Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras bizantinos

AUTORES Y OBRAS BIZANTINOS: Introducción.

Trayectoria

A su muerte en el 395, el emperador Teodosio I repartió el Imperio entre sus dos hijos: lapars occidentalis, cuya sede imperial estaba en Rávena, fue a parar a manos de Honorio y la pars orientalis, con capital en Constantinopla, quedó bajo el gobierno de Arcadio. Aunque en un principio imperaba la perspectiva de un solo imperio gobernado por dos emperadores en completa sintonía, la separación política, cultural y lingüística entre el Imperio occidental y oriental fue acrecentándose a lo largo del siglo v.

A pesar de contar con emperadores débiles tutelados por familiares, es­posas o notables de la corte, el Imperio romano de Oriente (el término Bi- zancio es una invención de la historiografía moderna) supo desviar a los vi­sigodos, así como a las migraciones bárbaras que vinieron después, hacia su homónimo vecino de Occidente, conservando de esta manera gran parte de sus aparato administrativo y financiero relativamente operativo. No obstante, las autoridades bizantinas tuvieron que gestionar las habituales controversias religiosas que minaban la unidad imperial y hacer frente a distintos enemigos, como los persas en el este y los hunos que amenazaban por el norte, los cuales impusieron al emperador unas condiciones humillantes a cambio del cese de las hostilidades, dejando las arcas imperiales vacías. Al igual que sucedía en la pars occidentalis, el poderío militar de las autoridades constantinopolitanas dependía de los ejércitos bárbaros a su servicio y algunos líderes foráneos llegaron a influir de manera decisiva en la política del Imperio, como el alano Aspar, que alcanzó el grado de magister militum. El citado Aspar posibilitó el ascenso de Marciano (450-457) al trono bizantino y facilitó el camino a su sucesor León I (457-474). No obstante, este último realizó un giro drástico al dejar de depender de los ejércitos extranjeros invitando a entrar en la escena política a los isaurios, una comunidad del centro montañoso de Anatolia den­tro de los límites imperiales. León utilizó los ejércitos isaurios para afianzar su posición y casó a su hija con el líder de los montañeses, el futuro emperador Zenón. Cuando el último emperador de Occidente fue depuesto en el 476 por el hérulo Odoacro, este mantuvo una actitud cordial y conciliadora respecto al Imperio de Oriente, siendo nombrado magister militum per Italiam, un cargo que a efectos prácticos resultaba totalmente simbólico. Sin embargo, ante la incómoda presencia de los ostrogodos en territorio balcánico pocos años des­pués, las autoridades bizantinas no dudaron en desviarlos hacia la Italia de Odoacro, hecho que supuso la extinción del reino creado recientemente por el hérulo.

En el 491, el emperador Anastasio puso fin al dominio isaurio y llevó a cabo profundas reformas administrativas y económicas, mejorando la gestión de los recursos y volviendo a llenar las arcas imperiales. Durante su reinado tuvo que hacer frente a las reyertas religiosas, a guerras civiles y a varias revueltas de los ciudadanos, así como a la amenaza persa. Su sucesor, Justino I (518-527), se encontró ante problemas similares y, en cierta medida, solucionó la contro­versia religiosa tras impulsar la reconstrucción de la unidad eclesiástica con Roma. Fue sucedido por su sobrino Justiniano I, el cual impulsó la codificación del derecho romano en el Codex Justinianus y el proceso recopilatorio de los trabajos de los juristas clásicos en la Digesta. Asimismo, adoptó varias medidas contra los paganos y estimuló la industria y el comercio, potenciándolo de for­ma notable con sus vecinos orientales y con China. En cuanto al ámbito militar, el nuevo emperador lanzó varias campañas lideradas por sus generales Beli- sario y Narsés con el objetivo de recuperar los antiguos territorios que antaño pertenecieron al Imperio romano de Occidente. Estas resultaron muy exitosas, pues en el 534 conquistaron el reino vándalo de África, una franja costera del sur y sureste hispano (554) y gran parte de Italia, tras una larga guerra que culminó en el 555, alcanzando de esta forma la máxima extensión geográfica del imperio bizantino. Sin embargo, el esfuerzo bélico supuso un agotamiento financiero que favoreció la proliferación de revueltas, situación que dificultaba notablemente la protección de las fronteras orientales y balcánicas frente a persas y eslavos. Así, Justiniano dejó un Imperio económicamente arruinado haciendo que el mantenimiento de las conquistas territoriales se volviera muy costoso. Una parte importante de las regiones itálicas recuperadas fueron per­didas ante la presión que empezaron a ejercer los lombardos a partir del 568, tres años después de la muerte del emperador; aún así, el exarcado bizantino de Rávena logró sobrevivir hasta el 751. Las últimas tropas imperiales acuarte­ladas en la península ibérica fueron expulsadas definitivamente en el 624 y los territorios africanos fueron conservados durante un tiempo, hasta que fueron conquistados por los musulmanes en el 698. Con la aplicación de numerosas reformas administrativas y militares que transformaron las estructuras hereda­das del siglo v, los emperadores que sucedieron a Justiniano crearon un estado nuevo más acorde con los recursos de los que disponían. Se reorganizaron las provincias y el ejército, la política exterior se tornó menos agresiva y la admi­nistración fue militarizándose a la vez que el griego se impuso de forma defini­tiva como lengua oficial.

Los autores bizantinos que recogen noticias de este periodo en relación con el entorno aquitano-vascón se limitan solamente a tres. Las obras de dos de ellos (Zósimo y Jordanes), a pesar de ser de género historiográfico, ofrecen referencias escuetas y difusas, y la información que aportan sobre el territorio en cuestión apenas es relevante. En cambio, la anónima obra cosmográfica escrita en Rávena, capital del exarcado bizantino en Italia, suministra infor­mación valiosa de tipo geográfico para ambas vertientes del Pirineo occidental, aunque a tratar con sumo cuidado debido al carácter anónimo, único y puede que anacrónico que alberga.

Bibliografía

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Conant, J., Staying Roman. Conquest and identity in Africa and the Mediterranean, 439­ 700, Cambridge: Cambridge University Press, 2012.

Gregory, T. E., A history of Byzantium, Malden-üxford-Carlton: Blackwell, 2005. 

Louth, A., «Justinian and his legacy (500-600)», Shepard, J. (ed.), The Cambridge historyof the Byzantine Empire c. 500-1492, Cambridge: Cambridge University Press, 2008, pp. 99-129.

Vallejo GirvÉs, M., Hispania y Bizancio. Una relación desconocida, Madrid: Akal, 2012.

Cita bibliográfica

Lanz, J. «introducción», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 139-141.

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