Cargos y oficios
Abogado e historiador
Trayectoria
Charles Amestoy, abogado de Bayona y perteneciente a una antigua familia del País Vasco, trabajó en dos campos con gran éxito. Como jurista, dedicó una obra técnica a la aparcería, pero también abordó temas históricos más anecdóticos sobre acontecimientos en los que habían tomado parte sus antepasados.
Su obra Le bail à métairie. Usages du Pays Basque (1891) está bien escrita y es importante, porque describe un tipo de aprovechamiento agrícola muy extendido en las tres provincias en aquella época. Sabemos que esta antiquísima forma de agricultura, considerada arcaica y muy desigualitaria, tenía fervientes defensores. Situaba al aparcero en una situación cercana a la servidumbre. La aparcería, que duró hasta la posguerra de 1939, no provocó disturbios violentos en el País Vasco, como lo hiciera en las vecinas Landas tras la Primera Guerra Mundial.
En Zuberoa, en el cantón de Tardets/Atharratze, había únicamente 59 aparceros en un total de 1.540 explotaciones, pero en algunos otros cantones, como el de Iholdy/Iholdi, la aparcería era muy importante: en 1892 había 381 explotaciones en régimen de aparcería en un total de 822 explotaciones. En el cantón de Saint-Palais/Donapaleu, eran 753 los aparceros en un total de 2.000 explotaciones. El aparcero estaba mal visto por una parte de la derecha tradicional. Unos años antes, Duvoisin había escrito: «Etxetiarrek bereziki egiten dute eder ez den bezala. Alferra nausitzen zaiote: bihotz gaixtoa ere bai» («Los aparceros en particular actúan como no debieran. Les vence la pereza y también la maldad»).
El autor define en primer lugar lo que es la aparcería o el contrato de aparcería agrícola, por la cual un propietario de un patrimonio rural lo pone a disposición de un aparcero que lo cultiva, repartiéndose entre arrendatario y arrendador el producto generado por la explotación de la tierra. Amestoy considera que las definiciones de esta aparcería son a menudo insuficientes y analiza la opinión de los especialistas, que distinguen entre «Sociedad», «Arrendamiento» y un contrato sin nombre que está entre el arrendamiento y la sociedad. La definición que Amestoy proporciona a la agricultura de aparcería se refiere a un contrato sin nombre, consensuado, sinalagmático y basado en la buena fe, que es a la vez un arrendamiento y una sociedad. Amestoy especifica también las obligaciones de ambas partes, en particular las del aparcero, que debe entregar una parte de las cosechas u otros productos, por regla general la mitad. Aparcero se dice «métayer» en francés, término procedente de la palabra latina mediatarus, que hace alusión a esta noción de mitad. En el caso de la ganadería, el incremento o la plusvalía se divide en mitades en el caso de la esquila de ovejas, el trigo, el maíz y el lino (en euskera se utilizan los términos etxetiar para el aparcero, y erdizka como adverbio relativo a la aparcería).
A continuación, Amestoy detalla las costumbres según los cantones en la fecha de terminación del contrato, fijada en el día de San Juan, de Nuestra Señora o de San Martín (24 de junio, 15 de agosto, 11 de noviembre). La fecha del 11 de noviembre era la más utilizada en la mayoría de los cantones, excepto en los de Mauléon/Maule y Tardets/Atarratze, en los que la fecha estaba establecida el 1 de noviembre y que Amestoy encuentra favorable, habida cuenta del calendario de las actividades agrícolas, en particular la siembra temprana del trigo. El forraje no siempre se repartía de forma equitativa y se solía favorecer al aparcero. Hay modalidades que indican lo que el aparcero podía tener al finalizar del contrato cuando se iba a otra explotación y que muchas veces se dejaba una parcela de tierra a disposición del siguiente aparcero para que pudiera sembrar nabos en agosto. Podía llevarse las hojas de maíz secas, pero no la mazorca (kapeta). En casi todas partes, la cal fabricada en los hornos se dividía por mitades; también el estiércol. En Zuberoa, Amestoy señala la existencia de los elge, tierras en las que las parcelas no estaban valladas y se dejaban después de las cosechas para el pasto de los animales. Los productos de los árboles frutales se repartían por mitades, al igual que las patatas. En ocasiones, el propietario tenía derecho a dos tercios de la fruta, con el pretexto de que exigían poco trabajo. El agricultor aparcero estaba obligado a mantener bosques, montes bajos, setos y cunetas, de los que podía conseguir cantidades moderadas de leña para sí mismo. Aunque no entra en el tema de su obra sobre la aparcería, Amestoy da consejos precisos sobre los difíciles problemas de las medianerías que provocaban litigios. Explica la expresión pied sur bord, que se refiere a la prudencial distancia de un pie o de 33 cm que se debe respetar con respecto a la propiedad vecina al realizar una zanja. También se ocupa de las deudas del aparcero y de las contribuciones fiscales, que en el País Vasco solía asumir el propietario. Por último, Amestoy aborda el caso particular del arrendamiento de la cabaña de ganado. La obra es precisa y rica en información sobre este tipo de aprovechamiento agrícola.
