Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

APELLÁNIZ CASTROVIEJO, Juan María (Bilbao, 12 de enero de 1932 – Bilbao, 8 de mayo de 2021)

Cargos y oficios

Prehistoriador, arqueólogo, profesor universitario.

Trayectoria


Tras pasar su primera infancia en Bilbao, a los once años ingresó en el Seminario Diocesano de Vitoria-Gasteiz, en el que cursó los estudios sacerdotales hasta su consagración en 1955. Por encargo del obispo de Bilbao continuó su formación académica en Madrid, donde se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense para cursar la carrera de Historia. Una vez licenciado, se trasladó a Roma para proseguir sus estudios, en la Universidad Gregoriana de Historia de la Iglesia Católica, lo que le permitió matricularse en el Instituto de Arqueología Cristiana de esa ciudad.

De vuelta en Bilbao, a comienzos de los años sesenta del siglo pasado, inició su labor docente en el Seminario de Bilbao, en el que impartió los conocimientos de Historia General e Historia de la Iglesia. Con la creación en 1961 del Museo Diocesano de Arte Sagrado recibió el nombramiento de director del mismo y el encargo de recorrer la diócesis para la creación del catálogo histórico-religioso de la misma. En 1962 se incorporó a la Junta del Patronato del Museo Arqueológico y Etnográfico Vasco de Bilbao en calidad de vocal.

Al mismo tiempo, inició los cursos de doctorado de la Universidad Complutense de Madrid con el objeto de continuar la formación académica superior unida a la investigación. Durante los años de licenciatura había establecido una estrecha relación académica con el catedrático de Prehistoria de esa Universidad, doctor Almagro Basch, quien le orientó a centrar su tesis de Licenciatura en el estudio de la prehistoria del País Vasco; de igual manera, le dirigió a ampliarlos con el proyecto de tesis doctoral. Para entrar en contacto con la arqueología que se desarrollaba en el espacio vasco, le recomendó que se pusiera en contacto con José Miguel de Barandiarán, que trabajaba desde hacía décadas en ese ámbito territorial, por lo que podría servirle de ayuda en el inicio de su investigación. De esta manera comenzó, como discípulo de Barandiarán, a participar en la excavación de numerosos dólmenes en territorio alavés. Esta colaboración se extendió a otros trabajos de campo en los yacimientos de las cuevas de Lezetxiki y Aitzbitarte IV, en Gipuzkoa, lo que le posibilitó ampliar los conocimientos metodológicos en la excavación de asentamientos de tipología distinta a las estructuras tumulares dolménicas.

Bajo la supervisión de Barandiarán realizó algunas intervenciones en dólmenes alaveses y vizcaínos, que se continuaron con otras en cuevas sepulcrales y de habitación en esos mismos territorios, en las que asumió la responsabilidad científica de la dirección del estudio. En ellas se forjó una estrecha colaboración con el doctor Altuna, con quien había compartido estudios en el Seminario Diocesano y convivido durante su estancia en la Universidad Complutense de Madrid. Además, con él excavó varios dólmenes (Pozontarri, Ausokoi, Andatza) y «túmulos» (Satui-Arrolamendi) en Gipuzkoa.

Igualmente compartió trabajo y amistad con Ernesto Nolte, investigador y difusor de la arqueología en Bizkaia. Con él presentó las memorias de los sondeos practicados en las cuevas de Tarrerón, Cuestalaviga y Kobeaga. Además, fruto de las investigaciones de campo fue la producción de un extenso número de artículos científicos publicados a lo largo de la década de los sesenta y pri– meros años de los setenta, que ampliaron el conocimiento que se tenía hasta esas fechas de las prácticas funerarias (cuevas de Ereñuko Arizti, Albizte y Arenaza II, dólmenes de Galupa I y II) y de la cultura material de las poblaciones prehistóricas con cerámica, y que constituirían parte de su tesis doctoral.

En estos años de los sesenta e inicios de los setenta, también colaboró con José Antonio Agorreta, Armando Llanos y Jaime Fariñas, principalmente en la provincia de Álava, en la excavación de cuevas sepulcrales (Lechón, Arraldai, Calaveras y Gobaederra), dólmenes (Campas de La Choza —Orduña, Bizkaia—) y castros (Berbeia, Henayo). Además, en solitario dirigió, entre otras, las excavaciones de las cuevas sepulcrales de Arratiandi y Obenkun, túmulo no megalítico de Sendadiano y dólmenes de Gurpide Norte y Añes.

