Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

← Volver a las voces

NOTITIA VASCONIAE Autores bajoimperiales

AUTORES Y OBRAS BAJOIMPERIALES: Introducción.

Trayectoria

A mediados del siglo iii, las estructuras político-administrativas diseñadas por Augusto mostraban síntomas de extenuación cuando en varias ocasiones se vieron zarandeados los tres pilares sobre los que se sustentaban. El primero de los pilares lo constituía el poder militar representado por las legiones que defendían las fronteras, cuya efectividad militar fue puesta en duda por los constantes ataques realizados por los bárbaros. En segundo lugar, la economía se vio colapsada debido al incremento de gastos que exigían el ejército y la ad­ministración. Por último, el liderazgo del emperador, que hacía que el sistema funcionase, fue continuamente amenazado por parte de diferentes usurpadores y las graves derrotas militares. A partir del 284, los emperadores Diocleciano (284-305) y Constantino (306-337) realizaron importantes reformas estructura­les con el fin de garantizar la supervivencia del Imperio: reorganizaron las fuer­zas armadas y aumentaron sus efectivos; aplicaron reformas centralizadoras emprendiendo un fuerte proceso de burocratización y asentando las bases para la reforma económica y administrativa, multiplicando el número de provincias facilitando así una mejor gestión judicial y fiscal de las mismas; por último, se actualizó el mensaje ideológico que garantizaba la posición de la dinastía imperial, dotándola de un carácter divino y convirtiéndola en una institución colegiada. Dicho mensaje ideológico fue completado a finales del siglo iv con la adopción del cristianismo como la única religión oficial del Imperio por el emperador Teodosio.

A partir de la reforma territorial establecida por Diocleciano, los goberna­dores civiles fueron los encargados de gestionar las provincias, que a su vez estaban agrupadas bajo divisiones administrativas superiores llamadas dióce­sis, gobernadas por un vicarius de rango ecuestre que, al mismo tiempo, se hallaba subordinado al prefecto de pretorio. Con estas reformas, la ciudad de Roma dejó de ser el centro político-administrativo imperial, siendo sustitui­da por las capitales de las prefecturas. La Aquitania augustea fue dividida en tres, quedando los territorios de entre los Pirineos y el Garona bajo una nue­va provincia llamada Novempopulania, con capital en Eauze (Gers), mientras que la vertiente sur de la cordillera se mantuvo dentro de la Tarraconense. Las provincias del sur de la Galia constituían la diócesis Viennensis (que después se llamaría Septem Provinciarum), con capital en Burdeos, y las provincias his­panas y la Mauritania Tingitana conformaron la diócesis de Hispaniarum, con
capital en Mérida. Por último, la Prefectura de las Galias, donde se incluían las diócesis galas, hispanas y britanas, tenía su capital en Augusta Trevirorum (Tré- veris, Alemania). Como consecuencia de esta reestructuración, se reforzaron notablemente las rutas marítimas y terrestres en dirección a Tréveris, incluida la calzada Iter XXXIV Astorga-Burdeos que atravesaba los territorios vascones y aquitanos, restando importancia y protagonismo a la ruta Tarragona-Roma. Gracias a ello, el entorno circumpirenaico occidental vivió una época de esta­bilidad y bonanza económica que solamente se vio alterada con la irrupción de las migraciones bárbaras a comienzos del siglo
v y el consiguiente desmorona­miento de las estructuras del Imperio romano de Occidente.

