Cargos y oficios
Geógrafo, profesor universitario.
Trayectoria
Nace en una familia de agricultores que, como tantas otras en la Ribera Tudelana, había participado, arado en mano, en aquella gran gesta de ganar tierras para la labranza en las Bardenas Reales de Navarra. Ya en temprana edad manifestó su talento en la escuela local, hecho que motivó al maestro sugerir a sus padres que hicieran todo lo posible por darle estudios universitarios. Realizó los estudios de bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza «Castel Ruiz» de Tudela entre 1933 y 1936 y, posteriormente, en el Colegio San Luis de los Hermanos Maristas en Pamplona entre 1937 y 1941, obteniendo en este último año el título de bachiller en el Instituto Ximénez de Rada de Pamplona/Iruña. Ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, donde se licenció en la sección de Historia con premio extraordinario en 1945. En dicha facultad coincidió con el profesor José Manuel Casas Torres, joven catedrático de Geografía, que guió sus primeros pasos como investigador en la sede que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tenía en la misma facultad. Inmediatamente inició los trabajos conducentes a la obtención del grado de doctor y defendió su tesis doctoral sobre La Ribera Tudelana de Navarra el 12 de noviembre de 1949 en la Universidad Central de Madrid; recibió, por ello, el premio Menéndez Pelayo otorgado por el CSIC.
A continuación, y becado por la fundación Rockefeller, realizó una estancia en la Universidad de Burdeos (Francia) durante el curso académico 1949-1950, coincidiendo en la misma con eminentes figuras de la geografía francesa como L. Papy, P. Barrére, H. Enjalbert y G. Lasserre. En ese tiempo, perfeccionó sus dotes pedagógicas junto a grandes maestros, revisó a fondo métodos de investigación geográfica y tomó contacto con nuevas fuentes de información geográfica, como la fotografía aérea, y se percató de la importancia de la cartografía como herramienta más idónea para la expresión gráfica de los fenómenos geográficos. En una sencilla publicación (Bíganos y Marcheprime. Contribución al estudio de la vida rural en Las Landas de Gascuña) sintetizó el aprendizaje recibido. A su vuelta a la Universidad de Zaragoza, hizo una profunda revisión de su propia tesis doctoral a la luz de lo aprendido en Francia, publicando la misma en 1951 con el patrocinio de la Institución Príncipe de Viana y el Instituto Juan Sebastián Elcano del CSIC. En 1954 accedió al puesto de colaborador científico del CSIC en la sede de Zaragoza.
En 1955 culminó con éxito los ejercicios de las oposiciones a la cátedra de Geografía General y de España de la Universidad de Granada, donde permaneció durante tres años. En esta universidad desarrolló una relevante labor docente en la que cabe destacar la normal incorporación de los trabajos de campo a la enseñanza de la geografía, hecho que no pasó desapercibido, en aquel momento, para alumnos y profesores. Cabe destacar que otros profesores de la misma universidad le acompañaron en este empeño como José María Fontboté, catedrático de Geología. La Vega del río Genil, Sierra Nevada y la propia ciudad de Granada fueron auténticas aulas académicas donde el profesor Floristán ejerció su magisterio.
En 1958 vuelve a la Universidad de Zaragoza como catedrático de Geografía en la que permanecerá tres años hasta que se traslade definitivamente a Pamplona en 1961, donde ejercerá su magisterio en la Universidad de Navarra hasta su jubilación. Una vez en Pamplona, y a lo largo de más de cuarenta años, su trabajo docente e investigador es ingente y adquiere un reconocimiento público notable. Fue miembro del Consejo Foral Administrativo de Navarra en representación de la Universidad de Navarra por votación del Claustro de Profesores. La Comunidad Foral de Navarra le otorga la Medalla de Oro de Navarra en 1989, su pueblo de Arguedas le reconoce como Hijo Predilecto en 1992 y son numerosas las distinciones que recibe por parte de asociaciones como El Pocico, que le nombra Zahorí de Plata en 1997, y la Cofradía del Pimiento Seco, que le tiene como uno de sus miembros ilustres, hasta su nombramiento como Bardenero Mayor en el año 2003 por parte de la Asociación de Cazadores y Pescadores Deportivos de la Comunidad de las Bardenas Reales de Navarra. A pocos días de cumplir ochenta y ocho años, fallece en Torrelodones (Madrid), adonde, con su mujer Carmen Imízcoz, se había trasladado a vivir para estar cerca de dos de sus hijos, José Manuel y Alfredo.
