Cargos y oficios
Ingeniero de Caminos, empresario, administrador, político y senador
Trayectoria
Calificado por algunos, además, como «polígrafo, matemático y calculista, sociólogo, economista y financiero, historiador, arqueólogo, epigrafista y numismático», fue hijo segundo de Ignacio de Alzola Elgarresta, comerciante donostiarra (algún autor dice que de Zumarraga) vinculado a la industria textil de Bergara, y de M.ª Ignacia de Minondo Lecea, natural de Goizueta (Navarra). Su hermano mayor, Benito, fue ingeniero naval; el menor, Domingo, hizo carrera militar. Tuvo, además, dos hermanas, M.ª Natividad y M.ª Marcelina. Él se casó con María Mercedes de Castejón y Torres y, aunque se asentó en Bilbao, mantuvo a lo largo de su vida bienes en Alza y en San Sebastián.
Con Benito estudió en el Real Seminario de Bergara entre 1850 y 1852, para pasar después a la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid en 1857, donde fue condiscípulo de Evaristo Churruca (con quien compartió la realización de las grandes obras de infraestructura de Bilbao de principios del siglo xx). En el curso de su carrera, en 1861 fue nombrado ingeniero aspirante, integrando la Comisión de estudio de las Obras de la Real Compañía de Canalización del Ebro, y se graduó en 1863, obteniendo el 6.º puesto de su promoción.
Empezó su vida laboral como ingeniero en Málaga, donde proyectó el tramo de carretera de Málaga a Fuengirola, incluido su primer puente sobre el río Guadalhorce, inaugurado en 1869; año en el que, como Ingeniero primero, fue destinado a la Jefatura de las Provincias Vascongadas, donde tomó posesión el 24 de mayo. Ya en Bizkaia, fue nombrado jefe de inspección de obras de su diputación foral (en el caso de los cargaderos de mineral ubicados en Triano), y capitán conservador de la ría de Bilbao, por lo que realizó un estudio sobre la navegabilidad de la misma a petición de la Junta de Comercio bilbaína, y construyó los muelles de Uribitarte.
En 1871 fue nombrado jefe de Obras Públicas de Palencia, pero no quiso abandonar Bilbao y pasó a trabajar para diversas empresas privadas, como la del ferrocarril minero de La Orconera-Lutxana (construido para transportar mineral desde La Arboleda hasta la orilla del Nervión), o la empresa impulsora del Ensanche de Bilbao (a costa de las anteiglesias de Abando y Begoña). Proyecto este último que se vio paralizado al estallar la última guerra carlista, en que Pablo combatió en el Batallón de Voluntarios Auxiliares contra el levantamiento carlista que sitió Bilbao en 1874 (siendo condecorado con la Medalla del Sitio), y que fue aprobado, finalmente, por Real Orden el 5 de junio de 1876.
Finalizada la guerra, el 31 de marzo de 1877 fue nombrado alcalde de Bilbao, a propuesta del gobernador civil de Vizcaya, en un momento crítico en la historia de Bizkaia y de los Territorios Vascos en general. En su discurso de toma de posesión (1 de abril) definió al ayuntamiento como reformador, ya que iba a orientarse a la administración propiamente dicha (dejando de lado el carácter político que la había definido los últimos años) y a la renovación y construcción de un nuevo Bilbao, pues su influencia traspasaba los límites de la villa ya que había anexionado algunas anteiglesias y ejercía su influencia sobre otras, convirtiéndose en la capital del norte de España.
Como alcalde de Bilbao formó parte de la corriente «transigente», que no se opuso a los diversos decretos que el Gobierno central iba aprobando para equiparar la administración de las Provincias Vascas al resto de España, aunque en la Junta Extraordinaria de 18 de abril de 1877 manifestó el disgusto de la villa por el «anormal, insólito, sin justificación ni precedente» hecho que dejó en suspenso el régimen foral; pero se opuso a la actitud «intransigente y peligrosa» de los contrarios basándose en el espíritu que predominaba en la villa, en sus tradiciones, en la situación especial que ocupaba, en los intereses comerciales que representaba y en las desventajas que pudiera acarrearle tal postura.
