Cargos y oficios
Periodista, publicista, científico, político, académico, dibujante e investigador
Trayectoria
Fue hijo de Miguel Becerro (militar salmantino, que había participado en la Primera Guerra Carlista como subteniente del Regimiento Provincial de Palencia) y de Francisca Cayetana de Bengoa y Ruiz de Azúa (natural del valle de Aramaio, en Álava), y hermano de Julián y Ramona.
Inició sus estudios en la Escuela de Dibujo de su ciudad natal, donde consiguió un accésit en los exámenes ordinarios de Delineación. Prosiguió los mismos y obtuvo el título de Bachiller en Artes en 1863, con sobresaliente y premio extraordinario en el Instituto de Segunda Enseñanza, y los ultimó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Valladolid (de 1865 a 1867), y en Ciencias en la Universidad Central de Madrid.
Culminados sus estudios volvió a Vitoria para trabajar como catedrático auxiliar de la sección de Ciencias del Instituto vitoriano, compaginando la docencia con su colaboración como conferenciante del Ateneo Científico y Literario de la ciudad y articulista en distintos periódicos y publicaciones tales como Euskalduna, Irurac bat, El Chaparral o El Porvenir Alavés.
En esta última publicación, y de 1864 a 1867, ubicada en la tienda de Cipriano Guinea Ugarte, de Vitoria, colaboró con Daniel Ramón de Arrese Duque (1831-1891), ilustrando cuartillas de fiestas, excursiones, costumbres o recuerdos de Álava. A la muerte de Daniel, Ricardo compiló su obra y redactó su biografía.
Su activismo político se manifestó de forma temprana al actuar de secretario del llamado Pacto General de Eibar (23 de junio de 1869). Dicho Pacto es uno de los hitos más destacados de la historia del republicanismo vasco-navarro, pues constituyó uno de los pocos intentos por crear una organización supraprovincial republicana en el territorio a impulsos del Partido Republicano Federal (creado en noviembre de 1868) siguiendo las directrices del pensamiento de Pi y Margall, que concebía la organización estatal de abajo-arriba, desde las provincias al poder central, a través de los denominados «pactos federales», en los que varias provincias se unían en uno de esos pactos para, posteriormente, federarse todos esos pactos regionales y crear un poder central.
El Pacto de Eibar se firmó por republicanos llegados de los comités de Bilbao, Tolosa, Irun, Eibar, Pamplona, Tudela y Vitoria-Gasteiz (Pedro de la Hidalga, Juan Bautista de la Cuesta, Daniel Ramón de Arrese, Ricardo Becerro de Bengoa, Juan Roca, Hilario Martínez, Cayetano Letamendi y Abelardo de Sagarmínaga por Álava; Justo María Zavala, Blas Irazueta, Felipe Ariotegui, Manuel Ezcurdia, Vicenta Aguirre, Celestino Echevarria, Inocencio Ortiz de Zárate y José Cruz Echevarria por Gipuzkoa; Ignacio Aztarain, Antonio Velasco, José Lorente, Félix Utray, Baldomero Navascués, Pedro Fraizu y Julián Garay por Navarra; y Cosme Echevarrieta, Horacio Oleaga, Antolín Gogeascoa, Joaquín Mayor, Julián Arzadun y José Ramón de Ibaceta por Bizkaia), redactándose un manifiesto federalista proponiendo la extensión de la autonomía de las Vascongadas al resto de España. Entre las bases del pacto se acordó crear una organización supraprovincial republicana vasca, el Consejo Federal, compuesto por un representante de cada provincia, los cuales se reunirían en Eibar periódicamente.
Participó asimismo como capitán de uno de los «Batallones de Voluntarios de la Libertad», milicias ciudadanas que trataron de sostener el régimen republicano en los primeros momentos de la Revolución de 1868.
De ideología republicana y fuerista, entre 1868 y 1869 (Sexenio Democrático) dirigió la revista satírica El Mentirón [puede verse en «Memoria Digital Vasca»] definida como liberal y anticarlista, de tendencia republicana y federal, de fuerte carga crítica política, y una de las primeras en publicar caricaturas satíricas. Colaboró, asimismo, en publicaciones periódicas como El Norte o La Reforma.
En 1870 se trasladó a Palencia para ocupar la cátedra de Física y Química que había obtenido por oposición en el Instituto palentino, rechazando la Secretaría del Gobierno Civil de Bizkaia que le habían ofrecido.
