Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores navarros

AZCONA Y DÍAZ DE RADA, José María (Tafalla, Navarra, 17 de noviembre de 1882 – Tafalla, 1 de junio de 1951).

Cargos y oficios

Bibliófilo y bibliógrafo, erudito publicista, heraldista, político, hombre de negocios y terrateniente

Trayectoria

Nace en el seno de una familia de la alta burguesía navarra. Entre sus antepasados destacan su bisabuelo José María Recart de Landívar, representante en las Cortes de Navarra de 1817-1818, 1828-1829 y diputado del Reino (1834) y su abuelo Pío Díaz de Rada, excomisario regio, alcalde de Tafalla y gran propietario agrario.

Estudia en Deusto las carreras de Derecho y Filosofía y Letras; en 1902 obtiene la licenciatura en Letras por la Universidad de Salamanca y en 1905 ya es abogado. Años más tarde obtuvo el doctorado en Historia por la Universidad Central de Madrid. De vuelta a Tafalla, en 1907 es nombrado fiscal del Partido Judicial, cargo que ejercerá poco tiempo. Desde joven acrecentó un formidable bagaje humanístico, compaginando una intensa vida social con la incorporación a la vida política navarra y su temprana afición por los libros y la fotografía. Formará parte de un selecto grupo de liberales acomodados representantes del «progreso y la modernidad». Aglutinando el voto no carlista, fue elegido alcalde de Tafalla para el bienio 1910-1911. Destacó por su gestión en la traída de agua corriente a los domicilios, proyecto que culminó en 1914 ocupando la presidencia de la sociedad Aguas de Tafalla, S. A. Más bibliófilo e investigador que político, la oposición municipal le criticará sus prolongadas ausencias del Consistorio.

En 1914 fue elegido diputado a Cortes por el distrito de Tafalla. Aunque se presentó como independiente, era cercano a los liberales conservadores datistas, grupo encabezado en Navarra por su mentor político, el diputado por el distrito de Tudela José María Méndez Vigo. Debido a su posición socioeconómica, favorecida por el clientelismo, tenía gran influencia y fama de comprar votos; de hecho, la oposición carlista le acusó sin éxito de fraude electoral. Estuvo como diputado menos de dos años. Durante su actividad parlamentaria mantuvo una actitud progubernamental sin llegar a participar ni en debates ni en comisiones, si bien impulsó las negociaciones para el derribo del primer tramo de las murallas de Pamplona. En Madrid dedicaba muchas horas a recorrer librerías, museos, archivos y bibliotecas.

En 1916 perderá el escaño en favor del candidato carlista. Coincide su salida de la política activa con la intensificación de su pasión bibliófila. Aunque nunca abandonó su activismo político y fue uno de los promotores financieros del periódico liberal El Pueblo Navarro, este pasó a un segundo plano para volcarse en sus aficiones históricas y bibliográficas, propias de un patricio burgués, cultivado y ocioso. Sería impensable un apunte biográfico de Azcona sin explayarse en su biblioteca, quizá la principal actividad que desarrolló a lo largo de su vida. Tiempo, dinero y afán coleccionista, condiciones propias de la alta bibliofilia que Azcona cumple con creces. La biblioteca que fue formando es un buen reflejo de su personalidad y actividad intelectual. Fue el eje por el que circularon sus inquietudes intelectuales, donde hizo acopio de erudición y conocimientos. A través de ella pasan muchas de sus relaciones personales, sea con libreros, bibliófilos, intelectuales, políticos, personajes de la cultura vasco-navarra. En estos años fue definiendo las preferencias temáticas que marcarán su colección: la historia política de la España del siglo xix y las guerras civiles, sucesos y protagonistas, en especial de su primera mitad, así como todo lo relacionado con la historia, la heráldica y genealogía, las costumbres y cultura del antiguo reino de Navarra, Vasconia y el Bearne. También lo concerniente a la bibliografía navarra. En sus búsquedas editará y distribuirá entre libreros y coleccionistas varias Desideratas con referencias a títulos y ediciones de su interés. Para la década de los años treinta, Azcona tiene formada prácticamente su colección; ya es un reconocido bibliófilo a nivel nacional con prestigio social y cultural.

