Cargos y oficios
Historiador, periodista y político fuerista neocatólico
Trayectoria
Hijo de Miguel de los Santos Artiñano Ybarra (nacido en Bilbao, 5 de julio de 1801) y de Eustaquia María Zuricalday Urquijo, Arístides se casó hacia 1868 con María Concepción Galdácano Avellaneda (Bilbao, 19 de abril de 1847). El matrimonio de Arístides y Concepción tuvo cinco hijos: Fernando Antonio, María de la Salud, Gervasio Ángel, María del Amparo y Pedro Miguel de Artiñano y Galdácano. Arístides de Artiñano pasó su infancia en Okondo (Álava) al cuidado de sus abuelos maternos, lo que explicaría según Juan Gracia, el sesgo «ruralista» de su ideología, tan destacado por ciertos autores. En esa localidad realizó sus estudios primarios, volviendo a Bilbao para cursar el bachillerato en el recién creado Instituto Vizcaíno de segunda enseñanza. Sus estudios universitarios fueron itinerantes, pasando por las universidades de Valladolid, Central de Madrid y Sevilla, obteniendo en esta última la licenciatura en Derecho Administrativo en el mes de junio de 1862, a los veintiún años. En 1863 obtuvo el título de licenciado en Derecho Civil y Canónico, figurando como socio numerario de la Academia Sevillana de Jurisprudencia y Legislación antes del término de sus estudios.
Fue abogado de los Tribunales del Reino e individuo correspondiente de la Real Academia de la Historia, además de secretario de Estadística del Señorío de Vizcaya en 1864 y secretario del Consejo Provincial. Pertenecía a la corriente denominada neocatólica y recibió de la reina Isabel II la distinción de la Orden de Carlos III.
Ya a los veinte años dio un avance de lo que iba a ser su ideario. Publicó en El Eco Vascongado un vehemente artículo titulado «Antiguos Sepulcros de Vizcaya», dedicado a combatir un trabajo sobre los sepulcros de Argiñeta en Elorrio, escrito por el arqueólogo Juan E. Delmas. En su artículo, Artiñano defendía la existencia de un cristianismo vasco primitivo desde la temprana Edad Media.
No había terminado su carrera de Derecho en 1862, cuando simultaneaba los estudios con la labor literaria y periodística. Pronunció en la Academia Sevillana de Jurisprudencia y Legislación un notable discurso sobre la «Caída de la República Romana», que vio la luz en extenso y erudito folleto. Comenzó a colaborar en el diario bilbaíno Euskalduna (1858-1873) con varias crónicas de funciones teatrales y correspondencias enviadas desde la capital de Andalucía. Trasladado a Bilbao, insertó la «Romería del Desierto» y un artículo titulado «Política», henchido de vehemencia e indignación al comentar la frase del rey Víctor Manuel «La Italia será libre desde los Alpes al Adriático». En 1863 escribía en la Revista Sevillana científica y literaria, oficial de la Academia de Jurisprudencia y Legislación (activa entre el 11 de enero y el 29 de octubre de 1863), y envió desde Madrid al citado periódico de Bilbao una serie de extensas reseñas dedicadas al «Congreso de Jurisconsultos españoles», en las que demostró no poca competencia en materias jurídicas. Su colaboración en Euskalduna fue muy asidua desde 1864, año en el que adquirió grandísima resonancia la cuestión foral, suscitada por los detractores de las instituciones vascas, lo cual impulsó a Artiñano a terciar en vivas polémicas con los diarios de Santander y Sevilla. Escribió numerosos artículos para ilustrar la opinión en materias de Derecho consuetudinario y foral. Algunos de los acalorados escritos fueron denunciados por el fiscal, aunque Arístides resultará a la postre absuelto por los Tribunales.
Desde muy pronto Artiñano se manifestó como un intelectual al servicio del foralismo neocatólico o tradicionalista. En 1864 era nombrado secretario de Estadística por las Juntas Generales, en un momento decisivo de la historia vasca, previa a la Revolución de 1868, y cuando el ala más a la derecha del moderantismo bascula hacia el neocatolicismo, en clara fusión de intereses con el tradicionalismo carlista. Artiñano representa al intelectual vasco foralista neocatólico o tradicionalista, después de que se fragmentase el antiguo bloque hegemónico del fuerismo moderado (antiguos liberales y antiguos carlistas). Empezaba a hacerse patente el progresivo asalto de los neocatólicos a los centros del poder provincial. El joven neocatólico Artiñano alcanzaba el rango de secretario de Estadística de Bizkaia, encuadrado en el grupo dirigente neocatólico que, en los años posteriores, controlará las instituciones forales. Diríamos que Arístides era uno de sus intelectuales orgánicos.
