Trayectoria
Los hechos históricos acaecidos durante la República y el Alto Imperio romano en el entorno circumpirenaico, el que a partir de la Antigüedad Tardía empieza a denominarse en algunos ámbitos como Vasconia, y que conocemos a partir de las obras de los escritores grecolatinos de la época, no han variado prácticamente desde que empezaron a compilarse algunos siglos atrás. Seguimos teniendo los mismos autores y contamos con los mismos textos, aunque la mirada sobre ellos ha ido cambiando paulatinamente. Sin embargo, otro tipo de fuentes como las epigráficas, las numismáticas y las arqueológicas han crecido notablemente en cuanto a hallazgos y datos, lo cual ha ayudado a una mejor comprensión de los procesos históricos acaecidos en dichos territorios desde la conquista emprendida por Roma a partir del siglo iii a. C. hasta el comienzo de la crisis del siglo iii d. C. Pero la falta de novedades entre las fuentes historiográficas y literarias no significa que estas no hayan sido discutidas y analizadas desde otros puntos de vista y, conjuntamente con el resto de fuentes antes citadas, no hayan aportado novedades significativas para el estudio de la región. Estos nuevos análisis han partido de una mejor lectura de los textos disponibles, de un abandono de modelos historiográficos ya obsoletos y de la puesta en común de los diversos puntos de vista que la parquedad de las fuentes ha generado entre investigadores de distintos campos, historiadores, lingüistas, juristas, etcétera.
Aunque, tal y como hemos señalado, las fuentes literarias no hayan aumentado su número, lo cierto es que han seguido condicionando en cierta manera la interpretación sobre la época romana en la zona. De hecho, los textos que conservamos, en mayor o menor medida, aportan informaciones muy específicas que son de tipo geográfico, etnográfico, militar y administrativo para lo sucedido entre los siglos iii a. C. y iii d. C. en el territorio. Por lo que se refiere a la geografía, los autores que la transmiten como Polibio, Estrabón, Plinio el Mayor, Ptolomeo o Avieno, entre otros, sitúan mayormente a sus habitantes en el entorno de los Pirineos y el océano Atlántico, al norte en el valle del Garona y al sur a lo largo del valle del Ebro. En términos etnográficos la consideración de que el entorno circumpirenaico se identificaría con el antiguo territorio de los aquitanos, vascones, várdulos, caristios, autrigones y berones es un hecho extraído de la lectura de los mismos autores grecolatinos Salustio, César, Estrabón, Pomponio Mela, Plinio el Mayor, Ptolomeo, etc., quienes situaban a dichos pueblos en ese espacio. Los criterios que todos ellos manejaban para la caracterización de los pueblos extranjeros estaban basados en tres premisas fundamentales: la lengua, el aspecto exterior —el vestido— y la forma de hacer la guerra. Pero, lo que era obvio para los romanos no lo es tanto para los investigadores de hoy en día, los soldados aquitanos, vascones, várdulos, caristios y autrigones destacarían por alguna habilidad que mereció que los romanos los seleccionaran como auxiliares de sus legiones, pero nada sabemos de ella. De su aspecto tampoco hay noticias en las fuentes y la lengua que se hablaba en el territorio en la época romana, además del latín para la administración, ha sido objeto de múltiples controversias dada la escasez de datos. La epigrafía parece señalar la presencia del protovasco —vasco-aquitano— y de lenguas indoeuropeas, pero los testimonios son tan escasos que a duras penas se puede establecer una hipótesis al respecto. En las fuentes historiográficas solo Julio César especifica que los aquitanos dispondrían de una lengua propia, sin que sepamos a día de hoy cuál es.