Será el propio Azcona quien publicite pronto su biblioteca. La mayoría de sus publicaciones son alardes bibliográficos relacionados con historias anecdóticas de personajes del siglo xix. En calidad de bibliófilo y erudito, llegó a pertenecer a importantes entidades culturales. Vocal de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza, de la Société des Sciences, Lettres et Arts de Pau y, desde 1923, individuo correspondiente de la Real Academia de la Historia. Aunque trabajador incansable y con dotes literarias, apenas publicó un par de libros y algunos textos en revistas y periódicos. Firmó brevísimos trabajos en revistas de estas entidades, así como varios artículos en el Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra. En 1925 edita una cortísima tirada de coleccionista de un manuscrito de Moret, Castigaciones a la historia del Pe. Juan de Mariana en los puntos que pertenecen a Navarra. Como articulista en prensa colaboró en El Pueblo Vasco de San Sebastián y, en menor medida, en El Pueblo Navarro, La Voz de Navarra, La Voz de Tafalla, La Voz de la Merindad y la revista trimestral Lecároz. En sus artículos hay que diferenciar los de tema histórico, literario o de actualidad, que son la mayoría, en los que emplea el seudónimo de «Fray Gerundio» a veces con el locativo «de Tafalla», de los políticos en los que siempre firma con su nombre.

Entre estos últimos destacan dos artículos de opinión titulados «Sobre la Autonomía», publicados en El Pueblo Navarro (enero de 1919), en los que se manifiesta contrario a las conclusiones aprobadas en la Asamblea de Ayuntamientos y reivindica, en la línea defendida por el nacionalista Manuel Aranzadi, la reintegración foral plena de Navarra y la derogación de la Ley de 1839. Escribe estos artículos «con pena porque disiento del parecer de Méndez Vigo». También intervendrá en la agria polémica dirimida en la prensa (1921) en contra de los comentarios críticos vertidos por Víctor Pradera sobre la erección en Amaiur de un monumento a los últimos defensores del reino de Navarra. Aunque se trata de un tema histórico no deja de tener un trasfondo político. Azcona es un buen ejemplo de la complejidad identitaria que, al menos en la década de los años veinte, el foralismo navarro originó en algunos sectores de las clases dirigentes navarras. En su pensamiento se entrecruzan diferentes sentimientos y emociones: un sentimiento étnico y cultural vasquista, defensor del particularismo navarro próximo al napartarrismo, a la par que se siente profundamente español. Del mismo modo, mantiene una ideología monárquica liberal conservadora, defensora del orden social establecido, pero contraria a la dictadura de Primo de Rivera. Pese a esta oposición, Azcona acogió con bastante escepticismo el advenimiento de la Segunda República. Los intereses económicos de clase primaban sobre cualquier otra sensibilidad política. Él se sentía muy cómodo dentro del sistema oligárquico de la Restauración. De hecho, no tardará en oponerse a la República en la medida que desde sus intereses como gran propietario vea perturbado el orden social y económico vigente.

En 1932 se traslada con toda la familia a Madrid, aunque pasará las temporadas vacacionales en Tafalla, San Sebastián y Pau. En la capital reparte su tiempo en la búsqueda de más libros y folletos, aprender el arte de la encuadernación, frecuentar tertulias literarias y políticas, asistir a la tribuna de invitados del Congreso e intensificar su labor investigadora centrada cada vez más en personajes —figuras de la historia— de la primera mitad del siglo xix. Sus contertulios formaban una mezcolanza ideológica a los que les unía su pasión por la historia, la literatura y especialmente la bibliofilia; destacan personalidades como Azorín, Gregorio Marañón, Baroja, Max Aub, Vicente Castañeda, Rodríguez Marín, Roque Pidal.

En 1935 publica su primer trabajo monográfico, Clara-Rosa, masón y vizcaíno. La obra pretende ser la biografía de Juan Antonio Olabarrieta, ex fraile franciscano, liberal exaltado, masón, publicista y revolucionario en Cádiz durante el Trienio Constitucional, que murió encarcelado en 1822. A través del personaje Azcona retrata de forma amena el ambiente revolucionario del periodo a la par que es una diatriba maniquea contra el mismo. Aunque narra sucesos del siglo xix, a lo largo del texto hay numerosas insinuaciones críticas al momento histórico de desorden social y político que para él representa la Segunda República. Se lee con el interés de una novela, está lleno de retratos psicológicos, anécdotas ejemplificadoras y refinada ironía. También es un alarde de bibliografía, con continuas citas, y no pierde ocasión para exhibir sus conocimientos genealógicos, pues incorpora una extensa nota con datos de algunos vasco-navarros vecinos de Cádiz. El libro tuvo muy buena acogida y amplia cobertura en la prensa conservadora.

