Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

BALPARDA Y DE LAS HERRERÍAS, Gregorio (Bilbao, 17 de enero de 1874 – Bilbao, 31 de agosto de 1936).

Cargos y oficios

Historiador y político

Trayectoria

Estudió Derecho y Filosofía y Letras. En 1905 la constitución de un Gobierno presidido por Segismundo Moret trajo consigo su designación como alcalde. Tras la renovación parcial del consistorio en noviembre de 1905, quedó como único representante dinástico. La caída de Maura en 1907 le obligó a dimitir como alcalde, aunque permaneció ejerciendo como concejal hasta 1909.

Elegido presidente de la sociedad liberal bilbaína «El Sitio» ese mismo año, trata de aunar, sin éxito, a todos los sectores del liberalismo vizcaíno y formar un bloque electoral con los republicanos e incluso contando con algunos elementos socialistas. En enero de 1910 se integra en la dirección provincial de otro proyecto liberal, vinculado al Partido Liberal Monárquico. En abril, su desacuerdo con la decisión del partido de apoyar la candidatura del republicano (y, para Balparda, aliado de los nacionalistas) Horacio Echevarrieta provoca su salida. Precisamente, la adquisición por parte de Echevarrieta del periódico en el que solía escribir Balparda, El Liberal, le llevará a fundar en febrero de 1916 el semanario La Opinión, que desaparecerá al año siguiente. Ya en 1918, Balparda figura como socio fundador del partido de Santiago Alba, Izquierda Liberal. En marzo se presenta a las elecciones a Cortes por Balmaseda. Pese al apoyo de mauristas, conservadores, republicanos y socialistas, es derrotado por el nacionalista Ramón de la Sota. En junio de 1919, Balparda vuelve a presentarse como candidato por Balmaseda bajo las siglas de la Liga de Acción Monárquica, recibiendo, no obstante, el apoyo expreso de la agrupación socialista local. Durante la campaña electoral sale indemne de un tiroteo contra su automóvil en Portugalete. Tras ser elegido, consigue en el Congreso que las tres actas obtenidas por los nacionalistas en la provincia sean anuladas por irregularidades. En diciembre de ese mismo año vuelve a haber elecciones. Esta vez los socialistas presentan a su propio candidato, Óscar Pérez Solís (que un año después fundaría un partido comunista y con el tiempo terminaría militando en Falange Española). Balparda, que acusa al socialista de contubernios con el nacionalismo, es reelegido de nuevo por un estrechísimo margen. En mayo de 1923 repite como candidato por Balmaseda de la Liga de Acción Monárquica, renovando una vez más su acta. Cuando en septiembre Miguel Primo de Rivera da el golpe de Estado que termina con el régimen de la Restauración, Balparda adopta una actitud de claro rechazo. Retirado de la política, se dedica a sus investigaciones históricas y jurídicas. En 1929 preside la Academia de Derecho y Ciencias Sociales de Bilbao, una institución privada que había fundado en 1901.

Durante la Segunda República permanece fuera de la política activa. Con todo, manifiesta su rotunda oposición a los estatutos de autonomía regionales. En 1936 asiste en Bilbao al comienzo de la guerra civil. A finales de agosto es propuesto como auditor jefe de la Auditoría de Guerra del Norte por el Gobierno Civil —cargo que aparejaba actuar como fiscal contra los militares detenidos por su implicación en el alzamiento contra la República—. Balparda rechaza el cargo. Detenido a causa de ello, es trasladado al barco prisión «Cabo Quilates». Ese mismo día, 31 de agosto, es asesinado —según testimonios, tras ser violentamente maltratado— por los milicianos republicanos que custodiaban a los presos, suceso que provoca su reivindicación como «mártir de la Cruzada» por el franquismo.

A pesar de que cabe considerar a Balparda la principal figura de la izquierda liberal vasca, apenas ha merecido la atención de los historiadores. Los temas más relevantes de su obra son su crítica al carlismo y al nacionalismo vasco, su interpretación de los Fueros y de la personalidad histórica de Bizkaia y su crítica al Estatuto vasco.