Sus notables escritos le valieron a Artiñano en 1866 el nombramiento de vocal de la Comisión de Monumentos de Bizkaia, en la que actuó de secretario, y el de correspondiente de la Real Academia de la Historia, junto con los vascos Vicente Manterola, Ramón Ortiz de Zárate, Tadeo Ruiz de Ogarrio, Nicolás Soraluce y Zubizarreta y Antonio de Trueba. En ese año Arístides publicó Biografía del señor D. Pedro Novia de Salcedo (Bilbao, 1866), con un prólogo de José Miguel Arrieta Mascarúa, una entusiasta biografía del «Padre de provincia» del Señorío de Bizkaia, Pedro Novia de Salcedo, quien había refutado las tesis del canónigo Juan Antonio Llorente en su Defensa histórica, legislativa y económica del Señorío de Vizcaya y Provincias de Álava y Guipúzcoa. Artiñano hace un breve repaso a la colisión de los Fueros con la Constitución de 1812. Los primeros ataques desde el marco constitucional español a la foralidad eran disimulados por Artiñano como involuntarios descuidos que no había que tomar en consideración. Está claro que el eficaz periodista sabía disimular sus ideas, ya que no cabe pensar en un giro tan radical en la obra de Artiñano al cabo de dos años después, cuando apareció, en opinión de algunos, como «prenacionalista» en el opúsculo Jaungoicoa eta Foruac: la causa vascongada ante la revolución española (1869), en el que reivindicaba los Fueros vascongados y la unidad católica de España atacada por la legislación anticlerical del Sexenio Democrático. Los neocatólicos —que, a raíz de la revolución, se integrarían en el carlismo— vincularon estrechamente los conceptos de religión y fuerismo, viendo en la libertad de cultos una afrenta contra los Fueros. El supuesto «prenacionalismo» o «protonacionalismo» de Artiñano es sostenido por algunos autores, basándose en expresiones tan radicales como la de que «Vizcaya como Estado independiente puede usar de su soberanía dentro de un derecho por nadie negado». Para Juan Gracia el presunto derecho de secesión que proclamaba Artiñano en favor del País Vasco respecto de España, no sería tan sorprendente para los lectores del diario Euscalduna que conocían estas ideas hacía tiempo. El aparente giro radical en el pensamiento político de Arístides, como el de tantos otros escritores vascongados de signo tradicionalista, nació como reacción contra las políticas poco defensoras de los fueros y del catolicismo del Sexenio Revolucionario.
Artiñano, jurista y conocido abogado, que gozaba de jugosos ingresos, fue destituido de sus cargos de oficial primero de la Diputación de Bizkaia y secretario de Estadística en 1869, a raíz de la publicación del citado Jaungoicoa eta Foruac. No era la primera vez que Arístides tenía problemas con sus escritos. Diversos artículos en los que defendía los Fueros, quizá con demasiada convicción, contra los seguidores de Manuel Sánchez Silva (un senador sevillano conocido en la historia del fuerismo vasco por sus ataques a lo que él consideraba que eran privilegios de los vascongados) le habían causado varios procesos. El compromiso carlista de Artiñano ya no ofrecía dudas, pues era miembro de la «Asociación católica de Bilbao», cercana a esa ideología.
Posteriormente se exilió en Bayona por las persecuciones que le ocasionó un segundo opúsculo, titulado Vindicaciones, que publicó tras la destitución por parte del corregidor de los diputados que se habían hecho carlistas. En 1870 escribió un folleto de cuatro páginas denunciando la «Incompetencia del Consejo de Guerra para juzgar a los ciudadanos con motivo de la insurrección carlista». En octubre de 1871 es secretario de una «Junta señorial católico monárquica de Vizcaya», y en marzo de 1872 presidente del comité central electoral carlista del distrito de Bilbao. Encausado con otros muchos vizcaínos, trató de vindicar su actuación en el polémico convenio de Amorebieta en su libro El alzamiento de Vizcaya en 1872 y el convenio de Amorebieta, que fue un intento de parar la guerra mediante un acuerdo, tachado por muchos carlistas como traición y que estuvo a punto de costarle la vida. Reanudada la guerra, fue director de comunicaciones de Bizkaia y se hizo organizador y cronista de algunos actos oficiales de los reyes carlistas relatando, por ejemplo, la excursión de los reyes por Bizkaia en 1874. Redactó las Bases para la organización de los Tercios; el Reglamento del servicio de Telégrafos y algunos otros; el Mensaje a D. Carlos, varias proclamas y alocuciones y preparó el Ceremonial para la tardía Jura de los Fueros por el Pretendiente, celebrada en Gernika el 28 de junio de 1875.