Tres son los aspectos que, a mi modo de ver, destacan en la personalidad del profesor Floristán: Su condición de excelente profesor y auténtico maestro; su aportación pionera en el campo de la investigación; y, por último, su legado de conocimiento geográfico de una tierra que amaba con pasión, Navarra.
La excelencia del profesor no se mide porque dé bien las clases. Hace falta algo más; eso que el profesor Floristán tenía con creces: credibilidad. En él, naturalmente este valor estaba acompañado por otros como la claridad expositiva, el conocimiento profundo de lo impartido y el entusiasmo que despertaba en el discente. La credibilidad del profesor Floristán se afianzó día tras día en sus clases, en sus conferencias y en las ponencias en congresos nacionales e internacionales. El argumento expositivo de su disertación, muy aprehensible, estaba indefectiblemente dotado de auctoritas, es decir, legitimado por el «saber». Esta condición no derivaba, por tanto, de una técnica pedagógica depurada, ni alardes didácticos aprendidos, sino de una honda conciencia del que se ha acercado a la verdad y, humildemente, desea compartirla con todos aquellos que le escuchan.
Floristán Samanes cimentaba esa credibilidad en tres notas que, necesariamente, acompañaban su discurso expositivo: claridad, conocimiento científico y entusiasmo. En efecto, era capaz de transmitir, con un lenguaje austero, desprovisto de ropaje innecesario, lo que quizá a él le había costado mucho de conocer; el manejo de la pizarra, a falta de otras tecnologías, la oportuna utilización de mapas y otros recursos gráficos y, no pocas veces, los ejemplos sencillos hacían perceptible el contenido de fondo que deseaba comunicar. Este último elemento era nuclear y nunca dejó de otorgarle la importancia debida; no bastaba, por tanto, en «insinuar» o «motivar» a quien le escuchaba, sino en desvelar el contenido científico de fondo del tema tratado, aún a costa de requerir el esfuerzo del discente. Era entonces cuando alumno y profesor coincidían en el meollo de la clase y se despertaba el entusiasmo por seguir conociendo mucho más del tema impartido; por eso, a Floristán Samanes cabe calificarlo como «maestro», también en la docencia, de tantos discípulos que, sin euforia, ni ánimo quebradizo, fueron tenaces en seguir su pauta. Eran memorables las sesiones de trabajo en el campo, por ejemplo, las que impartía desde el puerto del Carrascal ante el anticlinal desventrado e inclinado hacia el sur de la Sierra de Alaiz, desde las crestas yesíferas del relieve en cuestas de Caparroso, o bien ante los campos cerealistas abiertos de la Cuenca de Pamplona sometidos a la rotación comunitaria bienal de año y vez bajo el sistema agrario tradicional y su posterior evolución. Días antes de que yo dejara la Universidad de Navarra por mi traslado, en un primer momento, a la Complutense de Madrid y, más tarde, a la de Alcalá me dio un consejo que me atrevo a publicitar: «Sea justo, puntual y prepare las clases»; todo un plan que él cumplió siempre y yo he procurado seguir.
En el ámbito de la investigación geográfica Floristán Samanes fue un pionero. Y lo fue en tres aspectos: la «importación» del modelo francés de análisis geográfico regional; la incorporación ineludible del trabajo de campo en la investigación geográfica; y el uso de nuevas fuentes de información geográfica como la fotografía aérea y diversas técnicas de expresión gráfica, entre las que destaca la cartografía.
Su tesis doctoral fue la primera manifestación en la geografía española de la aplicación del modelo francés de análisis regional. Él había conocido a fondo en la Universidad de Burdeos la gran tradición francesa de los estudios regionales que desde comienzos de siglo XX iniciara P. Vidal de la Blache y habían continuado tantos maestros de la geografía en dicho país (E. de Martonne, A. Demangeon, etc.); decenas de tesis regionales cubrían el territorio francés siguiendo un patrón metodológico similar que, en suma, desglosaba la presentación y comprensión geográfica del territorio en tres grandes apartados: el estudio del medio natural; la población que lo habita y el poblamiento humano que lo recubre; y, por último, las actividades que la comunidad humana despliega a tenor de los recursos disponibles. Floristán Samanes marcó un camino a seguir en España, donde también decenas de tesis doctorales siguieron el patrón experimentado en la Ribera Tudelana de Navarra.
Una segunda aportación notable fue la importancia del trabajo de campo en la investigación geográfica. Floristán supo dar un paso más en el seno de aquella «geografía de archivo y biblioteca»; sin merma alguna de la notable función de esta, instó a pisar terreno, reconocer el paisaje y desde este ir en busca de la comprensión del mismo. De ahí que tomaran tanto protagonismo la geología, la climatología y otras ciencias físicas, así como la historia y demás ciencias sociales y económicas. Era el territorio el punto de partida, había que reconocerlo in situ y, desde él, indagar en las fuentes más apropiadas y en el bagaje de conocimientos de otras disciplinas.