En el curso de esas  excavaciones y en la revisión de los materiales arqueológicos procedentes de intervenciones anteriores desarrolló una actitud crítica ante los planteamientos metodológicos e interpretativos en uso, que le condujo a plantearse la necesidad de introducir los nuevos métodos de investigación que se estaban aplicando en otros países. Adaptó el levantamiento de los sedimentos a la estratigrafía natural reconocida en el relleno de las cuevas e incorporó las dataciones de carbono 14 en el análisis de los restos recuperados con el objetivo de establecer secuencias de cronología absoluta precisas para los conjuntos materiales recuperados. Para establecer comparaciones basadas en parámetros homogéneos comparables, recurrió al tratamiento estadístico de los datos. De igual manera entendió que se requerían paradigmas interpretativos innovadores que permitieran definir las diferentes características culturales que se observaban en territorios diversos dentro del País Vasco.

Desde este enfoque abordó la excavación de nuevos asentamientos en cueva, entre los que cabe destacar el de Tarrerón (en la muga entre Cantabria y Bizkaia), en 1968, con el objetivo de tener un conocimiento más completo de las formas de habitación y enterramiento del valle y, fundamentalmente, el de Los Husos I (Elvillar/Billar, Álava) que el propio excavador consideró un yacimiento importante donde se puede seguir perfectamente la evolución de las culturas con cerámicas de esta  zona de Álava, y por comparación, de una buena parte del País Vasco. Esta excavación, que aportó importantes novedades crono-culturales, constituiría uno de los pilares de su tesis doctoral.

Este periodo culminó con la obtención del grado de Doctor en la Universidad Complutense con una tesis sobre La evolución de las culturas prehistóricas con cerámica de la población de cavernas del País Vasco, que fue publicada en tres volúmenes. En ella estableció una secuencia detallada y precisa de la Prehistoria reciente en el País Vasco y formuló una hipótesis interpretativa de la misma en función de dos grupos poblacionales de características culturales relativamente distintas, uno al norte de la divisoria de aguas «Grupo de Santimamiñe» y otro al sur de esa línea geográfica natural, «Grupo de Los Husos».

A finales de la década de los sesenta fue invitado por la Universidad de Deusto a impartir un curso de Antropología cultural en el Instituto de Sociología, curso que repitió en la especialidad de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras. Con el inicio, de la Licenciatura en Geografía e Historia, en el curso 1973-74, recibió el encargo de la titularidad de la asignatura de Prehistoria General, que se amplió con la de Arqueología de España dentro del plan de estudios de la especialidad de Historia.

De forma paralela continuó su formación en la Universidad de Tübingen, así como en la Casa de Santiago de Jerusalén, fruto de lo cual fue la excavación en Tell Medeyneh, Jordania.

En 1975, se celebró en Vitoria-Gasteiz el XIV Congreso Nacional de Arqueología, evento excepcional para divulgar los avances realizados en la arqueología alavesa y visitar diferentes yacimientos: La Hoya, la necrópolis altomedieval de Santa Eulalia —Labastida—, etc. Por este motivo procedió a la excavación y restauración del dolmen de la Chabola de la Hechicera (El Villar).

La expectativa de reflexionar sobre el trabajo arqueológico, más allá del curriculum de las asignaturas oficiales, le impulsó a organizar un Seminario de Arqueología abierto a licenciados y estudiantes en el que se debatiera sobre las nuevas estrategias y metodologías de la ciencia arqueológica, en clara renovación en esos momentos. Los temas centrales de consideración fueron aquellos que había considerado esenciales en su trabajo de doctorado para la modernización de la investigación en Prehistoria: la cronología, la clasificación y representación de los materiales arqueológicos, el tratamiento estadístico de los datos y una cuestión que consideraba prioritaria, el método de excavación.

El objetivo buscado era desarrollar una técnica que posibilitara levantar los sedimentos en unidades de excavación de poco espesor, denominadas «lechos». Estos deberían seguir lo más fielmente posible las dinámicas de sedimentación del relleno con el fin de recuperar las evidencias del registro arqueológico en la posición más próxima a la de su deposición.