Los hechos de carácter militar ocupan la mayor parte del relato de estos autores y, dentro de estos, tres son las campañas que mayor atención acaparan en la narrativa histórica: en primer lugar, la guerra contra el rebelde general romano Sertorio en Hispania (82-72 a. C.), que trajo la guerra civil a la península ibérica y obligó a los habitantes locales a elegir entre diferentes alianzas; en segundo lugar, la campaña de Aquitania y la derrota de los sociates por parte de Publio Craso, legado de Julio César (56 a. C.) que supuso su conquista y el inicio del dominio romano en el territorio y, por último, las guerras cántabras emprendidas por el emperador Augusto y su general Agripa (29-19 a. C.), que facilitaron la integración definitiva de Hispania en el Imperio romano. Además, estas mismas fuentes también recuerdan varias rebeliones en Aquitania posteriores a la conquista de Craso hasta que el entorno circumpirenaico aparece como completamente pacificado a finales del siglo i a. C. y, por otro lado, transmiten reiteradamente un famoso episodio bélico que revela el profundo impacto producido en el imaginario cultural romano, el conocido como la «fa- mes calagurritana», el canibalismo al que supuestamente se vieron abocados los sitiados en Calagurris (Calahorra, La Rioja) por las tropas pompeyanas tras la caída de Sertorio (72 a. C.). Todos ellos quedaron por tanto unidos simbólica e históricamente al entorno circumpirenaico en época republicana y altoimpe- rial. En términos militares también sabemos, gracias a Tácito, que una de las consecuencias de la conquista del territorio fue el progresivo reclutamiento de tropas, de cohortes, con el etnónimo correspondiente —vasconas—, que pone de manifiesto la creciente implantación del sistema de captación social romano a partir del siglo i a. C. en Vasconia.
La información administrativa, parcial e incompleta, y, por ello, difícil de interpretar, ocupa también un lugar importante en las fuentes escritas —Plinio el Mayor y Ptolomeo, principalmente— dejando claro que entre los siglos i y ii d. C. el entorno circumpirenaico se vio progresivamente articulado por la administración romana a través de vías de comunicación, calzadas, y ciudades, que constituían la base del modelo administrativo romano. De hecho, conocemos el nombre de un número bastante importante de las ciudades de la zona, aunque no sepamos aún la ubicación exacta de todas ellas. Dichas fuentes nos informan también del encuadramiento administrativo del territorio en las provincias de Aquitania e Hispania Citerior. Además, en esta última se creará una unidad administrativa intermedia entre la provincia y la ciudad, el convento, que tendrá atribuciones jurídicas y que dividirá el territorio al sur de los Pirineos, ya que los vascones pasarán a depender del convento caesaraugustano con capital en Caesaraugusta (Zaragoza) y los autrigones, caristios y várdulos del convento cluniense, cuya capital estaba en Clunia (Coruña del Conde, Burgos).
De otro tipo de informaciones, sociales, económicas o religiosas, apenas si podemos extraer algunos datos sueltos mencionados por dichas fuentes, ya que la intención de estas no era precisamente la de detenerse en este tipo de cuestiones que se pueden encontrar más fácilmente a través de la epigrafía y la arqueología. En cualquier caso, no debemos olvidar que prácticamente la totalidad de lo que sabemos sobre el territorio en época romana, e incluso durante gran parte de la protohistoria —Edad del Hierro—, tiene su origen en el pensamiento administrativo-militar romano y responde a las necesidades económicas del Imperio. En este sentido, nuestro conocimiento de la zona está basado más en la posición del entorno circumpirenaico en el Imperio romano que en la naturaleza del desarrollo histórico del espacio y sus habitantes en época romana, como sería lo más ajustado desde el punto de vista de los investigadores. Más que el impacto romano en este territorio, lo que podemos saber, en realidad, es la adecuación del territorio a las necesidades de Roma y su adaptación y transformación en un territorio más del imperio. Lo cual no deja de representar una cierta perspectiva «colonial». El reto para los investigadores en la actualidad estaría en superar la perspectiva de estas fuentes literarias y plantear nuevos enfoques, lo cual hay que reconocer que es muy difícil.
Por otro lado, la evidente escasez de los datos proporcionados por autores como Polibio, Salustio, César, Tito Livio, Estrabón, Pomponio Mela, Plinio el Mayor o Ptolomeo, entre otros, para analizar la historia de Vasconia, junto con las particulares características del territorio a lo largo de los siglos, han favorecido, además, la aparición de ciertas polémicas historiográficas que han tenido un largo recorrido entre aquellos eruditos e historiadores que han analizado la historia antigua del entorno circumpirenaico: la primera es el debate sobre la posición de los habitantes del territorio frente a la conquista romana, en el que las ideas en torno a su posible enfrentamiento o alineamiento con Roma durante la guerra sertoriana principalmente se han sucedido pausadamente a lo largo de los siglos. Este debate conducía inmediatamente al siguiente, al segundo, que ponía en evidencia la escasa romanización de la región en las dos zonas cercanas a los Pirineos al norte y al sur, en contraste con las más densamente romanizadas de las áreas en torno al valle del Ebro en Hispania y el Garona en Galia, haciendo evidente la existencia de una zona central del territorio con menos presencia de restos romanos frente a las áreas periféricas. Las evidencias parecerían suponer una conquista parcial, que no total, del territorio, lo que favoreció la aparición del mito historiográfico correspondiente. La discusión tenía un claro trasfondo ideológico, sobre todo durante el siglo xix, con el debate foral de fondo en las provincias españolas, pero se trasladó enseguida al ámbito popular. La idea de una Vasconia nunca conquistada por Roma es uno de los máximos exponentes de este ambiente intelectual. Y la tercera y última de las polémicas respondía también al espíritu de la época que, desde el siglo xix, ligaba la condición de euskaldun a la religión cristiana —euskaldun, fededun—, y permitió encendidas controversias sobre la temprana o tardía cristianización del territorio circumpirenaico.