En Palencia, y en 1874, se casó con Isabel Antolín Antolín, de quien tuvo por hijos a Isabel, Miguel, María Jesús, Ricardo y Gonzalo Becerro de Bengoa y Antolín. Vivió en aquella ciudad hasta 1886, convirtiéndose en el motor de su vida cultural. En ella fundó el periódico Aquello en 1871, el semanario El Eco de Palencia en 1872 y la revista Ateneo en 1877; y dirigió El Diario Palentino en 1883, la Revista Castellana y El Trabajo. Fue también en Palencia donde escribió gran parte de su obra, en especial El Libro de Palencia, donde plasmó las notas históricas de las conversaciones y conferencias mantenidas con amigos acerca de las antigüedades y tradiciones de la ciudad.
No por ello perdió su vinculación con Vitoria, combinando su actividad y recibiendo el reconocimiento de las dos ciudades, Vitoria y Palencia. Así, en reconocimiento a su obra, fue socio de número de la Económica de Amigos del País en Vitoria, y socio fundador del Centro Literario Vascongado; en 1870 fue nombrado miembro de la Academia de Bellas Artes de Vitoria, en 1871 Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia (y se integró en la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Palencia), en 1876 de la Academia de Bellas Artes en Valladolid y fundó el Ateneo palentino (a imagen del de Vitoria), y en 1879 creó el Observatorio Meteorológico de Palencia.
En 1875 se sumó a la formación republicana liderada por Cirilo Tejerina, junto a otros republicanos palentinos, integrándose, a partir de 1881, en el republicanismo federal. Defendió en él para España el modelo de descentralización de poderes a las diputaciones provinciales y municipios, a imitación del modelo vasco de Fueros. Su labor política se basó en los principios de la paz, la laicidad del Estado, el sufragio universal y de la garantía de los derechos individuales.
Combinando su activismo político y su formación académica, en 1883 fue nombrado vocal de la Comisión Local de Reformas Sociales del Ayuntamiento de Palencia y delegado en el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil. Al año siguiente (en 1884) fue nombrado cronista oficial de Vitoria, y en 1885 Académico correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Ese mismo año (1885) se presentó como candidato a concejal en las elecciones municipales celebradas en mayo, saliendo elegido segundo concejal (con la diferencia de dos votos del primero), ejerciendo el cargo de regidor síndico del consistorio palentino. A pesar de la brevedad en el ejercicio del cargo (pues cesó a mediados de 1886, al ser elegido diputado a Cortes por Vitoria), su papel fue fundamental tanto en el cobro de impuestos de consumo, que reclamaba para sí la ciudad al Estado, como en las gestiones hechas contra la epidemia de cólera que brotó a partir de julio de 1885.
En 1886 dirigió su actividad pública y profesional a Madrid, al ser electo como diputado a Cortes por el distrito de Vitoria. Por ello solicitó y obtuvo concurso de traslado de su cátedra de Física y Química al Instituto San Isidro de Madrid, del que fue vicedirector en 1891, y presidente de la Comisión Ejecutiva de la Asociación de Catedráticos Numerarios.
Ya en Madrid desarrolló una intensa actividad política e intelectual. Así, en 1894 fue uno de los tres integrantes de la Comisión creada, en funciones de Gobierno, mientras se constituía la nueva Cámara. En 1896 volvió a ser elegido diputado a Cortes por Vitoria, ejerciendo dicho cargo político hasta 1900.
Siendo diputado, en 1897 fue nombrado presidente de la Sección de Ciencias del Ateneo de Madrid, y en 1900 vocal del Consejo de Instrucción Pública y Agricultura del Reino. En las nuevas elecciones de 1901 fue elegido senador por la Provincia de Álava, pero falleció poco después, a los cincuenta y seis años, en 1902. Era entonces catedrático de Geografía e Historia del Instituto Cardenal Cisneros.
Desde el punto de vista intelectual, fue estando en Madrid cuando se le nombró miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y de la Sociedad Antropológica Española, vocal de la Comisión Permanente de Pesas y Medidas, y del Tribunal de Oposición al Cuerpo de Aduanas, y vicepresidente de la Asamblea de Asociaciones Agrarias de España.
Toda esta actividad política y académica la supo compaginar con sus tareas docentes y su vocación periodística, llevando la dirección de la revista La Naturaleza, siendo redactor y caricaturista en El Solfeo y La Ilustración Española y Americana, y colaborando en El Imparcial y en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. Destacó, asimismo, en su proyección de dibujante, dejando importantes testimonios gráficos de la Álava del siglo xix (usó con frecuencia, para firmar sus dibujos, el seudónimo de R. Bay. Puede verse su obra en klikaraba, vídeo de 15’ 48’’, presentada por Ángel Gondra).
