Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de fuera de vasconia

BLADÉ, Jean-François (Lectoure, Gers, Francia, 15 de noviembre de 1827 – París, 30 de abril de 1900).

Cargos y oficios

Abogado e historiador

Trayectoria

Jean François Marie Zéphyrin Bladé nació en Lectoure el 15 de noviembre de 1827 y murió en París el 30 de abril de 1900. La familia Bladé pasó de la artesanía al notariado hacia 1870, cuando su bisabuelo Joseph, cerrajero y herrero, creó una notaría real en Lectoure, y que, tras la revolución, se convirtió en notaría pública y fue ocupada por el abuelo, François, el padre, Joseph-Marie, y luego por el propio Jean-François, antes de convertirse en abogado en Agen. Jean-François recibió una educación clásica, típica de una familia burguesa y muy católica. Se matriculó en el seminario menor de Auch y luego en el colegio de la misma ciudad, pero su rebelde carácter le obligó a terminar sus estudios de Humanidades en el colegio de Burdeos antes de ingresar en la Universidad de Toulouse para estudiar Derecho. Además, como era habitual en muchos jóvenes burgueses de provincias, pasó unos años en París, de 1850 a 1855; oficialmente, para completar su formación jurídica. ¿Era buen estudiante? Es difícil saberlo, pero sí que encontramos al Zéphyrin Bladé —ese era su nombre habitual— espadachín, caricaturista, animador, crítico mordaz de la sociedad, dando rienda suelta a sus composiciones sarcásticas en los lugares preferidos de la bohemia parisina, como la cervecería de la calle Serpente o la lechería del Paradoxe. Vinculado a Baudelaire, Théodore de Banville, Champfleury, Delvau, Nadar y Henri d’Ideville, se relaciona con jóvenes creadores del ámbito literario y artístico. Su estancia en París reforzó su espíritu independiente e inconformista en temas ligados al arte, la creación y la historia.

Tras la muerte de su padre, volvió a la calma de la vida provinciana y fue entonces cuando comenzó a escribir bajo el seudónimo con el que lo conocemos: Jean-François. Se distinguió en tres campos: la novela corta, la recopilación y edición de textos orales (cuentos, canciones y proverbios), la investigación documental y la redacción de ensayos históricos. Sus novelas cortas no tuvieron el éxito esperado, pero con la publicación de tres volúmenes de cuentos y otros tres de poesía popular en la colección «Littérature populaire de toutes les nations», dirigida por Paul Sébillot en la editorial parisina Maisonneuve et Cie, obtuvo el reconocimiento nacional. Es, por tanto, la imagen del folclorista la que se impone, y no la del historiador de Aquitania. La debilidad de esa última imagen que transmite se debe a que todas sus producciones históricas se hallan recogidas, en forma de artículos, en revistas que no lograron penetrar en los círculos regionales en un momento en que la historia nacional francesa se estaba estructurando como disciplina científica indiscutible.

Para leer al historiador Jean-François Bladé y entender sus exploraciones bibliográficas, las evoluciones y las intuiciones de su pensamiento, conviene consultar los boletines de sociedades eruditas, tales como la Revue d’Aquitaine, el Bulletin du Comité d’Histoire et d’Archéologie de la Province ecclésiastique d’Auch, la Revue de Gascogne, la Revue de l’Agenais, los Études historiques et religieuses du Diocèse de Bayonne: comprenant les anciens diocèses de Bayonne, Lescar, Oloron et la partie basque et béarnaise de l’ancien diocèse de Dax, el Recueil des travaux de la Société d’Agriculture, Sciences et Arts d’Agen, el Bulletin de géographie historique et descriptive, la Revue des Pyrénées, las actas de la Association française pour l’avancement des sciences, y, también, los Annales du midi o los Annales de la Faculté des Lettres de Bordeaux. Finalmente, algunos de sus estudios fueron recogidos en forma de separata que regaló a sus amigos. La edición completa de la tan anunciada Histoire Générale de la Gascogne nunca llegó a materializarse. Solo vieron la luz artículos sueltos que escribió en capítulos durante los últimos años de su vida, como Le sud-ouest de la Gaule franque, depuis la création du royaume d’Aquitaine jusqu’à la mort de Charlemagne (1894-95), Les comtes carolingiens de Bigorre et les premiers rois de Navarre (1895-96-97), La Gascogne et les pays limitrophes dans la légende carolingienne (1896-97), Influence des métropolitains d’Eauze et des archevêques d’Auch en Navarre et en Aragon, depuis la conquête de l’Espagne par les musulmans jusqu’à la fin du onzième siècle (1896), Mémoire sur l’évêché de Bayonne (1896-97), Origines du Duché de Gascogne (1897), L’Evêché des Gascons (1897-1898), Basse-Navarre et Vicomté de Labour (1900). La historia de la Alta Edad Media y la geografía histórica de aquella época fueron para él un extenso campo de investigación y un vasto espacio de peregrinación bibliofílica y archivística, desde el que persiguió la mano de los falsificadores y desmontó normas, costumbres y textos apócrifos para restablecer lo que él sostenía que era la verdad histórica: «Insto al lector a que nunca pierda de vista esta advertencia inicial. Le advierto, asimismo, que en esta memoria me acogeré exclusivamente a documentos de probada autenticidad. En cuanto a los textos puramente legendarios, me enorgullezco de haberlos estudiado todos, pero, puesto que no tienen ninguna fuerza probatoria, me abstendré de hacer el menor uso de ellos. Por tanto, quienes los invoquen en mi contra quedan advertidos de que considero de antemano inválida esa parte de sus críticas. Espero, en la medida de lo posible, recibir censuras provenientes solo de jueces verdaderamente competentes. Según mi arraigada costumbre, les ruego que no me las ahorren y les doy las gracias por adelantado».

