Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras navarros

AZNAR ZUBIGARAY, Manuel (seudónimos Imanol, Gudalgai) (Etxalar, Navarra, 18 de noviembre de 1893 – Madrid, 10 de noviembre de 1975)

Cargos y oficios

Periodista y diplomático.

Trayectoria


Manuel Aznar Zubigaray nació en la localidad navarra de Etxalar el 18 de noviembre de 1893, hijo primogénito del matrimonio formado por Benigno Aznar Guerendiain y Toribia Zubigaray Iturria. Tuvo una hermana y dos hermanos más. A consecuencia del parto del último de los hijos, la madre falleció, cuando Manuel Aznar contaba tan solo con cinco años. Un hermano de ella, su tío Manuel Zubigaray, sacerdote, ayudó a criar a los huérfanos de madre. Se trata de una figura influyente en la religiosidad que Manuel Aznar Zubigaray siempre mantuvo. La lengua familiar, según todos los indicios, fue el euskera, en que Manuel Aznar llegó a escribir dos textos en el diario Euzkadi, y que fueron reproducidos en Díaz Noci y Meso, 2016.

Después de aplicarse en sus primeros estudios en su pueblo natal, Manuel Aznar Zubigaray cursó entre 1905 y 1911 estudios eclesiásticos en Bera, aunque su falta de vocación le llevó a abandonarlos para probar suerte como periodista en Pamplona/Iruña.

En julio de 1910, con apenas dieciocho años aún no cumplidos, Aznar publicó su primer texto periodístico en La Tradición Navarra, en el que informaba de un mitin carlista. El periódico era el órgano de los tradicionalistas navarros. Durante dos años, entre 1910 y 1912, el joven Aznar escribe en dicha cabecera y en La Avalancha, un quincenal cercano a la Asociación Católico-Propagandista. Ambos títulos se alineaban con la denominada «Buena prensa», en la tradición católica de La Croix de Dimanche francesa. En esos primeros años de actividad pública, Manuel Aznar Zubigaray se identifica con el integrismo.

Al año siguiente, en 1913, se une a la redacción del recién nacido diario nacionalista Euzkadi, en un equipo liderado por Engracio de Aranzadi Kizkitza, donde también están Luis Eleizalde, Alfredo Echave y, ocupándose de la página en lengua vasca, Evaristo Bustinza Kirikiño. Parece ser que Aznar se apunta a los cursos de euskera de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco (Euzko Gaztedija); de hecho, llega a escribir dos artículos en su propio idioma materno, el 26 de septiembre y el 10 de octubre de 1914, atendiendo a la insistencia de, precisamente, Kirikiño. Que sepamos, no volverá a emplear su lengua familiar por escrito nunca más.

En Euzkadi escribe de los asuntos más variados, como, por ejemplo, teatro o fútbol, como ya había hecho antes en La Tradición Navarra. Entrevistando, precisamente, al delantero centro del Athletic de Bilbao conoce a la que pronto será su primera esposa: Mercedes Acedo, con quien tendrá cinco hijos, el primero de ellos, también llamado Manuel, será bautizado en Bilbao como Imanol. Manuel Aznar Acedo, también periodista, será el padre de José María Aznar, presidente del Gobierno español por el Partido Popular entre 1996 y 2004. En estos años bilbaínos Manuel Aznar es declaradamente nacionalista; de hecho, llega a escribir una obra de teatro de tesis patrióticas vascas, El jardín del mayorazgo, que se representa en 1914 y que se ha perdido. Años más tarde reconocerá que había en el nacionalismo algo de «romántico», y declarará no haber sido nunca «secesionista». Colabora, además, en otras publicaciones de la órbita del Partido Nacionalista Vasco, como Juventud o el vespertino La Tarde.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Aznar Zubigaray está prestando el servicio militar en el mismo Bilbao y comienza a escribir crónicas de guerra, desde un punto de vista claramente aliadófilo, desde el mismo Bilbao o desde Hendaya. Esas crónicas le procuran una fama más allá del País Vasco. Aznar comienza a pensar en cambiar de aires. Seguramente, la escisión del Partido Nacionalista Vasco en 1915 acelera su decisión.