Si ya desde los inicios de la República, Azcona se manifiesta reacio a la misma, el cariz que esta va adoptando, junto al auge de los totalitarismos en Europa, provocará que su conservadurismo parlamentario evolucione hacia posturas más autoritarias. En Madrid, en un ambiente político cada vez más prebélico, departe con frecuencia no solo con diputados navarros del Bloque de Derechas, sino también con políticos como Gil Robles, Calvo Sotelo e incluso con personas afines a la Falange Española. En la primavera de 1936 dos acontecimientos radicalizarán su antirrepublicanismo. Un hijo, militante falangista, pasará varios meses detenido por su implicación en el atentado contra el vicepresidente del Congreso Jiménez de Asúa y él mismo permanecerá tres días en prisión tras verse envuelto en los altercados que sucedieron durante el juicio a José Antonio Primo de Rivera.

En los primeros días de la guerra civil, pese a algunas dificultades, consigue regresar a Tafalla. Durante la contienda prosigue con sus aficiones bibliófilas y literarias, realiza frecuentes viajes al sur de Francia en búsqueda de bibliografía vasco-navarra y cartografía pirenaica, a la par que desarrolla labores informativas para el bando franquista. En 1938 escribe un extenso artículo en el Diario Vasco titulado «El Batallón del Requeté, tercero de Navarra» con un evidente fin propagandista. En un alarde de erudición bibliográfica explica el origen del vocablo «requeté» utilizado dentro de las filas carlistas acaudilladas por Zumalacárregui para designar al batallón compuesto por voluntarios navarros. El artículo finaliza por arte de birlibirloque ensalzando a las huestes carlistas que vuelven a luchar cien años después guiados por otro caudillo.

En enero de 1939 es nombrado «asesor auxiliar del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico», realizando algunas diligencias al respecto en Cataluña, la última zona republicana en sucumbir al nuevo poder militar. Finalizada la guerra, Azcona se retiró a su casa señorial de Tafalla, de la que salió en contadas ocasiones. En 1940 formará parte del Consejo Permanente de la recién creada Institución Príncipe de Viana, heredera de la antigua Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. Su tiempo lo dedicará a la lectura, la encuadernación, pulir trabajos inacabados y publicar artículos sobre guerrilleros que lucharon contra los franceses, de realistas contra los liberales, de liberales contra los carlistas, o de extranjeros en las filas carlistas. Siempre destacando la individualidad, los hechos puntuales en detrimento del conjunto.

Como editor literario y comentarista, en 1942 publica Recuerdos de la guerra carlista (1837-1839), las memorias del príncipe Félix Lichnowsky. Azcona, con su estilo ágil, dialogado, casi novelado, esboza la biografía de este joven legitimista polaco voluntario en las filas carlistas. En esta ocasión aprovecha al personaje para ensalzar el ambiente heroico y los ideales románticos que guiaban a estos jóvenes aristócratas reaccionarios europeos, voluntarios en las filas de don Carlos. El enfoque está a tono con los primeros tiempos de la posguerra y sutilmente con la marcha de la División Azul a combatir al comunismo en el extranjero.

En esta etapa Azcona está centrado en ultimar su trabajo bibliográfico más elaborado y científico: Zumalacárregui: estudio crítico de las fuentes históricas de su tiempo. A la obra, que ya la tenía elaborada en 1935 y fue premiada en un certamen con ocasión del centenario de la muerte del general, le añadió la bibliografía surgida en la década de los cuarenta. Si a Clara-Rosa nos lo presenta como a un villano, a Zumalacárregui lo retrata como a un héroe de novela. Con ser un exhaustivo repertorio bibliográfico y como tal un libro instrumental, no se limita a un árido listado de autores y títulos, sino que combina de forma amena perfiles biográficos, observaciones, anécdotas, y comentarios de algunos documentos históricos. Acompaña al texto una colección de láminas reproducidas de álbumes y libros de época, que le da a la obra un aire romántico muy acorde con el personaje y los gustos de Azcona. Aunque la portada indica 1946, es un libro póstumo, se publicó poco después de su fallecimiento, el 1 de junio de 1951.