Artiñano residió en Barcelona entre 1876 y 1906. El completo fracaso de sus ideales con la derrota de las huestes del Pretendiente en la primavera de 1876 produjo el consiguiente abatimiento en Arístides. Estuvo primero expatriado en Francia; se trasladó después a Madrid, y comprendiendo que a raíz de su campaña guerrera no había de encontrar ambiente propicio en Bilbao, tuvo el acierto de lograr, en el mismo año de 1876, el apoyo del primer marqués de Comillas (Antonio López y López, 1817-1883), exitoso banquero y empresario, quien acababa de fundar en Barcelona su principal proyecto empresarial, la creación del Banco Hispano Colonial, para captar fondos que ayudasen al Gobierno español en su guerra contra los independentistas cubanos y que, a partir de 1880, se transformó en un verdadero banco de negocios, del que Artiñano fue secretario general hasta su jubilación en 1906.
Hombre de confianza del marqués de Comillas, Arístides gozó de una envidiable situación económica y participó en las distintas iniciativas del holding y en todos los grandes negocios realizados por el Banco Hispano Colonial, a las órdenes del financiero Pedro Sotolongo. En la ciudad condal colaboró con el periódico Laurac-bat y fue una especie de cónsul de las Provincias Vascongadas, siendo muy conocido entre todas las clases sociales por su carácter y su cultura. Se dedicó entonces con gran celo no solo al servicio del banco, sino al estudio de toda clase de asuntos económicos y financieros, apartándose por completo del campo de las luchas políticas, que hasta el término de la guerra civil habían absorbido sus energías. Permaneció también durante algún tiempo alejado de las tareas de la prensa, pero si sus ideales tradicionalistas y carlistas quedaron sepultados en el olvido, mantuvo siempre el culto fervoroso de la religión y de los Fueros. Desde 1881 a 1886 fue secretario interino de la Compañía de Tabacos de Filipinas, importantísima sociedad, con la que mantuvo estrechas relaciones aún después de dejar el cargo, cuando quedó totalmente organizada. Intervino también en la fundación de la Compañía Trasatlántica, sucesora de Antonio López y Compañía. Colaboró con gran asiduidad en El Consultor Financiero, revista semanal de Ferrocarriles, Minas y Sociedades de Crédito, publicando numerosos artículos sobre valores locales, impuestos, proyectos de Ley del Timbre, nuevo Código de Comercio, las reformas del Banco de España, jurisprudencia financiera, etcétera.
Artiñano simultaneaba sus cargos empresariales con sus aficiones literarias y económicas, y en 1885 dedicó las veladas del invierno a escribir su obra principal, El Señorío de Vizcaya, histórico y foral (1885). En el año siguiente alcanzó el premio en las Fiestas Euskaras de Durango con su Proyecto de Academia Vascongada de San Ignacio de Loyola (1886).
Desempeñó numerosos cargos en Barcelona, a saber: vocal de la Junta de Socorros del Cantábrico, presidente de la Asociación de Católicos, secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País, vocal de la Comisión de Monumentos, académico de la de Jurisprudencia y Legislación y presidente del Fomento Barcelonés, siendo allí su último trabajo la redacción y confección de los Contratos de Tesorería y de la Reforma de Barcelona, entre el Banco Hispano-Colonial y el Ayuntamiento de la ciudad.
A partir de 1888 Alzola observa en Arístides una dirección cada vez más acentuada hacia la vida ascética y espiritual, revelándose su sentido místico en las nuevas producciones. Redactó en 1887 Jubileo sacerdotal de su santidad el papa Leon XII; en 1888, un tomo en 4.º mayor de 300 páginas, elegantemente impreso, titulado Crónica de la Coronación Canónica de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Merced, Patrona de la Diócesis de Barcelona (1889). En 1895 dio a la estampa el folleto La Madre de Dios de Begoña, así como el discurso leído en la Asociación de Católicos de Barcelona, sobre el «Dogma de la Concepción». Dedicó otro libro a «Nuestra Señora de Orduña, la Antigua».