En 1916 Nicolás María de Urgoiti, empresario madrileño de origen vasco que estaba intentando crear un diario en la capital de España, se fija en el joven Aznar. A mediados de ese año se concreta la participación de Manuel Aznar, como director técnico, en ese nuevo diario, que se denominará El Sol, para el que redacta un proyecto. Mientras tanto, colabora como enviado especial de guerra en El Imparcial, también ligado a Urgoiti. Mantiene un cargo similar como director en 1917 en Euzkadi, y ese mismo año comienza a colaborar con la revista cultural nacionalista moderada Hermes.

A mediados de julio de 1917 se pone en  marcha El Sol. Solo en 1918 sustituirá como director a todos los efectos a Félix Lorenzo. Aznar se afinca en Madrid, donde nacerán sus siguientes hijos. El Sol es entonces un periódico regeneracionista. En 1920, Urgoiti y Aznar crean otro diario, La Voz. Ambos diarios se van nutriendo de las mejores firmas españolas. Arrebatan, incluso, a José Martínez Ruiz Azorín al ABC. En 1921 es asesinado Eduardo Dato, presidente del Gobierno, y se recrudece, con el denominado «desastre de Annual», la guerra con Marruecos, que Aznar cubrirá in situ, y que le permitirá conocer al general Francisco Franco. Al año siguiente, Manuel Aznar deja, por diferencias con Urgoiti, El Sol, y en 1923 ayuda a crear un nuevo diario, La Opinión, que apenas se publicó unos meses de ese año. A continuación, se desplaza a Cuba, donde a partir del verano de 1923 dirigirá el matutino El País. Será el director técnico del Diario de la Marina. Crea en 1928 en Cuba otro diario, Excelsior, que luego se fusiona con El País.

Vuelve a España, de nuevo para dirigir El Sol, sin Urgoiti, en 1931, ya comenzada la Segunda República Española. Es entonces el periodista mejor pagado de España. Atrae al diario las firmas de Miguel de Unamuno y de Josep Pla. Ideológicamente, sin dejar de criticarla, se mantiene fiel a la República, y se acerca a las tesis de Manuel Azaña, convencido de que un periódico necesita ser el órgano de una fuerza política. En 1933 muere su mujer, Mercedes Acedo, dejándolo viudo con cinco hijos. Lleva a cabo estudios de Derecho, que no concluye. Conoce a y simpatiza con el fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, e incluso participa en el diseño del diario falangista Arriba. Muestra su desacuerdo con los socialistas, y de hecho años más tarde, en 1955, Indalecio Prieto lo denominará «perillán» en un artículo que resume su trayectoria. Comienza a colaborar con el Heraldo de Aragón. Da, en 1935, apoyo a Miguel Maura y se presenta, como centrista y sin éxito, a las elecciones de 1936 por Albacete.

Estalla la Guerra Civil, es detenido en Madrid y liberado, al parecer por intervención de, precisamente, Prieto. Abandona Madrid y se une al bando sublevado. En octubre de 1936 aparece con uniforme franquista en Zaragoza, pero, sospechoso de ser enemigo del Movimiento Nacional, es detenido, y liberado más tarde in extremis. Le apoya el general Mola, bajo cuyas órdenes se desplaza a Francia en 1937 y 1938 para contrarrestar la opinión pública favorable a la República (Tanco Lerga, 2004: 210), y más tarde Ramón Serrano Súñer comienza a confiar en él para ayudar en el naciente aparato de propaganda e información franquista desde Burgos, y sigue colaborando con crónicas de guerra en Heraldo de Aragón. En 1938 se hace con la dirección del Diario Vasco de Donostia-San Sebastián, y en enero de 1939 será nombrado, nada más tomar las tropas franquistas Barcelona, director de La Vanguardia, diario de los Godó, con quien establecerá óptimas relaciones el resto de su vida. Permanecerá en Cataluña, ayudado por Josep Pla, hasta mayo de ese año, en que le sustituye Luis de Galinsoga. Años más tarde, de nuevo Aznar sustituirá, a su vez, a Galinsoga. Manuel Aznar vuelve a Madrid y es nombrado jefe del Servicio de Prensa.