Otro aspecto de la obra de Amestoy aborda la historia de los acontecimientos. En un artículo de 1927, cuyo título no se corresponde con el texto, se deleita con un relato basado en una carta de perdón del rey de Francia en 1665 sobre los ataques que se habían producido cerca de Bidache/Bidaxune, Came/Akamarre y Bardos/Bardoze. Amestoy demuestra su práctica con los documentos históricos, relativos a la documentación sobre los municipios que bordean el Adur (Urcuit/Urketa). En 1702 comentó un artículo de Daranatz sobre el clero de Lapurdi. Encontramos en él referencias a Souhy, su familia (de la que forma parte Amestoy) y al castillo de ese nombre, pero también a un conflicto entre el municipio de Urcuit y el convento de los premonstratences de Lahonce/Lehuntze.
Por otra parte, en un artículo dedicado a la, poco conocida, batalla de Dettingen (1743), Amestoy establece el vínculo con uno de sus antepasados que participó en esta batalla y que escribió una carta sobre el desarrollo de la misma. El soldado que relata la batalla era un bayonés, llamado Pierre Fenouil Gouzian de Saint-Martin de Souhy, abuelo del señor de Souhy, consejero general de Mauléon y abuelo de Charles Amestoy, lo que nos confirma que dispuso de ricos archivos familiares. La pluma de Amestoy es desenvuelta y hábil para ensalzar «el alma de Francia» en el contexto de la posguerra de 1914.
El cronista de la Revue des deux Mondes señaló en su artículo de 1928: «A destacar también, en las mismas Mémoires [las de la Sociedad de Letras y Artes de Bayona], una narración muy pintoresca de la Bataille de Dettingen (1743), realizada por un combatiente, el señor de Souhy, y relatada por el señor Ch. Amestoy».
Obras
Le bail à métairie. Usages du Pays Basque, Bayonne: Lasserre, 1891.
«Un joyeux repas de contrat de mariage chez le notaire Morel (15 juillet 1663). Rencontre au pistolet; morts et blessés; enquête du lieutenant criminel d’Acqus; lettres de rémission (1665)», BSSLAB, núms. 3-4 (1927), pp. 258-268.
«Le clergé du Labourd», BSSLAB, 1927, pp. 258-268.
«La bataille de Dettingen», BSSLAB, núm. 1 (1928), pp. 164-171.
«A propos d’une publication récente: Le Clergé du Labourd en 1702», BSSLAB, núm. 3 (1929), pp. 113-126.
Bibliografía
Bacqué, M., Baserritarrak, vivre et travailler dans les campagnes basques au xixè siècle, Paris: Les Indes Savantes, 2012, 428 pp.
Conord, F., La terre des autres. Le métayage en France depuis 1889, Montrouge: Éditions du Bourg, 2018, 336 pp.
Higounet, Ch. (dir.), Les revenus de la terre: complant, champart, métayage, en Europe Occidentale (ixè–xviiiè siècles), obra colectiva, Toulouse: Presses Universitaires du Midi, 1987, 208 pp.
Lefebvre, Th., Les modes de vie dans les Pyrénées atlantiques occidentales, Paris: Armand Colin, 1933, 777 pp. + mapas.
Luc, P., Vie rurale et pratique juridique en Béarn aux xivè et xvè siècles, tesis de Derecho, Montpellier, 1943.
Fuentes. Duvoisin, J., Laborantzako liburia edo bi aita semeren solasak laborantzaren gainean, Bayonne: Lamaignère, 1858.
Savarit, C-M., «Les académies de province au travail», Revue des Deux Mondes, vol. 46, núm. 4 (1928), pp. 944-947.