A la muerte del emperador Teodosio I en el 395, el imperio fue repartido entre sus dos hijos: lapars occidentalis, con sede en Rávena, para Honorio y la pars orientalis, con capital en Constantinopla, para Arcadio. Desde un primer momento se procuró que imperase la visión de un imperio único gobernado por dos emperadores, pero la separación política, económica, lingüística y cultural entre la pars oriental y la occidental fue aumentando a medida que avanzaba el siglo v. El último día del año 406, aprovechando que el río Rin estaba helado, grupos de suevos, vándalos y alanos cruzaron el limes penetrando en el Imperio e internándose en las Galias junto con otros grupos bárbaros. La presencia de estas comunidades, junto con las razias que realizaban, repercutieron nega­tivamente en la economía y política imperial, favoreciendo que prosperasen usurpaciones dentro del ejército romano, como la de Constantino III, que logró apoderarse de casi toda la Prefectura de las Galias. El emperador Honorio con­siguió derrotar a Constantino en el 411, pero para entonces los suevos, vánda­los y alanos ya se habían instalado en territorio hispano, quedando únicamente bajo la autoridad imperial, al menos de forma nominal, la provincia Tarraco­nense. Asimismo, Honorio tuvo que hacer frente a la amenaza visigoda, pueblo que buscaba presionar a los romanos para negociar su asentamiento e integra­ción dentro del imperio en calidad de aliados. Las autoridades romanas, mili­tarmente debilitadas por el gran esfuerzo realizado en su lucha contra usurpa­dores y bárbaros, se vieron obligadas a permitir a los visigodos que en el 418 se asentaran como pueblo federado en la provincia Aquitania Secunda y a delegar en ellos varias de las intervenciones militares a realizar en Hispania. Así, hacia el 417-418 los godos aniquilaron a los alanos y a los vándalos silingos que se hallaban en suelo hispano, más tarde aplastaron las revueltas bagaudas del valle del Ebro y finalmente consiguieron arrinconar a los suevos en el noroeste peninsular. En pocos años, se apoderaron de la Novempopulania y lograron el control fáctico de gran parte de Hispania gracias a las campañas militares realizadas en la Península al servicio de Roma. Por último, hacia el 473, fecha en la que el Imperio romano de Occidente ya era incapaz de defender sus terri­torios, los visigodos se apoderaron por la fuerza de la provincia Tarraconensis quebrando toda resistencia que encontraron a su paso. En el 476, cuando fue depuesto el último emperador de occidente, los visigodos controlaban un am­plio territorio que incluía la Aquitania, la Novempopulania, amplias zonas que llegaban hasta el Loira y la Provenza y gran parte de Hispania, excepto el reino suevo de Gallaecia, el archipiélago balear y algunas regiones peninsulares que seguían bajo la autoridad de poderes locales.

En esta época tenemos gran variedad de fuentes escritas en torno a la re­gión circumpirenaica occidental. En primer lugar, disponemos de aquellos do­cumentos, oficiales o no, que dan cuenta de la estructuración administrativa y de la red viaria del territorio, cuyo contenido se circunscribe en la mayoría de los casos al siglo iii o iv, como la Notitia Dignitatum o el Itinerario de Antonino. En segundo lugar, contamos con varias obras de carácter historiográfico que, en ocasiones desde una postura derrotista o apocalíptica, ofrecen pinceladas sobre los diferentes avatares a los que tuvieron que hacer frente los habitan­tes del territorio, especialmente tras las migraciones bárbaras de comienzos del siglo v. Finalmente, varios autores, la mayoría cristianos, nos conceden in­formación sobre la organización eclesiástica del territorio y de la progresiva cristianización del mismo, creando una imagen literaria cargada de tópicos sobre el vascón pagano y bárbaro habitante de las montañas, que les sirve para embellecer sus discursos retóricos a la hora de defender una u otra postura.

Bibliografía

Arce, J., Bárbaros y romanos en Hispania. 400-507, Madrid: Marcial Pons,

2005.

–El último siglo de la España Romana, 284-409, Madrid: Alianza, [1982] 2009.

García Moreno, L., El bajo imperio romano, Madrid: Síntesis, 1998.

Moreno, E., «Los vascones de la Literatura Latina tardía (siglos iv-vil)», Andreu, J. (coord.), Los vascones de las fuentes antiguas: en torno a una etnia de la antigüedad peninsular, Barcelona: Universitat de Barcelona, 2009, pp. 261-290.

Rouche, M., L’Aquitaine des Wisigoths aux Arabes, 418-781: naissance d’une region, Paris:Ecole des hautes études en sciences sociales – Éditions Jean Touzot, 1979.

Torregaray, E., «La Antigüedad Tardía en el País Vasco (siglos iii-iv d. C.)», Barruso, P., y Lema, J. A. (coords.), Historia del País Vasco. Prehistoria y Antigüedad, Donostia: Hiria, 2006, pp. 347-377.

Cita bibliográfica

Jokin Lanz, «obras y autores bajo imperiales. Introducción», Jimeno Aranguren, R. (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 63-65.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


Con el apoyo de:

Diputación Foral de Gipuzkoa
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Gobierno de España
IVAP