En Madrid funda en 1940 el semanario Semana, donde también trabajarán dos de sus hijos, y es nombrado consejero de la agencia Efe, creada un año antes por Serrano Súñer. Ese mismo año publica su libro Historia militar de la guerra de España, y en 1942 un resumen de este, Guerra y victoria de España. Durante toda su vida se declarará, sinceramente o forzado por las circunstancias, admirador de Francisco Franco, del cual publicará, ya muertos ambos en 1975, una biografía. Colabora en uno de los diarios fundamentales del régimen, Arriba, que había contribuido a crear. Reforzará su adscripción falangista con el libro El Alcázar no se rinde, en que replica las tesis antifranquistas de Herbert L. Matthews en El yugo y las flechas, de 1956.

Inicia su carrera diplomática, primero como ministro plenipotenciario en Washington (Estados Unidos), en un momento poco favorable al reconocimiento de la dictadura franquista. En 1948 es nombrado embajador en la República Dominicana en época del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Se casa en segundas nupcias al año siguiente con Milagros Gallego. Será destinado en 1951 como embajador en Buenos Aires, en la Argentina de Juan Domingo Perón.

Prepara su regreso a España en 1955, en que es elegido presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y de la Federación de Asociaciones de la Prensa. Mostrará, según Jesús Tanco Legra, desde entonces un cierto talante reformista. Igualmente, continúa con misiones diplomáticas ante la ONU, una vez que la comunidad internacional comienza a aceptar el régimen franquista, normalmente ayudando a José Félix de Lequerica, con quien le une una buena amistad.

Compagina las labores como periodista y como diplomático en adelante. En 1958 se le nombra director de la agencia Efe. En 1968 será nombrado su presidente. Dos años después, en 1960, acude en socorro de los Godó, para sustituir a Luis de Galinsoga al frente de La Vanguardia Española tras un escándalo de este al insultar la lengua catalana. A cambio, tal vez aconsejado por Josep Pla, Aznar muestra una cierta comprensión hacia sectores catalanistas moderados. Pone como hombre de confianza a Horacio Sáenz Guerrero. Acude en representación del gobierno de España a varias sesiones de la ONU durante esos años, y es nombrado en 1963 embajador en Rabat (Marruecos), en una época de tiranteces entre ambos gobiernos. A pesar de esa evidente confianza, no consigue el puesto de ministro de Información y Turismo, que recae en 1962 en Manuel Fraga Iribarne: Franco duda de su absoluta fidelidad al régimen y ya entonces se le empieza a tildar de liberal, etiqueta que Aznar acepta gustoso y de la que hará gala hasta el final de sus días. A cambio de no ser nombrado ministro, a Aznar se le ofrece ser delegado permanente del gobierno de Franco ante las Naciones Unidas.

Sus últimos años los pasa entre la diplomacia, que abandona por problemas de salud, y la empresa periodística. Según Tanco Lerga, colabora en 1965 en el diseño de recuperación de una cabecera histórica en Bilbao, El Nervión, que no fructifica. Pronuncia conferencias sobre Ángel Herrera Oria, cardenal, y El Debate en 1967 en la Escuela de Periodismo de la Iglesia y sobre Balmes en Vic. Se dedica a actividades empresariales: participa en el Consorcio Hispano Arábigo, de CAFSA o de Barcelonesa de Publicaciones, creada por el conde de Godó para controlar a su competidor, el Diario de Barcelona, mientras mantiene un perfil político bajo y colabora en sus últimos dos años de vida esporádicamente con dos de los diarios que dirigió: El Diario Vasco y La Vanguardia. El 12 de octubre de 1975, año en que fallece, publica su último artículo en el diario barcelonés sobre la revolución portuguesa. Como indica Tanco Lerga, se inclina o por una solución que pase por las urnas siempre que ganen fuerzas anticomunistas, o por la vía militar, lo que, de alguna manera, sintetiza su visión política.

Manuel Aznar Zubigaray falleció en Madrid el 10 de noviembre de 1975, a los ochenta y tres años, y fue enterrado en su localidad natal de Etxalar.