Si en algo coinciden los autores consultados es en la opinión de que Ricardo Becerro de Bengoa fue un erudito. Un intelectual polifacético con una amplísima obra. Al decir de Carlos Ortiz de Urbina, «la diversidad de los temas abordados por Becerro de Bengoa muestran su profunda implicación en los problemas del tiempo que le tocó vivir y en el que participó en multiplicidad de cargos, tanto políticos como culturales o profesionales. Al margen de relatos con pretensiones literarias (Los Viciosos, Hojas caídas, La sima de Urizarra…), sus libros abordan cuestiones relacionadas con la educación (La enseñanza en el siglo xx), la agricultura (La crisis económica y el movimiento proteccionista de la crisis agrícola), la minería (Una Escuela Práctica de Minería. Barruelo de Santullán), la tecnología (La electricidad moderna), la ciencia en general (Las ciencias en 1879 y Las ciencias en 1880 —en que analizó el avance de la ciencia esos años, en la Revista Contemporánea madrileña de marzo y noviembre de 1880—), o la Historia (El General Álava: homenaje tributado a su preclara memoria).
A ellos se unen una innumerable serie de artículos dispersos en un sinfín de revistas y publicaciones de todo tipo, y una relevante participación en los medios de comunicación, tanto como fundador de prensa como en tareas de director o redactor».
Sus aspiraciones de reforma social se plasmaron en su obra La enseñanza en el siglo xx, pues para él la educación, junto con la descentralización administrativa, debía ser el pilar del reformismo republicano, según el modelo foral de las Provincias Vascongadas. Al decir de Gonzalo Capellán, para Ricardo Becerro de Bengoa «la única solución para no quedar atrasados con respecto a otras naciones europeas consistía en mejorar el nivel cultural de la población». Por ello expuso en su obra un programa detallado, acorde al cual debería emprenderse la reforma educativa. «Solamente cuando todos los individuos hubiesen sido educados según el nuevo modelo de enseñanza integral (física, intelectual y moral), técnica, útil y práctica, se podría emprender la regeneración na-cional».
Parte de esas ideas fueron plasmadas ya en su principal obra alavesa, El Libro de Álava, proyectado en 1873 y terminado en 1877, donde defendió la necesidad de elevar el nivel cultural e intelectual de los pueblos en base a una educación amplia y bien cimentada, pues «es en las luchas de la inteligencia donde se templan sus hijos; y en ellas se hacen grandes, y a ellas se debe el que ya no haya más castas, ni más nobleza, ni más distinciones ni más timbres, que los que separan a los hombres ilustrados de los ignorantes».
Para él, no había estudio más grato para los buenos hijos de un país cualquiera que el de su historia y el de su valer y significación actual. «En la historia aprendemos a conocer y a admirar a nuestros antepasados, por sus trabajos y por sus gloriosos hechos…» Formamos parte de la tierra común, y su conocimiento se había de difundir en la escuela, en las academias, en el ateneo o en las lecturas populares. Por ello manifestó su deseo de que los jóvenes alaveses aprendiesen en la historia y en el Fuero a querer más a su Provincia y a procurar su ventura y progreso: «Amando a su provincia se ama á la patria entera; porque procurando el bien particular de todas las provincias se hará la felicidad de la nación. La cooperación del trabajo y de la inteligencia de los ciudadanos ha de sostener á la nación, y no ésta á aquellos, dándoles como de limosna su dinero. Con la inteligencia y con el trabajo nuestro país, que es verdaderamente pobre, ha sabido ser feliz y distinguirse, amparado por sus sabias instituciones». Por ello, «debemos continuar la obra de nuestros mayores trabajando, instruyéndonos y manteniendo vivo y potente el culto a los populares y sanos principios del Fuero».
En marzo de 1995 el Ayuntamiento de Palencia fijó una placa en su honor en la casa en que vivió el «Profesor, Escritor, Político, Académico y Fundador» del Ateneo palentino. Lo mismo hizo el Ayuntamiento de Madrid en la casa donde vivió y murió de la calle de las Huertas el «Escritor, Catedrático, Académico, Diputado a Cortes por Álava y Senador del Reino».
Obras
La sima de Urizarra. Recuerdos de la guerra civil, Bilbao: Imp. de Lambure, 1873, 20 pp.
Hojas caídas: bocetos en prosa y en verso (1862 á 1870), Palencia: Hijos de Gutiérrez, 1873, 124 pp.
El libro de Palencia, Palencia: Hijos de Gutiérrez, 1874, 242 pp. (reed. Palencia: Caja España, 1993).
El romancero alavés, Valladolid: Maxtor, 1874, 405 pp.
De Palencia a Oviedo y Gijón; Langreo, Trubia y Caldas, Palencia: Alonso y Z. Menéndez, 1874, 295 pp.
El gran mundo, Madrid: M. Fernández de la Torre, 1876, 192 pp.