Su eficiente gestión, sin embargo, permitió a la villa disponer de nuevas escuelas públicas y de la Escuela de Artes y Oficios inaugurada en 1879 (cuya Junta directiva dirigió personalmente, y fue reconocida con la Medalla de Oro en la Exposición Universal de Barcelona de 1888), ejecutar el Ensanche, sustituir las cloacas por alcantarillas, trasladar las materias inflamables fuera del recinto antiguo, sanear el cementerio de Mallona, mejorar el servicio de limpieza, habilitar un local para reconocimiento de mujeres públicas, ampliar los servicios médicos del hospital con la creación de secciones de maternidad, dementes y pediatría, y ampliar el abastecimiento de aguas de la villa.
Pablo dejó la Alcaldía el 1 de julio de 1879 y volvió a su actividad profesional. Para mejorar la infraestructura de comunicaciones de las «Siete calles», proyectó el puente de San Antón (1877, en colaboración con E. Hoffmeyer) y la pasarela de San Francisco, y realizó otros proyectos urbanísticos y ferroviarios. Entre ellos, tomó parte en la urbanización del nuevo Ensanche (1878, paradigma de modernidad para algunos y prototipo de especulación e inutilidad para otros como Unamuno), construyendo chalets en el Campo Volantín y varias edificaciones en Albia, y desarrollando su actividad de consejero y gerente de la Sociedad Inmobiliaria La Perla. En el mundo del ferrocarril, dirigió las obras del de Bilbao-Portugalete sobre el río Cadagua (de cuya compañía llegó a ser director gerente en 1884, proyectando el Bilbao-San Sebastián y Bilbao-Santander), proyectó el de Amorebieta-Gernika y Lumo (ramal del de Bilbao-Durango), ideó el del Urola (Zumarraga-Zumaia) y fue vocal del de Bilbao-Las Arenas, convirtiéndose en el técnico de más prestigio del País Vasco, preocupado tanto por la utilidad de sus obras como por la belleza de las mismas (idea defendida en su obra La estética de las obras públicas publicada en 1892 como apéndice a El arte industrial en España).
Tras las elecciones municipales de 1881 se implicó en la formación del Comité Liberal que se constituyó en Bilbao para agrupar a las distintas fuerzas monárquicas, siendo elegido presidente del mismo en 1883 y participando en una de sus candidaturas a las elecciones provinciales de 1886. Elegido diputado provincial por el distrito de Bilbao, fue nombrado presidente de la Diputación en 1886, desarrollando su actividad los bienios de 1886-1888 y 1888-1890, en que diseñó y desarrolló con éxito un programa de gobierno centrado en tres grandes líneas de actuación: 1.ª) la renovación del Concierto Económico de 1887 y el fortalecimiento de las facultades económico-administrativas de la Diputación (para lo que elaboró el informe de la Comisión, ofreciendo las Bases que sirvieron para gestionar en Madrid el Concierto con el ministro de Hacienda); 2.ª) las obras de infraestructura provincial (carreteras, ferrocarriles y el puerto exterior), y 3.ª) el fomento de la instrucción pública (con la creación de la Escuela Superior de Comercio para Bilbao y la primera propuesta de creación de una Escuela de Ingenieros, consciente de que los conocimientos científicos «constituyen la base fundamental para el progreso de la industria», según aprendió en el Ilustrado Real Seminario de Bergara).
Desde la Diputación abogó por restablecer la «sabia práctica» de que se celebrasen Conferencias Forales casi anuales entre las diputaciones vascas para consolidar «más y más los vínculos de la familia vascongada» en defensa de sus derechos históricos.