Fue el cronista de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Begoña, obra ilustrada en un magnífico volumen publicada en 1901, prologado por Estanislao Jaime de Labayru. En 1903 dio también a la luz otro muy lujoso libro sobre el Jubileo Pontificio de León XIII. Recuerdo de la Peregrinación Española a Roma y prodigó su actividad en otros manuales y devocionarios religiosos.
El cansancio producido por los años y por una labor tan intensa y prolongada, unido a la nostalgia de su querida tierra natal, le indujeron en 1906, cuando cumplía los sesenta y seis años, a solicitar la jubilación, que le fue concedida por el Banco Hispano-Colonial. Después de un éxodo de treinta años en Cataluña, regresó a Bizkaia. Pasaba largas temporadas en la casa solariega de Okondo, disfrutando del paisaje. Cuando avanzaba el otoño volvía a Bilbao. En 1906 participó eficazmente, en Roma, en las gestiones para la beatificación del mártir Berrio-Ochoa, actuando de vocal de la Comisión, asunto al que dedicó un folleto en el mes de mayo. Desempeñó el puesto de vicepresidente de la Comisión de Monumentos desde su organización, a principios de 1908, hasta su muerte.
Su profunda devoción religiosa se hizo también ostensible en otro librito vertido al vascuence el año 1908 con el título de «Flores del mes de Mayo». Aunque apartado de las luchas políticas, Artiñano conservaba vivo el entusiasmo en las cuestiones forales, que resucitaron en 1908 con motivo de los debates en las Cortes madrileñas del proyecto de ley de Administración Local, presentado por el primer ministro Antonio Maura. Planteadas diversas polémicas con motivo de la pretensión de solicitar del Gobierno la reintegración de los organismos forales, Arístides volvió a la palestra en El Porvenir Vasco, abogando calurosamente por la restauración de las formas externas del Antiguo Régimen, aun cuando no fuera posible lograrlo en su totalidad. Convocada por el Cuerpo Provincial una Asamblea de los Ayuntamientos de Bizkaia, se presentó Artiñano con una extensa moción proponiendo, sin éxito, que se crease el Consejo Superior de Bizkaia, con la facultad de aprobar o modificar los acuerdos de la diputación referentes al régimen tributario.
En 1885 publica su obra más importante y más conocida, El Señorío de Bizcaya, histórico y foral, redactado con destino a las fiestas euskaras de Durango. En la línea del admirado Novia de Salcedo y apoyándose en una erudición nada desdeñable, Artiñano pretende, según dice, aludiendo a la ley abolitoria de los Fueros de julio de 1876, «grabar en el alma de los vizcaínos el recuerdo del sencillo, pero admirable, mecanismo de la administración foral, presentando ligeros bocetos de las instituciones que acaban de desaparecer en las nieblas de una hostilidad insensata». Esta obra ha suscitado la polémica en la historiografía, puesto que algunos han visto en ella un antecedente del fuerismo bizkaitarra o primer nacionalismo vasco, como antecedente inmediato y necesario del pensamiento de Sabino Arana. Otros, como Gracia Cárcamo o Chacón Delgado, nos advierten que el libro recoge alusiones que expresan el fundamento de su ideología invariable, inspirada por el respeto profundo a las enseñanzas de la religión y el amor a la patria (vizcaína). Subrayan que a lo largo de toda la trayectoria intelectual de Arístides, desde 1860 a 1911, reservaba, casi siempre, el término «nación» para referirse a España, a la que también llama en ocasiones «la madre patria». En cualquier caso, Artiñano afirma que su Señorío de Bizcaya no es un libro separatista [«no queremos quedar ni un solo instante bajo la acusación del horrible crimen de atentar a la unidad de la patria (España)»] (El Señorío de Bizcaya, pp. I-V).
La única nota un poco discordante dentro de su indudable españolismo se perfilaba cuando hablaba del euskera. Se indignaba ante los autores españoles que lo habían calificado como lenguaje bárbaro y lo habían despreciado sin tomarse la molestia en estudiarlo.
