Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Peregrinos y viajeros europeos

BOORDE, Andrew (Andrew Borde) (Boords Hill, Holms Dale, Sussex, Inglaterra, c. 1490-1549). Viajero, médico, monje cartujo y escritor

Cargos y oficios

Viajero, médico, monje cartujo y escritor.

Trayectoria

Ingresó en la cartuja de Hinton, condado de Somerset, y, joven aún, fue nombrado, en 1521, obispo sufragáneo de Chichester. En 1528, después de veinte años de vida monástica, obtuvo la dispensa de votos y se trasladó al continente para estudiar Medicina. Contaba entonces unos treinta y ocho años de edad. Dos años más tarde regresó a Inglaterra, después de haber viajado «para adquirir el conocimiento y práctica de la medicina en distintas regiones y países».

En 1547, se publicó en Londres la obra de Andrew Boorde, The fyrst Boke of the Introduction of Knowledge, considerada la primera guía de viajeros de Europa, dedicada a la princesa Mary, hija de Enrique VIII, que posteriormente fue reina. Es esta una guía sumaria y una descripción de los principales reinos y regiones de la Europa renacentista. Presenta los tópicos y características más importantes de cada país en breves páginas.

Boorde estuvo dos veces en Santiago, la primera en 1532 y su relato, que trata del reino de Navarra, se encuentra en el capítulo XXXII de su obra, en el que los habitantes, como ocurre en el relato de Aimerico Picaud en la llamada Guía de peregrinos del Libro V del Liber Sancti Jacobi o Codex Calixtinus, no quedan muy bien parados.

«CAPITULO XXXII. Que trata del reino de Navarra, y de la condición de su gen­te, moneda y lengua. El reino de Navarra limita con España, Francia, Cataluña y Castilla, pues se halla situado en el centro de estas cuatro regiones. La gente de Navarra es ruda y pobre, abundan los ladrones, y viven en extrema indigencia y
penuria. La abundancia de montañas y tierras yermas hace que el país sea esté­ril; cosechan, sin embargo, mucho cereal. Pamplona es su principal población, y después de ella viene Santo Domingo, donde hay una iglesia en la que guardan un gallo y una gallina de color blanco. Y todos los peregrinos que por aquí van o regresan de Santiago de Compostela cogen una pluma blanca para ponérsela en el sombrero».

Continúa el autor con el relato del milagro de Santo Domingo de la Calzada y se muestra incrédulo ante la posibilidad de que tal milagro pudiera haber sido verdad. Pero, aún más, este escéptico inglés rechaza el hecho de que los restos del apóstol Santiago se encuentren en Compostela: «Estuve en muchos lugares de este mundo para conocer la verdad de muchas cosas, y te aseguro que en Compostela de España no está ni un cabello ni un hueso de Santiago». Se basa en las palabras de un viejo doctor en Teología que lo confiesa en la catedral que le dice «Yo me admiro mucho de que nuestra nación, especialmente nuestro clero y los cardenales de Compostela, embaucan a la gente, se burlan de ella […]. Nosotros no tenemos ni un pelo ni un hueso de Santiago; pues Santiago el Mayor y Santiago el Menor, san Bartolomé y san Felipe, los santos Simón y Judas, san Bernardo y san Jorge, con otros muchos santos, fueron llevados por Carlomagno a Toulouse, el cual se proponía tener a su disposición los cuerpos y restos mortales de todos los apóstoles, para juntarlos a todos en un lugar en la iglesia de San Saturnino, una ciudad del Languedoc».

La segunda peregrinación de Boorde la realizó años después acompañando a nueve ingleses y escoceses que había encontrado en la Universidad de Orleans a los que, previamente, había intentado desalentar de su propósito de llegar a Santiago, ya que allí no se encontraban los restos de apóstol. Por lo que respec­ta a la dureza y dificultades del itinerario, asegura que prefiere «ir cinco veces a Roma desde Inglaterra que una a Compostela. Por mar no cuesta trabajo, pero por tierra es el viaje más penoso que puede hacer un inglés». Sin embargo, los acompañó en su camino a través de Francia «y después llegamos al país desier­to de Bizkaia y Castilla».