La influencia ideológica de Aznar se proyecta sobre todo en al ámbito del periodismo, las relaciones diplomáticas y la propaganda. Más que un sólido ideario, se mantiene siempre cercano al poder, y como un hombre aferrado al orden establecido. Llega a aparecer tímidamente como favorable a un mercado común europeo, y mantiene siempre buenas relaciones con entidades financieras como el Banco Urquijo o el Banco de Bilbao. Hombre del establishment consolidado tras las guerras mundiales, católico a ultranza y rocosamente anticomunista, lo que le acercaba a sectores internacionales entre los aliados que habían ganado la Guerra Mundial, y a quienes desde la primera contienda Aznar había mostrado su simpatía, hizo bandera del liberalismo «sometido a normas» como definición de su trayectoria ideológica, como hemos visto bien variada. Igualmente, nunca cuestionó la figura de dictadores como Trujillo, Perón o Franco, cuya obra consideraba, adoptando la terminología por otra parte muy extendida en la España de entonces, «imperecedera».

Obras

Política de Inglaterra y España (6 artículos), Madrid: Sucesores de Ribadeneyra, 1940.

Historia militar de la guerra de España, Madrid: Idea, 1940.

Antecedentes políticos y declaración de guerra, Madrid: Idea, 1941.

Guerra y victoria de España, 1936­-1939, Madrid: Magisterio Español, 1942.

La batalla de Francia  y el armisticio, 1940, Madrid: Idea, 1947.

El Alcázar no se rinde. Réplica a unas páginas del libro titulado «El yugo y las flechas» del escritor norteamericano Herbert L. Matthews, Madrid: Ograma, 1957.

Un siglo en la vida del Banco de Bilbao. Primer centenario (1857­-1957), Madrid: Banco de Bilbao, 1957.

Un estado recién nacido a orillas del río de los camarones. Entre la guerra y la paz, [Madrid]: [Blanco y Negro], [1960].

El corresponsal en el extranjero. Lección inaugural leída el día 24 de octubre de 1967 en el acto de apertura del curso 1967­-68, Barcelona: Escuela de Periodismo de la Iglesia, 1967.

El pensamiento de Balmes en el mundo actual [conferencia pronunciada el 9 de julio de 1968 en el Ayuntamiento de Vich en conmemoración de la muerte del Dr. Jaime Balmes y Urpiá], Vic: Ayuntamiento, 1968.

Primer curso de radiodifusión y televisión para las fuerzas  armadas, La radiotelevisión y la guerra, Madrid: Escuela Oficial de Radiodifusión y Televisión, 1968.

Pregón de las fiestas de la Merced, Barcelona: Seix Barral, 1970.

Un joven de 1915 ante José Ortega y Gasset, Madrid: Ediciones Cultural Hispánica, 1970.

Franco, [Madrid]: [s. n.], 1975.

La España de hoy, 1936/1939, Zaragoza: Heraldo de Aragón, 1994.


Bibliografía

DÍAZ NOCI, J., «El recluta periodista. Manuel Aznar, cronista de la Primera Guerra Mundial para el diario Euzkadi», en PLA, X., y MONTERO AULET, F. (eds.), En el teatro de la guerra. Cronistas hispánicos en la Primera Guerra Mundial, Granada: Comares, 2020, pp. 351-356.

DÍAZ NOCI, J., y MESO AYERDI, K., «Manuel Aznar Zubigaray. Els inicis a la premsa basca nacionalista. D’Imanol a Gudalgai (1913-1914) = Manuel Aznar Zubigaray. Los inicios de la prensa nacionalista vasca. De Imanol a Gudalgai (1913-1914)», Obra Periodística, 1 (2010). Ed. en línea: http://hdl.handle.net/10230/12930 (consultado el 18 de junio de 2022).

— «Manuel Aznar Zubigarayren kazetari-lana. Euzkadi (1913-1918)», Mediatika. Cuadernos de Medios de Comunicación, 15 (2016), pp. 141-173.

NOGUÉ, A., y BARRERA, C., La Vanguardia. Del franquismo a la democracia, Madrid: Fragua, 2006.

TANCO LERGA, J., «Manuel Aznar, periodista y diplomático», Aportes. Revista de Historia Contemporánea, 51 (2003), pp. 95-107.

— Manuel Aznar. Periodista y diplomático, Barcelona: Planeta, 2004.

— «Un periodista navarro, Manuel Aznar, testigo y cronista de la Gran Guerra (1914-1918)», PV, 262 (2015), pp. 783-794.

— «Cien años de la fundación de El Sol, la aportación de Manuel Aznar», Pregón Siglo XXI, 49 (2018), pp. 42-47.


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