Tras los cuatro intensos años como gestor del Señorío volvió a la actividad privada gestionando sus negocios inmobiliarios, con un gran reconocimiento como ingeniero y arquitecto, «experto en administración pública, transporte y comunicaciones, y gran conocedor del funcionamiento de las obras públicas». En 1891, como miembro del Comité Liberal, presentó su candidatura a las elecciones por distrito de Balmaseda, pero nada pudo hacer frente a los acaudalados Víctor Chávarri y José Martínez de la Rivas, que hicieron circular por dicho distrito «un auténtico río de oro». Ultimaba por entonces su obra El arte industrial de España, publicada en 1892 como la mejor obra hasta entonces publicada en España, y su reconocimiento le llevó a presidir en 1892 el centro recreativo más elitista del Bilbao de la época, la Sociedad Bilbaína, a ser miembro de la Real Academia de la Historia, de la de Ciencias Exactas y de la de Ciencias Morales y Políticas, de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y de la Sociedad bilbaína El Sitio.
Desde los años noventa desarrolló el proteccionismo de la siderurgia vizcaína, analizando con profundidad en muchas de sus publicaciones la política económica y arancelaria española, presionando personalmente a los cuerpos legislativos en defensa de la producción siderometalúrgica española de la competencia exterior y reservarle el mercado nacional, especialmente frente a las reivindicaciones de los sectores consumidores (ferroviario, de construcción y obras públicas, etc.), durante el gobierno de Sagasta, participando en el gran meeting (reunión política) que se celebró en Bilbao el 9 de diciembre de 1893 con ocasión de la renovación de varios Tratados de Comercio, llegando a presidir las Ligas Vizcaína y Nacional de Productores en varias ocasiones.
Criticó el sistema político de la Restauración, tomando parte en el movimiento regeneracionista, fortalecido con el desastre colonial, participando en la Asamblea de Cámaras de Comercio de Zaragoza de 1898. En su representación de Bilbao presidió la Comisión encargada de organizar sus trabajos, pero al no aceptar los planteamientos rupturistas de la Unión Nacional acabó colaborando con la estrategia reformista de Silvela, ocupando en su Gobierno la Dirección de Obras Públicas de 1900 a 1901.
Siguiendo con su apoyo a la siderurgia vizcaína, intervino personalmente en la fusión de La Vizcaya y La Iberia, de la que surgió Altos Hornos de Vizcaya en 1902 (de la que fue miembro de su Consejo de Administración), publicó numerosos informes y artículos de prensa y participó en las comisiones estatales para preparar el nuevo arancel, presidiendo las creadas por el ministro de Hacienda Ángel Urzaiz en 1904 para establecer las bases y la clasificación y valoración de mercancías, que condujeron a la aprobación del arancel proteccionista que entró en vigor el 1 de julio de 1906.
En 1903 volvió a presentarse como miembro del Comité Liberal a las elecciones convocadas por Silvela, por el distrito de Bilbao, perdiendo ante el integrista José María de Urquijo, pero fue elegido senador por Vizcaya en 1907 en las elecciones que dieron lugar al gobierno de Antonio Maura, como representante de la coalición de los grupos conservadores bilbaínos, cargo que desempeñó hasta el 14 de abril de 1910.
Los últimos años de su vida trabajó por organizar el maurismo en Vizcaya, pero la desestabilización de la política española y la crisis política en Vizcaya producida por el auge del nacionalismo y del socialismo hizo que abandonara la política y se dedicada a la investigación y publicación de ensayos históricos y económicos.
A su muerte contaba con numerosas distinciones y nombramientos. Especialmente con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, la de Gentilhombre de Su Majestad, y jefe superior de Aduanas, y las Medallas del Sitio de Bilbao, de la Regencia de María Cristina y de los Sitios de Zaragoza, llegando su reconocimiento a ser miembro, entre otros, de la Société des Lettres, Sciences et Arts de Niza y de la Academia Colombiana de Bogotá.