«CAPITULO XXX. Que trata de la condición de los españoles, de su moneda, país y lengua. España es una nación pobre en las tierras interiores y rica, en cambio, en las costeras, pues todas sus riquezas y mercancías las traen a la orilla del mar. No conozco nada que valga algo en el interior del país, a excepción de los cereales. Bizkaia y Castilla forman parte de España. Estas dos regiones no producen vino ni cereales, y asimismo escasean en ellas los alimentos. En muchos lugares no hay modo de comprar carne; otras veces solo se consigue carne de cabrito o pescado cocido y sardinas en sal, que son unos peces pequeños, del tamaño de un arenque, que se comen asados. El vino se guarda y se transporta en pieles de cabra, con la parte peluda de la piel hacia dentro; el vino se saca de una de las «patas» del pelle­jo. En muchas casas, mientras estás sentado a la mesa, los cerdos se pasean a tus pies; y hay piojos en las camas».

«CAPÍTULO XXXI. Que trata de Bizkaia […] y de la condición de su gente, mo­neda y lengua. Ocurre en todas estas regiones que, si muere un hombre, una mu­jer o un niño, exclaman a gritos en el entierro, y muchas veces incluso después de que le hayan dado sepultura: «¿Por qué has muerto? ¿No tenías aquí buenos amigos? ¿No disfrutabas de oro y plata, riquezas y buenos vestidos? ¿Por qué has muerto?», y así lloran y alborotan con palabras insensatas semejantes a estas. Es

frecuente que acudan también a diario a la iglesia con un paño o alfombrilla; cu­bren con ella la tumba, y sobre ella ponen pan, vino y velas encendidas. Después rezan y vuelven a repetir las exclamaciones disparatadas que antes he menciona­do, de modo que toda la iglesia se llena con sus gritos. Y esto continúan hacién­dolo aunque sus deudos hayan fallecido hace siete años. Esta tonta costumbre se usa en Bizkaia, Castilla, España, Aragón y Navarra. Usan en estos reinos dinero de oro y bronce; en oro acuñan ducados dobles y sencillos; a esto se destina todo el oro de calidad. En bronce tienen los maravedís, ardites y otras monedas del emperador».

El viajero menciona que con gran hambre llegó a Compostela, donde había carne y vino en abundancia, pero sus penurias y las de sus acompañantes conti­nuaron dado que, como señala: «Al regreso a través de España, a pesar de todos los cuidados médicos que les presté, murieron por haber saboreado frutos y haber bebido agua, de lo cual yo siempre me abstuve». Afortunadamente llegó a Aquitania, donde besó la tierra y agradeció a Dios que le hubiera rescatado de peligros, de ladrones, de hambre y de frío. Termina su relato diciendo: «En Navarra la lengua es el castellano. Su dinero es de oro y de cobre; en oro tienen coronas, en cobre tienen dinero francés y la moneda del emperador».

Obras

The Fyrst Boke of the Introduction of Knowledge, the whyche dothe teache a man to speake parte of all maner of languages, and to know the usage and fashion of all maner of countreys.And for to know the moste parte of all maner of coynes of money, the whych is currant in every region.Made by Andrew Borde, of Physycke Doctor.De- dycated to the right honorable and gracious lady Mary daughter of our soverayne Lorde Kyng Henry the eyght, c. 1547.

Bibliografía

Chisholm, H. (ed.), Boorde, Andrew. Encyclopedia Britannica, Cambridge: Cambridge University, 11.a ed., vol. 4, 1911, p. 237.

Herbers, K., y Plotz, R.; Reimóndez Fernández, J., (trad.), Caminaron a Santiago. Rela­tos de peregrinaciones al «fin del mundo», Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1999, pp. 258-262.

Santoyo, J. C., «Una temprana descripción inglesa (1542) del País Vasco y Navarra», Príncipe de Viana, 40 (1979), pp. 423-427..

Cita bibliográfica

Jusué Simonena, C., “Boorde, Andrew», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 720-722.

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