Dejó bastantes trabajos inconclusos. En 1952, conmemorando el cuarto centenario de la muerte de San Francisco Javier, la Institución Príncipe de Viana editó su Bibliografía de San Francisco Javier. En 1965, la misma entidad publicó las Andanzas de un veterano de la Guerra de España (1833-1840) del barón Wilhelm von Rahden, con un amplio prólogo, notas y comentarios que Azcona ya tenía preparados.

En cuanto a su biblioteca, en 2005 el Gobierno de Navarra la declaró Bien de Interés Cultural y desde 2015 se halla depositada mediante convenio en la Biblioteca de Navarra. Consta de más de 8.000 obras en 11.000 volúmenes. Como se ha mencionado destaca el considerable número de publicaciones referidas al siglo xix. También la colección de ejecutorias de hidalguía y el notable fondo relacionado con el viejo Reino, incidiendo en la historiografía de origen francés. Aunque el fondo antiguo es considerable, es una biblioteca contemporánea al personaje, propia de un hombre cultivado de su tiempo. Otro valor muy significativo de la colección es el fondo hemerográfico que contiene.

Obras

«Adiciones al «Diccionario histórico-político de Tudela y su Merindad de Yanguas y Miranda», BCMHAN, 2.ª época, núms. 38-40 (1919), pp. 97-102; (1921), p. 9.

«Pierres de Axular y las cuevas de Salamanca», RIEV, vol. 10, núm. 1 (1919), pp. 53-57.

«Documentos relativos a Navarra que se conservan en el British Museum», BCMHAN, núms. 47-51, 53 (1921-1923), pp. 185, 264; pp. 29-32.

«Un libelle d’Antonio Perez, imprimé à Pau en 1591», Bulletin de la Société des sciences, lettres et arts de Pau, XLIV (1921), p. 20.

«Variaciones sobre temas de urbanidad», Lecároz: revista trimestral ilustrada, núms. 8-22 (1925-1928).

Clara-Rosa, masón y vizcaíno, Madrid: Espasa-Calpe, 1935.

«Notas bibliográficas: el Príncipe de Viana: escritos del príncipe, fuentes históricas, iconografía», PV, núm. 2 (1941), pp. 55-83.

«Figuras de la historia: una amazona tudelana», PV, núm. 7 (1942), pp. 159-172.

Zumalacárregui: estudio crítico de las fuentes históricas de su tiempo, Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1946 (1951).

«Schwarzenberg (Federico Carlos)», PV, núm. 27 (1947), pp. 259-278.

«Joseph Augustin Chaho», BRSBAP, año IV, cuad. 4.º (1948), pp. 493-506.

Bibliografía de San Francisco de Javier, Pamplona: Institución Príncipe de Viana, 1952.

Como editor literario:

Moret, J., Castigaciones a la historia del Pe. Juan de Mariana en los puntos que pertenecen a Navarra, Tafalla, 1925.

Morrás, A., Memorias de Don Ángel Morrás: escenas de la vida tafallesa, Estella, ca. 1934.

Lichnowsky, F., Recuerdos de la guerra carlista (1837-1839), Madrid: Espasa-Calpe, 1942.

Rahden, W., Andanzas de un veterano de la Guerra de España (1833-1840), Pamplona: Institución Príncipe de Viana, 1965.

Manuscritos, mecanoescritos y trabajos inéditos:

Apuntes para formar un catálogo bibliográfico de la Historia de las guerras civiles y luchas políticas en España durante el siglo xix (1820-1878) (s. f.).

Varones ilustres de Estella y su Merindad (s. f.).

Armorial General de Navarra (s. f.).

De Madrid a Navarra: memorias de la prerrevolución, febrero-julio de 1936.

Bibliografía

Galbete Martinicorena, V. «Esbozo bio-bibliográfico de José María Azcona», en W. von Rahden, Andanzas de un veterano de la Guerra de España (1833-1840), Pamplona: Institución Príncipe de Viana, 1965, pp. VII-LI.

San Martín Casi, R. «La biblioteca de D. José María Azcona (1882-1951), erudito y bibliófilo navarro», Huarte de San Juan. Geografía e historia, núm. 23 (2016), pp. 51-155. Ed. en línea: http://hdl.handle.net/2454/23866.

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