Balparda consideraba el carlismo una forma de reacción contra el espíritu de la Ilustración por parte de los partidarios de los privilegios de la Iglesia y de la aristocracia. Aunque el carlismo no tenía un carácter separatista, las sucesivas victorias liberales habían creado, de acuerdo con Balparda, un poso de rencor en las regiones donde mayor presencia había tenido. Se habrían constituido, así, «focos de inadaptados y de sectarios, un estado crónico de rebelión y protesta […] contra el Gobierno, contra todos los Gobiernos liberales, contra el Estado, contra la Nación, contra las instituciones cualesquiera que fuesen, de hecho, contra España» (Balparda, 1935: 43). Este rechazo visceral a todo lo que viniera del centro, de Madrid, y al régimen liberal que se le vinculaba, habría permitido a finales del siglo xix la transición del carlismo al regionalismo y el nacionalismo —términos que Balparda identificaba—. Ante el fracaso en imponer los ideales absolutistas al conjunto de España, algunos seguidores del carlismo habían abandonado la idea de España por el culto a sus particulares regiones.

Nacionalismo y carlismo, en definitiva, eran sustancialmente lo mismo: «manifestaciones de la misma resistencia y protesta contra el espíritu de la época». «Los dos son tradicionalistas, los dos teocráticos, los dos antiliberales […] no importa que tengan organizaciones y banderas distintas, ni que, por disputarse los mismos elementos y poseídos de verdadero odio de hermanos, se combatan sañudamente» (Balparda, 1918: 2).

Balparda consideraba que el nacionalismo vasco había conseguido un considerable éxito en la difusión de su falaz visión del pasado. En consecuencia, era preciso emprender una labor de crítica y pedagogía que desmontase sus falsedades. El principal objeto de dicha labor debían ser los fueros. De acuerdo a sus investigaciones —que reunirá en una voluminosa Historia crítica de Vizcaya y sus fueros (1924, 1933-1934)—, estos habían sido otorgados por los diferentes monarcas a los habitantes de ciudades y villas, a veces a todos y otras a un gremio o un estamento. No había, por tanto, unos «fueros» en general, ni siquiera unos «Fueros vizcaínos» y ni muchísimo menos unos «Fueros vascongados» (Balparda, 1929). Fue solo en el siglo xix cuando los Fueros se reconvirtieron en una suerte de autonomía de carácter provincial. A ello se añadía el que durante la Edad Media su sentido no estribase en asegurar la independencia frente a Castilla, como afirmaban los nacionalistas, sino en garantizar la soberanía directa del monarca sobre el Señorío. Los vizcaínos del Medioevo, según Balparda, pedían Fueros porque querían depender directamente del rey castellano y liberarse de las oligarquías intermedias locales.

Balparda pensaba que los Fueros habían perdido toda vigencia desde el momento en que, en 1812, se había proclamado la igualdad de todos los españoles ante la ley (Balparda, 1918). Las legislaciones privativas de un estamento o una provincia habían dejado paso a una legislación común a toda la Nación. En la medida en que la Constitución liberal había generalizado los derechos y libertades individuales, representaba una suerte de «superfuero» (Balparda, 1931b). En particular, la democracia, era «el primero y principal de todos los Fueros» (Balparda, 1908: 20).

Por otro lado, Balparda negaba la propia pertinencia del término «vasco». Los vascongados eran un pueblo distinto de los vascones, como lo demostraba una mera lectura de las fuentes de la Antigüedad. Stricto sensu no cabía denominarlos «vascos» (Balparda, 1924). En segundo lugar, la vida histórica de Bizkaia había estado indisolublemente vinculada a Castilla, hasta el punto de ser denominada en época medieval como «Tierra apartada, pero del pendón de Castilla» (Balparda, 1918: XXVII). En tercer lugar, tampoco culturalmente, los vascongados tenían un carácter ni costumbres diferentes de los castellanos. Antropólogos, lingüistas e historiadores nacionalistas habían inflado «el perro del hecho diferencial» (Balparda 1935: 44), inventándose particularidades inexistentes. Especialmente, habían exagerado la importancia y la extensión del vascuence. Balparda no negaba que este fuera un «tesoro arqueológico» (Balparda, 1935: 38), pero consideraba que nunca había pasado de ser una lengua de familia. La lengua de cultura entre los vascos había sido siempre el castellano, y no por ninguna imposición, sino por propia elección.

Como es fácil de suponer, Balparda se mostró totalmente opuesto a la promulgación de un Estatuto de autonomía para el País Vasco durante la Segunda República. A su entender, el Estado nacional era el principal garante de la libertad y la igualdad entre los ciudadanos. Estos se hacían libres al obedecer las leyes que se habían dado a sí mismos a través de sus representantes. El hecho de que unos ciudadanos estuviesen sometidos a una legislación privativa y el que tuviesen, por tanto, derechos y deberes diferentes, era algo que menoscababa la libertad de todos. Por ello, un Estado no podía permitir la creación de ningún poder intermedio entre él y algunos de sus ciudadanos. En este sentido, entendía que los estatutos de autonomía venían a representar algo análogo a los feudos de la Edad Media. Todo federalismo, en definitiva, no era otra cosa que feudalismo.

