, Jerónimo de Ustáriz, destaca como economista y teórico, pero en Flandes y Sicilia también demostró sus habilidades prácticas. Tal como señala el subtítulo del libro, el siglo XVIII dio lugar a la aparición de la nota navarra a través de personas, familias, negocios e ideas.
Los vascos y el mar, obra en la que Caro Baroja estudia la enorme importancia que tuvo el mar desde los albores de la formación de Euskal Herria. Ya en el siglo XI, Bayona había aprendido del empuje y técnicas navegatorias del Norte y se había convertido en una sede episcopal amurallada y respetada por sus actividades comerciales. Influida por el ejemplo de Bayona, a lo largo del siglo XIII la ora marítima vasca generó una serie de puertos guipuzcoanos que, en su pequeñez, alcanzaron una importancia que les hizo protagonistas en la pesca y el comercio de la época. La caza de la ballena local y cantábrica sería el detonante de las grandes pesquerías de Terranova. A principios del siglo XVIII, Gipuzkoa funda la exclusiva Compañía de Comercio con Venezuela, lo que produciría grandes beneficios.
Introducción a la historia social y económica del pueblo vasco ha constituido, a pesar de la pequeñez de la obra, en un referente para los estudiosos del panorama vasco. En dicho libro se estudia el proceso urbanizador que, entre otros aspectos, contribuyó a la erradicación de la cruenta lucha de bandos que asoló Euskal Herria en la Edad Media. En el siglo XVI queda decantada la norma urbana e industrial sobre la tradición rural. Algo había cambiado para el inicio de la Edad Moderna, donde el pueblo vasco, según Caro Baroja, «tiene la tendencia a actuar casi siempre fuera del país». Los vascos dedicados al mar y la guerra en el siglo XV se convierten, también, en ferrones, en hombres de acción, pero asimismo en hombres «dados a las cosas de la pluma». Ahí se constituye la burguesía vizcaína, guipuzcoana o navarra, que triunfa desde el siglo XVI hasta el XIX.
Obras
Los pueblos del norte de la Península Ibérica (Análisis histórico cultural), Madrid: CSIC, 1943.
La vida rural en Vera del Bidasoa, Madrid: CSIC, 1944.
Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina, Salamanca: Acta Salmanticensia, 1945-1946.
Los pueblos de España, Barcelona: Barna, 1946.
Análisis de la cultura (Etnología-Historia-Folklore), Barcelona: CSIC, 1949.
Los vascos. Etnología, San Sebastián: Biblioteca Vascongada de los Amigos del País, 1949.
Estudios saharianos, Madrid: CSIC, 1955.
Los moriscos del Reino de Granada, Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1957.
Razas, pueblos y linajes, Madrid: Revista de Occidente, 1957.
Las brujas y su mundo, Madrid: Revista de Occidente, 1961.
Los judíos en la España moderna y contemporánea, Madrid: Arión, 1961-1962, 3 vols.
El Carnaval (análisis histórico-cultural), Madrid: Taurus, 1965. Reed. Madrid: Alianza, 2006.
Romances de ciego, Madrid: Taurus, 1966.
Vidas mágicas e Inquisición, Madrid: Taurus, 1967, 2 vols.
El señor inquisidor y otras vidas por oficio, Madrid: Alianza, 1968.
La hora navarra del XVIII, Pamplona: Diputación Foral de Navarra, 1969.
Ensayo sobre la literatura de cordel, Madrid: Revista de Occidente, 1969.
El mito del carácter nacional. Meditaciones a contrapelo, Madrid: Seminarios y Ediciones, 1970.
Inquisición, brujería y criptojudaísmo, Barcelona: Ariel, 1970.
Etnología Histórica de Navarra, Pamplona: Aranzadi, 1971.
Los Baroja. Memorias familiares, Madrid: Taurus, 1972.
Los vascos y la Historia a través de Garibay, Donostia-San Sebastián: Txertoa, 1972.
Estudios vascos, San Sebastián: Txertoa, 1973-1991, 19 vols.
De la superstición al ateísmo (Meditaciones antropológicas), Madrid: Taurus, 1974.
Ritos y mitos equívocos, Madrid: Istmo, 1974.
Teatro popular y magia, Madrid: Revista de Occidente, 1974.
Las formas complejas de la vida religiosa (Religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII), Madrid: Akal, 1978.
Introducción a la historia contemporánea del anticlericalismo español, Madrid: Istmo, 1980.
Introducción a la historia social y económica del pueblo vasco, San Sebastián: Txertoa, 1980 (2.ª ed.).
Vidas poco paralelas (con perdón de Plutarco), Madrid: Taurus, 1981.
La casa en Navarra, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1982, 4 vols.
Tecnología popular española, Madrid: Editora Nacional, 1983.
Los vascos y el mar, San Sebastián: Txertoa, 1985 (3.ª ed.).
Los fundamentos del pensamiento antropológico moderno, Madrid: CSIC, 1985.
El laberinto vasco, Madrid: Sarpe, 1986.
Realidad y fantasía en el mundo criminal, Madrid: CSIC, 1986.
La cara, espejo del alma (Historia de la fisiognómica), Madrid: Círculo de Lectores, 1987.
Sobre la lengua vasca y el vascoiberismo, San Sebastián: Txertoa, 1988 (3.ª ed.).
Los hombres y sus pensamientos, San Sebastián: Txertoa, 1989.
Terror y terrorismo, Barcelona: Plaza y Janés, 1989.
Reflexiones nuevas sobre temas viejos, Madrid: Istmo, 1990.
Las falsificaciones de la historia (en relación con la de España), Barcelona: Seix Barral, 1991.
Con FLORES ARROYUELO, F. J., Conversaciones en Itzea, Madrid: Alianza, 1991.
Ser o no ser vasco, Madrid: Espasa Calpe, 1998.
Miscelánea histórica y etnográfica, Madrid: CSIC, 1998.
CARO, C. (ed.), Una amistad andaluza. Correspondencia entre Julio Caro Baroja y Gerald Brenan, Madrid: Caro Raggio, 2005 [textos en español e inglés].
Bibliografía
ÁLVAREZ BARRIENTOS, J., «Julio Caro Baroja», DB~e. En línea: https://dbe.rah.es/biografias/10808/julio-caro-baroja (consultado el 23 de febrero de 2022).
CARO BAROJA, J., Los Baroja. Memorias familiares, Madrid: Taurus, 1972.
CARREIRA VÉREZ, A., Bibliografía de Julio Caro Baroja, Madrid: SECC, 2007.
CASTILLA URBANO, F., El análisis social de Julio Caro Baroja. Empirismo y subjetividad, Madrid: CSIC, 2002.
VVAA, «Homenaje a Julio Caro Baroja», PV, 206 (1995), pp. 557-1086.