La otra obra más recordada de Artiñano fue su Proyecto de Academia Bascongada. Proyecto, base y reglamento de una academia de lengua e historia eúskaras en completa armonía con los principios católicos (Barcelona, 1886), analizado por Lizundia Askondo. Con medio centenar largo de artículos, el Proyecto está estructurado en una docena de capítulos: «1. Objeto de la Academia, 2. Carácter de la Academia, 3. De los Académicos, 4. Organización, 5. De las Juntas Generales, 6. De las Secciones, 7. De los oficios de la Academia, 8. De las Comisiones, 9. De las cátedras, 10. De los Certámenes, 11. Relaciones de la Academia con las Autoridades, 12. Artículos transitorios».
Después de presentar el lamentable estado que tenía la historia, cultura y lengua vascas, para justificar la creación de la Academia y el correspondiente apoyo económico de las diputaciones (25.000 pesetas anuales cada una) y otros organismos, afirma: «Una de las aspiraciones del país ha sido y es el establecimiento de cátedras en que se explique la historia é instituciones peculiares de nuestro pueblo y se vulgaricen los estudios del bascuence, esa lengua admirable […]. La Academia es la llamada a promover la creación de esas enseñanzas». En el art. 1 se señalaba que: «La Academia Bascongada de San Ignacio de Loyola tiene por principal objeto los estudios históricos referentes al País Basco-Nabarro y cultivar y difundir el idioma euskaro», celando muy especialmente por la conservación, pureza y esplendor del idioma bascongado.
El euskera es elemento esencial de la nación euskalduna; sin él, las instituciones de esta son imposibles. La función historiográfica era la principal de la Academia, pero no por intereses científicos, sino en el sentido práctico de reconstruir la historia política, rebuscando en los archivos documentos que aclaren todos los hechos relativos a derechos y prerrogativas de Vasconia. No en vano, Sabino Arana se interesó vivamente por esta obra, y su lectura le sirvió de inspiración para escribir su único artículo en la revista Euskal-Erria, titulado «El proyecto de Academia Bascongada del señor de Artiñano».
Los dilatados servicios de Arístides al fuerismo vizcaíno le valieron diversas recompensas, que solía exhibir en las portadas de sus libros. Era jefe superior honorario de Administración Civil, secretario honorario de Gobierno del Señorío de Bizkaia, correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Sevillana de Buenas Letras, vicepresidente de la Comisión de Monumentos de Vizcaya, presidente honorario de la Sociedad Coral de Bilbao, hijo adoptivo de la villa de Elorrio, y estaba condecorado con la Cruz de oro Pro Ecclesia et Pontifice (instituida por León XIII en 1888) y con la de Caballero de la Orden de Carlos III.
Obras
Discurso pronunciado en la Academia sevillana de jurisprudencia y legislación, Sevilla: Establecimiento tip. de la Andalucía, 1862.
Biografía del señor D. Pedro Novia de Salcedo: padre de provincia y primer benemérito del M. N. y M. L. señorío de Vizcaya, Bilbao: Imp. Vda. de Delmas, 1866.
Nuestra Señora de Orduña La Antigua, Barcelona: Imp. de Henrich, 1866.
Dictamen que en el expediente instruido en averiguación del hecho heroico realizado por D. Domingo de Echandía, en 11 de mayo de 1864, Bilbao: Miguel de Larumbe, 1867, 18 pp.
Jaungoicoa eta foruac: la causa vascongada ante la revolución española, Vitoria: Imp. a cargo de Mateo Sanz y Gómez, 1869.
El Alzamiento de Vizcaya en 1872 y el convenio de Amorevieta, Sevilla: La Andalucía, 1872.
Escursión de SS. MM. Católicas por el Señorío de Vizcaya en junio de 1874, Tolosa: Imp. de Pedro Gurruchaga, 1874.
El señorío de Bizcaya, histórico y foral, Barcelona: La Peninsular (Establecimiento Tip. de Mariol y López), 1885 (Barcelona: Ramírez y Cía., 1886).
El poder legislativo foral en las provincias bascongadas, [s. l.: s. n., s. a], 1886.
Proyecto de Academia Bascongada, Barcelona: Tipo-litografía de los Sucesores de Ramírez, 1886.
¡Oroipengarriya! [Música notada]: on Aristides Artiñano-ko jau oso prestuari: zortzikoa = ¡Recuerdo!: zortziko dedicado al Ilmo. Sr. D. Arístides de Artiñano, Barcelona: Lit. Barcelonesa, 1886.