Impulsado por el propósito de verificar y consolidar la hipótesis de los grupos culturales establecida en la tesis doctoral y, al mismo tiempo, testar la utilidad del método de «lechos», emprendió la excavación de dos yacimientos de gran potencialidad. En 1972 comenzó los trabajos en la cueva de Arenaza I (Bizkaia), descubierta como asentamiento prehistórico por Ernesto Nolte. El objetivo era encontrar una cronoestratigrafía que diera una referencia sólida a las etapas con cerámica de las poblaciones costeras del país. La presencia de niveles de ocupación anteriores reveló una secuencia estratigráfica mucho más amplia y compleja —desde el Magdaleniense al Bajo Imperio Romano—, que aumentaba la significatividad del yacimiento. Inicialmente, junto al método de excavación por lechos de acumulación de materiales, incluye el de la excavación por sectores (cuatro sectores de 6 metros cuadrados cada uno) que se excavarán alternativamente. A partir de la X campaña, plantea como programa de trabajo la excavación de la totalidad de la superficie de la cueva, de esta manera «se pretende recuperar todos los datos, tecnológicos, económicos y de ocupación, de cada uno de los periodos y asentamientos a fin de completar los modelos arqueológicos, que, debido a excavaciones fragmentarias, se pueden considerar todavía incompletos».

Un año más tarde abordó, impulsado por José Luis Uribarri, miembro del Grupo Espeleológico Edelweis de la Diputación de Burgos, la excavación del Portalón de Cueva Mayor de Atapuerca (Ibeas de Juarros, Burgos). El estudio de los materiales cerámicos recuperados en una intervención anterior por el profesor G. Clark le había posibilitado reconocer claras semejanzas con los procedentes de la cueva de Los Husos I, por lo que el yacimiento burgalés se presentaba como una opción de contraste con lo establecido para las poblaciones pospaleolíticas del sur del País Vasco. En ambos proyectos mantuvo la estrecha colaboración con el arqueozoólogo doctor Altuna.

El análisis teórico y el debate de ideas desarrollado en el Seminario de Arqueología junto con la práctica de excavación y tratamiento de los materiales del registro arqueológico recuperado en estos dos yacimientos supusieron la base formativa de una generación de arqueólogos y prehistoriadores.

El incremento del alumnado interesado en iniciarse en la investigación arqueológica le llevó a considerar la conveniencia de ampliar las actividades que se venían desarrollando en el Seminario de Arqueología. Para ofrecer una formación en técnicas de campo y de laboratorio constituyó, en el curso 1979-1980, la Escuela Práctica de Arqueología, que alcanzó la oficialidad cuatro años más tarde en el marco de los estudios de la Universidad de Deusto.

Entre 1982 y 1997 compatibilizó las tareas de docencia e investigación con las de protección del patrimonio desde la plaza de conservador de Arqueología del Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco de Bilbao, en el que comisarió exposiciones monográficas entre las que destaca la dedicada al Arte Prehistórico en el País  Vasco.

El estudio del arte en general y del prehistórico en particular fue uno de los temas preferentes de su investigación y uno de los campos más destacados de su producción científica. Entre los conjuntos gráficos parietales de época paleolítica que estudió en la segunda mitad de la década de los setenta cabe destacar los de las cuevas de Altxerri y Ekain (Gipuzkoa), ambos junto al doctor Altuna, la serie de ciervas pintadas en rojo de la cueva de Arenaza I, o los grabados más recientes de las galerías de Cueva Mayor de Atapuerca, en este caso junto a José Luis Uribarri. A estos se añade el análisis de numerosas piezas de arte mueble paleolítico.

Su enfoque metodológico buscaba trascender de la descripción de las pinturas y grabados paleolíticos para intentar distinguir a sus autores. El objetivo era poder establecer criterios objetivos que permitieran la atribución de la autoría de las figuras. En esta línea de investigación recurrió a la aplicación de análisis multivariantes en colaboración con el doctor Calvo, profesor de Estadística aplicada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Deusto, que permitieran establecer semejanzas o diferencias en las figuras analizadas.

En el deseo de profundizar en la determinación de los autores paleolíticos se planteó, junto a la doctora Ruiz Idarraga, idear un método de observación que permitiese precisar el valor del trazo ejecutado en cada figura como un elemento característico del movimiento de la mano de cada creador. Para ello desarrolló un programa de experimentación replicativa con grabadores actuales que posibilitara establecer parámetros de determinación de «rasgos de autoría», que pudieran ser aplicados en las piezas arqueológicas. En el tratamiento estadístico de los resultados de este intervino el doctor Amayra, profesor de estadística aplicada a la Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad de Deusto.

A la edad de setenta años tuvo que abandonar la docencia, pasando a la condición de catedrático emérito en la Universidad de Deusto, institución académica a la que siguió vinculado en el desarrollo y publicación de los resultados de sus más recientes trabajos sobre arte paleolítico.


Obras

Con ALTUNA, J., «Excavaciones en Dólmenes de Guipúzcoa», Munibe, 18 (1966), pp. 167-184.