Floristán Samanes, por último, fue un innovador en el empleo de nuevas fuentes en la investigación geográfica como la fotografía aérea y en el uso de la cartografía temática. En su tesis doctoral se introdujeron por primera vez en España fotografías aéreas verticales como muestra de las grandes posibilidades que tenía este documento para el análisis territorial. Más tarde, impulsó a sus doctorandos que convirtieran esta fuente en punto de partida para la indagación geográfica mediante la elaboración de una cartografía de ocupación del suelo o bien de la morfología parcelaria. Como muestra de su interés por la cartografía temática, cabe referirse al Gran Atlas de Navarra que dirigió junto al profesor Ángel Martín Duque con dos volúmenes de gran formato, dedicados respectivamente a la geografía y a la historia; se trata del primer atlas regional en España elaborado al modo de los atlas regionales franceses que desde mediados del siglo XX habían recubierto casi la totalidad del país vecino.
Floristán Samanes se aplicó decididamente a conocer su tierra y a darla a conocer. Las publicaciones son numerosas y abarcan temas muy específicos relacionados con la geografía física, así como con la humana. Su producción científica tiene una nota muy personal: compatibilizar su difusión en un ámbito algo más restringido como el académico y, a la vez, llegar al conjunto de la sociedad. Este equilibrio lo ejecutó magistralmente. Su prestigio académico está avalado por más de un centenar de estudios publicados en revistas científicas y libros que contribuyeron decisivamente al progreso de la geografía. Entre ellos, cabe destacar un extenso elenco referido a Navarra que es referencia obligada para cualquier investigador que desee estudiar las tierras y gentes del viejo reino (en la bibliografía adjunta se presenta una escueta selección de su producción científica).
Ese bagaje de conocimientos geográficos acumulados después de largos procesos investigadores supo condensarlo de modo accesible para el conjunto de la sociedad, siendo esta una aportación notabilísima de Floristán Samanes. Esta labor no resulta nada fácil, pues requiere mantener el rigor y hondura científica, a la vez que debe hacerse entendible para un público no especialista; una vez más mostró Floristán Samanes sus dotes excepcionales de excelente profesor, ahora mediante el equilibrado manejo de un texto literario pulcro y elegante junto a los recursos visuales habituales como mapas, gráficos y otras imágenes. Muestra de ello son publicaciones como Urbasa y Andía, solar de los navarros, Itinerarios por Navarra, los seis volúmenes de la Geografía de Navarra, los Recorridos por Navarra, su participación en la Gran Enciclopedia de Navarra, el libro El agua en Navarra y su contribución en la bien ilustrada obra Bardenas Reales de Navarra. Para el conjunto de España, dos publicaciones avalan, una vez más, su reconocida maestría; una de perfil más sintético, España: País de contrastes geográficos, y otra más extensa, Conocer España. Geografía y Guía Salvat, en la que se describen las características geográficas de cada una de las comarcas del país.
En cualquier caso, en el estudio de los paisajes naturales transformados por la acción del hombre, trabajó siempre con una amplia perspectiva histórica. Utilizó a fondo la documentación de la desamortización de bienes comunales en el siglo XIX, que constituyó un tema constante de investigación durante toda su vida: las corralizas, los comunales, las facerías, los montes del Estado. Y también rastreó de forma sistemática la documentación medieval de Comptos (Archivo General de Navarra), las ordenanzas y otra documentación municipal, para entender mejor las formas antiguas de aprovechamiento del territorio y sus transformaciones en el tiempo. No es casual que su libro sobre el monte de Urbasa y Andía lo subtitulara como «solar de los navarros», sugiriendo una particular interpretación sobre el origen histórico de Navarra y de los navarros.
Obras
«Una descripción de las Bardenas Reales en el siglo XVIII», PV, 37 (1949), pp. 475-481.
La Ribera Tudelana de Navarra, Pamplona y Zaragoza: Institución Príncipe de Viana e Instituto Juan Sebastián Elcano de CSIC, 1951, 316 pp.
«Juntas y Mestas Ganaderas en las Bardenas Reales de Navarra», Actas del Primer Congreso Internacional de Estudios Pirenaicos. San Sebastián, 1950, vol. V, Zaragoza: Instituto de Estudios Pirenaicos, 1952, pp. 111-130.
El modelado periglaciar, Zaragoza: Instituto Juan Sebastián Elcano, CSIC, 1953, 26 pp.