El Venerable Mártir Fr. Valentin de Berrio-Ochoa, Barcelona: Establecimiento Tipo-litográfico de los Sucesores de N. Ramírez y Compañía, 1886.
Jubileo sacerdotal de su santidad el papa León XIII: Catálogo de los objetos que comprende la Exposicion… Reseña leída por Arístides de Artiñano, Barcelona: Imp. La Hormiga de Oro, 1887.
Diccionario etimológico del idioma bascongado, por Pedro Novia de Salcedo; con un prólogo biográfico del Sr. Arístides de Artiñano, Tolosa: Casa Editorial de Eusebio López, Sucesor de la Viuda de Mendizábal, 1887.
Crónica de la Coronación Canónica de la milagrosa imagen de Ntra. Sra. de la Merced, Barcelona: Imp. de los Sucesores de N. Ramírez, 1889.
Tributo a la buena memoria del Excmo. e Ilmo. Sr. D. José Ferrer y Vidal, leído en la solemne velada necrológica celebrada por el Fomento del Trabajo Nacional, Barcelona: Imp. de Henrich y Cía., 1895.
La Madre de Dios de Begoña: cuadro religioso, Barcelona: A. López Robert, 1895.
Coronación canónica de Nuestra Señora de Begoña, Barcelona, 1900.
Jubileo Pontificio de León XIII, 1902; recuerdo de la peregrinación española a Roma, Barcelona: Tip. «La Académica» de Serra hermanos y Russell, 1903.
El Beato Valentín de Berrio-Ochoa y Aristi, Obispo y Mártir…: vida del Beato, Breve de su Santidad, solemne beatificación, triduo en honor del Beato, entrega a Su Santidad de las reliquias, Bilbao: Imp. de Eléxpuru Hermanos, 1906.
Triduo en honor del beato Valentin de Berrio-Ochoa, del Orden de Predicadores… = Iru rruna Berrio-Ochoa-co Valentin zorionecuaren ondran Aita Santo Domingo-ren Ordiacua, Bilbao: Imp. y Libª. de José de Astuy, 1906.
Coronación canónica de Nuestra Señora de Begoña: crónica de las solemnes fiestas dedicadas a tan fausto suceso, Barcelona: 1901 (grabado y estampado por J. Thomas).
Vida del Beato Valentín de Berrio-Ochoa y Aristi del Orden de Predicadores… martirizado en 1.º de noviembre de 1861, Roma: Imp. Poliglota, 1906.
Reseña de las fiestas de Elorrio en honor del beato Valentín de Berrio-Ochoa obispo y mártir, Bilbao: Imp. Libª. y Enc. de Eléxpuru Hermanos, 1906.
Orrilleco lorac Jaungoicoaren Amari/Artiñano-co Aristides arguitzuac eguiten deutzan emoitza; biurtu dau bizcaio eusquerara Garita-Onandia-co on Balbino, Bilbon: Jose Astuy-ren moldezteguian, 1908.
Bibliografía
Chacón Delgado, P. J., Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca, Bilbao: Atxular Atea, 2015, pp. 389-401.
De la Fuente, V., «El Señorío de Bizcaya histórico y foral, por D. Arístides de Artiñano y Zuricalday», BRAH, 10 (1887), pp. 201-211.
Gracia Cárcamo, J., «Antes y después del nacionalismo. Arístides de Artiñano: una vida consagrada, a través de su obra histórico-jurídico-política, a la “Santa Causa Foral”», Notitia Vasconiae, 1 (2002), pp. 361-409.
Lizundia Askondo, J. L., «Proyecto de Academia Bascongada. 1886ko Euskal Jaien emaitza eta beste», Antoine d’Abbadie 1897-1997. Congrès International. (Hendaye, 1997), Donostia: Eusko Ikaskuntza; Bilbao: Euskaltzaindia, 1998, pp. 655-661.
Pérez Núñez, J., La Diputación Foral de Vizcaya. El régimen foral en la construcción del Estado liberal, 1808-1868, Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1996.
Quintana Bermúdez de la Puente, C. de, «Artiñano y Galdácano, Gervasio de», Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biografias/56575/gervasio-de-artinano-y-galdacano (consultado el 13 de noviembre de 2019).
Fuentes. Archivo Histórico Nacional, Universidades, 6357, Exp. 3; Universidades, 3627, Exp. 6.