Los tres debates han tenido un eco historiográfico amplio en lo referente a la historia antigua de la Comunidad Autónoma Vasca y de la Comunidad Foral de Navarra y han dejado fuera a Aquitania. El alineamiento o, al contrario, la oposición de sus habitantes a Roma, sigue siendo a día de hoy un problema difícil de resolver con las fuentes historiográficas disponibles. El segundo de los tópicos historiográficos, la débil presencia romana en Vasconia, venía derivada de la escasez de restos romanos en el territorio, la cual se ha ido corrigiendo en los últimos decenios debido a la multiplicación de las campañas arqueológicas. Otras polémicas tradicionales han perdido fuerza en la actualidad, entre ellas el debate sobre la cristianización, que ha entrado en un impasse ante la falta de nuevos datos y la secularización de la sociedad contemporánea. Así las cosas, los hallazgos arqueológicos, en contraste con la parquedad de las fuentes literarias grecolatinas, no han hecho más que desmentir sistemáticamente la idea, más popular que científica, de que el territorio se vio libre de la presencia romana. De hecho, si algo demuestra el fuerte contraste entre la clara organización del territorio en época romana y la larga ausencia de información que desafortunadamente tenemos a partir del siglo v d. C. hasta los inicios de la Alta Edad Media, es que, precisamente, la organización romana estructuró el territorio durante casi seis siglos y que el colapso del Imperio romano de Occidente en el 476 d. C., que terminó con el aparato administrativo y militar imperial, afectó al territorio hasta el punto de que tardó bastante tiempo en organizarse de nuevo en torno a poderes institucionales significativos enraizados en la zona. Es por ello que parece claro que, con mayor o menor intensidad, la presencia romana fue un elemento fundamental para la articulación de la región ya que le proporcionó una posición estratégica en el occidente del Imperio y le dotó de unos enclaves institucionales propios, como fueron las ciudades, los conventos y las provincias, que organizaron la población local de forma significativa durante el largo periodo de dominio romano.
Bibliografía
Andreu, J. (coord.), Navarra en la Antigüedad: propuesta de actualización, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2006.
— Los vascones de las fuentes antiguas: en torno a una etnia de la antigüedad peninsular, Barcelona: Universitat Autónoma de Barcelona, 2009.
Barruso Bares, P., y Lema Pueyo, J. A. (coord.), Historia del País Vasco. Prehistoria y Antigüedad, Donostia: Hiria, 2006.
Lanz, J., «Antzinateko baskoiak: izen eta izanaren arteko eztabaidak (XVI.-XXI. men- deak)», Sancho el Sabio, 39 (2016), pp. 33-65.
Larrañaga, K., El hecho colonial romano en el área circumpirenaica occidental, Vitoria/Gasteiz: UPV/EHU, 2007.
Le Roux, P., Erromatar Goi Inperioa Mendebaldean. Augustorengandik Severotarrengana K.a. 31 – K.o. 235, Bilbo: EHU, 2015.
Sayas, J. J., «El territorio aquitano entre la asimilación romana y el mantenimiento de su especificidad», Segundo Congreso General de Historia Navarra, 2, Conferencias y
comunicaciones sobre Prehistoria, Historia Antigua e Historia Medieval, Príncipe de Viana, Anejo 14, LIII (1992), pp. 153-180.
— Los Vascos en la Antigüedad, Madrid: Cátedra, 1994.
Torregaray, E., «Vascones en la Antigüedad: entre la historia y el mito», Boletín Arkeo- lan, 15 (2007-2008), pp. 59-72.
Cita bibliográfica
Torregaray Pagola, E., «Introducción», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 36-38.