El valle de Elorz, Zaragoza: Instituto Juan Sebastián Elcano, CSIC, 1953, 41 pp.
«Desamortización de bienes pertenecientes a corporaciones civiles y al Estado en Navarra», Homenaje al Profesor Amando Melón y Ruiz de Gordejuela, Zaragoza: Instituto de Estudios Pirenaicos, 1966, pp. 109-116.
«Elementos y factores de los paisajes rurales», III Coloquio de Geografía (Salamanca, 1965), Madrid: Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, 1966, pp. 51-59.
«Regiones y comarcas de Navarra», José Manuel Casas Torres, veinticinco años de docencia universitaria 1944-69, homenaje a una labor, Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1972, pp. 135-141.
«El régimen del río Irati», Estudios Geográficos, 138-9 (1975), pp. 351-372.
«El régimen del Ebro medio», Cuadernos de Investigación, Colegio Universitario de La Rioja, II (1976), pp. 3-15.
«Navarra, región coherente», Navarra hoy, ante su futuro, Pamplona: Diario de Navarra, 1976, pp. 7-21.
«Estructura de la propiedad particular en Navarra», Boletín de la Real Sociedad Geográfica, CXII (1976), pp. 217-231.
«Navarra», Conocer España, Pamplona: Salvat y Caja de Ahorros de Navarra, 1976, pp. 41-140.
Con SANCHO COMINS, J., y LIZÁRRAGA, M. A., «Les champs enclos en Navarre», «Paysages ruraux Européennes». Travaux de la Conférence Européenne Permanente pour l’Étude du Paysages Ruraux (Rennes-Qimper, 26-30 septembre 1977), Rennes: Université d’Haute Bretagne, 1977, pp. 287-296.
Urbasa y Andía. Solar de los navarros, Pamplona: Ediciones y Libros, 1978, 225 pp.
Itinerarios por Navarra, Pamplona: Salvat y Caja de Ahorros de Navarra, 1978-1979, 2 vols.
Gran Atlas de Navarra, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1984, 2 vols.
«Los nuevos despoblados de la Cuenca de Lumbier-Aoiz (Navarra)», Paralelo, 37 (1985), pp. 253-266.
«Los nuevos despoblados en Navarra», PV. Anejo, 2-3 (1986), pp. 145-166.
España. País de contrastes geográficos, Madrid: Síntesis, 1988, 160 pp.
El agua en Navarra, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1991, 323 pp.
Recorridos por Navarra, Pamplona: Diario de Navarra y Caja de Ahorros de Navarra, 1992, 2 vols.
Con SANCHO COMÍNS, J., «El Gran Atlas de Navarra», Serie Geográfica, 3 (1993), pp. 35-49.
Geografía de Navarra, Pamplona: Diario de Navarra, 1995-2002, 6 vols. [vols. 1 y 2 (El solar), vols. 3 y 4 (Los hombres) y vols. 5 y 6 (Las comarcas)].
Con MARTÍN MARTÍNEZ, J., Bardenas Reales de Navarra, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1997.
«Infraestructura político-administrativa de Navarra: concejos, valles, céndeas y distritos municipales», Homenaje al Profesor Juan Vilá Valentí, Barcelona: Universidad de Barcelona, 1999, pp. 931-942.
«Conquista e incorporación del Reino de Navarra a la Monarquía de España», en ARRIETA, J.; GIL, X., y MORALES, J. (coords.), La diadema del Rey. Vizcaya, Navarra, Aragón y Cerdeña en la Monarquía de España (siglos XVI-XVIII), Bilbao: UPV/EHU, 2017, pp. 307-345.
Bibliografía
BOSQUE MAUREL, J., «José Manuel Casas Torres (1916-2010) y Alfredo Floristán Samanes (1921-2009) in memoriam», Cuadernos Geográficos de la Universidad de Granada, 46 (2010-1), pp. 281-291.
FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA, L. J., «Tres facetas de un maestro», Diario de Navarra, 9 de octubre de 2009. Ed. en línea: https://www.diariodenavarra.es/archivo/actualidad/20091009/culturaysociedad/tres-facetas-maestro.html (consultado el 13 de mayo de 2022).
GARCÍA RUIZ, J. M., «Alfredo Floristán Samanes (1921-2009) in memoriam», Pirineos, 164 (2009), pp. 173-174.
VVAA, Estudios de Geografía. Homenaje al Profesor Alfredo Floristán Samanes, Pamplona: Institución Príncipe de Viana, Diputación Foral de Navarra, 1981, 495 pp.