Esas palabras, recogidas en la declaración que precede al artículo «Mémoire sur l’évêché de Bayonne» (1896: 243-242), son un ejemplo, entre otros muchos, en los que se erige como científico frente a falsificadores y aficionados. Criticó sin piedad y con ímpetu a predecesores como Marca y a contemporáneos como Jaurgain o Tamisey de Larroque, y recibió, en respuesta, críticas igualmente acerbas. Muchos comentaristas de sus artículos cuestionaron sus fuentes y su forma de interpretarlas. En esa época en la que las personas que pretendían aportar nuevas verdades no se habían formado obligatoriamente en la universidad, sino que partían de conocimientos metodológicos y de análisis aprendidos a través de la formación en Humanidades de los centros escolares, Jean-François Bladé, que no escapaba a la regla, recurrió a los especialistas antes de publicar sus artículos. En efecto, los extractos de correspondencia procedente de una colección privada nos muestran a un historiador en constante formación, que atiende a las críticas de su amigo Léonce Couture, formado en la École National des Chartes, profesor de Humanidades en el colegio de Lectoure y después de literatura en el Instituto Católico de Toulouse, quien le hace volver constantemente a las fuentes documentales y corrige sus traducciones e interpretaciones. Para abordar los periodos de la Alta Edad Media, busca el apoyo y la crítica de Alfred Duméril, formado en la École Normale, y profesor de Historia Medieval en la Universidad de Toulouse. Por último, presentó algunas de sus traducciones de textos antiguos y debatió cuestiones lingüísticas y folclóricas con Gaston Paris, medievalista, filólogo y romanista, profesor del Collège de France y de la École Pratique des Hautes Études. Esas son las únicas personas cuyas críticas admite.

Jean-François Bladé fue un hombre de su época, dotado de una fuerte personalidad, y que aspiraba a escribir una página de la historia de Gascuña, que vinculara a esta con los territorios cispirenaicos. Buscó los contextos en los que se descubrieron los documentos y desenterró los textos apócrifos, hurgó en colecciones privadas y públicas y desarrolló una metodología con investigadores universitarios indiscutibles. Su carácter le hizo granjearse más enemistades que amistades.

Obras

«La Gascogne et les pays limitrophes dans la légende carolingienne», Revue de Gascogne (1889), pp. 5-20, 168-179, 254-268, 365-374 y 496-511 (1890), pp. 29-50.

«Les Vascons espagnols, depuis les dernières années du viè siècle jusqu’à l’origine du Royaume de Navarre», Recueil des Travaux de la Société des Sciences, Lettres et Arts d’Agen, 1891, pp. 1-96.

Fin du premier duché d’Aquitaine, tirada aparte, Le Puy: Imp. Marchessou, 1892.

«Les comtes carolingiens de Bigorre et les premiers rois de Navarre», Revue de l’Agenais, 1895, pp. 326-346, 400-413 y 481-491; 1896, pp. 16-39, 308-324 y 418-430; 1897, pp. 34-46, 201-211 y 313-319.

«Influence des métropolitains d’Eauze et des archevêques d’Auch en Navarre et en Aragon, depuis la conquête de l’Espagne par les musulmans jusqu’à la fin du onzième siècle», Annales du Midi, 1896, pp. 385-405.

«Mémoire sur l’évêché de Bayonne», Études historiques et religieuses du Diocèse de Bayonne, 1896, pp. 241-252, 289-303, 395-408, 433-449 y 483-489; 1897, pp. 29-39.

«Influence des métropolitains d’Eauze et des archevêques d’Auch en Navarre et en Aragon, depuis la conquête de l’Espagne par les musulmans jusqu’à la fin du onzième siècle», Annales du Midi, 1897, pp. 5-24.

«L’évêché des Gascons», Revue d’Aquitaine, 1897, pp. 496-514; 1898, pp. 159-170.

«Basse Navarre et Vicomté de Labourd», Association française pour l’avancement des sciences, 1900-1901, pp. 983-996.

Bibliografía

Arrouye, J. (dir.), Jean-François Bladé (1827-1900). Actes du colloque de Lectoure (20 et 21 octobre 1984), Béziers: Centre International de Documentation Occitane, 1985.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


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