Obras

La región, sus derechos y su valor dentro de los Estados nacionales modernos, Bilbao: Ed. Astuy, 1897.

El Fuero de Vizcaya en lo civil. Estudio crítico del Proyecto de Apéndice del Código Civil que comprende las disposiciones aplicables en Vizcaya y en Álava, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1903.

Anexiones y urbanizaciones necesarias en Bilbao, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1907.

Relaciones entre el estado y la Iglesia en Vizcaya durante el régimen foral, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1908.

Sobre la reintegración foral, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1908.

La Tradición de Vizcaya y el Bizkaitarrismo, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1908.

La reforma del régimen local, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1908.

La autonomía municipal no existe en Vizcaya, Bilbao: Ed. El Liberal, 1909.

El Fuero y el Caserío. Informe elevado a la Junta General del Ilustre Colegio de Abogados, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1913.

Tres ensayos Histórico-dramáticos. Tribunos de la plebe. Güelfos y Gibelinos. Ardeliones, Madrid: R. Velasco, 1914. Publicado con el seudónimo de Rodrigo P. de Barelaga.

La Conjuración de las alianzas y el pensamiento español, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1915.

«Los caracteres de una cultura vizcaína», Hermes, núm. 1 (1917), pp. 59-63.

«El exotismo y el arte vasco», Hermes, núm. 4 (1917), pp. 266-271.

Errores del Nacionalismo Vasco. Colección de artículos y conferencias, Madrid: Imp. de J. Pueyo, 1918.

Historia crítica de Vizcaya y sus fueros, vol. I, Madrid: Artes de la Ilustración, 1924.

Don Martín de los Heros y el Progresismo vascongado de su tiempo. Conferencia, Bordeaux: Ed. Feret, 1925.

Del hijodalgo al ciudadano, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1929.

La política económica y la depresión monetaria, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1930.

A mis amigos del Distrito de Valmaseda y a los Vizcaínos en general, Bilbao: Imp. Mayli, 1931.

La crisis de la nacionalidad y la tradición vascongada. Reflexiones sobre los estatutos, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1931.

¿Federalismo? ¡Feudalismo! Estampas de la Vizcaya foral sobre la infeudación de los Estados Autónomos, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1931.

El porvenir de la Villa, Plaza y Puerto de Bilbao, Bilbao: Imp. Mayli, 1933.

Historia crítica de Vizcaya y sus Fueros, vol. II, Bilbao: Imp. Mayli, 1933-1934.

La aplicación de las leyes de Reforma Agraria en Vizcaya, Bilbao: Imp. Maily, 1935.

La reforma de la Constitución y la reconstrucción del Estado nacional, Bilbao: Imp. Mayli, 1935.

La tercera república y la reconstitución del Estado nacional, Bilbao: Imp. Mayli, 1935.

Historia crítica de Vizcaya y sus fueros, vol. III, Madrid: Imp. Aguirre, 1945.

Historia crítica de Vizcaya y de sus Fueros, 2 vols., Bilbao: Caja de Ahorros Municipal de Bilbao-La Editorial Vizcaína, 1974.

El sentido liberal del fuero de Vizcaya, Bilbao: Sociedad el Sitio, 1990.

Escritos políticos. Estudio preliminar y edición de Iñaki Iriarte López. Textos clásicos del Pensamiento Político y Social en el País Vasco, Bilbao: Universidad del País -Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, 2013.

Bibliografía

Alonso de Olea, E. J., «Gregorio de Balparda y Herrerías», en Agirreaz-kuenaga, J., Diccionario biográfico de los alcaldes de Bilbao y gestión municipal, en tiempos de revolución democrática y social. 1902-1937, Bilbao: Ayuntamiento de Bilbao, 2003, pp. 99-118.

Cangas de Icaza, J., Gregorio de Balparda (Forja y destino de un liberal), Bilbao: Laida, 1990.

Chacón, P., «Gregorio Balparda de las Herrerías», Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca, Bilbao: Atxular Atea-Fundación Popular de los Estudios Vascos, 2015, pp. 505-521.

Iriarte López, I., «Estudio preliminar», en Balparda, Gregorio, Escritos políticos, Bilbao: Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea, pp. 9-86.

Migoya, J. U., Unas notas sobre Gregorio de Balparda para la Comisión especial del Ilustre Colegio de Abogados de Bilbao, Bilbao: Escuelas Gráficas de la Santa Casa de la Misericordia, 1953.

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