Con LLANOS, A., y FARIÑA, J., «Cuevas sepulcrales de Lechón, Arralday, Calaveras y Gobaederra (Álava)», Estudios de Arqueología Alavesa, 2 (1967), pp. 21-47.

—  «Excavación del dolmen de las Campas de la Choza», Estudios de Arqueología Alavesa, 3 (1968), pp. 35-43.

«Corpus de materiales de las culturas prehistóricas con cerámica de la población de cavernas del País Vasco Meridional», Munibe. Suplemento, 1 (1973), pp. 1-366.

«El Grupo de Los Husos durante la prehistoria con cerámica en el País Vasco», Estudios de Arqueología Alavesa, 7 (1974), pp. 7-409.

«El Grupo de Santimamiñe durante la prehistoria con cerámica», Munibe, 27 (1975), pp. 2-136.

Con AGORRETA, J. A.; LLANOS, A., y FARIÑA, J., «El Castro del Castillo de Henayo (Alegría-Álava). Memoria de excavaciones. Campañas de 1969-1970», Estudios de Arqueología Alavesa, 8 (1975), pp. 87-212.

—  «Castro de Berbeia (Barrio-Álava). Memoria de excavaciones. Campaña de 1972», Estudios de Arqueología Alavesa, 8 (1975), pp. 221-292.

Con URIBARRI ANGULO, J. L., Estudios sobre Atapuerca (Burgos). Vol. I: El Santuario de la Galería del Sílex, Bilbao: Universidad de Deusto, 1976.

Con ALTUNA, J., «Las figuras rupestres paleolíticas de la cueva de Altxerri (Guipúzcoa)», Munibe, 28 (1976), pp. 5-242.

—  «Las figuras rupestres paleolíticas de la cueva de Ekain (Deva, Guipúzcoa)», Munibe 30 (1978), pp. 7-151.

«Methodisches zur Autorenbestimmung bei prähistorischen Felsbildern im Baskenland», Madrider Mitteilungen, 21 (1980), pp. 9-19.

El Arte Prehistórico del País Vasco y sus vecinos, Bilbao: Desclée de Brouwer, 1982.

«Aplicación de las técnicas estadísticas al análisis iconográfico y al método de determinación de autor», Munibe, 39 (1986), pp. 39-60.

Con DOMINGO MENA, S., «Los materiales de superficie del santuario de La Galería del Sílex», Estudios sobre Atapuerca (Burgos). Vol. II: Los materiales de superficie del santuario de La Galería del Sílex, Bilbao: Universidad de Deusto, 1987, pp. 5-278.

«Modèle d’analyse d’une école. Les graveurs des chevaux hypertrophiés de La Madeleine», en CLOTTES, J. (dir.), L’art des objets au paléolithique. Colloque international, Foix, le Mas d’Azil, 16­-21 novembre 1987, vol. II, Paris: Ministère de la culture, de la communication, des grands travaux et du bicentenaire: diff. Picard, 1990, pp. 105-137.

El análisis de la autoría y la autentificación de las pinturas de Zubialde (Álava), Bilbao: Universidad de Deusto, 1995.

Con RUIZ  IDARRAGA, R., «Análisis de la forma y de la ejecución de las figuras grabadas de la cueva de Ventalaperra (Carranza, Bizkaia)», Kobie, 25 (1998-1999), pp. 93-140.

Con CALVO GÓMEZ, F., La forma del arte paleolítico y la estadística: Análisis de la forma del arte figurativo paleolítico y su tratamiento estadístico, Bilbao: Universidad de Deusto, 1999.

La abstracción en el arte figurativo del Paleolítico. Análisis del componente abstracto en la figuración naturalista del grafismo paleolítico, Bilbao: Universidad de Deusto, 2001.

Con RUIZ IDARRAGA, R., y AMAYRA, I., La autoría y la experimentación en el arte decorativo del Paleolítico. La atribución de autoría, contrastada por la experimentación, y la estructura lógica de la hipótesis, Bilbao: Universidad de Deusto, 2002.

«La lección metodológica de las pinturas de Zubialde», Estudios de Arqueología Alavesa, 20 (2003), pp. 1-9.

Con AMAYRA, I., «Application des modèles mathématiques à l’hypothèse d’attribution d’auteur de deux figures de cheval dits tarpans de Niaux», Préhistoire, Art et Sociétés. Bulletin de la Société Préhistorique de l’Ariège, 65-66 (2010-2011), pp. 60-61.


Bibliografía

VVAA, Homenaje al profesor Dr. Juan M.ª Apellániz. 30 años de arqueología (1972-­2002), Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia = Diputación Foral de Bizkaia, 2004, 2 vols.

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