El Libro de Álava, Vitoria: Centro Literario Vascongado, Hijos de Manteli (1877), 334 pp. (reed. San Sebastián: Roger, 2000).
Los viciosos, Madrid: Luis de Diego, 1877, 318 pp.
Con S. de Palacio y Rugama, Memoria acerca de la Exposición de Agricultura Provincial de Palencia, Palencia: Imp. y Litografía de Alonso y Z. Menéndez, 1878.
«Las ciencias en 1879», Revista Contemporánea, Madrid, núm. 26 (marzo de 1880), pp. 182 y ss.
«Una Escuela Práctica de Minería. Barruelo de Santullán», Revista Contemporánea (Madrid), núm. 31 (enero de 1881), pp. 26 y ss.
La electricidad moderna: estudio-resumen de la actual Exposición de París, Madrid: Manuel G. Hernández, 1881, 212 pp.
El Sacamantecas: su retrato y sus crímenes: narración escrita con arreglo a todos los datos auténticos, Vitoria: Viuda e Hijos de Iturbe, 1881, 58 pp.
Antigüedades históricas y literarias de Alaba, San Sebastián: Extramuros edición, 1882, 39 pp.
De Palencia á La Coruña, Palencia: Alonso y Z. Menéndez Editores, 1883, 231 pp.
De Palencia a Oviedo y Gijón, Langreo, Trubia y Caldas, Palencia: Alonso y Z. Menéndez Editores, 1884 (2.ª ed., Valencia: Librerías París-Valencia, 1998).
El General Álava: homenaje tributado a su preclara memoria, Madrid: Tip. de Manuel Hernández, 1884, 49 pp.
Romancero alavés, Vitoria: Viuda e Hijos de Iturbe, 1885 (2.ª ed., Vitoria: Diputación Foral de Álava, 1982).
El estudio del gran pintor Casado, Palencia: Diputación Provincial de Palencia, 1986, 32 pp.
La crisis económica y el movimiento proteccionista de la crisis agrícola, Madrid, 1888.
Proyecto de dictamen que presenta la subcomisión 1.ª acerca de la causa de la crisis de los cereales y medidas que pudieran remediarla, Madrid, 1888.
Trueba: estudio biográfico, Madrid: La España Moderna, 1892, 62 pp.
La Rábida. Conferencia de Ricardo Becerro de Bengoa pronunciada el día 21 de diciembre de 1891, Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1892, 31 pp.
Tendencias de la química moderna, Madrid: Luis Aguado, 1894, 70 pp.
«Excursión artística por el Madrid Viejo. La Latina», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, vol. 2, núm. 13 (1894), pp. 1-5.
«Excursión artística por el Madrid viejo, III. Excursiones», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, vol. 2, núm. 14 (1894), pp. 21-25.
La nueva iglesia de San Ignacio, Madrid: Real Congregación de Naturales y Oriundos de las Tres Provincias Vascongadas, 1898, 29 pp.
La enseñanza en el siglo xx, Madrid: Edmundo Capdeville, 1899-1900, 255 pp. [2.ª ed. preparada por G. Capellán de Miguel, Bilbao: Universidad del País Vasco, Servicio Editorial, 2001, 256 pp. (Textos Clásicos del Pensamiento Político y Social en el País Vasco, 7)].
Descripciones de Álava, Vitoria: Publicaciones del Real Ateneo de Vitoria, Domingo Saz, 1918 (2.ª ed., Vitoria-Gasteiz: Papeles de Zabalanda, 1996).
La Tierra de Campos, álbum de excursiones, Palencia: Diputación Provincial de Palencia, 2007, 192 pp.
Prólogo a La palabra y sus manifestaciones: origen y desarrollo del lenguaje articulado, de la escritura, de la imprenta, de la litografía, del telégrafo, del teléfono y del fonógrafo, de José Cascales y Muñoz, Madrid: Bailly-Bailliere e hijos, 1899.
Prólogo a Las enfermedades de la vid, de Eugenio Muñoz Ramos y Carlos Diego-Madrazo y Ruiz Zorrilla, Madrid: Imp. de Fortanet, 1892.
Escritos de Daniel Ramón de Arrese Duque, vol. I, Bilbao: Imp. de Andrés Pérez de Cardenal, 1900, 210 pp. (compilador y biógrafo) (Biblioteca Bascongada de Fermín Herrán, 53).
«Panteón del Canciller Don Pedro López de Ayala en Quejana (Álava)», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, vol. 24, núm. 1 (1916), pp. 161-169.
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«Becerro de Bengoa, Ricardo». El Senado entre 1834 y 1923. Senado de España.