Fue, sin duda, su obra inicial más notable El arte industrial en España, en que hizo un repaso histórico del progreso artístico en España, indicando algunas reglas para la decoración interior de los edificios, exponiendo los materiales y adornos de la decoración fija, el mobiliario moderno y los salones, la estética en las poblaciones, la importancia del dibujo en la instrucción primaria y secundaria, el valor de los museos de arte industrial, la situación de la enseñanza técnica y artística en el extranjero, de las enseñanzas oficiales de arte e industria en España, y de las escuelas libres de bellas artes y oficios; las reformas que requería la enseñanza profesional española y las exposiciones celebradas; y facilitó la información arancelaria y del estado de la industria española de la cerámica y otros oficios (la metalistería, carpintería y ebanistería, tapicería, tejidos y estampados, vidriería, guadamacilería, encajes, encuadernaciones) y proyectos.
Pero desde el punto de vista foral fue su Régimen Económico-Administrativo Antiguo y Moderno de Vizcaya y Guipúzcoa, reeditado en el año 2002, la obra más importante, pues es obra de un testigo, observador y activista de su tiempo, que reivindicó «acudir a las fuentes y revisar los archivos propios» para conocer la vida íntima de los pueblos, convirtiéndose ella misma en fuente para el conocimiento del tránsito de dos siglos de nuestra historia.
La actividad política, profesional y «publicista» en general (como autor de importantes obras) dejó una fuerte impronta en su época y sigue siendo válida en nuestros días.
Obras
no se incluyen sus publicaciones sobre ingeniería). Discursos, informes y documentos del periodo de su Alcaldía en Bilbao, Bilbao, 1880, 244 pp.
Expropiación forzosa por causa de utilidad pública, 1886 (folleto), 67 pp.
África, su reparto y colonización, Bilbao: Casa de la Misericordia, 1891, 96 pp.
El arte industrial en España, Bilbao: Casa de la Misericordia, 1892, 550 pp.
Estudios de Administración Municipal, Bilbao: Imp. de M. Echevarría, 1893, 240 pp.
«La administración municipal de Bayona», Revista Contemporánea, 1894, XCIII, pp. 51, 144, 236, 363 y 462.
Relaciones Comerciales entre la Península y las Antillas, Madrid: Imp. de la viuda de M. Minuesa de los Ríos, 1895, 336 pp. (reed. Forgotten Books, 2018).
Colección de discursos y artículos sobre tratados de comercio y aranceles, Bilbao: Imp. de la Casa de la Misericordia, 1896, 266 pp.
Conferencias y artículos de revista, 3 vols.
«El Problema Cubano» (colección de artículos publicados en la Revista Contemporánea), 1897 y 1898, 202 pp.
Monografía de los caminos y ferrocarriles de Vizcaya, Bilbao: Imp. Provincial, 1898, 208 pp.
Las obras públicas en España. Estudio histórico, Bilbao: Casa de la Misericordia, 1899, 560 pp. (reed. Madrid: Colegio de Ingenieros, Canales y Puertos, 1979, 501 pp.).
El problema industrial, Bilbao: Imp. de la Casa de la Misericordia, 1905.
La política económica mundial y nuestra reforma arancelaria, Bilbao: Casa de la Misericordia, 1906.
«El Archivo de Astola (Vizcaya)», BRAH, núm. 57 (1910), pp. 499-503.
«Moción para que se recojan y custodien los objetos y documentos del Archivo de Astola, del Duranguesado», BCMV (1910), pp. 6-7.
«Del régimen administrativo del Señorío de Vizcaya», BCMV, 1910, II.
Régimen Económico-Administrativo, Antiguo y Moderno de Vizcaya y Guipúzcoa, Bilbao: Imprenta de la Casa de la Misericordia, 1910 (reimp. Bilbao: UPV/EHU, 2002).
Reseña biográfica de la labor realizada por Pablo de Alzola y Minondo, Bilbao: Casa de la Misericordia, 1911.
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Como senador por Vizcaya durante la Legislatura 1907-1908, su expediente personal en el Archivo del Senado, Código de referencia: ES. 28079. HIS-0026-04.





