Cargos y oficios
Traductor y religioso.
Trayectoria
En 1916 ingresó en el Seminario Conciliar de Pamplona/Iruña y en 1925 solicitó la Prima Tonsura. No tardó en obtener el diaconado (1927) y el rango de presbítero (1928), y desempeñó su labor pastoral y docente en San Adrián, Cáseda y Pamplona/Iruña. Asimismo, se le concedió el premio Ansoleaga de fin de carrera. El 16 de julio de 1936 fue nombrado párroco de Altsasu/Alsasua, donde vivió la Guerra Civil y fue testigo de la represión. Sus reservas ante la violencia rebelde —que verbalizó en sus prédicas— le valieron desencuentros con sus superiores y una denuncia de los Capuchinos de la localidad que se saldó con la absolución del párroco.
Finalizada la guerra, y marcado por la experiencia, solicitó autorización para trasladarse a Uruguay. Disgustado por el papel de la Iglesia en el conflicto, revisó sus creencias y, tras tratar de valerse de su posición para interceder por un hermano apresado en un campo de concentración francés, abandonó el sacerdocio en 1940. Durante un tiempo, se empleó como peluquero y su continuidad en Uruguay se vio amenazada por la denuncia de su antiguo obispo. Acabó sus días en Argentina donde, desde los años cincuenta, el irunberritarra desarrolló una significativa e intensa actividad como traductor de obras al castellano, particularmente en el ámbito del Derecho.
En 1958 vio la luz No me avergoncé del evangelio, un relato autobiográfico en el que el autor repartió en 18 capítulos su vivencia desde su llegada a Altsasu/Alsasua hasta su marcha a Uruguay y eventual renuncia al sacerdocio. La obra —para el autor «un gran grito de dolor» y para Manuel Iribarren un volumen «de escándalo»— fue leída ya antes de su publicación por personalidades como Manuel de Irujo o Indalecio Prieto, tuvo una circulación significativa e incluso entró en España de forma clandestina. Aunque su primera reedición fue inmediata, hubo que esperar hasta 1978 para su impresión en Bilbao. En el texto destacan el testimonio de la violencia desatada en la región y una pesarosa explicación del apoyo que la jerarquía eclesiástica brindó a los rebeldes.
La vigencia y la trascendencia del volumen son fruto de una combinación de elementos poco frecuente. Por un lado, el autor tejió un relato crudo y emotivo de la gestación y justificación de las violencias bélicas construido desde la experiencia y la reflexión personales y jalonado por sentencias bíblicas. Por otro, la posición del párroco y su contacto con actores sociales heterogéneos convierten sus líneas en una fuente de información valiosa para conocer cómo vivieron la guerra diversos sectores. Su particular andadura inspiró el filme La Buena Nueva (2018) y el recuerdo de su comportamiento continúa presente en Altsasu/Alsasua, donde se le ha dado su nombre a un albergue.
Obras
No me avergoncé del evangelio (desde mi parroquia), Buenos Aires: Periplo, 1958. Reed. Bilbao: [M. Ayerra], 1978; con notas de José María Jimeno Jurío, Pamplona-Iruña: Mintzoa, 2002; con notas de José María Jimeno Jurío, Tafalla: Txalaparta, 2019.
Bibliografía
BLANCO ARBE, R., «No me avergoncé del Evangelio (desde mi parroquia). Noticia del libro del lumberino-alsasuarra Marino Ayerra», Zangotzarra, 23 (2019), pp. 199-230.
IRIBARREN, M., Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona: Gómez, 1970.
LAYANA, C., «Ayerra Redín, Marino», en GARCÍA–SANZ, A. (coord.), El exilio republicano navarro de 1939, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2001, pp. 303-305.





